Continuamos, señores, que están los extremistas echando chispas de furia. Quiero terminar esto pronto, porque próximamente tocará hablar del nefasto proyecto de Gallardón para “reformar” la Justicia en España. Estoy francamente molesto con el hecho de que quieren volver a darle vida al pesado Montesquieu. En eso, el PSOE tenía toda la razón y por mí, lo digo sin ningún género de duda – habría que ENTERRAR a Montesquieu. Pero, en fin, volvemos al tema del fascismo religioso que he ido observando tanto en USA como en España – sí, en España también.
En el siglo XVI, el Cardenal Cayetano, un enemigo feroz de la Reforma, explicó muy directamente la teología papista detrás del fascismo religioso:
“Lo que pueda hacer un rey o gobernante gracias a su cargo, para que haya justicia en el tema de la riqueza, es quitarle la riqueza a aquél que no esté dispuesto a deshacerse de las cosas frívolas o innecesarias para la vida, y distribuirla a los pobres porque de acuerdo con las enseñanzas de los santos, las riquezas superfluas no pertenecen al hombre rico como suyas, sino al que Dios ha puesto para ser su suministrador, para que pueda tener el mérito de una buena dispensa”.
Esta misma justificación teológica para que el gobierno robe con impunidad ya ha sido repetida por muchísimos papas, consejos y teólogos romanos durante toda la sangrienta y negra historia de Roma y su iglesia. Al utilizar los principios del principio de subsidiariedad universal, el Estado-Iglesia romano se inventó la justificación más completa para el fascismo económico y político que el mundo jamás había visto.
Hay más ejemplos, mucho más modernos, que el del cardenal. Tenemos a Fanfani, “Premier” de Italia a mediados del siglo XX. Publica un libro titulado, “Catolicismo, protestantismo y capitalismo” en 1934. Fanfani nos presenta la enseñanza social de la Iglesia Católica-romana y concluye que “la esencia del capitalismo sólo puede encontrarse con la más decidida repugnancia por parte del catolicismo”. ¿De qué habla? De la libertad confesional, de la libertad empresarial, de la libertad de asociación. Fanfani, como muchos supuestos protestantes hoy, añoraba el feudalismo de la Edad Media:
La época previa al capitalismo es una época que tiene una serie de instituciones sociales concretas – la Iglesia, el Estado, el Gremio – guardianes del orden económico al margen de la utilidad individual económica. Los intereses económicos del individuo se ven sacrificados a favr de intereses religiosos o morales, bajo el control de instituciones específicas. Se limitaba la competencia; la distribución de la clientela estaba garantizada y se tenía que forzosamente trabajar – había pleno empleo, cómo no (salvo el clero o la aristocracia); el intercambio comercial con ciertos grupos (adivina quiénes) se prohibía por motivos religiosos y había una serie de “festivos” obligatorios; los precios estaban regulados, había precios fijos, etc.
Esta organización fascista de la sociedad era el resultado de las enseñanzas sociales de la Iglesia Católica y siempre se ha impuesto como sistema donde quiera que la Iglesia Romana haya logrado imponer su voluntad.
La felicidad fascista
¿Quiénes son los que apoyan este fascismo religioso? Casi todo lo que se conoce como la “Derecha religiosa”. En EEUU, son muchísimas asociaciones de ese estílo y casi todas tienen algún vínculo con el catolicismo. En España también las hay: Libertad Digital, Intereconomía, y otros menos conocidos – por supuesto, también prácticamente todos los que integran esos grupos. Son los que más gritan aquella frasecita pesada que todos conocemos por aquí: “De ciertos temas, es mejor no hablar”. O el más conocido pero igualmente repugnante: “Hay que respetar a los muertos”. También hay algunos cristianos reformados que se han dejado engañar y están metidos en estos asuntos que mezclan fe con gobierno – luego hablaré de ellos.
Lo cierto es que el Gobierno, si prefiere usted, el Estado, no puede ser sustituido, en sus funciones, por magos y brujos iluminados que, con el pretexto de la “religión”, quieren dejar su huella en los programas educativos de esta patria.
En EEUU, desde finales de la II Guerra Mundial, prácticamente toda política doméstica que ha financiado Washington ha sido administrada no por funcionarios federales públicos como debería ser (hoy hay como 2 millones de funcionarios federales, casi igual que en 1960) sino por esos funcionarios mezclados con empleados locales y estatales, agencias privadas con ánimo de lucro, y algunas organizaciones sin ánimo de lucro. Muchísimas asociaciones religiosas en EEUU han recibido dinero público a través de este sistema, al igual que por desgracia ocurre en España. España es un país en el que hay decenas de asociaciones religiosas – católicas y musulmanas sobre todo, que reciben o al menos recibían millones en subvenciones bajo el mismo pretexto que se utiliza para defender los colegios concertados: “Es que es más barato y total, no hacen daño a nadie”.
