¿La Constitución americana? Queda bien en un museo

Hace unos días estuve paseándome por los campuses universitarios de la ciudad de Nueva York. Entre los contrastes que siempre noto entre las distintas culturas, hay un sentido retorcido con respecto a nuestras constituciones. En EEUU realmente tienen una reverencia increíble, mística, casi fanática, por su Constitución federal. En España, al contrario, lo más típico es pensar que todo lo de fuera (especialmente si es “anglo” es mejor) y que todo lo “nuestro” es malo o de inferior calidad. Es uno de nuestros grandes fallos y yo mismo a veces he caído en errores parecidos. Lo que pasa es que cuando se tiene mucho tiempo, y ahora dispongo de bastante tiempo para observar al no estar impartiendo ninguna asignatura, uno puede analizar de verdad cómo es un país o una cultura. Me he dado cuenta que gran parte del fanatismo detrás de la Constitución americana se debe al misticismo, al buen éxito de una combinación de marketing sin paralelos y también mentalidad. La actitud del estadounidense medio es bastante más mística que la nuestra. Como país, suelen ser más idealistas.

Yo no soy un hombre ni idealista ni místico. Lo que me interesa es la democracia y la libertad bien entendida (lo cual también implica entender bien la represión de determinadas conductas). Por eso, después de ser coherente con esos ideales, no tengo muchas cosas buenas que decir sobre la Constitución federal americana si la ponemos en un marco global de las cosas.

Se decía que las convulsiones mundiales después de la Iª Guerra Mundial provocaron grandes avances en el campo de los derechos laborales.

Bueno, eso es cierto en casi todos los países occidentales menos los Estados Unidos.

Mientras que las huelgas generales estaban provocando pánico entre las élites europedas, forzándoles a ofrecer enormes concesiones a sus clases obreras, aquí en EEUU la administración del Presidente Wilson estaba rápidamente privatizando la economía y desmantelando todas las leyes laborales posibles. En reacción a todo eso, el gran juez Felix Frankfurter escribió que “EEUU es el país más reaccionario del mundo”. Cuando el imperio sin impedimentos de los plutócratas fue sostenido por la presidencia de Calvin Coolidge seis años después, se pudo comprobar que Frankfurter tenía razón. Estados Unidos no es un país para el radicalismo. Probablemente, es el país más conservador en el mundo occidental. Pero, ¿por qué? Había muchas teorías. Los autores patricios del “New York Times” pensaron muchísimo sobre este tema y el día de la Constitución en 1921, aportaron una explicación posible: “Si los americanos están demostrando ser tan conservadores en un mundo tan turbulento, la razón principal reside en nuestra Constitución federal”. La Constitución, afirmaron esos autores, “hace que los americanos se sientan seguros en sus derechos individuales como ciudadanos cuando éstos se ven amenazados por las ráfagas del sentimiento popular.

Estas “peligrosas” ráfagas son precisamente lo que otras sociedades, ajenas a la jerga constitucional norteamericana llaman “la voluntad democrática”. Era de esperar que un documento redactado por una camarilla de terratenientes aristocráticos ingleses, abiertamente contrarios a la “democracia” y con una sensación de pánico contra lo que veían como “las turbas” en Francia, buscaran limitar la soberanía popular hasta el punto de estrangularla. Por eso, con una inteligencia política sin precedentes y sutilmente, forjaron un sistema que dificultara enormemente para el electorado efectuar cambios en la política nacional mediante actos colectivos o voluntad política. El senado americano es una monstruosidad antidemocrática – el 84% de la población puede ser silenciada/vetada por el 16% de los que viven en los estados rurales más pequeños.

Aprobar cualquier legislación requiere la aprobación de tres entidades distintas: la presidencia, la Cámara de representantes y el Senado – los votantes están vetados de la oportunidad de elegir una sola vez, con 2/3 del Senado en sus escaños después de cada elección. El sistema entero está congelado por un proceso de enmiendas casi cómico por su gran complejidad. Eso, por no hablar de las elecciones presidenciales que tardan días y dependen en realidad de unos estados “swing” (clave) que pueden variar sus votos de la noche a la mañana. Mientras que países como Francia o España pueden cambiar su constitución en cualquier momento contando con 3/5 del Congreso y en Reino Unido se puede convocar un referéndum sobre la ley electoral sin mayor complicación. Para enmendar la Constitución americana, hace falta no menos que 39 poderes legislativos distintos aprueben el cambio. Como se pueden imaginar, la dificultad de hacer eso es tremenda. La Constitución americana no se redactó jamás con el fin de perfeccionar la democracia sino más bien limitarla. Eso es lógico si tomamos en cuenta los intereses de aquellos terratenientes en una sociedad/colonia agraria. Mucha gente se deja llevar por la mitología de la “revolución americana” pero ni de lejos fue una revolución tal y como se entiende normalmente. Revolución fue lo de Francia. Lo de aquí más bien fue la reacción de unos señores privilegiados que se cansaron de pagar impuestos a la “madre patria”. No es lo mismo, no.

Durante una época breve de la historia estadounidense, estas verdades se reconocían. Durante la interesantísima época progresista de EEUU, no pocos republicanos (especialmente la base pero también líderes) afirmaban que la Constitución americana era una amenaza hacia los gobiernos democráticos y un buen número de intelectuales progresistas como el liberal protestante Charles A. Beard, y el historiador Carl Becker, entre muchos otros, reconocieron los límites reaccionarios del documento y en algunas ocasiones pidieron una nueva constitución para su país. Algunos diseñaron propuestas muy interesantes – por ejemplo, poner la Const. federal bajo control popular, porque el pueblo americano no tenía control realmente sonre su ley fundamental. La consecuencia es que las instituciones americanas no reflejan la voluntad popular. En realidad representan otras fuerzas sobre las que el pueblo americano no tiene ningún control realmente. Así es como lo querían no pocos fundadores.

Desafortunadamente ninguna de esas propuestas llegaron a debatirse seriamente.

Durante los años 20 y 30 del pasado siglo, el fanatismo constitucional asumió un papel mucho más central en la cultura americana por primera vez en la historia. Eso fue gracias al florecimiento de organizaciones partidistas intensamente fanáticas, sectarias, que promovían algo que se llamaba “patriotismo constitucional” como antídoto contra los temidos y malvados archienemigos para ellos, “el centralismo federal y el socialismo”. Señores, ahí nació lo que ya conocemos como “think tank” y que por desgracia existe hoy en día también en España, en asociaciones tales como el Instituto Juan de Mariana, CATO, Instituto Mises y otros parecidos. La retórica de las asociaciones de aquella época no se distingue en nada a la actual. Todas hablaban de “proteger la constitución contra el asalto socialista y darle caña a la izquierda”. Presionaron a los distritos de los colegios públicos a glorificar el pergamino sagrado. Todo esto, yo diría, es la versión americana del populismo nacionalista antidemocrático europeo que se gestaba en la misma época. El “Tea Party” de hoy, con su manía fanática por el constitucionalismo, es el heredero directo de esta tradición ultra que promueve la Constitución de los padres fundadores como baluarte contra lo que perciben y llaman “aventurismo democrático”. Por eso hoy en día los republicanos en el Congreso tienen la costumbre de leer la Constitución con método ritual y tienen una nueva norma: deben citar qué autoridad específicamente constitucional tienen para cada ley aprobada. Al igual que las ligas o frente común antirepublicano en la Alemania Weimar, el constitucionalismo fanático del tea party originó en los años 20 como reacción contra los movimientos obreros que habían surgido para rehacer el estado y convertirlo en un instrumento democrático de aspiraciones populares – algo que todo liberal debería apoyar. No se puede ser liberal y ser reaccionario. El que piense lo contrario realmente no ha estudiado la historia.

Claro, para nosotros es fácil burlarnos de ese fetichismo de los extremistas hacia la Constitución, especialmente cuando vemos que los protagonistas son gente tan patética como Glenn Beck, César Vidal, Jiménez Losantos, o Sean Hannity, o la racista extremista Ann Coulter. No, no, os prometo que la mujer existe y no es ninguna broma – hay gente así en EEUU.

En una sociedad culta e ilustrada, los libros de gente como César Vidal estarían acumulando polvo y fuera del mercado. Ninguna librería seria los vendería. Estos friki fanáticos han podido contar con un marketing muy bueno, financiado por intereses poderosos principalmente con origen estadounidense. Otra narrativa popular en EEUU es la de un extremista que se llamaba Cleon Skousen. Según Skousen, los padres fundadores se inspiraron en los antiguos anglo-sajones y esos fueron inspirados por los “israelitas de la Biblia”. Todos al parecer creían en el gobierno limitado y por eso, siempre según Skousen, EEUU había progresado muchísimo en 100 años que todo el mundo en miles de años. Pero todo se fue al infierno a partir del siglo XX, cuando esos satánicos sociatas y republicanos progresistas atacaron la Constitución y el Presidente Wilson aceptó el plan satánico, encaminando el país hacia “la servidumbre” que todos conocemos representa la peor pesadilla para los libegales: el salario mínimo, la Reserva Federal (Banco Central), parques nacionales, seguro médico público, pensiones públicas, seguridad social. Todas esas cosas, insistía Skousen, eran inconstitucionales.

Todo esto es una gilipollez, por supuesto. Lo que es igualmente lamentable es, sobre todo teniendo en cuenta nuestros avances como sociedad humana, es el retorno de estos excéntricos “constitucionalistas” y el hecho de que ha generado otro género entero de comentaristas liberales ansiosos de rescatar el documento de las garras de estos reaccionarios tan zafios. Pero claro, los liberales en Estados Unidos suelen ser demasiado generosos. Uno de los artículos de fe que manejan es este: “Hombre Alfredo. Es verdad que los señores del Tea Party son reaccionarios, pero ellos simplemente no entienden bien la Constitución del país ni las intenciones de los fundadores”. Están bajo la ilusión de que la Constitución realmente es un documento democrático y favorable al progreso. Hablan de que la Constitución siempre cambia, que es un documento “vivo”. Sea lo que sea, nunca echan tierra sobre la constitución. Nunca la tratan con la crítica honrada y superior que sí tienen los liberales más avanzados y comprometidos con el progreso democrático. He leído de todo sobre la Constitución por parte de comentaristas liberales en EEUU. “Es nuestra religión civil”, un documento “genial que mantiene el equilibrio”, dicen otros. Todo eso suena muy bonito, pero desgraciadamente la Const. americana es mucho más que eso: es una carta blanca para la plutocracia.

Me resulta inaceptable ver como gente supuestamente “liberal”, aunque lo hagan con la mente abierta y dialogando, todavía son tan masoquistas para aceptar una ortodoxia establecida que subordina la voluntad popular a un dictado inalterable, dictado por un consejo antiguo de legisladores aristocráticos y casi endiosados. En estos momentos de grave crisis económica-social, nadie debe olvidar que “abolir las deudas” y oponerse al papel moneda fue específicamente mencionado en el Federalista, número 10 por James Madison. No te criticaría, estimado lector, si pensaras que James Madison era miembro destacado del Mises Institute o del Juan de Mariana en España, si fuera español.

Ya va siendo hora de dejarse de tantos misticismos y hablar de los problemas de la humanidad.

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8 comentarios

  1. Hola,

    Es extraño ver la constitución americana desde Europa, pues parece inconcebible tener una constitución de más de 200 años. Es cierto que está enmendada varias veces, y también que es muy corta, y seguramente por eso ha podido sobrevivir hasta nuestros días, pero aún así resulta absurdo y sin ser un especialista en este tema diría que debe ser una fuente de problemas. Yo no me imagino a España con la constitución de 1846 o a Francia con la constitución de la III república, de hecho sería imposible.

