Los antecedentes penales y sus víctimas

Hoy quiero denunciar la injusta situación que sufren millones de personas en Estados Unidos debido al sistema de antecedentes penales que les expulsa permanentemente del sistema laboral, con todas las consecuencias negativas que eso conlleva para la libertad de las personas.

Tratemos el caso de un tal (me invento el nombre aunque la mayoría de estas personas suelen ser o negras o de orígen latinamericano — y es que, al igual que ocurre en España, la justicia en EEUU no es, repito, NO ES, “igual” para todos. Cuanto más dinero tengas para pagar los mejores abogados, más oportunidades tendrás para “salir de rositas”, como se dice en España. Gracias a las reformas del “ilustre” Alberto Ruiz Gallardón, ahora el sistema judicial español es mucho menos equitativo que hace 10 años y se va pareciendo más al sistema judicial de EEUU. No hay ni un solo país perfecto en este planeta, así que al igual que siempre hago con España, también hablo de los defectos de EEUU.

Tratemos, pues, el caso de un tal Luis Garcia (es un hecho real, de uno de mis clientes). Luis García tuvo tranquilidad mental durante unos cinco meses, entre el otoño del 2010 hasta la primavera del 2011. Fue la mejor época de su vida, pues es cuando más se acercó a tener cierta estabilidad financiera en toda su vida.

“Me contrataron para un estupendo trabajo, Alfredo. Portero de un gran edificio clásico de lujo en tu barrio, el “Upper East Side”. García, con 44 años de edad, está casado con su mujer desde hace 25 años y tiene tres hijas adolescentes. Viven en “East Harlem”, pues es portoriqueño y hasta los 90, ese barrio era casi exclusivamente para esa gente. Es un hombre orgulloso, el típico “macho latino”. Cuando habla de su familia, se le nota el orgullo ese que tanto caracteriza a estos hombres apasionados, de sangre caliente. Se siente orgulloso de haber conseguido algo que todos pensábamos que no era capaz de hacer, por su perfil racial y orígen socioeconómico. García todavía se acuerda con nostalgia aquellos cinco meses en los que trabajó como portero y hombre al servicio de gente blanca ricachona, “fashion”, cerca de Park Avenue.

“Mira Alfredo, escucha esto: cuando ellos necesitaban a alguien, tu gente me llamaba por la madrugada incluso para cualquier servicio relacionado con el edificio y yo decía “¡SÍ!” siempre porque necesitaba ese empleo. ¡Ganaba bastante dinero para trabajar a tiempo parcial! Yo era el siguiente en la lista para ser contratado de forma permanente en ese edificio de lujo”.

Por fin, García iba a tener un empleo “legal”, pagar sus impuestos, contribuir, poco a poco salir de su círculo vicioso de pobreza y dependencia de las ayudas sociales de NY. Ya no tendría que intentar cocer días de trabajo temporales uno detrás del otro como ha hecho toda su vida. Pero todavía no alcanzaba esa esperanza. Aún estaba a merced de los caprichos de su empleador. Si le llamaban, trabajaba; si no, no trabajaba. Entonces cuando el director de los porteros del edificio al cruzar la calle le comentó a García que ellos también necesitaban gente, García le dio sus datos. En la entrevista, quizá García fue pecaminosamente honesto.

“Cometí el error de fiarme, Alfredo”. Ahora me lo dice encogiendo los hombros. “Le expliqué que había cometido un delito a principios de los 90. Pero le dije también que ya había pagado un precio carísimo por mi delito. Por favor, dáme una oportunidad”. El señor me prometió, me dio su palabra que no le diría a nadie más sobre ese delito. Pero cuando eres un ex-criminal, los rumores se disparan en una zona que tiene que, por necesidad, estar muy protegida porque son gente con altísimo poder adquisitivo, influencias políticas, en resumen, EL PODER.

