Posteado por: valcarcel | 10/02/2010

El capitalismo que yo defiendo

Hace tiempo que tenía pendiente escribir sobre el capitalismo que yo defiendo pero no había tenido tiempo debido a las clases. Pero, tras una serie de eventos esta semana de los que todos hemos sido testigos, me dio por escribir sobre el capitalismo. Ayer me acordé de las críticas que recibí en el 2008 por parte de unos jóvenes asalariados que trabajaban en una empresa situada en el mismo edificio donde tenía mi empresa, casi enfrente de la Plaza de Colón, donde ondea nuestra preciosa bandera monárquica y constitucional. Me criticaban porque uno de mis colaboradores se gastó 1.000 euros en una comida de trabajo en plena “crisis”, como si tener dinero fuése algo malo. Les recordé que gracias a gente así, ellos tenían empleo y que deberían sentirse más agradecidos a los “ricos” de nuestro país que son los que más pagan para sacar al país de la miseria moral y económica que este tipo de gente representa. Uno de ellos incluso llegó al extremo completamente antibíblico de decir que “el capitalismo no es cristiano” — algo que el propio Zapatero, un analfabeto en cuestiones bíblicas, también intentó colar en Washington D.C. Les contesté que la doctrina católica no es, por supuesto, bíblica, ni la Biblia habla en ningún momento de “justicia social” ni de “redistribución de la riqueza.” Pero, así es como se las gastan los papistas, y Zapatero lo demostró en EEUU diciendo estupideces que pervierten la Palabra de Dios. Mucha razón tenía Unamuno cuando decía que en España, hasta los ateos son católicos. Sigo pensando que el catolicismo supone una tara para estos desgraciados países latinos que llega a impregnar hasta a los más ateos: la santurronería, el papismo, la actitud tímida y piadosa y empobrecedora son rasgos indiscutiblemente católicos. Donde quiera que la Iglesia Católica se ha instalado con fuerza, sólo ha traído miseria, superstición, delincuencia, ignorancia y retraso mental. Sé que me leen muchos católicos pero no, no os voy a pedir perdón por mis declaraciones. Sé que hay católicos lo suficientemente inteligentes para distinguirse de su Iglesia como institución.

Para los amigos del capitalismo, los dos últimos años no han sido agradables. Primero, fuimos testigos de una cascada de calamidades anti-mercado que parecían destinadas a avalar las críticas más estereotipadas contra la libre empresa – completa con los inversionistas imprudentes, los préstamos irresponsables, el endeudamiento irresponsable, la especulación desenfrenada, colapso financiero, falta de regulación, jubilados apunto de perder sus ahorros y su vida, mientras que esos “putos banqueros egoístas” de Wall Street seguían adquiriendo bonos, e incluso Greenspan disculpándose por permitir demasiada manga ancha.

Luego vinieron los rescates y las famosas “medidas anticrisis”. Para poder combatir el socialismo, es necesario primero conocer qué clase de capitalismo defendemos aquí.

No es tarea fácil explicar estos puntos. Después de décadas de pensar que no volveríamos con el socialismo, muchos amigos del capitalismo han perdido el rumbo y no saben de qué se trata cuando hablamos de capitalismo democrático, sus vicios y virtudes, sus puntos fuertes y debilidades, sus políticas y morales, así como sus justificaciones económicas. Nuestra primera tarea ahora es por tanto una recuperación de ese entendimiento, que permitirá aclarar tanto nuestras objeciones a la dirección política del momento y de nuestras recetas para el tipo de España que queremos ver. Espero ofrecer aquí un breve esbozo de lo que esta recuperación podría implicar, y hacia dónde nos podría dirigir.

Debemos empezar en el siglo XVIII, que es cuando nació nuestro actual estílo de vida y tenemos que abrir el libro de Adam Smith. El padre de la economía moderna, era un filósofo moral – un estudiante de la naturaleza humana y las instituciones sociales, y sus teorías de la economía política son un elemento de su proyecto más amplio que trata el tema de los apetitos humanos.

Smith comenzó con una visión mediocre de la naturaleza humana – ni utópica ni cínica. Él creía que, si bien los seres humanos son fundamentalmente egoístas, se nos podría orientar hacia la benevolencia. Nuestros sentimientos, dijo, comienzan con una auto-estima que se expresa en nuestros deseos de atención y reconocimiento, y motiva mucho del comportamiento humano. Incluso nuestra solidaridad comienza con nosotros mismos: podemos sentir compasión por alguien con problemas, ya que podemos imaginarnos a nosotros mismos en su situación.

Sin embargo, para Smith, el hecho de que nuestra propia observación se exprese en un deseo de aprobación social ofrece una oportunidad para la educación moral, y para moderar nuestras pasiones y nuestros apetitos salvajes y carnales para hacer posible la vida civilizada. Nuestra capacidad de empatizar con otros nos permite reflexionar sobre nuestro propio comportamiento, para preguntar: “¿Qué dirán de mí?” Y en esta cuestión – en la que el observador imaginario “imparcial”, como dice Smith – está el principio del orden social y de autocontrol, así como el primer impulso hacia la conformidad moral común y las normas sociales. Dentro de mí, siempre he pensado que en realidad los anti-capitalistas son unos desviados morales por oponerse a esta realidad, una especie de soñadores no convencionales, anti-sociales en realidad, y algo desestabilizadores en ciertos entornos donde pervierten el orden establecido en su deseo de acabar con divisiones y barreras como las fronteras, las desigualdades, la división del trabajo, y las diferencias entre las capacidades intelectuales, culturales, sexuales, et cétera. El otro día, un comentarista me acusó de ser como “los malos de las películas” y me vino inmediatamente a la mente la película americana el “Karate Kid” donde el joven débil, tutelado por Mister Miagy, es protagonista de los “buenos” y los “malos” son los otros jóvenes que abusan de él pegándole palizas y mofándose de sus orígenes. Hay una parte de la película donde los “malos” le dicen a la madre, entre risas: “señora, nos gusta mucho su coche.” Esa escena da a entender que burlarse del cacharro-coche de una persona es “malo”. También podría dar el ejemplo que ahora está de moda, eso de decir que “¿qué más da la ropa?” No me gusta, como persona, Juan Ramón Rallo pero recomiendo, en relación con eso de las marcas y la apariencia, éste artículo.

Así es como, en una sociedad que funcione bien, nuestras tendencias sentimentales pueden convertirse en simpatías y decencia hacia el “otro”. Pero, para que la “sociedad” funcione bien hace falta tener las instituciones sociales destinadas a canalizar los sentimientos hacia este tipo de formación moral. Esas instituciones fueron a lo largo de su vida una obsesión para Smith. Él era, por encima de todo, un estudioso de los acuerdos sociales entre seres humanos.

Estas virtudes moderadas ilustran una gran virtud: el dominio de uno mismo, o auto-control. Esto es lo que Smith cree que es realmente la clave de la sociedad liberal. “Dominio de sí mismo”, escribe, “no es sólo en sí mismo una gran virtud, sino que todas las demás virtudes parecen derivar de eso su brillo principal”. Y define dominio de sí mismo como la capacidad de aplazar la gratificación y de las restricciones sobre el apetito, o en una palabra: la disciplina.

Así que en lugar de con coacción, tal acuerdo institucionalista se llevaría a cabo de una manera general, a través de formas institucionales con normas claras para jugar y de esa forma promover nuestros intereses, pero sin obligar a crear determinados resultados.

Como buen liberal, Smith creía que la prosperidad material era esencial para ser personas más “completas”, y así se centró en su filosofía moral. También pensó que la riqueza era una condición previa para tener una sociedad decente que pueda simpatizar con el dolor ajeno – no podemos cuidar de los demás si nosotros mismos tenemos hambre. Su visión de la vida social requiere por lo tanto una enseñanza económica desarrollada en torno a algún arreglo institucional que podría ayudar a producir prosperidad, mientras que la disciplina y fomentar las virtudes moderadas y el dominio de sí mismo son medios para mejorar nuestra condición. La Riqueza de las Naciones ofrece precisamente esa enseñanza, y la institución adecuada: el mercado libre. En el hilo de comentarios iremos hablando con más detalle, si procede, sobre Smith y su punto de vista democrático de que un país feliz necesitaba tener mercancía y comodidades a precios asequibles.

No hay hoy, y tal vez nunca ha habido, una crítica económica seria contra los principios fundamentales del capitalismo. Sólo hay críticas morales. Incluso los opositores del capitalismo que proponen sistemas alternativos – como los socialistas y comunistas de los siglos pasados – en general, ofrecen sistemas morales, y no teoría económica real.

Las críticas morales contra el capitalismo normalmente se encuentran en dos categorías. Una, popular entre los socialistas y comunistas, es que el capitalismo es injusto para los pobres. Esto es una estupidez. Los pobres en Occidente, y cada vez más también en otros lugares como China y la India, no han tenido mayor libertador que Adam Smith. Es cierto que la desigualdad persiste, por supuesto. Sin embargo, el nivel de vida de los pobres ha aumentado de forma espectacular con el capitalismo, y la posibilidad de escapar de la pobreza sólo se da en las economías capitalistas. Hoy, en Occidente, las causas de la persistencia de la pobreza tienen mucho más que ver con la cultura que con la “injusticia” económica.

Luego está la crítica muy moralista pero más importante de que el capitalismo sólo nos conduce hacia el nihilismo. Los críticos que siguen esta línea son variopintos: los tenemos en la derecha, en el centro y en la izquierda. Santo Tomás de Aquino escribió: “El comercio destinado a los beneficios es más censurable, ya que el afán de lucro no conoce límites.”

Adam Smith esperaba, por el contrario, que el mercado libre daría lugar a la disciplina y pondría límites a nuestros apetitos. Pero, es cierto que resulta que nuestra época capitalista no es una época de disciplina. Todo lo contrario. Nuestra sociedad demuestra un apetito sin límites. Nuestro principal problema de salud pública es la obesidad. Nuestro patologías sociales más importantes son el resultado de una ausencia de moderación sexual y de responsabilidad personal. Nuestra cultura popular es, muchas veces, una mezcla diabólica de decadencia y vulgaridad filistea. Y nuestra vida pública es una fiesta desenfrenada – pedir prestado más de lo que se puede pagar; gastamos más de lo que tenemos, y utilizamos más de lo necesario. A pesar de nuestra inmensa riqueza, nos las arreglamos para vivir más allá de nuestros medios. De hecho, casi es justo decir que no nos falta nada, excepto la disciplina. Pero, como Adam Smith ya advirtió, la disciplina por encima de todo es lo que necesitamos para ser libres. Esto no es un problema menor para el caso del capitalismo.