    Bien es cierto que el sistema europeo continental es distinto al anglosajón, pero ser distinto no quiere decir peor, muchas veces es mejor. A mi siempre me ha gustado analizar las cosas sectorialmente y a la hora de comparar el modelo anglo con el modelo “napoleónico” que rige en nuestros países hay cosas que son mejores en un sistema y mejores en el otro.
    Por ejemplo, el otro día comparaba en mi blog la “no constitución” escrita del Reino Unido con la nuestra, y concluía que en España las libertades estaban bastante más protegidas que en el Reino Unido, aunque como defecto podríamos decir que nuestra constitución es algo rígida en algunos temas.
    Yo creo que nuestros sistemas europeos pueden ser demasiado burocráticos, tener figuras como los notarios que creo que deberían ser reformadas y también haber extendido el funcionarismo hasta puestos en los que me parece que no era necesario, pero también es cierto que estamos más protegidos, que nuestro sistema legal es más claro y no ha degenerado en un negocio para abogados y bufetes interesados y que tenemos unas regulaciones mayores para evitar abusos.

    Sería interesante que desarrollases algunos puntos en los que tu crees que se debería enmendar/cambiar la constitución de EEUU.

    Saludos,

  2. Francisco · ·

    No sé si es correcto comparar la Constitución estadounidense con una europea: EEUU es un país inmenso y por tanto es natural que su gobierno tenga menos competencias y que éstas sean más genéricas.

    Deberían ser las constituciones estatales, más cercanas a los ciudadanos, las que tengan unas competencias más amplias, y son éstas las que deberían ser comparadas con las constituciones de los Estados europeos.

    Un saludo

  3. Pedro:

    “aún así resulta absurdo y sin ser un especialista en este tema diría que debe ser una fuente de problemas”.

    Lo es. Es absurdo, pero fruto del “romanticismo” o misticismo de no pocos norteamericanos con respecto a su constitución. Nunca voy a entender ese misticismo, pero está ahí, es evidente que lo sienten. He hablado hasta con gente que se hace llamar “socialista” y en este tema, al lado mío yo parezco el Che Guevara en comparación. La verdad, sí hay diferencias notables en estas cuestiones entre europeos y estadounidenses.

    “Por ejemplo, el otro día comparaba en mi blog la “no constitución” escrita del Reino Unido con la nuestra, y concluía que en España las libertades estaban bastante más protegidas que en el Reino Unido, aunque como defecto podríamos decir que nuestra constitución es algo rígida en algunos temas.”

    Pero yo creo que la rigidez no es “mala” si se trata de beneficiar los derechos ciudadanos en determinadas cuestiones. La rigidez de la Const. americana, sin embargo, es una rigidez que claramente beneficia a las instituciones históricas, pero no al pueblo necesariamente. Y sí, insisto – en muchísimas cuestiones, al menos sobre papel, los españoles (y extranjeros en España) disponen de más derechos que un británico o un extranji en Reino Unido. Yo hablo con muchísima gente aquí, Pedro. Gente que viaja mucho, gente de todas clases y cada vez que me habla alguien que conozca a España, me reaccionan de forma parecida: “¿España?? ¡¡Me encanta ese país!! Sois más abiertos en cuestiones sociales”. O me dicen “alguno de los mejores momentos de mi vida los viví en España”. Te hablo de gente con todo tipo de orígenes y edades. Con respecto a los derechos, cada vez que hablo con gente aquí enterada sobre el tema o gente que lee los derechos y compara, me dicen lo mismo: “los europeos sois más avanzados que nosotros en muchísimas cuestiones”.

    Toma por ejemplo (aunque no está relacionado con la Constitución americana), el tema del “macho”. ¿Te acuerdas cuando aquí yo dije que en EEUU, si un hombre pide un whiskey mezclado con refresco está visto como afeminado? Bastante gente reaccionó negativamente, pero es que aquí el concepto de “masculinidad” es realmente “retro” al lado de nosotros. Eso está cambiando cada vez más, pero sigue persistiendo entre las clases media-bajas. Para ellos, el europeo es “afeminado” y para los “progres” estadounidenses, simplemente son más “ilustrados”. Otro ejemplo que seguro te hará alucinar: en este país, la música techno/electrónica está asociada con hombres gays. Por eso algunos bromean de que los hombres europeos escuchan más techno y son mas “gay” que los yanquis. Es todo en plan broma muchas veces, pero sí se nota que persiste esa actitud pasiva-agresiva hacia lo europeo. Lo mismo pasa entre España y la América hispana. Ellos son mucho más “retros” que nosotros en muchas cuestiones.

