El Federalista Nº1

**Antes que nada, mensaje urgente: Debido al terremoto que ha sacudido a Haití, se ha abierto un plan de rescate y de ayuda económica para el país a manos de la Iglesia Presbiteriana. Para más información, envíeme un correo electrónico. La Iglesia Presbiteriana de Cristo mantendrá en sus oraciones a esa gente que lleva décadas abandonando a Cristo para abrazar el vudú y otras doctrinas falsas/espiritistas. Esperemos que de esta gran catástrofe aprendamos todos un poquito sobre lo vulnerable que somos ante la naturaleza. Haití ha sido arrasada por un terremoto catastrófico que se ha cobrado la vida de miles y miles de personas y ha sido difícil ver algunas de las imágenes a las que he tenido acceso por misioneros presbiterianos que trabajan allí todo el año. Oremos para la salvación de los haitianos.**
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Bien, tal y como les dije a mis alumnos la semana pasada, hoy toca la primera “lección” sobre este libro de Hamilton y Madison. Es imprescindible apuntar lo que digo cada viernes porque esto entra en el exámen final de mayo y en el LSAT.

El Federalista Nº1, escrito por Alexander Hamilton, es una introducción general a los Federalist Papers. No hay demasiado contenido, pero nos da una buena oportunidad para considerar las circunstancias que llevaron a Hamilton, Madison y Jay a comenzar la serie. La nueva Constitución propuesta había sido enviada a los estados para su aprobación un mes antes, en septiembre de 1787. Todavía no había sido aprobada o ratificada por ningún estado. Los opositores al proyecto constitucional ya se estaban dando a conocer en los periódicos y el más prominente firmaba como “Cato”, considerado por los historiadores como el seudónimo de George Clinton (el gobernador de Nueva York, no el cantante de P-Funk).

Hamilton temía que los Anti-Federalistas fueran ganando terreno a la hora de influir en la opinión pública. Dado que la Constitución debía ser aprobada por convenios y no en las legislaturas de cada estado, la opinión pública era de suma importancia. Aunque Hamilton y Madison más tarde se convertirían en acérrimos rivales, en 1787 ambos coincidieron en la conveniencia de sustituir las leyes básicas de los Estados Unidos, los Artículos de la Confederación, con un documento que vincule a los trece estados como una nación y así permitir un gobierno central funcional.

Hamilton, el autor, pone su opinión clara directamente sobre la mesa, en lugar de fingir aparecer como un desinteresado. “Sí, compatriotas,” dijo, “después de haber dado la consideración justa a todo esto, soy claramente de la opinión que está en su interés adoptarla.”

Hace un esbozo del futuro: la insuficiencia de los artículos actuales, la necesidad de una nueva Constitución, la conformidad de la Const. con los ideales de gobierno republicano y así sucesivamente.

“Mis argumentos estarán sobre la mesa y pueden ser juzgados por todos”, escribe Hamilton. Y así lo haré yo. Espero que mis argumentos tendrán por lo menos la mitad de fuerza que tenían los de Hamilton.

Pendiente: lean el Federalista Nº1: el lunes, “test” — 10 minutos máximo de tiempo permitido.

Buen fin de semana.

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