Entonces, ¿qué pasó? En parte, Adam Smith seguramente subestimó los retos de mantener las normas morales en medio del dinamismo económico. Sus expectativas se basaban en una suposición de lo que nos parece que era el consenso social y moral de su época, en una sociedad homogenea en términos religioso-culturales. La pérdida de ese consenso, provocada en gran parte por nuestra propia economía capitalista, es un hecho que define la vida occidental de estos tiempos, La disciplina del mercado no es suficiente para colmar la brecha. Por lo menos, Smith se había equivocado al suponer que el capitalismo podría producir suficiente autoridad moral para sostenerse a sí mismo. Esa autoridad y el orden tendría que venir de más tradiciones morales y las instituciones culturales más allá del mercado. Y nuestra defensa del capitalismo, por lo tanto, debe ser también una defensa enérgica de esas instituciones – la familia tradicional (padre + madre en matrimonio), religión y tradición. El capitalismo democrático en su mejor forma combina lo mejor de estos con el poder del mercado – nunca un reto fácil, pero merece la pena intentarlo.

Pero, en parte, también hemos dañado la visión capitalista de Smith en formas que afectan precisamente sus poderes de civilizadores, y que hacen cada vez más difícil para nosotros cosechar los beneficios del sistema liberal. Las dos características claves de la economía política de Smith – su carácter democrático y popular y su efecto disciplinario – han sido objeto de mofas y ataques en nuestros tiempos: la primera es la creciente connivencia entre el gobierno y las grandes empresas, y la segunda, un estado de bienestar en expansión y con un alcance más allá de ayudar a los más necesitados. Para defender el capitalismo, tenemos que también atacar estas dos ruinosas tendencias – tendencias que han convivido durante mucho tiempo con nosotros, pero se han intensificado peligrosamente en esta época de Obamas y Zapateros.

Smith también deja claro que la universalidad del mercado es imprescindible para que pueda tener efectos sobre los trabajadores individuales, así como las grandes empresas (que también necesitan cumplir la ley, a diferencia de ahora). A medida de que más personas, también protegidas o excluidas del mercado ha ido aumentando, la organización y el poder disciplinador del sistema se ha debilitado considerablemente, dejando un vacío tentador para políticos populistas repletos de malas ideas. El estado de bienestar moderno tiene exactamente este efecto. El Estado de bienestar surgió como una respuesta adecuada a los trastornos causados por el capitalismo a ciertas personas, y para ayudar a “paliar” la pobreza que siempre tendremos con nosotros. Y cuando se trata de los más pobres de los pobres, que no pueden subsistir sin ayuda (retrasados mentales, por ejemplo, discapacitados, etc), una sociedad decente debe ofrecer ayuda. Pero el actual estado de bienestar se extiende mucho más allá de los indigentes y estos otros elementos sin salvación, causas perdidas. La mayor parte de nuestro sistema de derecho está dirigido a los ancianos, pero no tiene límites: los derechos sociales abundan para todos, y hay quienes incluso piden más: en los EEUU, por ejemplo, ya lo vemos con la reforma sanitaria del Obama.

Bien entendida, la causa del capitalismo que defendemos aquí no es licencia o “laissez faire”. Se trata de que la riqueza nacional es un bien moral, en el interés de la masa de consumidores con normas claras y uniformes de competencia impuestas a todos y sancionar los abusos.

Las sociedades libres y prósperas están en constante necesidad de un conservadurismo social prosaico para recordarnos que de que la libertad y la prosperidad dependen de la moderación y la disciplina moral. El capitalismo hoy sufre problemas porque hemos olvidado defenderlo y por qué motivos. Yo no temo a los ideólogos socialistas — temo a los tecnócratas equivocados que no saben lo que hacen. El público no está satisfecho, incluso está enfadado y con razón Por eso tenemos que, como capitalistas, proceder con claridad en nuestra defensa.

Nuestro propósito es proteger y fortalecer nuestro estílo de vida occidental y libre que ha sacado a miles de millones de personas de la pobreza y ha mejorado enormemente nuestro mundo en innumerables formas, pero siempre parece que no tenemos suficientes defensores de lo nuestro y debemos evitar todo lo posible para caer más en esa socialdemocracia melancólica y decadente que tantos defienden.

En los próximos años, nos corresponde como liberales ponernos a la altura de nuestras ideas y defenderlas con dureza, y tenemos que ver que el capitalismo es una empresa moral y económica – cuya fuerza será indispensable para el futuro de una “empresa” más importante y grande: la propia supervivencia de Occidente y nuestras patrias.

Posteado por: valcarcel | 08/02/2010

Muchos van a llorar, otros no

Hoy estuve pasándome la tarde recordando mi “época de gloria” colegial y me vino a la mente un recuerdo del año 1989. Veamos: en 1989 yo tenía 8 añitos pero ya me interesaba la política. Recuerdo mi admiración por Bush padre y también recuerdo perfectamente la primera Guerra del Golfo Pérsico en 1991. Desde que tengo uso de la razón, siempre he sido de convicciones parecidas. No se me olvida aquél día de 1991 cuando le dije a una profesora media-progresista: “¿por qué eres tan tonta?” No duden, señores lectores, que recibí el castigo merecido por faltarle al respeto a mi profesora. Pero, la memoria que me vino a la mente ayer es del año 1989, cuando fui de viaje por segunda vez a Nueva York con una prima y su familia. Fuimos al Central Park y era un día de verano, y las mesas de “picnic” estaban llenas de familias, sobre todo recuerdo ver a muchas familias de origen latinoamericano, como hacen hoy muchos aquí en Madrid en el Retiro, donde se reúnen con los suyos. Estaba yo dando una vuelta por el parque con otro niño de situación parecida a la mía (con esto me refiero a “condición social”) y recuerdo que se nos acercó otro niño, posiblemente de edad parecida o algo mayor que yo y nos dice, en inglés: “those are my friends and we’re playing.” (esos son mis amigos y estamos jugando). Recuerdo sentir mucho desprecio contra el niño ese y bueno para resumir, mi amigo le dio una patada en la rodilla por un motivo que ahora no viene a cuento. Simplemente que se me quedó grabado en la mente algo que nos dijo un grupo de personas mayores que habían allí: “niños cuidado con esa gentuza.” A mí desde pequeño siempre preferí las conversaciones de los mayores y tampoco se me olvida la charla que tenía un hombre cuarentón, de origen mejicano o de uno de esos países, en otra mesa. Hacía referencia a Bush presidente y recuerdo que dijo: “Bush nos está ahogando, he tenido que cancelar un plan de compras que tenía.” No recuerdo lo que pensé en ese momento pero sí recuerdo que se trataba de un hombre bastante feo de cara, con aspecto hortera (ahora que puedo valorar esas cosas). Sé que esto sonará bastante duro pero deberíamos ir acostumbrándonos en España a ese tipo de charla y especie de ser humano: pobre, resentido, y hortera, porque estamos a punto de entrar en un periodo muy necesitado de austeridad nacional y creo que ya va siendo hora de que venga, cuanto antes, mejor. Para mí no será nada nuevo, pues siempre he sido muy austero. En el colegio los chavales decían siempre “es imposible compartir nada con Alfredo, nunca da ni un duro.” También hace poco me tuve que reír un poco porque un progresista me dijo que seguro “tienes miles de trajes.” No, no no no señores, ni siquiera eso. Soy austero en todo pero creo que va siendo hora de que otros aprendan un poco esa lección. Por lo tanto, como tengo un amigo que trabaja en el FMI, os contaré lo que viene para que os vayáis preparando.

Una de las tristes características de la sociedad occidental contemporánea es la tendencia de aceptar que nos mientan si la mentira suena bien. Aquí van algunos ejemplos políticamente incorrectos.

1) Deuda y déficit. En nuestra situación actual, muy pronto vamos a acumular miles de millones de euros de deuda. Utilizamos el eufemismo de “estímulo” para hablar de endeudamiento masivo en términos de porcentaje del PIB, y hablamos de “inflarnos” para salir de la deuda. El hecho es que el endeudamiento es ahora tan enorme que no hay manera de pagar lo que debemos sin recortes masivos en los servicios de costumbre, y una probable disminución en el nivel “aparente” de vida a la que muchos están malamente acostumbrados. Y digo “aparente”, ya que muchos de los elementos a los que nos hemos acostumbrado, desde la asesoría psiquiátrica sofisticada para presos y delincuentes, procesos judiciales frívolos, procedimientos médicos innecesarios y duplicados (cambios de sexo en Andalucía por ejemplo con dinero público), sueldazos para los funcionarios en ciertas CCAA, subsidios agrícolas, o las subvenciones a las artes y los medios de comunicación no son indispensables y poco a poco empezarán a desaparecer. Aumentar los impuestos será en el corto plazo la “solución” que se nos ofrece, pero no es sostenible porque afectará la actividad económica.

Y nos falta mucha paciencia y valor para bajar los impuestos, junto con recortes en el gasto masivo, para equilibrar el presupuesto de las arcas. En resumen, vamos a inventar eufemismos como “estímulo” a medida de que se vaya acabando la pasta, y los españoles tendrán que ajustarse a un menor nivel de vida. En los EE.UU pasará lo mismo. Me comentó un amigo que vive en California que los caminos y rutas rurales están rotos y llenos de baches, perros callejeros sin microchip, y miles de remolques de alquiler y garajes convertidos-en-alquileres/hogares. Me temo que cualquier alumno de primaria en los años 50 podría hacer un resumen de la situación actual mucho mejor que cualquier licenciado universitario de hoy en día. El declive no es inevitable, teniendo en cuenta una población que ha crecido y las inversiones de generaciones anteriores, la continua evolución tecnológica y la globalización. Pero, en una cultura terapéutica y con la existencia de un “Evangelio” de redistribución socialista, nadie se atreve a decir que el endeudamiento actual es asombroso, insostenible y que tendrá que pagarse con sacrificios reales. Prefieren callarse y seguir el mismo camino, como si Grecia fuése un ejemplo a seguir.

2) Israel. Estamos constantemente oyendo cosas sobre la “Crisis en Próximo Oriente” y la “necesidad de reiniciar el Proceso de Paz.”

