Una defensa de volver al partido fuerte — Contra el individualismo democrático

Esta entrada, sin duda, va a provocar muchos desencuentros entre los que simpatizan con las ideas que aquí se defienden. Pero que nadie sienta miedo por discrepar, porque mi intención precisamente es llegar al máximo consenso posible después de mucho debate intenso entre hermanos. Aquí no vamos a ser como las asociaciones libegales de derechas en España caracterizadas por sus discordias internas, división, afán de protagonismo, lucha de egos y lo que es peor, afán de lucro a base de mentir y mentir y mentir. ¡No! Eso no es aceptable aquí. Bien, ¿de qué vamos a hablar en estos días, señores? En Occidente, en las “democracias” (perdón, hoy en día podríamos decir pseudodemocracias) existentes, tenemos una corriente poderosa y romántica que contribuye precisamente al parálisis de nuestras instituciones políticas nacionales. Una de las cosas más llamativas de la sociedad moderna esta del siglo XXI es que tenemos una tremenda fragmentación política, una polarización sin precedentes desde quizá el siglo XIX, que es cuando la lucha de clases alcanzó niveles máximos de peligro.

Esa división o desintegración mas bien, tiene dos componentes: la difusión interna de poder político hacia las “bases”(en el caso de USA), es decir la difusión del poder central ejecutivo del partido a manos individuales y la difusión externa del poder fuera del partido y trasladada a organizaciones “no partidistas”. Ya todos conocemos que en España también existe una obsesión actual con “no ser pertidista” y con eso de querer “primarias”. Hay mucha gente, sin duda con buenas intenciones, que me dice “España necesita primarias en sus partidos, los partidos necesitan abrirse más a las bases”. Claro, cuando yo digo NO, suena muy mal, suena terrible, de hecho, pero precisamente si España ha tenido una democracia tan sólida y en muchísimos aspectos SUPERIOR a la anglonorteamericana moderna ha sido gracias al poder de los partidos políticos. Tranquilos, que ya sé que hay corrupción. Estamos hablando a nivel teórico, así que aparca la histeria.

La división política de hoy es el fruto de un proceso histórico duradero, desgraciadamente, y por eso cualquier pacto entre partidos proviene de sus líderes, no de sus votantes, pues son los dirigentes de un partido los que más interés tienen en parecer atractivos a los votantes. Pero solo pueden conseguir esto si logran convencer a sus miembros más recalcitrantes dar el sí. Otro problema serio añadido: la revolución en las comunicaciones digitales da la capacidad a INDIVIDUOS que tengan algún cargo parecer más como un emprendedor independiente y no un político o persona “de estado” como en el pasado.

En segundo lugar, el caso más notorio de este fenómeno lo vemos, cómo no, en los Estados Unidos de América — allí la cultura política es única y el diseño político anticuado que tienen, diseñado por la élite de hombres blancos terratenientes en el siglo XVIII es peor aún que otras democracias más maduras y modernas, como la española (por dar un ejemplo). Por eso allí tienen leyes tales como “la regulación de las finanzas de una campaña” (Campaign Finance Law) porque se supone, no sin razón, que el sistema es individualista y centrado exclusivamente en el CANDIDATO y no en una organización CENTRAL de poder político dirigido por el partido como ocurre en gran parte del planeta. Por eso allí se da el problema de tener tantos candidatos en la derecha alocados, porque reciben grandes cantidades de dinero sin límites, después de la famosísima y repugnante decisión del Tribunal Supremo aquí en “Citizens United v. FEC”. En efecto, esta decisión judicial permite a multimillonarios contribuir dinero sin límite alguno a candidatos políticos. Realmente, sigo sin entender cómo es posible que un progresista en nuestro país pueda ver algo positivo en el sistema electoral anglonorteamericano.

¿Y qué propongo yo? Defiendo fortalecer las corrientes del centralismo de partido y centrarnos más en el poder de ORGANIZACIÓN política y no en “individuos” como quieren los libegales y sus voceros en nuestro país. Para resistir contra la fragmentación política y poder entonces generar un movimiento progresista sólido que conquiste el poder del Estado, es necesario fortalecer el papel de los partidos políticos y sus líderes máximos para que “las bases” no puedan tener tanto poder de veto y así paralizarnos políticamente.

Poder político/Partidos Políticos

Pensando aquí en Valencia donde tenemos a Compromís gobernando en el Consell, es indudable que a pesar de obviamente ser lo mejor que nos ha pasado en muchos años, aún hay cierta parálisis política en nuestra tierra. Pero ojo, porque eso se está viendo en todo el continente y hasta en USA. A diferencia de los “individuos” o las “bases”, una entidad política tiene incentivos mucho más poderosos para agregar a una serie de intereses la más amplia posible hacia una política de democracia popular y forzar a pactar, negociar y tomar decisiones consensuadas. Que nadie se confunda: toda democracia serie cuenta con poder de organización. De hecho, sin ese poder, no tendríamos democracia. De todas las entidades que podamos tener en mente, los partidos políticos,conducidos por la necesidad obvia de gustar a amplios sectores del electorado, son los que mejor pueden agregar intereses diversos y amplios.

Esto podrá sonar irónico ¿verdad? Ya sabemos lo divididos que están los partidos. Pero el hecho de que sigue existiendo el incentivo electoral mantiene esta idea. La necesidad imperante, absoluta, de tener que forjar una organización para poder controlar una, dos, o tres instituciones nacionales sigue siendo la fuerza más poderosa y única a la hora de unir todos los intereses diversos en grupos organizados y dirigidos.

De hecho, si miramos el famoso caso de la segregación racial en el sur de Estados Unidos hasta los años 60 del pasado siglo, consiguieron el derecho al voto hasta tres décadas después de la Guerra Civil porque YA EXISTÍAN coaliciones políticas interraciales, a pesar de que a nivel de bases, algo interracial era impensable. Con esto, lo que pretendo decir es que normalmente los cambios sociales no vienen normalmente “desde abajo” sino desde arriba, desde la vanguardia de los partidos dirigidos por gente capaz de forzar cambios absolutamente necesarios.

Sin embargo, aquí es donde surge el problema de la fragmentación política y se agudiza. Los partidos, como toda organización, son entidades complejas compuestas de muchos elementos a menudo en oposición, entre líderes, bases, facciones, etc. Entre estas fuerzas, son los líderes electos los que más incentivo tienen a la hora de internalizar los intereses electorales en incentivos o mas bien hacia coaliciones generales de amplio interés.

El éxito de un líder de partido depende en si convierte el partido en algo bastante atractivo. Es ahí, pìenso, donde tenemos el problema. La fragmentación política ha restado muchísimo a los líderes electos del control que tenían a la hora de unir, controlar y disciplinar a los miembros de su partido. Recordad que con la palabra “fragmentación” me refiero tanto a la difusión de poder hacia individuos en el partido así como a la difusión de poder a otras entidades paralelas como ya dije al principio. En el caso de los EEUU, se ha llegado a unos extremos tan esperpénticos que un solo individuo en el Senado puede provocar el cierre del gobierno, como vimos aqui en este famoso ejemplo del 2013. En ese incidente, el Senador ultraconservador de Texas, Ted Cruz, consiguió cerrar el gobierno federal de los EEUU. Ni siquiera el dictador más ansioso de poder pudiera soñar con cerrar el gobierno de esa manera, y no ha ocurrido en Iran ni en la temida Corea del Norte tan “malvada” para algunos, no, no, ocurrió en ESTADOS UNIDOS.

Entonces, ¿qué podemos hacer para resolver este problema? En la próxima entrada os daré varias soluciones.

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