De repente, el edificio donde trabajaba García dejaba de llamarle. De hecho, no le volvieron a ofrecer un solo empleo más, ni parcial ni mucho menos a tiempo completo como quería.

“Les llamé, para preguntarles por qué ya no me llamaban”. Su ex jefe le dijo esto: “Ah, pues es muy sencillo. Nos enteramos que tienes antecedentes penales. No puedes trabajara aquí más, porque este sitio es de lujo y no puedo jamás asumir ningún riesgo”.

Cuando García tenía 22 años, había cometido un robo en el Bronx. No era un delincuente astuto para nada y rápidamente fue detenido en aquella época por la policía. El juez NO le impuso una pena de cárcel, sino simplemente le devolvió a sus padres y le impuso cinco años de libertad condicional. Después de dos años, había conseguido anular incluso esa sentencia, debido a su buena conducta. No obstante, el antecedente no se borra, le sigue y le ha seguido durante toda su vida, veinte años después.

García forma parte de una población no contabilizada de gente que ha estado en prisión o sentenciada por algún tipo de delito intentando además conseguir empleo en una economía tan hostil como la que tenemos ahora en el mundo. No consiguen el empleo, pero no es solo por el malísimo estado de la economía. También se debe a la práctica muy extendida (aunque ilegal) de los empleadores que rechazan a personas solamente porque tienen antecedentes penales.

Un creciente número de liberales está intentado obligar a los estados a regular mucho más cuándo y cómo los empleadores puedan preguntar por esos antecedentes en las solicitudes de empleo.

Me alegra decir que ya se han conseguido algunas victorias para la libertad de las personas: En octubre, la famosa tienda americana “Target”, la segunda más grande de EEUU, dijo que ya no iban a preguntar sobre los antecedentes penales a sus empleados. Este anuncio se debe a que el estado de origen de Target, Minnesota, aprobó una ley que prohíbe esa pregunta. Minnesota se encuentra entre únicamente diez estados que prohíben esa pregunta. Pero el método que utilizan muchísimas empresas para intentar averiguar esta información ya está prohibida por las leyes federales.

En 1987, el Gobierno Federal declaró que prohibiciones universales sobre contratar a personas con antecedentes era una violación de sus libertades civiles. Fue una decisión bastante notable, no solo por su alcance sino por su contenido: “Si una política o ley es neutral pero refuerzan las disparidades raciales, se anulará”. Entonces los empleadores están autorizados a considerar los antecedentes penales como UN factor en el proceso de selección, pero deben demostrar que el delito cometido guarda alguna relación con no poder desempeñar el empleo ahora.

Pero el Congreso es el órgano responsable de socavar este principio. Después del 11 de septiembre, los legisladores aprobaron leyes que prohíben a gente con antecedentes para empleos en el transporte público. Luego, los estados siguieron ese mismo camino y la lista de empleos prohíbidos para ex-delincuentes creció brutalmente: no pueden ser “seguratas” privados, ni ser empleados en una residencia de ancianos, ni en ningún empleo donde haya niños. Hay más de 800 puestos que no se abren a personas con antecedentes.

El 92% de las empresas americanas revisan tu crédito y tus antecedentes antes de contratarte. Si tienes mal crédito, tendrás muchos problemas para ser contratado en miles de empleos. Este pasado verano, no obstante, las agencias del Gobierno federal han tenido que intervenir para pararle los pies a ciertas empresas que estaban abusando de los empleados con antecedentes. BMW, por ejemplo, había subcontratado a otra empresa para conseguir nuevos empleados y esta empresa rechazaba a todos los que tenian antecedentes. No solo eso, sino que además despidieron a muchos empleados que llevaban años en BMW solo por sus antecedentes de hace más de una década. No solo es esta práctica ilegal, sino también porque llevaban tiempo haciéndolo. Eso fue lo que levantó las alarmas en el gobierno.