¿Por qué? ¿Acaso debemos perder el sueño por la ciudad dividida? ¿O la brutal ocupación turca del Chipre griego? ¿O la anexión rusa de Osetia? ¿O el tratamiento cruel contra los musulmanes por parte de los chinos?

Por supuesto que no. La mentira es que hay una “crisis en Medio Oriente”. La frase “tierra ocupada” no es inusual. Los palestinos no son más “refugiados” que los tibetanos o chipriotas. El ejército israelí es mucho más moral que la fuerza militar que del ejército ruso o el chino o el turco.

¿La realidad? Odiar a Israel debido a ciertas evidentes realidades a) creciente antisemitismo (uno puede odiar a los malvados judios si dice ser “anti-sionista”, b) el temor a los terroristas islámicos radicales, al parecer no hay radicales tibetanos secuestrando aviones o volando estaciones de trenes de Madrid debido a los lazos españoles con la China comunista, c) Israel es Occidente, como los EE.UU., y una minoría en una vecindad mayoritariamente marrona y tercermundista, por lo que odiar a Israel es un mecanismo de odiar a los EE.UU. de forma barata y mezquina

¿La verdad? El dinero, el miedo y los odios de toda la vida enmascarados con “principios” y “moralidad” y “justicia”.

3. La inmigración: Es preocupante señores el número cada vez más creciente de extranjeros sin oficio ni beneficio en nuestra patria y nuestros políticos están jugando con fuego que traerá graves consecuencias para las relaciones raciales. Cuando los autóctonos empezamos a sentirnos como extranjeros en nuestro propio país, surgen problemas como el racismo y el odio, y la xenofobia. Por eso provoqué la furia de muchos cuando dije que hay que comprender por qué existen los “skins” — normalmente son jóvenes inadaptados que no saben qué hacer ante una realidad cada vez más problemática y porque nuestros políticos se niegan a hablar de la inmigración como problema. Pero eso es lo de menos señores.

Millones de extranjeros viven aquí ilegalmente, son ilegales, viven en comunidades paralelas a la nuestra, carecen de formación superior en muchos casos pero sin embargo, millones y millones salen al año de España en remesas: ¿cómo lo hacen? Por el sistema socialista que les garantiza cosas como la sanidad y la educación para sus hijos y ayudas para la vivienda pública y las guarderías públicas. Eso les permite no tener que asumir esos gastos y mandar millones a sus países de origen. Si a eso le sumamos una mayor tendencia a delinquir, desde pandillas como Latin Kings y detenciones por conducir borrachos y por pegarle más a sus esposas, el Estado gasta mucho más en ellos de lo que ellos realmente aportan. No pretendo hablar de “LOS” inmigrantes: hay nacionalidades específicas donde vemos estos problemas más que en otras. Por ejemplo, pocos inmigrantes chinos o europeos occidentales delinquen tanto.

Está prohibido, casi, afirmar que una sociedad más o menos “sofisticada” como la nuestra se gasta millones y millones anuales intentando educar, reeducar, encarcelar y curar a millones de personas del Tercer Mundo. También todos recordaremos la época del “boom” de las pateras y los buenistas que decían que “se lo debemos” porque somos “blancos, malos y occidentales”. Pues no señores: la penitencia se la dejo a los papistas. Es curioso que tantos sudamericanos vengan aquí y se arriesgen ir a prisión por ser ilegales mientras que por otro lado no paran de quejarse de nosotros: que si somos malos y discriminamos, y que debemos ajustarnos a su cultura. Si ellos no lo hacen, ni tienen por qué, yo tampoco tengo el deber de acoplarme a sus costumbres. A mí no me importa que una mora se tape la cara todo lo que quiera, es su decisión, pero empieza a molestarme cuando exigen que empresas privadas respeten esas costumbres. Quizás para empezar a solucionar el tema de las remesas, se les debe cobrar como mínimo un 10% en un impuesto específico destinado a cubrir los gastos sociales que mucha de esta gente genera.

En España no nos hace falta un Le Pen, Dios libre: lo que nos hace falta es ser realistas y ejercer sentido común, hablando sin tapujos. Somos un país con siglos de Historia y con una población autóctona más o menos homogenea y por lo tanto, no tenemos la misma carga histórica de inmigración que tiene un país como los EEUU. España, al igual que el Reino Unido, ya es un país multicultural y con lo que tenemos ya es suficiente. Cerrojazo, por lo tanto, a la llegada nueva de más inmigrantes por ahora. Primero hay que ver lo que tenemos en casa.

4. ¿Qué está pasando con el surgimiento de una aristocracia de izquierdas? Al Gore es un multimillonario que ha basado toda su carrera en la mentira. Pepiño Blanco tiene varias mansiones en España mientras que se dedica a amaestrarnos sobre la “justicia social.”

El riquísimo y millonario Bill Gates se ha asegurado que no habrá impuestos federales sobre su herencia y patrimonio de más de 60 mil millones mientras da conferencias sobre la necesidad de subir los impuestos para el resto, o George Soros que habla de los pecados del capitalismo — pero ninguno asume las consecuencias de sus nefastas doctrinas.

Rara vez se reconoce el denominador común que une a todos estos “patrones” de la izquierda: el socialismo progresista es una manifestación psicológica que sólo se pueden permitir en muchos casos los más ricos del país, que son inmunes a las duras realidades de la vida y el daño que provocan los impuestos desorbitados. Encuentran consuelo, penitencia y autoestima en esas doctrinas surrealistas. Los colegios “de élite”, que conozco bien, están llenos de los hijos de estos mismos buenistas que critican que la educación se esté privatizando. En mi universidad, que en mis tiempos costaba 33 mil dólares anuales habían muchos hijos de dirigentes de ERC y del PSOE que, porque no me gusta el cotilleo innecesario, no nombraré aquí.

Sí, vivimos en un mundo de locos y para dar sentido a todas estas contradicciones, cada vez mentimos más y mejor. Pero, como siempre, la realidad se impone y pronto llegará el momento en el que tenemos que pagar las facturas: muchos van a llorar, y otros no. Los que ya lo veíamos venir vamos a reírnos mucho, porque es un castigo muy merecido.

Posteado por: valcarcel | 07/02/2010

¿Qué es lo que pasa?

Al tratar de explicar por qué nuestra parálisis política parece haber empeorado en el último año, los analistas han sacado un conjunto de razones plausibles que incluyen: errores tácticos del presidente Zapatero, la obstinación de la “clase política” en general más la corrupción en España, el aumento de hooliganismo partidista en las CCAA, y el idiotismo fanfarrón de los canales televisivos. Quizás me equivoque pero siempre he dicho que los países donde gran parte de la población se pasa horas delante de la tele suelen ser países con una gran masa de público analfabeto. En la Unión Europea, España es uno de los países donde más horas se pasa delante de una pantalla televisiva y, cruzando el Atlántico, EEUU es otro ejemplo. Yo nunca he negado, a pesar de mi sentimiento pro-americano por motivos estratégicos, que allí existe, como aquí, una masa de público bastante ignorante aunque no como piensan los europeos. A pesar de que todos estos factores mencionados pueden ser parte del problema, creo que hay un factor mayor que se suele ignorar: la ignorancia, el infantilismo, y la cada vez más mayor incoherencia y estupidez del público en general.

Tomemos el caso estadounidense: hace un año, el 60% de la opinión pública estadounidense apoyaba el plan de “estímulo” de Obama. Unos meses más tarde, cuando la economía seguía en profunda recesión, un porcentaje idéntico dijo que Obama estaba gastando demasiado dinero en ese plan. No tiene nada de malo cambiar de opinión, por supuesto, pero las encuestas de opinión del año pasado reflejan algo bastante preocupante: un país que exige medidas mientras que simultáneamente rechaza medidas contra el paro, el déficit, atención sanitaria, cambio climático y un montón de otros problemas reales o percibidos. Digo “percibidos” porque para mí tener a una masa de población sin atención sanitaria no es un problema moral: los socialistas pretenden elevar la sanidad a una categoría moral cuando para mí no poder pagarte un buen sistema de salud es lo mismo a no poder comprarte una mansión, por mucho que te guste.
Más de la mitad de los estadounidenses apoyan una normativa más estricta contra las instituciones financieras. Sin embargo, casi esa misma mayoría dice que existe un exceso de regulación en las empresas privadas. Ese tipo de falta de coherencia o, si lo prefiere, susceptibilidad a la manipulación retórica es lo que bloquea todo.

Pasemos ahora a España: ¿hace falta poner aquí cifras para saber que en general, el pueblo español está enamorado del gasto público? Lo cierto es que al pueblo español le gusta tener las cosas gratis o a cambio de poco, sin hacer muchos sacrificios. El pueblo español de ahora no es ni de lejos el mismo pueblo que tuvo que hacer sacrificios hace décadas, la generación de nuestros abuelos por ejemplo. El otro día ya hablamos aquí sobre las dos Españas que percibo y es verdad que hoy, domingo, ténganlo por seguro que habrán más españoles mirando lo que se cuece en Tele 5 antes que informándose de una situación que les afectará directamente, como las medidas de austeridad que se está planteando la UE y el FMI: mucha gente las va a sufrir en carne propia. España cada vez más se parece a Libia (han bajado nuestro índice crediticio casi al mismo nivel). Pero el “españolito normal”, ese que considera progreso tener dos cajas tontas o más en casa, mucha ropa, y piensa que la cúspide del progreso es tener una casa en propiedad no está preparado ni quiere oír hablar de sacrificios más allá de la referencia histórica sobre “cómo sacrificaron nuestros abuelos” — a muchos les gusta la idea de sacrificar pero en el abstraco. ¿Cuando fue la última vez que un Pepe Ruiz medianamente joven ha tenido que hacer algún sacrificio duro en la vida y en la realidad? Los políticos más “populares” en estos momentos son personajes como Zapatero, que es un ejemplo de todo lo mal de esa edad entre 20-40 y picos largos de muchos españoles: vive el día, mañana será otro día. Es un político capaz de hacerle creer a la población lo imposible sin partirse de la risa. Brotes verdes, no hay crisis, ya pasará, estamos casi ya en la recuperación y otras mentiras que el público español se ha creído como niños incautos ante un secuestrador que les ofrece caramelo antes de meterlos en el coche y violarlos. Tampoco se escapa el Partido Popular de este tipo de táctica que se aprovecha de la ignorancia del público español: ya todos conocemos los discursos del PP hablando sobre un apocalípsis para España. Cada vez más, hay un déficit de políticos serios preparados y dispuestos a hablar con toda franqueza sobre las opciones que, como nación, tenemos por encima de la mesa.

En EE.UU, la incapacidad que tienen en estos momentos como pueblo me hace pensar que, definitivamente, ese país ha entrado en decadencia a largo-plazo. La incompetencia americana se palpa en el ambiente y eso tiene consecuencias negativas para el resto del mundo libre. Para entender el problema que tenemos encima, es necesario dejar de culpar al PP/PSOE que elegimos y mirarnos al espejo.

Posteado por: valcarcel | 06/02/2010

Amigo Matthew Yglesias: Qué equivocado estás

Señores lectores: el señor Yglesias es un viejo conocido mío de mis tiempos universitarios y un adversario implacable de mis políticas. Sr. Yglesias, como sé que lees y hablas español, porque eres estadounidense de origen español, y un traidor, con perdón, a tus orígenes étnicos, en el nombre del “progreso”, creo que es justo presentarte a mis lectores en España ya que eres un progresista socialista, desprecias la Constitución de los EE.UU porque los “founding fathers” no incluyeron ningún capítulo socialista en la Carta Magna y porque considero que eres una vergüenza para los norteamericanos de orígen español.

La idea de que Barack Obama no tiene problemas a la hora de asesinar a ciudadanos de los EE.UU en el extranjero si colaboran con los terroristas conlleva un nivel de fatuidad fuera de lugar por parte de nuestro “amigo” Yglesias.

El señor Yglesias nos “ilustra” con esta perla:

“Si el Presidente quiere hacer algo como poner en práctica una propuesta política de la sobre-carga de las emisiones contaminantes o el calentamiento global, por ejemplo-se enfrenta a una gran cantidad de obstáculos. Necesita un apoyo mayoritario en un comité de la Cámara o tres. También necesita un apoyo mayoritario en un comité del Senado o tres. Luego se debe obtener una mayoría en el pleno de la Cámara de Representantes. Y entonces necesita, de hecho, necesita una mayoría del 60 por ciento en el Senado. Y entonces todo es objeto de revisión judicial.

“Pero si obstruye la justicia “Scooter” Libby, el Presidente tiene poderes absolutos. Si Bill Clinton quiere bombardear Serbia, a continuación, se bombardeó a Serbia. Si George W Bush quiere mantener a la gente en prisiones secretas y torturarlos, serán torturados. Y si Barack Obama quiere emitir una orden de matar a alguien, se cumplirá la órden. Y si el Congreso realmente quiere expulsar a un presidente, se enfrenta a unas barreras complicadas para lograrlo.”

Termina diciendo:

” Si estás o no de acuerdo con este tipo de poder ejecutivo en el ámbito de la seguridad, es un poco raro el desajuste. Se podría pensar que es en el ámbito de infligir violencia donde más nos interesa la legalidad. En cambio, el presidente casi no se enfrenta a limitaciones de facto en su despliegue de vigilancia militar, y la autoridad de inteligencia, pero sí a restricciones extremadamente complicadas en su capacidad para aplicar los elementos principales de la agenda de su política interna. Creo que es significativo que los EE.UU. en general no ha aconsejado a los países comprometidos con una transición democrática (como Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial o en Polonia, Hungría, República Checa, etc después de la caída del comunismo) a imitar nuestra forma de gobierno.”

Aparte de demostrar una total falta de conocimiento acerca de lo que los EE.UU. hizo en Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial, Yglesias no hace más que culpar los fracasos de Obama a las políticas que él encuentre inapropiadas en la Constitución. Es el colmo del fracaso progresista: “Falla la Constitución, no Obama.”

De hecho, Yglesias parece estar más molesto que no verá ninguna de las políticas más impopulares de Obama – como la reforma sanitaria o destruír el comercio libre – que se convierta en ley la propuesta del presidente Obama…que ha aprobado un plan para “matar en el acto” a determinados ciudadanos como parte de la Guerra contra el Terror. Creo que eso podría ser peligroso pero es constitucional y totalmente comprensible: se lucha contra un enemigo no-convencional.

Como podemos ver, la culpa es de los terroristas, no de la Constitución. Señor Yglesias, con razón yo jamás quise salir con usted de cacería en Westchester County cuando se daba la oportunidad.

PD: Yglesias está en la vanguardia progresista que denuncia lo “mala” que es la Constitución de los EE.UU (la misma Constitución que, gracias a ella, tú eres ciudadano de los EE.UU sólo por el hecho de “nacer” allí a pesar de que no eres anglosajón ni eres protestante como los buenos fundadores de los EE.UU) y por eso siempre insistiré en llamarte estadounidense de guión — como los “italo-americanos” pero no American con mayúsculas, como George Bush. Espero que sepas bien que en España, a los patriotas se nos cae la cara de la vergüenza cuando leemos lo que defiendes. Deberías, como hispano, aprender de los hispanos de origen cubano que han sufrido el comunismo en sus propias carnes y por eso no quieren ni oirte hablar en su presencia y no eres, con razón, bienvenido en Miami. Señores lectores, para este señor, la Constitución de los EE.UU es mala, malísima, porque los redactores no entendieron bien del todo eso de “lo social.” Considero esto como una actitud insultante viniendo de un licenciado en filosofía, y no te voy a decir aquí, por respeto a mis lectores, lo que ya te dije en el 2002 cuando te atreviste a contaminar mi campus universitario con tu presencia socialista y anti-americana. Basta con decir que los estadounidenses de bien vieron que hay españoles que adoran a los EE.UU y su sistema anglosajón constitucional: gobierno limitado, respeto a la ley, transparencia, fe individual en el Dios todopoderoso, y patriotismo. Lean lo suficiente sobre mi enemigo y verán que da la sensación que Yglesias lamenta no haber vivido los primeros siete días de la Creación divina, donde habría podido compartir sus ideas tan “útiles” con Dios.

Posteado por: valcarcel | 04/02/2010

Presidente Obama: No toques esos misiles, por favor

Obama, en su largo discurso del otro día a los estadounidenses, casi ignoró las cuestiones sobre la seguridad nacional y esperó hasta el final. El terrorismo internacional, las guerras en Irak y Afganistán, e incluso la magnífica labor de los “US Marines” en Haití brillaron por su ausencia. Sobre Irak y Afganistán, Obama no habló ni de victoria ni de determinación: sólo habló sobre una retirada precipitada de las fuerzas de EE.UU. en ambos países. Ni siquiera su tan cacareado proceso de paz en Oriente Medio fue lo suficientemente digno de ser mencionado por Obama en su discurso mediocre.

Sin embargo, el presidente tuvo tiempo para opinar como nunca se había hecho que la reducción de armas nucleares de Estados Unidos mitigarán la amenaza mundial de proliferación. Obama se jactó de que “los Estados Unidos y Rusia están finalizando las negociaciones sobre el control de armas con más alcance en casi dos décadas” y que él está tratando de asegurarse que “las armas nucleares nunca caigan en manos de terroristas.”

Al reducirse al nivel de un chico descarriado, “revolucionario” y lleno de piercings y gramos de hachís, Obama revela un profundo desprecio contra décadas de pensamiento estratégico que ayudaron a mantener la seguridad de EEUU durante la Guerra Fría y después.

De hecho, la reducción del arsenal nuclear americano no va a convencer a Irán de ninguna manera ni a Corea del Norte a que modifique su comportamiento o alentar a otros a ejercer más presión sobre ellos para hacerlo. Las declaraciones de Obama reflejan una gran ignorancia sobre las realidades estratégicas.

EEUU no tiene ninguna necesidad para ejercer un mayor control de los tratados de armas con Rusia, especialmente las que reducen la capacidad nuclear y equipararía el arsenal americano a los bajísimos niveles de Moscú (estos últimos por motivos económicos) y forzados. Los EEUU tiene, además, obligaciones internacionales que Rusia no tiene: es un paraguas nuclear que nos brinda seguridad y protección como aliados occidentales. Si hay algo que verdaderamente me está preocupando es esta insistencia de Obama en reducir el arsenal nuclear. Las armas nucleares han ayudado a mantener la paz en Europa durante más de medio siglo. Un mundo sin armas nucleares sería un mundo inestable, peligroso y eso no sería un mundo que me gustaría ver.

La política de Obama aumenta artificialmente la influencia rusa y, según el acuerdo final (si lo hay) reduciría la capacidad estratégica y nuclear de los EE.UU — algo peligrosísimo e innecesario. No olvidemos que este mulato risueño decidió el año pasado no instalar el escudo antimisiles en el este de Europa como quiso hacer, y con razón, el ex-presidente Bush. En Liberalismo Democrático, el reto es el siguiente: ¿cómo seguir ampliando la OTAN y mantener, o incluso aumentar, el arsenal nuclear en los próximos años? En Europa quiero ver más escudos antimisiles, menos pateras.

Lo que nos debería llamar la atención, por su discordante ingenuidad es eso de creer que la reducción de las capacidades nucleares inhibe la proliferación. Sin duda, eso sorprenderá a Teherán y a Pyongyang. La insistencia de Obama en que los malos “son los que violan acuerdos internacionales” es también alarmante y una estupidez, como si fuera igual de importante que la proliferación en sí misma.

La premisa detrás de estas afirmaciones se encuentra en un comentario petulante de Obama que dice que “hay que dejar a un lado los argumentos infantiles de patio de colegio sobre quién es más duro” y que debemos dejar atrás el “miedo y la división.” Al reducir el nivel de este debate a un colegial, Obama, como ya dije, revela su desprecio contra la doctrina mucho más sabia de todos sus antecesores. Más pertinente, quizás, también es que este tipo de declaraciones obámicas son augurios escalofriantes de lo que nos espera a los aliados de los EEUU en los próximos 3 años.

Obama ha rechazado de manera explícita la idea de que la debilidad de EEUU es una provocación pero ya hemos visto que Teherán y Pyongyang continúan haciendo todo lo contrario: siguen aumentando sus capacidades nucleares. El primer año de Obama ha demostrado que su estrategia no funciona ni mucho menos retrasa o detiene a países terroristas como Irán. Lo repito: las armas nucleares son absolutamente indispensables para nuestra seguridad en Occidente y también mantienen el equilibrio. Soy profundamente atlantista y creo que la hegemonía anglo-estadounidense debe mantenerse por el bien de todos. EEUU debe concentrar sus esfuerzos en ampliar la OTAN, colaborando con los países pro-americanos del este de Europa y Reino Unido — incluso, se deberían plantear la opción en un futuro de meter a Israel dentro de la OTAN y con esto, sería mucho más fácil darle a Irán una respuesta militar contundente en caso de cualquier agresión contra Israel. Ya que EE.UU perdió una oportunidad de bombardear a Irán cuando podían, no queda más remedio que esperar a que Israel tome la iniciativa, y tomarla la tomará, que no nos quepa la menor duda. Irán sigue calentando sus motores y nosotros deberíamos estar haciendo igual dentro de la OTAN.

Las teorías de Obama contra la proliferación son desordenadas, irresponsables y peligrosas y sabemos que la “moral” nunca ha influido en Irán, Corea del Norte o cualquier otro enemigo estratégico. Tal vez Obama debería dedicarse a hablar más del paro en su país y no tocar temas que nos afectan a todos por igual. Sr. Obama: déja esos misiles en paz por favor, que a tí te quedan dos telediarios.

Posteado por: valcarcel | 02/02/2010

Dos Españas nuevas: la educada vs. la paleta

Hace unos días, me llamó la atención el comentario de un “liberal” en esta bitácora que nos acusó (a mí y a mis lectores) de “elitismo”. Si hay algo que me ha llamado la atención de una gran parte de los “liberales” en España son dos cosas: 1) un bajísimo nivel cultural y, 2) se definen a través de lo que combaten. No estoy hablando, lógicamente, de los pensadores liberales y cuando hablo de bajo nivel cultural me refiero normalmente a los acólitos de Jiménez Losantos y los lectores de diarios como Minuto Digital.

Abrimos la década en un entorno sombrío. En primer lugar, los españoles “educados” temen por el futuro. Muchos pensamos que España ha entrado otra vez en decadencia y la mayoría no tenemos confianza de que nuestra generación (los que nacimos en los 70 y los 80) tenga las mismas oportunidades y “calidad de vida” que tuvieron nuestros padres.

En segundo lugar, los españoles hemos perdido la fe en nuestras instituciones, unas instituciones “democráticas” pero escasamente desarrolladas, y en un país donde apenas existe la sociedad civil. Durante la transición a la democracia, la mayoría de nuestros padres apoyaron la reforma y respetaban, aunque sea de boquilla, la Constitución.

Se podría decir que España ahora mismo se encuentra dividida entre aquellos que votarán a Zapatero y los que no, mientras que los gobiernos locales en las distintas CCAA han perdido casi toda credibilidad y la confianza está por los suelos. Nunca hemos tenido, en democracia, tanto sentimiento nihilista, sin ilusiones, sin proyecto común, como en estos momentos.

En tercer lugar, ni el PSOE ni el PP ha podido construír “mayorías” populares. En casi todas las esferas de opinión educada, se detecta una tendencia de separarse “de los nuestros”, en cada bando: los socialistas están desilusionados con los suyos y en la derecha, en la derecha coherente y decente, no sentimos otra cosa que asco ante la presencia contaminante de Rajoy aunque no podemos ignorar que el PP ahora mismo probablemente ganaría las generales en España.

El “público” no es que esté “migrando” a la derecha. Cada idea que esté asociada con la “clase educada” o “la clase política” en España se desprecia. La mayoría de personas informadas sabemos que “algo” hay de calentamiento global (incluso Thatcher lo advirtió en 1988) pero en la “derecha” liberal se antepone el negacionismo extremo. La mayoría de los liberales somos moderados con la cuestión del aborto, pero ya vimos que las masas se manifestaron y mostraron su rechazo.
Lo mismo ocurre en política exterior. La gente educada sabe que no podemos ser aislacionistas ni retirar las tropas cuando nos salga de las narices como hizo Zapatero en Irak pero la mayoría apoya las retiradas de tropas, incluído Afganistán. Hace unos años, hasta el 2004, los ruidosos eran los rojos, los progres y demás personajes que votaron a favor de Zapatero. Ahora, quizás los más escandalosos y macarras sean los eclosionados: esa especie de liberal que es una mezcla de Rouco y Losantos.

Miren: el “movimiento” liberal español es grande, faccioso, confederado y desorganizado, principalmente definido por el “anti”. Están en contra de la “clase política”, y creen que las empresas, el Estado, los medios de comunicación y los profesionales de clase media-alta forman una “oligarquía” “liberticida.”

Se dan a conocer más que nada porque son unos auténticos gritones extremistas y les gusta llamar la atención. Pero, no podemos negar que hay algunas cosas que dicen que son ciertas: el gobierno ha crecido, hay menos libertades ahora en algunas cosas, y ciertamente el “sistema” está enfermo.

Quizás en el futuro seremos testigos de una transformación del liberalismo, de lo que pasa ahora por liberal en España pero actualmente es un movimiento infantil con un liderazgo mediocre y odioso. Sin embargo, he notado que esta bitácora se está convirtiendo, de manera “de facto”, en una referencia bastante conocida visto el número de visitas que estamos recibiendo cada vez más.

Es innegable que el “movimiento” se da a conocer. Pensemos en la Historia — los años 60 tenían los hippies y las nefastas feministas, los años 80, el movimiento cristiano evangélico en los EEUU con Reagan y Pat Robertson et cétera.

Probablemente en los próximos tiempos esta gente aquí en España seguirá dominando el liberalismo. Podría también ser la ruina absoluta, tirando nuestras convicciones hacia un sentido de enfado y odio que podría alienar a los jóvenes de las ciudades en España, a los que somos “urbanitas.” Tampoco debemos ignorar que existe, y muchas veces con razón, mucho asco y disgusto ante lo que ha hecho el PSOE con España: yo soy el primero en decir que el PSOE ha acabado por arruinar nuestro país y ha intentando, sin mucho éxito, dinamitar valores tradicionales de toda la vida en España. El “peligro” es que si España ahora sufre un atentado terrorista o continúa el paro como va, o cualquier otro suceso de profundas consecuencias, existirá un vacío en el poder y esta gente será la que aporte oxígeno a la derecha en una eventual victoria. Personalmente, no me gusta la mayoría de lo que hoy pasa por liberal en nuestro país pero también veo una oportunidad: acabemos con estos elementos periféricos y jefersonianos que impregnan el liberalismo español y continuemos formándonos en las doctrinas liberales. Podemos convertir el característico fanatismo español en una ventaja para nosotros a la hora de definir nuestro liberalismo. Quizás así el liberalismo español vuelva a Sagasta, Cánovas y Aznar, excelentes estadistas, y dejemos a los Losantos y demás comediantes para el circo.

Posteado por: valcarcel | 30/01/2010

La cuestión racial y femenina: Poder vs. derechos

Señores, hoy voy a tocar muchos temas pendientes. Ayer recibí un correo electrónico de un chico de raza negra que estudió conmigo en Columbia y que, en nuestros días, fue el único negro que aceptó mis doctrinas sobre los derechos civiles y el Martin Luther King. En su correo electrónico, me pidió que comparta con vosotros y para los españoles en general un artículo por escrito de lo que yo decía en la clase de Derechos Civiles y que provocó la ira de la izquierda radical del campus: militantes feministas, marxistas negros, nacionalistas negros, Católicos y personas que recibían dinero público para poder pagar sus estudios o tener un subsidio para el comedor. Estoy muy orgulloso de que gracias a mis programas, en colaboración con el Partido Republicano, eliminamos todas las becas públicas de comedor y de esa forma obligamos a esos estudiantes a trabajar en el campus a cambio de un ticket de comedor. Puedo estar tranquilo, a pesar del puñetazo en la cara que recibí en el año 2000 a las puertas de la universidad por un individuo de las Panteras Negras (unos meses antes de tener que pedir protección policial) que gracias a mi obra, hoy en día si uno va de visita a mi universidad puede ver que todos los trabajadores en la biblioteca, comedor, limpieza y recepcionistas en su mayoría son estudiantes “pobres” que desempeñan esos trabajos a cambio de becas para sus estudios. Yo estoy muy orgulloso de mi obra aunque me haya costado un atentado contra mi integridad física y a pesar de que me acusaron de ser un desalmado. Muchos en la izquierda radical (no la moderada) llegaron a decir que soy un hielo y me pusieron durante un tiempo el apodo “Ice”. Mis lectores saben que yo no soy un “hielo” y que estoy muy comprometido con todos los que desean mejorar su calidad de vida.

Me temo que muchos progresistas en España aún no se dan cuenta de que muchas cosas que defienden conllevan un retroceso hacia el feudalismo que supuestamente tanto odian. Por eso hoy hablaré de algunos temas que a menudo se confunden con “derechos” y lo haré mezclando temas controvertidos como la liberación femenina, la cuestión racial, y los derechos “sociales” como eso del paro, sanidad pública, et cétera. Pido que me lean con una mente abierta porque es mi deseo dialogar sobre estos temas y si creen que cometo errores, bienvenidas sean las críticas. Hace tiempo le prometí a nuestro compañero Pedro, que es progresista, un artículo explicando estos puntos porque me temo que hay mucha gente que no me entiende cuando hablo de lo que son y no son los derechos y las libertades. Así que atención por favor.

“Nuestros gobernantes”, T.B. Macauley escribió en 1830, “mejor promoverán la mejoría de la nación limitándose estrictamente a sus derechos legítimos, dejando el capital para encontrar su camino más lucrativo, los productos básicos a su precio justo, la industria y la inteligencia a su recompensa, el ocio y la locura su castigo natural, mediante el mantenimiento de la paz, por la defensa de la propiedad, disminuyendo el precio de la ley, y mediante la observación de una estricta economía en todos los departamentos de Estado.” El “estatus” de un individuo en una sociedad liberal clásica se tenía que ganar y no estaba garantizado por ley. Pero, allá por 1900, las ideas socialdemócratas sustituyeron a las liberales en Inglaterra y poco después en los EEUU: como consecuencia, el concepto feudal de obligación resucitó.

Así, en 1906 el Parlamento Británico aprobó una serie de leyes que absolvieron a los sindicatos de cualquier responsabiliad civil y también impidieron que estos casos puedan ir a los tribunales para la consideración de los jueces. Nunca en la Historia el parlamento había otorgado tanto privilegio a un cuerpo para poder escaquearse de la ley. Luego, en 1911 aprueban la famosa “National Insurance Act”, para dar ayudas sociales a los parados y enfermos. Sabemos que únicamente tuvo un beneficio explícito para las clases y capas más bajas de la sociedad de entonces. Con esta ley, se les garantizaba la misma seguridad que ya disfrutaban los individuos responsables que sí habían tomado medidas para ahorrar y poder invertir en su propio futuro: pensiones, sanidad, et cétera. Con esta ley, personas altamente productivas ahora le debían una ración de lo suyo a personas mucho menos productivas, y además, esta “obligación” tuvo que ser codificada en ley. Este rasgo garantista y feudal ha caracterizado gran parte de las opiniones jurídicas durante el siglo XX en las sociedades occidentales, y también en los EEUU, aunque mucha gente no lo vea así desde Europa pero en EEUU pocas personas cuestionan la seguridad social o el “derecho” a paro.

