Habitualmente, recibo muchísimos correos electrónicos de personas que me preguntan acerca de la universidad en EEUU. A menudo, muchos liberales españoles piensan que, de facto, las universidades americanas son “mejores” que las españolas y en parte tienen razón: esto es, hasta hace un par de años, diría yo hasta la década de los 80, las universidades de “élite” en EEUU eran así porque el acceso se limitaba a los más capacitados de aquella nación y no como ocurre en España, donde hasta un perro puede solicitar acceso a la universidad y ser admitido como si la educación fuera un derecho universal. En España, lo es: nuestra constitución socialista así lo prescribe.
Pero quiero hablar hoy de un problema generalizado en las universidades americanas, hablando de mis propias observaciones en la Universidad de Columbia, ciudad de Nueva York.
Os voy a dar un par de datos molestos que las universidades nunca reconocerán porque la mayoría de los padres no lo tolerarían. Los requisitos generales para los dos primeros cursos en la mayoría de universidades americanas son más bien un repaso de lo que debería haber sido el “High School” o bachillerato, en España. Es decir, dan clases que su hijo debería haber aprendido en la “high school” si no fuera porque se pasó gran parte de su tiempo fumando la maría, emborrachándose y pasando de curso (eso de pasar de curso suspendiendo también ocurre en España y el problema de la droga está más extendido en nuestro país debido a la permisividad parental y las leyes blandas, de origen izquierdista). Pero nuestro enfoque de hoy es EEUU y no España: no quiero hablar de España demasiado en esta entrada porque tampoco estoy para deprimir a mis lectores.
Los “high schools” superiores, normalmente en zonas de más riqueza económica, a menudo utilizan los mismos textos para los requisitos universitarios. De hecho, a modo de ejemplo: yo fui a un colegio privado inglés y mi experiencia en la secundaria fue muchísimo más difícil que mi experiencia universitaria, y eso que Columbia está en las “top 20″ de los “rankings” estadounidenses.
Lo “fashion” es decir esa chorrada de que “nuestra fuerza está en la diversidad” y eso es simplemente falso cuando estamos en un aula universitaria. Mientras más diferencias socio-económicas exista en una clase, peor es la preparación y el nivel intelectual. Por ejemplo, aquí en Madrid no es lo mismo estudiar en un colegio privado y católico que en uno público y tupido de inmigrantes y gente rara de todo tipo, sin motivación alguna.
Si usted es un padre de familia, me preguntará: ¿cuales son los requisitos de admisión, Alfredo? ¿Me está diciendo que los universitarios no están preparados? Pues sí señor, eso es exactamente lo que le estoy diciendo. Hasta en las mejores instituciones, como Harvard o Princeton, los requisitos de admisión son sospechosos puesto que tienen el imperativo de producir un cuerpo estudiantil “diverso” en lo racial y hasta, ojito con el dato, “sexual” — muchas universidades ahora quieren diversificar sus campuses admitiendo desde negros del gueto sin preparación hasta homosexuales sólo por el hecho de serlo.
En EEUU las universidades públicas reciben fondos por la cantidad de alumnos que admita: es decir, a más estudiantes, más dinero. Además, cada estudiante que venga de otro estado genera dos veces la cantidad de subvenciones.
El impulso fanático para promover admisiones donde la protagonista es la discriminación positiva, mediante reclutamientos de estudiantes de “high schools” empobrecidos, resulta en un cuerpo estudiantil enormemente variopinto y en unos niveles dispares en cuanto a preparación educativa. De hecho, en los EEUU, casi la mitad de los estudiantes universitarios no terminarán su carrera universitaria.
Los buenos estudiantes de colegios superiores saben juguetear con el sistema: no van a clase y reciclan sus ensayos para las clases “remedial” que ofrecen las universidades, sobre todo las públicas. Recordemos que en EEUU, las universidades públicas son mucho peores que las privadas, al revés de lo que ocurre en nuestro país.
Cuando yo empecé mi carrera en Columbia, conocí a varios estudiantes de los mejores institutos. Muchos eran listos, pero no excepcionales. Me quedaba estupefacto al comprobar que muchos de ellos tenían hasta 8 asignaturas por un cuatrimestre y además un trabajo a tiempo completo. Una chica, de raza negra, me dijo que para ella esas clases de primer curso eran una repetición de su “high school” y que no iba a las clases: simplemente reciclaba sus trabajos antiguos del instituto cuando podía hacerlo. Y la negra no era la única: más de la mitad de los estudiantes, de todas las razas, así lo hacían en determinadas clases tontas tipo “la diversidad cultural” o cursillos “antiracistas” que tanto les encanta a los progres.
Pero, un estudiante estudiando alguna ciencia o ingeniería no podría hacer eso. Simplemente que las “bellas artes” o “artes y letras” se han convertido en pozos deplorables minados de incompetentes, con el énfasis puesto en el lavado de cerebro para imponer los puntos de vista del profesorado acerca de la “homofobia”, “el sexismo”, y el “racismo.” Pues bien, la atmósfera en la facultad de ingeniería era totalmente distinta:
A cualquier hora, si uno entraba a la biblioteca de los ingenieros, veía gente estudiando. Los estudiantes tachaban la tercera planta de la biblioteca en Columbia como el “bazar oriental”, porque las salas de estudios parecían más bien una calle de Peking o India. Los alumnos de raza blanca por lo general carecían de esa motivación tan explícita de los orientales.
