No me gustan las Navidades

Escribo estas líneas desde Manhattan, Nueva York…en el Upper East Side…un barrio que a pesar de su gran prestigio y vecinos tan prósperos, tiene ese aire liberal-progresista-moderado que me gusta. De hecho el chiste siempre dice así: si le dices a un vecino del “Upper East Side” que no te gusta su barrio, te contestará ¿y qué? Si le dices lo mismo a uno que viva en el lado occidental del Central Park, el “Upper West Side”, te dirá “¿no te gusta mi barrio? ¿Y te crees que el Upper East Side es mejor”?? Llama la atención, poderosamente, como un barrio tan próspero y adinerado como este es más progresista que algunos de los barrios en España que se hacen llamar “de izquierdas”. Aquí hay republicanos multimillonarios, sin duda, pero la actitud es muchísimo más libero-progresista que algunas actitudes en España. Aquí nadie tiene problemas con pagar impuestos, ni con la idea de tener servicios públicos o con separar totalmente la religión del ámbito público.

¿Y yo qué? Pues estoy aquí, tirado en un sofá antiguo, con un vaso de whiskey en la mano izquierda, a la vez que en la silla a mi lado tiene una botella medio vacía de whiskey escocés encima de un libro sobre la igualdad escrito por el gran liberal jurista John Rawls…tristemente desconocido por los libegales españoles.

Estuve mirando mi expediente académico para recordar como empecé siendo un estudiante que sacaba “sobresaliente” en todo y acabar con “aprobados” a la baja durante mis últimos días universitarios. No era por incapacidad, realmente, era simplemente porque me dejó de interesar estudiar para sacar sobresalientes. Me dí cuenta que la vida no era todo estudio encerrado en una habitación y pasé del tema. Decidí vivir la política, hacer cosas, me hice notar sin lugar a dudas, aunque no siempre para bien. Pero no me arrepiento de nada que haya hecho en mi vida en cuanto a atrevimientos porque el hombre que no se arriesga no cambia nada jamás.

En fin, lo que sí tengo claro es que no tengo ninguna pretensión ni deseo de celebrar “la Navidad”. Vuelvo a colgar aquí el texto que escribí ya hace dos años, el día 24 de diciembre de 2013 porque no he cambiado en mi postura.
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Soy liberal. No celebro la Navidad. ¿Por qué no? Porque no la considero compatible con mi forma de pensar liberal. Además, como no soy supersticioso, no puedo celebrar lo que es, en esencia, un festivo de orígen pagano. De hecho, en EEUU, un país de orígen puritano, celebrar la Navidad estaba muy mal visto ¡hasta 1870! Un día dedicado a la “felicidad” y al relajo se consideraba pecaminoso para los puritanos austeros. Gracias a la influencia de inmigrantes irlandeses católicos y alemanes, poco a poco se fue extendiendo el espíritu navideño del viejo continente hasta que EEUU lo adoptó en 1870 y lo declaró festivo.

En esta entrada, no voy a hablar de la Biblia ni de la fe porque últimamente me parece irresponsable hacer declaraciones universalistas en materia de fe. El espíritu cristiano debe ser respetuoso hacia aquellos otros cristianos que discrepan de mí en materia de fe o doctrina. Es un debate que debemos tener entre nosotros, pero no aquí. Una cosa es fomentar un gran debate, otra es ofender gratuitamente solo para provocar.

Bien. Os decía que soy liberal y que no celebro la Navidad. Rechazo la Navidad por motivos económicos, ambientales, sociales y sí, religiosos también. Hoy en día especialmente, la Navidad se ha convertido en un acontecimiento totalmente anti-liberal, en contradicción con todo lo que (al menos yo) como liberal defiendo.

Razones económicas

Las encuestas realizadas demuestran que la mayoría de las personas cree que la Navidad se ha comercializado demasiado. En teoría, debería ser una época de lazos familiares, amistad, espiritualidad y reflexión. Desafortunadamente, hoy en día celebrar la Navidad es sinónimo de gastar grandes cantidades de dinero. La presión socio-cultural es tan enorme y opresiva, que algunos “conocidos” míos compran regalos en mi nombre y se lo regalan a terceros porque les da vergüenza ajena que yo no regale nada. Esto ocurre en cículos íntimos y me choca muchísimo. Me niego a ser esclavo de las grandes superficies con el pretexto de que es “la Navidad”.

Me compadezco (bueno, no tanto) de los que tienen muchas mujeres a su alrededor consumiendo de todo. No me gustaría estar en una situación así jamás con mujeres pesadas presionándome para comprar todo tipo de cosas.

Tal es la gran presión social para gastar, que prácticamente nadie se atreve a decir lo que digo y hago yo: NO DOY REGALOS de Navidad y tampoco los espero.

Poca gente se da cuenta que la Navidad produce más desigualdad de ingresos que cualquier otra época del año.

¿Por qué se genera más desigualdad de ingresos en estas fechas? Hay dos razones. La primera se debe a los beneficios. Todo el mundo puede intercambiar riqueza, pero los beneficios solo se dirigen a unos pocos – principalmente, las grandes superficies. Y, no, no – tampoco todos los comercios se benefician. En la última década, solo unas pocas empresas han estado absorbiendo casi todo el mercado. El pequeño comercio está ya prácticamente eliminado, desfasado. Es imposible poder competir contra gigantes.