Otro ejemplo moderno de esto lo tenemos con las famosas batallas que normalmente conocemos como “derechos civiles”, ya sean para homosexuales, negros, inmigrantes u otros elementos minoritarios pero visibles. No olvidemos que todo tiene que ver con visibildad y poder: ¿alguien ha pedido derechos especiales para personas asexuales por ejemplo? No. El argumento detrás del movimiento de derechos civiles se resume así:

(1) los negros (poned aquí la minoría que queráis) han sufrido muchos prejuicios y coacciones
(2) la “sociedad” tiene el deber de remediar estas querellas y estos dos males y como el Estado es el “agente” de la sociedad…
(3) tiene que aprobar leyes para acabar con estos males.

Algunos ejemplos: la ley de paridad, la ley antidiscriminación por motivos raciales, cuotas en las universidades y empresas, etc. Considero que estas leyes son igual de nefastas y anti-liberales que la postura de una persona que quiera segregar por ley a elementos minoritarios.

I. ¿Qué son los derechos?

Un liberal simpatiza con la libertad humana, libertad normalmente entendida como la ausencia de coacción indebida. La definición aquí de coacción es cualquier daño o perjuicio innecesario contra nuestra persona o propiedad. El fraude, una violación de contratos, también es un daño y coacción. Un derecho es una prerrogativa para actuar o pensar libremente sin mucha coacción indebida, y sólo si todo ser humano puede ejercer ese derecho. A la inversa, una prerrogativa es un privilegio si prohibimos a ciertas personas ejercer esos derechos. Este concepto de la libertad está bastante extendido en el mundo anglosajón aunque ya no tanto como antes y es algo casi inexistente en la tradición greco-latina y afrancesada.

Pero, los objetores dicen que la libertad positiva o la acción positiva de uno le hace daño a otro: por ejemplo, si un empresario decide contratar a un blanco, a pesar de que el negro tenga más experiencia e inteligencia, se considera que es un “daño” al negro. El negro tiene “el derecho a un empleo”, que también es un derecho humano, argumentan. Y es que, nos preguntan a los liberales: ¿acaso en vuestra definición de la libertad humana está incluido el derecho a morirse de hambre? Pues sí, nuestra definición incluye eso. Que sea mejor ser próspero Y libre no es la cuestión que hay que considerar aquí. Se puede ser próspero y esclavo o libre y pobre: no confundamos nuestra situación económica, como hacen muchos socialdemócratas, con nuestra libertad.

De la misma forma, si un negro o gitano que viva en un edificio protegido, para gente “pobre” va e intenta alquilar un piso en una zona blanca y de clase media-alta, y el propietario no les alquila, se suele decir, equívocamente que se perjudica al negro porque no puede alquilar el piso que quiere y puede pagar porque el dueño es un racista. Por lo tanto, los socialistas de todos los partidos dicen que la acción negativa, es decir, la libertad negativa de uno afecta la libertad de otro. Y es que, encima dicen que “la vivienda es un derecho” y dicen que esto es un ejemplo del conflicto entre los “derechos humanos” y los derechos a la propiedad privada.

Este concepto de los derechos humanos es equívoco señores. En primer lugar, la libertad negativa no es coacción. La acción negativa es una función de la libertad a elegir porque el derecho a contratar en libertad también incluye el derecho a elegir con quienes queremos contratar y establecer relaciones comerciales. Dicho de otra forma, el minuto que un grupo tiene un privilegio a tener acceso a nuestros recursos o propiedad, disminuye la libertad siempre. Es cierto que hay que pagar ciertos impuestos y siempre se debe cumplir con la ley pero esto es un tema hoy filosófico. Si estiramos la doctrina anti-discriminación, ¿por qué no existe una ley que castigue a un bar homosexual que no admita a heterosexuales? ¿Por qué los bares siguen teniendo baños para hombres y mujeres, por separado? Mucha gente dice que los hombres y las mujeres somos “iguales” y sin embargo eso persiste. ¿Se imaginan baños públicos por separado para españoles blancos y gitanos o mestizos sudamericanos? Hay que tener mucho cuidado con estas doctrinas “anti” discriminación porque en realidad lo que esconden es el objetivo político de ciertos sectores y grupos de presión.

En segundo lugar, los que dicen combatir la discriminación deben ser más coherentes: ¿por qué es más noble legislar contra ciertas discriminaciones y no otras? ¿Por qué es tan arbitrario? ¿Debemos prohibir la discriminación contra personas que tienen ciertos acentos? A mí personalmente no me gusta el acento andaluz, ¿se me debe prohibir discriminar a un empleado que tenga ese acento? Si miramos la ley antidiscriminación, sólo prohíbe discriminar en los empleos por motivos raciales, religiosos o de orientación sexual pero no dice nada sobre acentos. ¿Debemos prohibir que un bar de copas nocturno discrimine, como hacen ahora, por vestimenta? En la actualidad eso está permitido. Algunos dirán que hay cosas con las que uno nace, como la raza, y eso es verdad pero también nacemos con problemas oculares: ¿se me debe discriminar por ser miope y no llevar gafas si cojo un coche? Y así podemos seguir a lo absurdum.

II. Los derechos humanos: a prueba

Pasemos a analizar lo que pasa hoy en día por derechos humanos. ¿Privilegios o derechos? Tú decides querido lector.

1. El derecho a un empleo: ahora se prohibe discriminar a un solicitante por motivos raciales, religiosos o de orientación sexual. Esta ley otorga el privilegio al solicitante para conseguir un puesto de trabajo pero niega el derecho del empresario a establecer sus propios criterios porque el legislador piensa que hay criterios equívocos.

2. El derecho a la vivienda: Más de lo mismo: el inquilino impone ciertas obligaciones al propietario. Esta ley pone al inquilino negro, por poner un ejemplo, en una situación privilegiada a expensas de los derechos de la propiedad del propietario legítimo. Pone por encima ciertos deseos contra la prerrogativa del propietario.

3. El derecho a admisión en restaurantes o bares y la ley antitabaco: esta ley obliga a un empresario a “trabajar” para personas que no quiere. Esto es nefasto y bastante liberticida porque obliga a un empresario a trabajar para personas que no desea. La explotación de un grupo contra otro no es, desde luego, un “interés público.”

Muchos dirán que los homosexuales, por ejemplo, o incluso ahora los no-fumadores, han sido discriminados durante muchos años y quizás la inferioridad social e intelectual de ciertos grupos se deba a esto y por eso necesitamos esas leyes: pero no. La explotación injusta de un grupo en la Historia no justifica que ellos lo hagan a la inversa e impongan todos sus criterios. No existe un derecho “humano” a imponer tu moralidad sobre otra persona que no la comparta — y esto va para Católicos radicales antiabortistas (y ojo, yo detesto el aborto en general y deploro el aumento de madres solteras irresponsables) como para muchos otros grupos. Y no olvidemos que el sentimiento “anti” discriminación es un sentimiento tan “moral” como el que tiene ganas de discriminar.

Ahora hablemos de la diferencia entre el poder y la libertad:

El poder es un concepto positivo en función de nuestra capacidad de obrar: si tenemos buen poder adquisitivo por ejemplo, tenemos el poder para comprar cosas. También tenemos el poder electoral: capacidad para elegir a un líder o político. De la misma forma, tenemos el poder para negociar: lógicamente un empleado tiene menos poder de negociar que un empresario de la misma forma que el ciudadano tiene menos poder que el político elegido. Aquellos que abogan por las huelgas y defienden a los trabajadores en huelga no están defendiendo derechos: defienden poder para un grupo. El trabajador no gana libertad coaccionando al empleador con una huelga: obtiene poderes a través de la intimidación. El homosexual que me obliga a establecer una relación contractual con él no gana más libertad: gana poder contra mi persona para imponer su moral y sexualidad en mi empresa. Normalmente, el uso de la fuerza de la ley tiene que ser para cosas extraordinarias como la seguridad nacional o la anarquía. Pero en los ejemplos estos que he dado, no creo que haya justificación y no es otra cosa que tiranía, la tiranía de grupos privilegiados que quieren imponer su forma de ver las cosas a los propietarios del país.

Posteado por: valcarcel | 29/01/2010

Adictos al populismo

Algunos creen que la política es la organización de los distintos odios que abrigamos en nuestro subconciente. Las personas que tratan de dividir a la sociedad en términos étnicos se les suele llamar racistas. Las personas que tratan de dividirnos por líneas religiosas son sectarios. Los que tratan de dividirnos por clase social son populistas.

El populismo y el elitismo parecen diferentes, pero en realidad son reflejos de lo mismo. Ambos asumen un país fundamentalmente dividido. Ambos describen la política como una lucha de clases entre los ilustrados y los corruptos, patriotas y traidores.

Ambas actitudes siempre estarán con nosotros, pero en estos días es el populismo está de moda. Los liberales tenemos nuestros populistas. Federico Jiménez Losantos intentó dividir el país entre los “españolitos de a pie” y las élites de partidos. Y, los socialistas y progresistas también tienen los suyos. Dividen a España en dos grupos supuestamente independientes — “los verdaderos trabajadores”, y esa clase “elitista” profesional que ganamos bien y llegamos a fin de mes.

Es fácil ver por qué el populismo está tan extendido. En primer lugar, hace que todo sea muy sencillo. La crisis económica fue causada por una compleja red de factores, como los desequilibrios globales causados por el ascenso de China. Pero con la descripción de los populistas, sólo se puede culpar a Wall Street o “gual estrí” que diría un paleto de bar.

En segundo lugar, absuelve a los votantes de la responsabilidad de sus problemas. En los últimos años, muchos banqueros e inversores se comportaron como idiotas, pero también lo hicieron los españoles, acumulando un nivel sin precedentes de deuda personal para “darle a mis hijos lo que yo nunca pude tener”. Con la narrativa populista, se puede acusar a la banca y absolver a los “pobres trabajadores” que durante la bonanza económica adoptaron una actitud de “nuevo rico”, arrogante, y olvidándose de que España durante mucho tiempo fue — y es — en muchas cosas, un país pobre. Pero claro, ¿qué españolito medio no iba a estar a gusto por el hecho de que por primera vez, se podía permitir una chacha sudamericana, con voz melodiosa, como hacen los “ricos” en las novelas mejicanas?