Cuando terminan esos 4 años (todas las carreras en USA son de 4 años), la mayoría de estudiantes no han aprendido nada y simplemente manipulan el “sistema.” Internet, hoy por hoy, les proporciona con muchas oportunidades para copiar o plagiar sin problemas. Aunque es cierto que existe “software” que puede controlar el plagio, la verdad es que los profesores progres y “modeLnos” están tan dispuestos a pillarlos con el mismo vigor de un político español a la hora de pillar y detener a inmigrantes ilegales. La mayoría de universidades tienen un sistema “jurídico” para defender los “derechos” de los estudiantes que los profesores por lo general se decantan por la permisividad porque no quieren perder tanto tiempo para que al final el estudiante se salga con la suya.
De hecho, el plagio está tan extendido como el sexo en el campus, el alcoholismo exagerado y las drogas, sobre todo los porros: hachís y maría.
Cualquier padre que quiera mandar a su hijo a una universidad de “élite” debería pensarlo bien. El coste es casi, para muchas personas sin medios, igual que sacar una hipoteca “subprime”. Con esa cantidad de dinero, su hijo podría hasta tener como mejor opción (sobre todo si no está motivado ni quiere estudiar) un buen plan de pensiones a largo plazo. Además, por invertir esa gran cantidad de dinero, a su hijo le tratarán como el heredero de una sociedad “racista”, “sexista” y “machista.” Y esta “re-educación” marxista no sólo ocurre en las aulas sino también en los dormitorios, donde hay otra universidad en la sombra y campos ideológicos. Personalmente, tuve la suerte de escaparme de eso al convivir en una hermandad y nos importaba un pepino el “racismo” y otras chorradas de los izquierdistas. Sólo nos interesaba estudiar y hacer negocios de todo tipo, dentro de la ley, por supuesto. Pero la gran mayoría de españoles que pueden permitirse ir a EEUU acaban en los dormitorios, y todo el mundo es víctima de esta “re-educación” “antiracismo” y “antimachismo.” Aún así, por lo general, los varones sacan mejores notas en las ciencias que las chicas y son mejores en muchos otros campos: la naturaleza no cambia y hay raras excepciones.
Lo bueno que tiene España, a pesar de que el acceso a la universidad es universal, son las oposiciones. En EEUU, no tienen ni siquiera eso. El sistema de opositar en España es bueno porque se basa en el mérito y es una forma universal de comprobar si verdaderamente el “licenciado” sabe o no sabe. Por lo demás, su título es papel mojado, no vale para nada.
Si quitamos todos los cursillos de propaganda multiculti y toda la basura progre, podríamos eliminar un año entero de la univesidad americana. ¿Qué tiene de valor una clase sobre poetas lesbianas como ofrece Stanford y Yale? En casi todas las universidades de élite, estas clases son requisitos: no me extraña, porque de otra forma ninguna persona con dos dedos de frente se gastaría un duro en una clase sobre lesbianas: sobre todo en Nueva York, teniéndolas por todas partes como ocurre en Madrid, donde ver a un gay haciendo gala de su condición de forma agresiva y besucona está en casi cada esquina del centro.
En definitiva, para el estudiante medio, la universidad no es una experiencia educativa: son 4 años de propaganda, fiesta y la compra de un título.
Si lo que su hijo necesita son dos años de repasos, hay muchísimas academias en Madrid que se encargan de eso, y sin la propaganda progre. Si necesitan fiesta y drogas, no necesitan salir de nuestra ciudad. Ahórrese ese dinero y cómprele un plan de pensiones o alguna franquicia. Tendrán muchísima más seguridad financiera de la que puede proporcionar un título basura. Y si de verdad quieren una educación, deberían comprarse los grandes libros de nuestra cultura, empezando por Platón. Ahí encontrarán la misma educación que tuvieron los grandes héroes de EEUU y de España también en su día. Aquellos patriotas, hombres como Cánovas, Sagasta, o Washington y Jefferson en EEUU, tenían muchísima más educación que cualquier niñato progre de hoy en día y no tuvieron ni una sóla asignatura sobre temas lésbico gays o sobre supuestos “genios científicos africanos”.
Ah pero no: se me olvidaba que eran blancos, hombres, y capitalistas esclavistas, nada sensibles ante las necesidades de las “minorías” y las “mujeres”. Tampoco sabían que Cristo en realidad era “negro”, que los homosexuales son lo más guay del mundo, y que “todo es relativo.” Es extrañísimo que hayan podido realizar grandes hazañas con aquella pésima educación tan “racista” y “machista” y “homófoba.”
La “miembra” universitaria media en estos días es algo así como ésta chica ejemplar, muy culta ella:
