Antoni Gaudí: El reto de ser más libres

Cuando llegué por primera vez a Barcelona durante el pasado puente de la Constitución española (una Constitución que ni se cumple porque gobierna Bruselas y Merkel), ya comenté aquí que me sentí muy bien en la ciudad condal. Ya he dicho todo lo que quería decir sobre la ciudad de momento así que ahora me centraré en uno de sus grandes personajes históricos: Antoni Gaudí. ¿Cómo es que me vino a la mente Gaudí? Algunos dirán “eso es porque estuviste en Barcelona y viste la “Sagrada Familia”. Sí, la ví y me gustó muchísimo pero ese no es el motivo que me hizo pensar en Gaudí para esta entrada. Lo que ocurre es que el otro día estuve hablando con un antiguo aliado mío de Nueva York (norteamericano hijo de catalanes) y estuvimos recordando como nosotros dos, por nuestros apellidos, jamás piensan en Nueva York que tenemos orígenes españoles o vínculos con España. Piensan por el apellido (al menos en mi caso) que soy francés o inglés de orígen. Como yo hablo inglés sin acento, nivel “nativo”, pues menos me asocian con España. Estuvimos recordando el incidente en una terraza de NY en la que dos personas de rasgos latinoamericanos estaban hablando mal de nosotros en español pensando que no lo entendíamos. Decian que teníamos pinta de “chulitos” por la vestimenta (que no de chulapos). Gaudí también es un apellido muy catalan. Lo cierto es que muchos de los mejores personajes (o infames) que ha dado España son catalanes y gallegos. Pienso que el chovinismo cultural es absurdo, así como el racismo nazi, pero tampoco tiene nada de malo sentir cierto orgullo por tus orígenes. Y yo, siendo ya esto puramente subjetivo, la verdad es que si me hubiesen dado la opción antes de nacer de ser español pero poder elegir mis orígenes dentro del país, no habría elegido otra cosa que mis orígenes gallegos y valencianos. No es por menospreciar a los demás, sino más bien por amor propio a mis gustos y con lo que me identifico.

Pues bien, yo de Gaudí la verdad es que solo sabía lo básico. En estos días me puse a investigar y la verdad descubrí cosas muy interesantes (pero tampoco sorprendentes dada su cultura catalana). La muerte siempre estuvo presente en la vida de Gaudí. Dos de sus hermanos murieron antes de él nacer, y luego continuó enterrando familiares durante el resto de su vida. A los 60, ya estaba solo. Es más, nadie creyó que el propio Gaudí iba a sobrevivir poco después de nacer. La verdad es que Gaudí ya había empezado a pagar la factura por el talento otorgado a él por fuerzas supremas.

A pesar de sufrir varias enfermedades, Gaudí optó por seguir viviendo y expresando un gran interés por el diseño (algo que todavía sigue siendo de gran interés en Cataluña). Antoni y sus amigos pasaron mucho tiempo explorando las ruinas del monasterio de Poblet cerca de Tarragona, haciendo planes ambiciosos para su restauración o reconstrucción mejor dicho. Esos planes además fueron trazados sobre papel, no solo palabrería barata tan típica de otros sitios y personajes. Gaudí estuvo investigando las ruinas para poder comprender por qué habían construido ese edificio y hacía numerosos cálculos. Eso fue lo que más me llamó la atención de mis lectures sobre Gaudí. Ayer hablando con un compañero (él sabe que me refiero a él aquí) estuvimos hablando de llevar las cosas hasta las últimas consecuencias lógicas y que quizás por ejemplo los que somos de “ciencias” (disculpen los señores lectores esa frase simplona pero es para que me entienda mas gente) tenemos esa manera analítica de tratar los problemas. No sé de vosotros, pero cuando yo voy a un museo o sitio histórico, suelo ser el que hace las preguntas “raras” que nadie le gusta o me miran raro como diciendo ¿y este pesado para qué quiere saber eso? Por ejemplo, cuando estuve en el museo de la casa de George Washington en Estados Unidos, la gente preguntaba sobre muebles concretos o de alguna habitación. ¿Yo? Preguntaba sobre por qué el clavo era de cierto tamaño en la madera o si la sábana de la cama era de algodón o plumas. “Ni idea, joven, lo siento” me solían decir. Ok. Oiga, ¿y de dónde sacaban la tinta para poder escribir en 1776?” Ya me miraba la gente con cara de odio. ¿Qué hace un chaval de 17 años preguntando sobre la tinta del siglo XVIII? Pero soy así.

Gaudí estaba absolutamente interesado en las matemáticas y la geometría. Para él, las “letras” eran aburridas. Bueno, normal – Gaudí tenía en su destino ser un gran arquitecto, no un escritor. Eso no le impidió escribir un excelente artículo sobre una exhibición artística en el periódico “La Renaixença”.

Cuando llegó a la Escuela Superior de Arquitectura en Barcelona, su profesor dijo “señores, aquí ven ustedes o un genio, o un loco”. Para Gaudí, su propio genio ya se estaba convirtiendo en un axioma. Casi nunca estaba de acuerdo con la opinión de nadie. Nunca copió a nadie y solo actuaba en conformidad con su propio entendimiento. Me gustó mucho aprender eso porque pienso que, extrapolándolo a las ideas liberales, todo liberal debe siempre estar en conformidad con las últimas consecuencias lógicas, nunca dar NADA por sentado y nunca aceptar un prejuicio “porque sí”.

Una de las cosas que leí este fin de semana y no pude más que aplaudir como un loco (menos mal que estaba solo diciendo SÍ SEÑOR) sino me llamarian la guardia para que me lleven a un manicomio es esto: estuvo solamente dos veces en el extranjero. Concretamente, en Francia (Tolosa y Carcasona). No le gustó nada. Igual le pasó como a mí me suele pasar en el extranjero. Al final siempre acabo regresando a mi patria real. Gaudí jamás volvió a salir de España. Decía ¿Por qué? ¿Para qué? La gente debería venir a nosotros, a Cataluña y a disfrutar”. ¡¡Cuanta razón!!

Hubo una época en la cual Gaudí era considerado una suerte de “dandy”. Vestía con ropa cara y guantes blancos. Se vestía como un hombre en búsqueda de una mujer en aquella época. Como típico catalan, tenía rasgos nórdicos: pelo rubio, ojos azules. A diferencia del poeta ruso Pushkin, Gaudí no pudo llevar una vida alocada dándole atención a las féminas. Tuvo que pagar un precio mucho más alto por su genio. Para poder sobrevivir, tuvo que cumplir órdenes. Una de las grandes putadas de España siempre ha sido que los genios no han tenido más remedio que cumplir órdenes mientras los mediocres siempre han sido los que gobiernan este país.

Es cierto que Gaudí al paso del tiempo se fue convirtiendo más al catolicismo. Pero yo creo que más bien ese catolicismo correspondía a otros vacíos que sufrió en su vida. En aquella época no había las opciones culturales y espirituales o de carácter cívico que existen ahora. La religión católica, en España, era una de las opciones.

Una de las cosas que, de hecho, más me gustan de la obra de Gaudí precisamente es que ninguno de sus edificios pueden asociarse con la expresión “alma elevada”. Mirad por ejemplo la catedral de Milán. Ropa blanca, alas, todo mira hacia arriba, hacia Dios, el cielo. Pero luego mira y compara eso con la Sagrada Familia de Gaudí. Mira los detalles. Todo va hacia abajo. Serpientes, ranas…todo hacia abajo. Son criaturas que nunca han estado asociadas con algo sublime. Más bien, son criaturas del infierno. Me gusta. Es mucho más real a nuestra condición humana imperfecta, real, cruda y contaminada.

Sufrió una muerte trágica. La tragedia es un elemento típico en la vida española (existe en todas partes, pero en el contexto europeo la tragedia ha estado mas vigente/presente en el sur del continente). Culturalmente somos trágicos y algo severos en la expresión, casi “tristes” en algunos contextos. Nadie quiso ayudar a un viejo con aspecto desaliñado que solo tenía unos cacahuetes en el bolsillo. Fue trasladado al hospital para indigentes (como les gustaría tener hoy en día a los libegales). Nadie intentó ayudarle correctamente, pues pensaron que era un muerto de hambre. Cuando llegaron a reconocerle, ya era demasiado tarde. Había pagado la última deuda. Gaudí muere y dejó a Barcelona en un estado que la elevó a la gloria mundial: La cripta en el Parque Güell, Casa Viçens, el templo de la Sagrada Familia, El Capricho (Comillas, Cantabria), Casa Batlló, Casa Milà – hay 18 edificios en total y ni uno solo fuera de España.

Gaudí fue caracterizado como hombre “antipático y de pocas palabras/de pocos amigos”. Pues otra razón para admirarle. Y es que, como él mismo decía, hay dos tipos de hombres: “los que hablan y los que hacen. Yo soy de los segundos”. ´

La obra de Gaudí mezcla cierta devoción espiritual con una gran excentricidad imaginativa – rasgos muy presentes en la cultura “catalana”. Ese progresismo mezclado con cierta defensa orgullosa de la cultura local es un elemento presente en Cataluña.

Yo no soy un especialista en arquitectura, así que solo hablo de mis impresiones. Sí tengo conocimientos técnicos de arte porque he tomado clases de la misma (en su aspecto técnico, no dibujo ni diseño). No sé si la Sagrada Familia representa a Dios. No hace falta que lo haga. Para mí representa la modernidad, el arte democrático, el genio individual. Representa lo catalan (y todo lo que eso ha ido significando a lo largo del tiempo).

Admiro la obra de Gaudí porque nos invita a respetar las posibilidad que nos brinda la arquitectura a la mente humana. Nosotros siempre estamos en obras, cada día debemos “perfeccionar” más, ser más excéntricos, más individuales, más “alocados” si cabe y, sobre todo, ser más atrevidos y libres.

Gracias, Antoni Gaudí.

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3 comentarios

  1. David JAMES · ·

    Buenas:

    Admiro a Gaudí y su estilo arquitectónico. Es una pena que lo arrollara un tranvía. La gente de “ciencias” suele ir despistada pensando en sus cosas. Seguro que le pasó ideando alguna innovación para la catedral de la Sagrada Familia, A mí no es la 1ª vez que me paso de parada de metro en el intercambiador…

    La gente de ciencias, piensa mucho, la gente de letras, habla mucho. Ese el problema, que los filósofos politólogos se creen los únicos capaces de tener oratoria para embelesar a las masas de borregos que cada 4 años votan y luego en base a ese sistema cafre hacen y deshacen a su antojo casi siempre en beneficio de unos pocos y no del pueblo. En España lo llaman democracia, cuando no sé porqué nombre lo tenían que definir desde hace ya varias legislaturas.

    No obstante, nunca admiraría a gente de una patria concreta, sino lo que hizo el que fuese donde fuese.
    A mí me fascinan los judíos, su patria es el mundo. En eso pienso igual que ellos salvo que no comparto su religión.

    Últimamente estoy descubriendo a Carl Friedrich Gauss; bueno ya sé de él de la carrera. Si alguien puede aproximarse más a Dios es un matemático. Newton es una controversia, lo teníamos por un hombre totalmente rqacional y se dedicó a la alquimia y al intento de decodificar la biblia. Con lo grande que era Newton no se daría cuenta que la Biblia fue retocada numerosas veces a lo largo de la historia…Vaya Newton.. Las matemáticas se basan en axiomas y principios. De ahí surgen teoremas y se construye un edificio. Las teorías físicas están basadas en errores.,. La arquitectura es más arte que ciencia (Calatrava hizo pasarelas muy bonitas y ha tenido que indemnizar incluso en el proyecto del aeropuerto de Bilbao por goteras) y los ingenieros son mucho más pragmáticos que los físicos: al final las elaboraciones que realizan son más consistentes porque van más a lo práctico…

    En España matemáticos de renombre hay pocos; inventores dos contados, y un denostado, Isaac Peral. Este no es país para el talento, sino para el borreguismo teleconducido desde la política mediante programitas tipo “Gran hermano” de enlentencimiento de las neuronas para que no se tenga un espíritu crítico contra el “régimen” y demás sucedáneos y ablandar el cerebro por parte de la casta. En mi casa, afortunadamente no hay televisión…

    Por eso España está donde está… clase política sin talento ni mérito despreciando a pobres con cacahuetes en el bolsillo pero con mucha valía y que se pueden morir de hambre en cualquier rincón igual que gente que no tiene cultura ni estudios.

    Pena da España, pena da la gente por culpa de la situación política. Spain is different.

    Saludos,

  2. David JAMES · ·

    Feliz Navidad, a pesar de ser un invento que surgió a partir del Concilio de Nicea I mediante Constantino I en el 325 dC. Para información del que lea esto, la Navidad y muchos ritos de la cristiandad se votaron en ese concilio. Si Arriano hubiera triunfado en ese Concilio, Jesús no sería ni hijo de Dios ni Dios, sería solo un predicador más.

    El día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad

    Esto es irrebatible, es historia.

    De todas formas, viva la Navidad.

    Saludos,

  3. […] ANTONI GAUDÍ: EL RETO DE SER MÁS LIBRES […]

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