Intento de golpe de estado en USA: ¿Cómo se atreve un oficial ANÓNIMO?

Ayer fue un día bastante negro para la democracia estadounidense, después de que el indeseable diario «New York Times», al sevicio de la élite financiera del país, publicara una carta «anónima» de uno de los más altos cargos en la administración de Trump, con la pretensión de reventar su presidencia y ponerla a la derriba. En la carta, hemos visto lo que yo mismo he denunciado aquí muchas veces: oficiales NO ELEGIDOS en la rama ejecutiva del estado están abiertamente bloqueando los deseos políticos del Presidente electo, en muchos casos de forma anónima, con el robo de documentos que no quieren que Trump lea, al considerarle un «peligro» para el país. Ellos son los ungidos, los que saben mejor que los votantes lo que es bueno y malo para el país.

Para la pseudoizquierda progre descafeinada, estos individuos son unos héroes que intentan «conservar las instituciones democráticas» contra los impulsos, a su juicio, «dictatoriales» de Trump. Así lo reconoce el «oficial anónimo» (qu debería ser públicamente nombrado para ser duramente castigado con toda la fuerza del estado) en su carta criminal al New York Times.

El delincuente subversivo dice que el (o ella, a saber) ha tomado medidas de entorpecimiento contra el Presidente porque éste actúa de una manera «en detrimento» de la salud de nuestra república. Estas frasecillas son alarmantes, por supuesto, porque estamos hablando de un altísimo cargo a sueldo federal público. Alarmante, preocupante, porque un funcionario NO ELEGIDO stá sustituyendo SUS criterios conta el líder electo de una república constitucional.

En ninguna parte de la carta se alega ningún comportamiento criminal por parte del Presidente, el Jefe máximo del Estado. Lo único que dice la cartita es que Trump no es «leal» a los «ideales conservadores» y que dirige reuniones alocadas que no se centran en nada.

Puede que la deslealtad a principios «conservadores» moleste y que los malos hábitos en las reuniones también son terribles, pero ¿acaso eso justifica que personas NO elegidas se pongan por encima de la voluntad popular? Los votantes ya sabían perfectamente de qué iba Trump y que solamente en su pasado reciente es Republicano y que no se siente muy vinculado a la típica derecha conservadora neolibegal tal y como demostró con su postura sobre el mal lamado «comercio libre» que en realidad beneficia a muy pocas personas y empobrece a los trabajadores para que una pequeñísima élite canalla y apátrida pueda tener jardineros de piel marón con apellido García a precio de mercadillo. Al escritor subversivo no le gusta la postura de Trump en esta materia, como en muchas otras.

En realidad, este funcionario tiene el deber de dimitir y denunciar cualquier comportamiento realmente ilegal del que fuera testigo al CONGRESO, AL PUEBLO y al fiscal especial Robert Mueller. Así es como en una república ordenada se hacen las cosas, no este vigilantismo político que va en contra totalmente de las soluciones YA OFRECIDAS por los padres fundadores de esta nación.

Tened en cuenta que el escritor se está escondiendo, con el permiso descarado del New York Times (un diario que merecería ser confiscado y puesto en juicio federal por mentiras en el periodismo, que deberían ser delitos graves) bajo el anonimato y todavía está cobrando del estado. En el mejor de los casos, es un egoísta por no querer dar su nombre en caso de que Trump fuera acusado y condenado por algún delito o expulsado de la presidencia en elecciones o por el Congreso. En el peor de los casos, le considero un alto traidor y los traidores contra su patria deberían ser, sí, sin lugar a dudas, fusilados.

Aquí no importa si te gustan o no las políticas de Trump o su persona. ¿Es lícito que personas no elegidas tomen decisiones contra él? ¿Es esta la señal que van a permitir los demócratas enviarle al resto del mundo, que el orden constitucional ha caído tan bajo y se ha desmoronado en la única democracia viable y duradera del planeta? Porque esa es precisamente la consecuencia desestabilizadora de ese editorial.

Los votantes ya están pensando si tienen algún peso a estas alturas. Más allá del funcionario anónimo criminal que evidentemente está dirigiendo una resistencia interna en la Casa Blanca, también hemos podido sabr del libro de Bob Woodward que becarios y otros empleadillos de baja categoría literalmente – e ilegalmente – ROBARON documentos de la mesa de Trump para que éste no los leyera o firmara porque «temian» que hiciera daño al país.