    Todo esto lo digo aclarando que adoro el continente americano, adoro a estos pueblos pero estoy simplemente comparando actitudes. No estoy diciendo que una sea absolutamente mejor o peor que otra pero sí son cosas que chocan.

    “Yo creo que nuestros sistemas europeos pueden ser demasiado burocráticos, tener figuras como los notarios que creo que deberían ser reformadas y también haber extendido el funcionarismo hasta puestos en los que me parece que no era necesario, pero también es cierto que estamos más protegidos, que nuestro sistema legal es más claro y no ha degenerado en un negocio para abogados y bufetes interesados y que tenemos unas regulaciones mayores para evitar abusos.”

    Absolutamente de acuerdo. Hace falta racionalizar el funcionarado patrio para que opere y produzca más y mejor. El tema de los notarios es gracioso porque aquí un notario no goza de ningún prestigio como pasa en los países latinos. Yo tuve alumnos rumanos que se quedaron estupefactos cuando les dije que aquí CUALQUIERA puede ser notario. Solo basta con rellenar una solicitud y contar con unas firmas de senadores y ya está. No es nada “prestigioso” aquí ser notario ni se cobra por ello salvo el sello que pongas. Pero la función notarial aquí es bastante más limitada que en España y otros países “napoleónicos” como bien señalas con el término.

    “Sería interesante que desarrollases algunos puntos en los que tu crees que se debería enmendar/cambiar la constitución de EEUU”.

    Bueno, en esta entrada hablé sobre incorporar concepciones globales a derechos como “portar armas”:

    https://liberalismodemocratico.wordpress.com/2014/06/05/hacia-una-armonia-legal-compartida-el-control-de-armas-en-eeuu/

    Eso lo aplicaría también a otras enmiendas. La Primera Enmienda americana es muy absolutista y no sé si eso es del todo bueno.

    También me gustaría, de hecho, abolir el Senado de EEUU. Todo esto lo digo teóricamente porque no soy nadie para dictarle a los americanos cómo regir su país ni qué sistema tener. Hablo aquí entre nosotros, entre españoles, latinoamericanos y otros europeos. Espero que no haya ningún estadounidense leyendo que se ofenda pero si se ofende, me resbala también. Son mis ideas.

    Saludos

    PD: La Const. americana también debería tratar temas económicos, cosa que no hace actualmente.

  4. Francisco: La federal es la que realmente protege en teoría los derechos fundamentales. Las constituciones estatales, en algunos casos, son incluso más reaccionarias que la federal.

    Saludos

  5. […] Las cifras referentes a las estadísticas de mortalidad infantil, además, reflejan una brecha entre extremos de riqueza y pobreza tan acusados que podría decirse que, si no se ha producido ya algún estallido social serio en EEUU por este motivo, es porque, a diferencia de Europa, el sistema legal y constitucional de allí tiene muy desactivada esta posibilidad (de hecho, esa fue la meta de la arquitectura constitucional norteamericana allá por finales del siglo XVIII). […]

  6. anto33 · ·

    Interesante artículo.Refleja lo que yo siempre he pensado sobre el endiosamiento de la constitución de EEUU.Efectivamente,protege más a los mecanismos de poder que a los ciudadanos.Lo normal,habiendo nacido como país con una revolución puramente burguesa,para hacerse con el control de la economía.Nada que ver con la Revolución Francesa,donde sí se buscaba ampliar las libertades del pueblo.Y añadiría que ser una república presidencialista,donde el presidente tiene tantísimo poder,acaba de estropearlo todo aún más…

  7. Muchas gracias por el comentario, anto33.

    En general, no obstante, siempre he defendido un ejecutivo fuerte (sin dejar de reconocer los peligros que conlleva) y estar a favor de un ejecutivo fuerte no significa tampoco que esté a favor de un sistema presidencialista como equivocadamente piensan algunos. Solo que sí pienso que en la historia de EEUU, el presidencialismo ha sido normalmente una fuerza para el progreso.

    Con respecto a la Rev. francesa, pues la verdad es que en la cuestión constitucional, sí fue superior a la norteamericana pese a sus otros fallos.

    Saludos

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