En tercer lugar, el populismo es popular entre la clase dominante. En los EEUU, el Partido Democrático ha sido impulsado por una fantasía: que los votantes estarían tan enfadados contra las personas con MBA que van a entregar el poder a las personas con doctorado y a intelectuales baratos como Obama. Mientras, la clase dirigente republicana ha sido impulsado por la misma fantasía pero a la inversa.

Así que es fácil ver la seducción del populismo. No obstante, casi siempre falla. La historia del populismo, que se remonta en los EEUU a William Jennings Bryan y aquí a principios del siglo XX, es generalmente una historia de fracasos. Eso se debe a que los votantes no son tan estúpidos como los populistas quieren pensar. Los votantes son capaces de mantener dos ideas en la cabeza a la vez: En primer lugar, que los ricos y los poderosos saben manipular el juego a su favor, y segundo, que simplemente golpear a los ricos y a los poderosos no se resuelven los problemas del país.

Los políticos populistas parece que no puede comprender que una política basada en el castigo de las élites no producirá una fuerza laboral mejor educada, ni más inversiones, más innovación o cualquiera de las otras cosas necesarias para el progreso y el crecimiento.

De hecho, todos mis lectores ya saben que EEUU fue construido por anti-populistas. Fue construido por gente como Alexander Hamilton y Abraham Lincoln, ambos personajes que rechazaban la idea de que la economía nacional está fundamentalmente dividida en líneas de clase. Rechazaron la mentalidad que está en el corazón del populismo, la creencia de que la economía es una lucha por el botín. Al contrario, creían en una economía nacional unida – un sistema interrelacionado de trabajo, comercio e inversión.

Hamilton defendió los mercados de capitales y Lincoln defendió la banca, no porque amaban a los comerciantes y a los banqueros. Lo hicieron porque sabían que una economía capitalista dinámica maximizaba las oportunidades para los niños pobres como ellos. Ellos estaban dispuestos a tolerar los excesos de los comerciantes, ya que entendían que ninguna institución es más apta para canalizar la oportunidad a nuevos grupos y nuevas personas que los mercados financieros robustos.

Para mí, el papel del gobierno no debe estar del lado de una facción o para librar una guerra de clases. Se trata de despertar la energía y la industria de las personas en todos los niveles. Se trata de aumentar la competencia y hacerla justa – para asegurarse de que ningún grupo, alto o bajo, sea capaz de levantar barreras que priven a los ciudadanos de una oportunidad justa. Celebro el desarrollo, la movilidad y el trabajo, donde se puede generar riqueza.

Los populistas tienen una mentalidad de “nosotros contra ellos”. Algunas de las reformas bancarias que ha emprendido Obama en los EEUU son positivas, la mayoría no: pero sí que es cierto que hace falta no más regulación, sino más normativa: dos cosas muy distintas. Y, en cierto modo, Europa de momento no ha aplicado la misma normativa. Se ha intercambiado, al parecer, el optimismo dinámico, que siempre gana, por la división combativa, que siempre pierde.

Posteado por: valcarcel | 28/01/2010

Anoche habló el mesías mulato: ¡qué desastre!

A las 9 de la noche en Washington D.C., 3 de la madrugada en Madrid, Obama dio su discurso, el equivalente a nuestro “Estado de la nación” pero sin debates, debido al sistema presidencialista de la República de los EEUU. Sólo hablaré de algunas cosas que dijo aunque podríamos decir que todos sus pronunciamientos son bastante lamentables.

El presidente estaba defendiendo su visión de la atención sanitaria universal en un discurso que parecía extraño y totalmente desconectado de la experiencia de la familia americana de clase media.

En cuanto a las expectativas para el Estado de la Unión el discurso del presidente fue un fracaso considerable, como lo ha sido toda su presidencia hasta ahora: aquí en Liberalismo Democrático ya lo dijimos desde el primer momento que puso una pata en la noble Casa Blanca.

El Presidente Obama trazó varios ejes importantes y políticos – por primera vez, abogó por la utilización de la energía nuclear, la búsqueda de petróleo en suelo patrio, el carbón limpio, recortes de impuestos y de sociedades, se congelan algunos gastos, y pidió al Congreso a “apretarse el cinturón”, como lo están haciendo las familias estadounidenses, especialmente la clase media y media-alta.

Siguiendo el consejo del estratega demócrata James Carville, el presidente Obama aprovechó la oportunidad, por lo menos ocho veces, para hablar de la administración de Bush. No hizo esto para dar al presidente Bush y a su equipo reconocimiento por la baja tasa de desempleo que disfrutaron durante sus ocho años en el cargo, o la seguridad nacional que le proporcionó a su país. No, no, nada de eso: Trajo a colación la administración Bush para culpar de los problemas que no han hecho más que crecer desde que el presidente Obama entró en la Casa Blanca, por desgracia para el mundo libre.

Habló sobre la necesidad de crear nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, con casi el mismo “espíritu”, afirmó que había rescatado a la economía en el 2009. Él dijo haber “salvado” 2 millones de empleos con su ley de estímulo (aunque la Oficina Presupuestaria del Congreso no apoya su opinión ni sus números). Pero, la realidad es que el número de puestos de trabajo destruídos bajo el mandato Obamista excede los 3 millones.

Lo más chocante de todo, quizás, fue su insistencia en seguir insistiendo en atragantar a los ciudadanos con su estúpida reforma sanitaria y defender su legislación anti-empresas, el famoso “cap and trade law” a pesar de que la ciudadanía ya ha demostrado abiertamente su rechazo a esas leyes.

Se refirió a sí mismo en el discurso más de 100 veces señores. Y hacía una serie de exigencias tan absurdas que parecían deshonestas o una tomadura de pelo.
Sin embargo, noté la ausencia en su patético discurso de odio de cualquier referencia a cómo ha manejado la seguridad nacional, sobre todo desde que un terrorista, el día de Navidad, casi logra un ataque suicida a bordo de un avión — el cuarto ataque terrorista en los EEUU en sólo su primer año en el cargo de la presidencia.

El discurso fue patético, pésimamente pronunciado y en definitiva, tremendamente ineficaz.

También me resultó terriblemente irrespetuoso su ataque reaccionario al Tribunal Supremo de los EEUU delante de los jueces que se sentaban en la cámara en esos momentos. Varios constitucionalistas creen que puede haber violado el espíritu plasmado en la Constitución sobre la separación de poderes. Nunca en la Historia presidencial se ha atacado de una forma tan descarada al Tribunal Supremo desde la Casa Blanca, y encima por esa razón: a Obama no le gustó la decisión del TS de los EEUU de permitir que empresas financien abiertamente a candidatos, sin límites monetarios y sin importar si la empresa es extranjera o americana. A Obama no le gusta la libertad de expresión señores.

Añadir a este discurso vomitivo su insistencia en permitir que los homosexuales en las FFAA salgan del armario: lo que conseguirá un ambiente peligroso para los homosexuales en las filas militares del país. La mejor política fue la de Clinton con este tema: no preguntes, no lo digas. Y así todos ganaban. Permitir que los homosexuales salgan del armario en el servicio militar los expone a ataques y agresiones de sus compañeros.

Obama cerró su venta con el anuncio de un nuevo plazo para salir de Irak: así los terroristas podrán tomar su tiempo y esperar a agosto de 2010 para volver a sus andanzas.

Ha sido un discurso sórdido, incoherente, desorganizado, irrespetuoso, y, lamentablemente, desafiante.

Supongo que cuando nos ponemos a contemplarlo de verdad, define perfectamente el estado de las naciones occidentales en estos momentos.

Que Dios nos salve.

Posteado por: valcarcel | 26/01/2010

El liberalismo que yo defiendo

Continuamos con lo que decía en mi último artículo.
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La verdad es que me costó un poco empezar a escribir esto porque siempre me gusta intentar ilustrar con ejemplos cotidianos cuando empiezo a redactar un artículo. Y, justamente ayer tarde por la noche, contemplando el traficazo en el Pº de la Castellana, me vino a la mente una serie de ideas que defiendo: el libre comercio, y, sobre todo, la libertad económica.

Hablábamos de Hamilton y quiero seguir desarrollando esa temática. Hamilton veía la libertad empresarial, un poder federal limitado pero enérgico y la grandeza nacional como cualidades estrechamente vinculadas. Siempre ha sido la causa general de América, o más bien, lo que representa EEUU — la libertad universal — lo que predominaba en la mente de Hamilton. El Hamiltonianismo estaba estimulando la iniciativa individual pero también era un intento de rescatar los frutos de esa energía para la grandeza de la nación.

Después de su muerte, el espíritu de Hamilton perseveró en el Partido Whig. Los hamiltonianos conscientes como Henry Clay y Daniel Webster también intentaron defender estos principios en su día. Abraham Lincoln maduró como político en el Partido Whig, y heredó la comprensión de Hamilton sobre la economía y la nación y se acaba fundando el Partido Republicano en 1850, con esas mismas ideas. El programa político de Lincoln se basaba en esa concepción del hombre como trabajador y ambicioso. Como ya ha dicho el historiador Gabor S. Boritt: “Lincoln probablemente habló más de la economía, para usar el término en un sentido amplio, que cualquier otra cuestión, incluida la esclavitud.” El primer discurso importante de Lincoln hablaba de la banca y de los bancos nacionales. Incluso durante la Guerra Civil, Lincoln vaticinó que las finanzas gobernarían a los EEUU durante el próximo siglo XX.