En el caso de Woodward, sí sabemos los nombres de los criminales involucrados en ese golpe administrativo. Aquellos que robaron documentos deberían ser imputados por el Congreso para que le expliquen al pueblo qué autoridad tienen para reventar la democracia. Merecemos saber el por qué y qué les da tal autoridad. Tras sus explicaciones, se les debería condenar por entorpecer al estado y ser encarcelados posteriormente. Por lo menos en el caso de Nixon cuando pasó algo parecido, John Dean tuvo la decencia moral de hacerlo en su nombre y públicamente. Estos no son más que unos miserabes cobardes, unas ratas de alcantarilla.

La democracia americana se basa en que todos acepten los resultados del colegio electoral en las elecciones presidenciales – y eso va por todos, incluido estos funcionarillos ungidos.

Los padres fundadores aportaron tres herramientas para frenar una presidencia fuera de control o fuera de la ley: elecciones, destitución por el Congreso (impeachment) o invocar la Vigesimoquinta Enmienda, que permite apartar a un presidente de su cargo. Esto nos demuestra que las preocupaciones del anónimo cobarde no son tan graves como para permitir un mecanismo legal contra el Presidente.

Eso nos deja con la destitución, que sé que los demócratas de la cámara popular intentarán si ganan las legislativas en noviembre. Lo curioso es que parece ser que ni los propios líderes demócratas creen que eso es viable, pues siempre evitan la pregunta cuando hacen campaña en los diferentes estados, a pesar de que su base quisiera arrojar a Trump al río Potomac.

El autor se queja de que Trump está socavando las instituciones, pero ¿acaso éste funcionario las está fortaleciendo? En democracia real, las diferencias se resuelven en las urnas, con elecciones libres y transparentes…¡ah! y a los traidores en altos cargos del estado se les condena y se les fusila.

4 comentarios

  1. Ioseff · ·

    Creo que aquí está la ironía de que la carta de un «conserva» la reproduzca un medio «progre».

  2. Alexander · ·

    «Para la pseudoizquierda progre descafeinada, estos individuos son unos héroes que intentan “conservar las instituciones democráticas” contra los impulsos, a su juicio, “dictatoriales” de Trump. Así lo reconoce el “oficial anónimo” (qu debería ser públicamente nombrado para ser duramente castigado con toda la fuerza del estado) en su carta criminal al New York Times.»

    La pseudoizquierda tuvo la genial idea de alzar la voz de actores de Hollywood y cantantes que viven en mansiones de millones de dólares burlarse de aquellos que viven en un remolque o alguna chabola comiendo comida enlatada por votar por Trump. Ni siquiera a Lenin se le hubiera ocurrido una idea tan genial para poder estar en contacto con los desfavorecidos que la izmierda dice defender.

  3. Muy cierto Ioseff – incluso el propio Obama, nada sospechoso de ser aliado de Trump, ha criticado eso. Dijo «así no se hacen las cosas en democracia».

    Alexander:

    Sí y por eso perdieron (y seguirán perdiendo) el voto blanco rural.

  4. Ioseff · ·

    Hombre don Alfredo todo el mundo se cree demócrata, en la antigüedad, aunque dieran poder a las oligarquías (y con la existencia omnipresente de la esclavitud), también se creían demócratas, incluso el jodido franquismo se llamaba «democracia orgánica» y EEUU, cuna de la democracia MODERNA, lo aceptó con tal de tener a España en el bolsillo (en el mapamundi parecía estar en medio, nada separa realmente a España d EEUU aparte del océano Atlántico, y eso sin contar que son la puerta de entrada al Mediterráneo y por ende al Euxine) y el que no fuera lo suficientemente servil, se dejan el protocolo de las medidas de seguridad por un acto, se da un soplido, y bum, Carrillo al cielo vas con pase VIP, sin importar que fueras un anticomunista convencido. Así que lo de «Así no se hacen las cosas en democracia» de Mr «Cuando me presenté contra McCain no creía q EEUU estuviera en peligro como ahora con Trump» pues no me convence. A saber si él habrá hecho otras cosas… y lo único que le molesta es lo rastrero que el tema es pero no el fondo de la cuestión.

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