Me preocupa que lejos de rechazar esta mezcla inaceptable entre lo religioso y lo estatal, por aquí a veces han venido algunos que defienden esas ideas aunque últimamente ya no tanto como cuando yo estaba en Red Liberal denunciando exáctamente lo mismo.
Algunos me han dicho que eso les parece genial (lo de EEUU) porque en España “se discrimina a los católicos, hay mucho sentimiento anti-católico”. Cuando les digo que aquí no queremos ver a los meapilas, me responden que si no me gusta, que “no participe”. Buen consejo, ¿no? Inútil. ¡Y una mierda! En el fascismo, la no-participación NO es una opción. Se nos obliga a pagar impuestos para apoyar a un Estado que sí apoya a todos estos grupos religiosos. En un mundo político ideal, debería existir la libertad no sólo de no participar en estas asociaciones o colaborar pagando, sino también no participar pagando impuestos y no solamente a la redistribución de propiedad robada que algunos llaman “justicia social”. El Fascismo italiano decía mucho lo de “todo dentro del Estado; nada fuera del Estado”. Nuestros fascistas religiosos tienen el mismo principio – trabajan para ampliar un sistema político que ya castiga a cualquiera que se muestre problemático y luchador contra el robo institucionalizado y paga con favoritismos a los ladrones de siempre. Quieren politizar lo que queda de la caridad privada y voluntaria.
Uno de los defensores de esta idea, Diulio, ha compartido su punto de vista anticristiano sobre la Iglesia: “Los que ayudan en la comunidad necesitan y se merecen nuestra ayuda individual y colectiva. Pero, no estarían tan necesitados si la iglesia se llegara a comportar como iglesia, unificada desde el pueblo más perdido hasta la ciudad”. Estos sentimientos son anticristianos por dos razones, por lo menos:
1. La Iglesia Cristiana no es una organización de bienestar social. No es una ONG, como muchos descarados pretenden decir o hacernos creer. Cualquier cosa que haga para el bienestar físico del pueblo es casualidad y está subordinado a su propósito principal – predicar el Evangelio de Jesucristo para salvar almas. El Evangelio cristiano NO es un evangelio social. El apóstol Pablo nos da instrucciones sobre a quiénes no debemos ayudar. Los que no trabajan y las viudas menores de 60 son dos ejemplos de esa lista.
2. La Iglesia, de ninguna manera, debe ser una institución centralizada. Las iglesias del Nuevo Testamento están esparcidas dentro de un área geográfica bastante amplia; no hay administración centralizada, no existen las confesiones, sólo hay congregaciones y alguna reunión ocasional – el presbiterio. Los únicos vínculos entre las iglesias no son institucionales sino evangélicos. Cuando mueren los apóstoles, no hay ninguna vinculación entre las iglesias. Su unidad sólo se justifica dentro de “Un Señor, una fe y un bautizo”; y por supuesto, Pablo no habla de ninguna confesión ni de “cristianismo”. No hay una organización común.
Los obispos de Roma (que no de Cristo o Pedro) siempre han buscado sustituir la cabeza de la Iglesia, Cristo y sus apóstoles, y por eso se inventaron la diabólica idea que conocemos como Sucesión apostólica. Por eso dicen ser los “vicarios” de Cristo aquí en la tierra e imponen sus controles sobre sus iglesias.
Dos mil años después de Cristo, los obispos de Roma siguen intentando controlar las iglesias. Es esta cosmovisión burocrática y totalitaria de la Iglesia que defienden los fascistas en España, EEUU, Francia, toda Europa y el mundo.
Los “reformados”
Hay varios cristianos reformados que han caído en esta trampa fascista. La Iglesia Presbiteriana de América (PCA) ya recibía dinero “público” para financiar sus programas sociales y al parecer, quieren más pasta. Algunos utilizan el Instituto Hudson para difundir propaganda fascista-religiosa. Por cierto, uno de los miembros más adinerados del Hudson es también de Exxon Mobile, organización-empresa que ha dado mucho dinero para que Gabriel Calzada, manipulador profesional, presidente del Instituto Juan de Mariana, desprestigie a España en la cadena de Fox News, EEUU.
Otros cristianos reformados han escrito a favor de los programas religiosos federales de EEUU, recordando que Jefferson (claro que sí) aprobó dar dinero público federal a los misiones católicos que pretendían evangelizar a los indios en Norteamérica. El Congreso también aprobó su propio capellán – PAGADO con dinero FEDERAL.
No hay NINGUNA AUTORIDAD constitucional en EEUU para este derroche de subvenciones federales a misiones religiosas. Si los fundadores com Madison o Hamilton hubiésen visto lo que hoy se está haciendo, pedirían quemar el Tribunal Supremo. Claro, es que en el siglo XVIII, el 97% de los EEUU era protestante-presbiteriano, de cultura de la retranca que nos caracteriza a los “neo” puritanos que nos oponemos a casi todo y no les hubiera hecho ninguna gracia tener un capellán en el Congreso pagado con dinero público ni por supuesto derroche de millones de dólares a organizaciones romanas. No tenían, por suerte para ellos, decenas de canales de televisión con negras vociferando “gospel music” y desmayándose. Eso surge a finales del XIX con el nacimiento de confesiones “dispensacionalistas”.