Eso no era una advertencia peligrosa. En cierto modo, y al igual que Hamilton, Lincoln aceptó con entusiasmo la banca y el capitalismo financiero, porque vio el crédito bancario como una nueva fuente de energía para la sociedad estadounidense. A su alrededor, la mayoría de sus compatriotas se oponían a la expansión de los bancos como los símbolos y los centros de este nuevo sistema económico, comercial-industrial del capitalismo, que amenazaba con aniquilar las antiguas costumbres y formas de la vida pastoral. Al igual que Hamilton, Lincoln pasó de ser un desconocido pobre a la grandeza, y como Hamilton, temía la absurda monotonía de la vida agrícola, y al igual que Hamilton estaba obsesionado con la movilidad social. Lincoln defendía la idea de que cada persona tiene como misión trabajar duro y salir adelante. Al igual que Hamilton, Lincoln mostraba indiferencia ante su propia riqueza. Más bien, él quería el desarrollo económico porque significaba más competencia y más oportunidades para todos. Para él, el mercado era admirable, ya que cultiva lo mejor en los individuos: el deseo de mejorar y superar al prójimo. Para un liberal no hay nada más estimulante que una competencia, y yo a mis alumnos les enseño que destruyan en mi clase cualquier sentimiento de “solidaridad” con sus compañeros — en otras palabras, que ataquen, a la yugular si hace falta, competencia, competencia, y más competencia. Por eso nosotros somos el grupo de clases de LSAT en España con los mejores resultados y mis alumnos destacan en las universidades de los EEUU gracias a esos valores que les intento inculcar.

Pero, hay mucho más hoy señores, muchísimo más así que atención:

Esta ideología de mano de obra libre era un contrato. Los individuos podrían ser responsables de su propio comportamiento pero el gobierno haría todo lo posible por crear oportunidades para que la gente pueda tener una segunda y tercera y cuarta posibilidad de éxito. Durante la presidencia de Lincoln, esta filosofía de gobierno produjo una serie de leyes: la creación de una moneda única, la Ley de Colonización, la Morrill Land Grant College Act, la legislación de ferrocarriles, etc. Todas estas iniciativas fueron diseñadas para estimular, dinamizar y unificar la nación. La Ley “Homestead” colocó tierras en manos de las familias. Estos republicanos no intentaron cuidar, en absoluto, a los parásitos chupópteros o darles ningún refugio. Simplemente, abrió los campos para la libre empresa.

Ellos actuaron a pesar de que se mostraron escépticos ante el poder federal. Ellos sabían algo acerca de las culturas de dependencia y la forma en que podría crecer, les preocupaba que la caridad pública o privada, incluso para los suministros básicos como alimentos, rompan con los hábitos de autonomía y responsabilidad individual. Eran igual de anti-Estado que los liberales españoles de hoy pero aún así actuaron y se tomaron medidas. Actuaron porque no hay transformación social sin su lado oscuro. El industrialismo estaba causando estragos en algunas comunidades, a pesar de que mejoraba a otras.

También podríamos hablar de Theodore Roosevelt y su idea de que el Estado sí podía proporcionar un marco para engendrar el liberalismo económico pero hay otros temas que quiero despachar con vosotros hoy.

Aquí no somos laissez-faire: ¿Cuales son los enfoques de Liberalismo Democrático?

1. La guerra contra el extremismo islámico. Esto nos ha sido impuesto. Creo que es un fallo llamar esto una “guerra contra el terror”, pues el terrorismo es sólo el método que nuestros enemigos utilizan. En realidad, estamos librando una guerra contra una determinada marca/variante de extremismo islámico, una federación anárquica de ideólogos que tratan de dominar Próximo Oriente y volver a la época del califato. Creo que ahora estamos donde estábamos alrededor de 1905 contra el bolchevismo o el fascismo en el año 1930, con enemigos que seguirán cobrando fuerza y terreno, gracias al aumento de la población joven en el mundo árabe (decenas de millones de chicos jóvenes y pobres) y unas sociedades políticamente y económicamente estancadas que permiten que estos jóvenes no tengan ninguna esperanza y los convierte en soldados adoctrinados para la causa islámica. Esta lucha va a formar parte del panorama durante toda una generación, la nuestra, como hizo la Guerra Fría con nuestros padres.

La primera tarea es construir un nuevo conjunto de instituciones sólidas y multinacionales para derrotar a este enemigo. Obviamente, los servicios de inteligencia han de reorganizarse así como las necesidades militares y replantearse lo que es y no es la diplomacia que necesitamos. Alguien tiene que desarrollar un mensaje contra-ideológico que sea algo más que “somos blancos y occidentales, somos gente muy decente, somos buenos para los musulmanes.”

Tenemos que fortalecer los estados-naciones. La gran amenaza del siglo XX para los liberales eran gobiernos tiránicos y comunistas. Hoy, en el siglo XXI, la amenaza no serán los gobiernos sino los gobiernos fracasados: esos son los lugares donde nuestros enemigos se alojarán y proliferarán y donde la violencia se puede nutrir y desarrollar, lugares donde la vida es desagradable, brutal y corta: África, Próximo Oriente y partes de Sudamérica y Centroamérica.

En 1990, pensábamos, y con razón, que los mercados libres eran el primer elemento necesario para que las naciones crezcan. Ahora sabemos que es la ley y el orden público lo que necesitan esos países y vamos a tener que construir nuevas instituciones para ayudar a esas naciones a desarrollar su Estado de derecho pero si no lo logramos, todo el desarrollo económico del mundo no vale de nada.

2. Una reforma imprescindible de los mal llamados “derechos sociales”. Aquí en España el problema es evidente y abrumador. El gasto está desorbitado, está descontrolado. Ahora, Sanidad Pública, Pensiones, y la Seguridad Social en general consumen un porcentaje bastante alto del PIB. Estos programas se tragan casi la mitad de la riqueza nacional del país y, lógicamente, para sostenerlos exigen unos aumentos de impuestos insostenibles. Si queremos una economía en crecimiento, tendremos que emprender reformas, por mal que les pese a algunos.

Todo este gasto público dificulta la creación de nuevos programas para hacer frente a problemas más importantes para nosotros. El Estado español se ha convertido en una gigantesca máquina de fracaso generalizado. Estamos estancados como país, con unas cargas impositivas cada vez peores, envejecimiento de la población, crecimiento limitado y unas opciones horrorosas y unas expectativas infernales.

La solución es clara: aumentar la edad de jubilación, reducir cualquier beneficio para las personas de ingresos superiores, rediseñar el estado de bienestar para que los individuos tengan mucho más control sobre su propio bienestar. Eso significa intentar crear programas que permiten a las personas tener su propio seguro médico, que controlen su propio fondo de paro, y adaptar sus esfuerzos para que se adapten a sus propios talentos, invertir más dinero propio en pensiones y prestaciones para tener un incentivo de mejor rendimiento, de modo que los individuos tengan mayores incentivos para ahorrar.

Los liberales sabemos que cualquier solución al otro problema, el de la desigualdad y fracaso escolar, especialmente entre nuestra juventud de étnia gitana y algunas otras razas (especialmente los sudamericanos y los africanos) comienza con la cultura. Las familias exitosas suelen producir personas de éxito: una buena familia estimula el pensamiento de sus hijos, no les deja delante de la tele todo el día, les dan cariño y disciplina firme, y educación en valores morales. Existe, en nuestro país, un problema grave de disciplina en los hogares y de respeto. Las familias que desean lo mejor para sus hijos les inculcan valores “burgueses”: industria, responsabilidad, lealtad, honestidad, y decencia. Estos chicos son más propensos a entender que son responsables de sus propias decisiones y no las “víctimas” de fuerzas sociales externas. Son más capaces de controlar sus emociones, y dar una buena impresión a primera vista. Además, y más importante, tienen más confianza en su propio éxito — algo absolutamente indispensable en el mercado libre.

Creo que muchas veces los poderes públicos han ignorado la realidad social y han optado por dar dinero a cambio de nada: si eres gitano y me estás leyendo, creo que basta ya de culpar de todos vuestros males al “racismo” y la “exclusión.” Eso se acabó aquí hoy en esta página web: tenéis que tener más responsabilidad social y pagar las consecuencias de vuestros actos. Y eso vale tanto para vosotros como para los del otro lado: esto es, para los “neonazis” que dicen que no tienen empleo “por culpa” de los negros o gitanos. Basta ya de las mentiras y del victimismo.

Como soy realista, sé que siempre habrán ayudas sociales. Pues bien: el gobierno de turno ha de fomentar que esas ayudas sociales estén destinadas a personas que trabajan y en el caso de los extranjeros, sólo si trabajan y tienen permiso de residencia en el país. No podemos seguir premiando lo criminal y lo delictivo ni podemos seguir fomentando la vaguitis y esa cultura de dependencia.

3. Restauración de la integridad en nuestras instituciones:

No hace mucho tiempo, había una clara distinción entre los liberales y los “tradicionalistas”. Los liberales defendían el capitalismo pero no han entendido que hoy existe una paradoja: que muchos empresarios no les gusta la competencia y utilizan sus influencias y poder de conexiones personales para inducir al Gobierno a protegerlos de la competencia y otorgarles ventajas indebidas, para ofrecerles subvenciones y reglamentos favorables que bloquean a los competidores.

En los últimos años, la distinción entre los liberales y los fascistas ha desaparecido. Bajo Losantos y gentes como las del Instituto Juan de Mariana, el movimiento liberal se ha fusionado con las brigadas de Rouco Varela & Losantos. En la actualidad hay pocos controles o límites ideológicos en el deseo de la comunidad empresarial para utilizar el gobierno a la hora de sofocar la competencia. Es curioso que muchos que se denominan “liberales” apoyan por un lado la reducción de impuestos y por el otro, subvenciones a las grandes empresas y otras prebendas legislativas. Esto es un cáncer contra el liberalismo y casi todos los liberales de corazón lo saben: casi todos los liberales que me leen saben, aunque no se atrevan a reconocérmelo aquí públicamente por cobardía, que no es nada “liberal” que el Instituto Juan de Mariana, por poner un ejemplo nefasto, reciba subvenciones del Estado.

Yo defiendo un gobierno fuerte pero limitado, por el bien de la competencia y el liberalismo. Los liberales por otra parte debemos oponernos a las subvenciones masivas que recibe la Iglesia Católica y cualquier institución religiosa y oponernos a las subvenciones para partidos políticos y para cualquier organismo.

4. Política energética: tenemos que investigar esto más y sólo diré que abogo por la nuclear.

Las guerras en las trincheras terminaron porque alguien inventó el tanque. Es hora de que inventemos otro tanque: sí, lo siento señores pero tendremos que ampliar nuestra coalición liberal y transformar la brecha ideológica en algunos temas. Para nosotros, este liberalismo podría servir como el tanque — es el enfoque político que mejor se adapta a la civilización emergente entre los jóvenes de clase media-alta y alta, y también para cualquier persona que se quiere superar y ser algo en la vida, y es la mejor forma de adaptarse a las luchas que vienen. Con estas ideas podríamos construir mayorías y dejar una huella positiva en España y su destino. Como siempre digo, todo depende de nosotros mismos.

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