Esto no se debe a la “economía desregulada” como acusan los socialistas. Principalmente, se debe al hecho de que en EEUU y otras democracias occidentales, el poder político depende casi exclusivamente del dinero de estas grandes empresas internacionales. Son estas multinacionales las que dominan las decisiones realmente políticas, no al revés. En EEUU, donde se ve esto de forma más exagerada, todos los senadores tienen que recibir dinero, donaciones, para sus campañas políticas y lógicamente todos están vinculados a las empresas. Por eso la legislación les privilegia por encima de cualquier otra cosa. Eso, estimados señores, no es liberalismo. Eso es “capitalismo entre colegas”, como ocurre en Latinoamérica también.

La segunda razón tiene que ver con la consolidación de estas empresas en el mercado. Durante las recesiones, miles de empresas pequeñas cierran. Esto ocurre todas las décadas cuando hay una recesión económica. Eso le da una ventaja competitiva sin precedentes a las grandes superficies, lo cual genera más ventajas para ellos, más riqueza acumulada con los recursos que sobren y, en consecuencia, ventaja de precios y más pobreza para el consumidor.

No sé cómo estará la propaganda en España, pero aquí en EEUU no han parado de machacar en las notícias sobre la economía que no ha sido un “buen año” para los comercios por una serie de acontecimientos – la Navidad cae un miércoles, hubo poco tiempo para comprar después de la “Acción de Gracias” (Thanskgiving). Y es que, la Navidad también es una suerte de “burbuja” económica. En EEUU, la mayor parte de los ingresos para estas tiendas se generan durante los últimos tres meses del año. Esto produce la mala racha de sequía en ventas de los meses de enero y febrero, debilitando también el resto del año. Como era de esperar, las pequeñas empresas suelen cerrar pues no dan la talla, sumándose así a las listas del paro.

Hay otros problemas económicos también con la Navidad. La Navidad está repleta de fracasos del mercado. La costumbre y “tradición” social impide que la gente pregunte qué regalo quieres o necesitas, así que a menudo
la persona no tiene ni idea sobre los gustos de terceros o sus necesidades personales. Todos sabemos que cada año, es la misma historia: tallas que no sirven, tartas indigeribles, ridículas bolas de nieve, etc. Y encima, ¡hay que poner cara de agradecimiento y felicidad! Pues ese no es mi estílo, lo siento. Ni regalo ni espero que me regalen.

A raíz de eso, entonces también se da el caso de las devoluciones masivas, porque claro, a la mayoría no le sirve el regalo. Cualquier comerciante honesto lo reconocerá: la estampida post-navideña para devolver los regalos es casi idéntica a la estampida para comprar regalos. Para evitar este problema, cada vez hay más personas que recurren a los cheque regalos en EEUU. Pero, desde mi punto de vista, si todo el mundo se regala eso, mejor dejarse de tanta pretensión y que todo el mundo se compre sus propios regalos.

Otros derroches: La compra de árboles navideños, papel para los regalos, velas, artilugios de fiesta, etc. No se vende nada reciclable, pues eso haría daño a la industria navideña. Eso sin contar la tala de millones de árboles naturales cuando se podrían tener de plástico.

Motivos sociales

“Made in China” es la etiqueta que ya ponen en casi todo lo que consumimos en Occidente. Desgraciadamente, China hace uso de la esclavitud y el trabajo infantil para fabricar sus productos de tan baja calidad. A menudo, esos esclavos son disidentes políticos.

Desafortunadamente, esto en nada mosquea a los congresistas en EEUU ni a los políticos en ningún otro país occidental. Nuestros niños jugando con juguetes fabricados por esclavos es señal de “progreso económico” para la gentuza que gobierna. Es más, dicen que es vital para la “libertad” económica.

China contribuye MILLONES Y MILLONES de dólares en sus exportaciones de productos navideños para EEUU. China fabrica productos de Navidad 10 veces más que EEUU.

Otro problema social es el estrés. Los psicólogos dicen que esta es la época más estresante del año. Las masas en los centros comerciales contribuyen al estrés individual.

La segunda causa del estrés son las reuniones familiares. A pesar de que muchos pensarán que las reuniones con la familia son buenas, lo cierto es que muchas familias son disfuncionales y los encuentros solo sirven para abrir viejas heridas. Esto es peor en el caso de las familias españolas, italianas, latinoamericanas, porque tienen el bagaje cultural latino que inculca el sentido de culpabilidad y manipulación católica. En el mundo católico-latino, no querer estar con la familia es señal de “mala” persona, de frialdad y casi ningún español reconocerá que es mejor evitar a la familia en algunos casos.

Las estadísticas apuntan a que el número de suicidios se dispara en estas épocas.

Por estos motivos y muchos otros, me niego a celebrar la Navidad.

Espero que los que celebren la Navidad por lo menos sean más tolerantes hacia los que NO aceptamos el festivo. Para mí, el día 25 será un día “normal” y tampoco tengo planes para la nochebuena más allá de cenar como ceno en cualquier otro día normal.

Eso sí, muchas gracias a los que se han acordado de mí en estas fechas y me han enviado un saludo navideño. Con el mismo espíritu de tolerancia que habéis demostrado hacia mí, os saludo y os deseo una Feliz Navidad.

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