Ese argumento de que “Jefferson ya daba dinero público a católicos” es una GILIPOLLEZ. ¿Acaso eso significa que dar dinero público es constitucional? ¿Desde cuando es Thomas Jefferson un ejemplo a seguir en materia constitucional? Recordemos que simpatizaba con la Revolución Francesa, un acontecimiento trágico y perverso.
¿Por qué no citan el famoso veto de James Madison al Congreso, de 27 febrero 1811:
Léanlo aquí.
Cuando leo cosas así, me doy cuenta que los fundadores de EEUU, eran en su mayoría algo que sigo diciendo siempre: LOS MEJORES LIBERALES CLÁSICOS QUE HAN EXISTIDO. Qué pena que EEUU no recupera esos orígenes ingleses-recalcitrantes, disidentes permanentes.
Traduzco del texto, lo importante:
“La apropiación de fondos de los EEUU para el uso y apoyo de sociedades religiosos es CONTRARIO al artículo de la Constitución que declara que el Congreso NO LEGISLARÁ con respecto a un establecimiento religioso”.
Por supuesto, tampoco hay ninguna autoridad constitucional en EEUU para programas federales de bienestar social público, así que MUCHO MENOS un programa de bienestar para RELIGIONES.
La SEPARACIÓN ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO – una frase que ha sido duramente vilipendiada por la derecha religiosa durante los últimos 20 años, sobre todo en EEUU, es lo que precisamente nos permite decir que en EEUU las religiones aún tienen “algo” de libertad (cada vez menos aunque no han llegado al extremo fascista de Europa de querer regular el uso del velo, como ya ocurre en Francia).
Todas las religiones paganas, incluida la Católica-romana, siempre han querido destruir el concepto de separación entre Iglesia y Estado. Por desgracia, ahora cuenta con millones de pringaos en la derecha que no lee cantando alegremente, sí sí, felizmente, la canción papal de unidad entre las cosas del gobierno y lo religioso.
Al igual que ocurre en España, en EEUU esto ha provocado corrupción – amiguismos – las religiones “guay”, las de muchos “amigos”, reciben todo el dinero y por supuesto no se le da un céntimo a las “iglesias que discriminan” o van contra la ortodoxia de los tiempos.
El fascismo religioso afectará qué sociedades religiosas crecerán y cuáles van a tener que buscarse la vida. Las que tengan dinero federal tendrán más fieles; las que obedezcan la Biblia, la libertad y la Constitución, serán perseguidas por los “de la compasión y el amol”. Una vez más, las plazas públicas de EEUU estarán llenas de fascistas orando, sintiéndose orgullosos de lo “moral” que son. Osea, igualito a cuando vinieron aquí a España las “juventudes” del Papa.
Los defensores me dirán: “¿De verdad que te vas a poner a defender que se le quite dinero público a todos los hospitales de EEUU que son religiosos? ¿De verdad que le quitarías dinero a los colegios concertados en España?”
Los defensores responden: “Claro que no te atreverías”.
Yo les respondo: Sí, sí lo haría y cuanto antes, mejor.
Hay que acabar con las subvenciones a las confesiones, pues éstas deben ser financiadas por los fieles.
Hay que acabar con los concertados – se financian gracias a los impuestos de NO creyentes en su mayoría, para además someter a los chavales estar en un edificio de 9 a 3 que parece más bien un orfanato, sin libertades de ningún tipo en lo ideológico.
Hay que acabar con las subvenciones a Cáritas – si Cáritas fuera “tan buena” como nos dicen, sus esfuerzos provocarían muchas simpatías y gente que les de dinero de forma voluntaria.
El hecho de que la Iglesia Católica tenga que recibir dinero de los contribuyentes a la fuerza, por decreto-ley, sugiere que sus programas no son tan buenos como dicen, menos eficientes o menos que un beneficio generalizado para los españoles.
Vamos a ver si nos aclaramos de una vez sobre qué es lo que significa la caridad – la caridad es VOLUNTARIA, no se impone por ley. Eso de “la caridad del Estado”, que algunos han dicho, es una contradicción – el gobierno NO tiene ningún dinero más allá del que saca a la fuerza, imponiendo impuestos, sí o sí. Los que siguen defendiendo la unión entre Iglesia y Estado no son más que personas miopes en el mejor de los casos o ladrones en el peor de los casos. No hay nada cristiano en esto – no hay nada caritativo en subir el IBI para financiar fiestas homosexuales en Madrid.
La sal de estos “cristianos”, lamento decir, ha perdido su sabor; no vale nada ya; y merece ser aplastada y pisoteada bajo los pies de hombres libres.

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