No existe ningún dato oficial sobre cuántos empleados tienen antecedentes, pero se estima que se aproxima al 28%. ¡28% de los trabajadores adultos tienen antecedentes en EEUU!

Millones de personas son expulsadas del sistema y del mercado laboral y no tienen la opción de quedarse en casa con los brazos cruzados, pues tienen que comer. Están llevando vidas precarias, nadando entre empleos basuras formales e informales, generando una economía en las sombras parecida a la que abusa de los inmigrantes ilegales.

En este caso, el problema no es que no tengan papeles, sino que no pueden deshacerse de sus papeles. El impacto es muy parecido, no obstante: millones de dólares perdidos en productividad, pérdida de ingresos fiscales para las arcas públicas, esclavismo ramplón, y una paulatina expulsión de la vida cívica que impide que estos trabajadores puedan alcanzar una vida de estabilidad económica. Todos estos problemas están a la orden del día en los barrios negros y latinos, que ya de por sí tienen serios problemas fiscales, sociales, etc.

EEUU tiene el honor de ser el país con más gente en prisión. Casi toda la población reclusa es de origen latinamericano y/o de raza negra.

Muchos no lo saben, pero precisamente cuando los negros tuvieron su “éxito” con su movimiento de los “derechos civiles”, el porcentaje de negros en la cárcel se ha disparado de forma alarmante desde 1973. Y es que, vivimos en un país que decidido abandonar por completo la gentileza y la delicadeza de los antiguos “WASP” a favor de una jungla agresiva.

El Departamento de la Justicia en EEUU pronostica que por lo menos un 30% de hombres negros ingresará en prisión alguna vez en su vida y un 20% de varones de latinoamericanos.

El espacio cada vez más reducido para estas personas en el mercado laboral americano ha coincidido con el crecimiento rápido de toda una industria que revisa antecedentes a cambio de cobrarte. Esto también aplica al gobierno, porque el FBI tiene estos datos. El número de solicitudes se ha disparado desde 1996.

EEUU, al ser un país inmenso y federal, donde todo el mundo está en competencia política, tiene varios problemas con estos informes. Muchos de ellos no son correctos, pues no existe ningún tipo de coordiinación entre las agencias de seguridad ni las fuerzas policiales.
Algunos estados tienen base de datos que incluyen como “antecedente penal” el solo hecho de haber sido DETENIDO, sin más. Otros problemas tienen que ver con errores humanos – hay muchas faltas de ortografía y nombres incorrectos. Muchas veces, las bases de datos adquiridas por estas empresas privadas de “seguridad” no tienen información actualizada o correcta, que es peor todavía.

El afán por excluir a trabajadores americanos es increíble y terriblemente cruel. No tiene nada que ver con el “capitalismo” y sí todo que ver con una sociedad paranoica. En el 2008, EEUU perdió entre 57 y 65 BILLONES en PIB, en parte gracias a la reducción numérica de trabajadores varones. Por supuesto, esa productividad perdida está más asentada en barrios negros y latinos, que es donde más necesitan gente produciendo.

Nuestro “amigo” García ahora lleva una vida absolutamente precaria, pero aún así mantiene su fe en Cristo, pues de hecho es cristiano. “Soy positivo, Alfredo. La vida son dos días”. Está feliz con su familia y su fe. También ayuda mucho que cualifica para ayudas sociales en Nueva York. “No to digo que no me sienta estresado”. Este estrés se debe a una llamada que espera del restaurante turco donde está trabajando de vez en cuando, de forma ilegal, para ver si le aumentan las horas y el sueldo por hora. Es posible que le contraten legalmente, y cobraría 600 dólares a la semana. “No sé, es que aquí todos miran los antecedentes, Alfredo. No creo que me lo den por ese motivo”.

Este sistema no es ni capitalista ni liberal. Es un sistema que genera pérdidas millonarias, baja la productividad y lo que es peor de todo, viola libertades fundamentales en un país que debe ser libre.

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