Bibliografías interminables

Este pasado verano, algunos sabéis que impartí una asignatura de Cálculo. Una de las (entre muchas) cosas que más le llamó la atención a mis alumnos y a otros profesores fue el hecho de que todavía, aún en el año 2014, uso el procesador de textos famoso – Wordperfect 5.1. A veces, dependiendo del tema, también uso Wordstar. ME NIEGO a limitarme a las directrices monopolistas de Microsoft. Sí, para trabajar, no hay nada (para mí) como el Commodore 64. Lo segundo que les llamó la atención fue que la bibliografía de la asignatura, que aquí en Estados Unidos llaman el “syllabus”, sólo es de una página. Una profesora me decía así: “Alfredo, cuando yo estudiaba en los años 70, las bibliografías eran exáctamente como las tuyas. Solo tenían el nombre del profesor, sus horarios para tutorías, una descripción brevísima del curso y, como mucho, un listado con fechas de los temas a tratar”. Me enseñó un “syllabus” de 1975 y efectivamente, era bastante parecido al mío…con la “curiosa” característica también de no incluir una dirección de correo electrónico. Yo no la incluyo tampoco porque toda consulta que un alumno tenga para mí debe hacerse en clase, o en persona en los horarios de tutoría. Aquí le llaman “office hours”.

Yo no sé cómo estará la situación ahora en España, pero sí sé que aquí, hoy en día, un “syllabus” como el mío no es normal ni aceptado en muchos sitios. En EEUU, es realmente impresionante lo que ahora exigen en muchas clases para un syllabus. A veces, un syllabus puede tener hasta 20 páginas de normas, escritos administrativos trillados, todo tipo de situaciones que puedan surgir, etc. Muchos profesores ya ni leen la mayoría del texto porque es demasiado. Es un “contrato” con tu clase.

¿Los textos a leer? ¿Los deberes? Estos aún caben en una página o dos. Pero la verdad es que en los últimos años, se han puesto cada vez más pesaditos – que si la normativa sobre el portátil en clase, que si no es aconsejable empezar un email a un profesor tuyo con “eyyy tio” (hey dude, en inglés)…realmente el syllabus parece un libraco hoy en día. Hoy, el syllabus parece un contrato de licencia, como si se tratara de descargar algún programa complicado en internet.

¿Cómo he podido salirme con la mía, entonces? Porque yo simplemente IGNORO las normas que son absurdas en el campus. Yo sé, por ejemplo, que mi asignatura es altamente valorada y que ningún decano respetable me va a despedir por no tener 20 folios de syllabus. Sería tremendamente patético y ellos lo saben. Por eso me dejan “pasar” de la normativa y yo sigo usando un syllabus al estílo antiguo.

Estoy syllabus hinchados son más que un incordio inoportuno. Es un artefacto textual que demuestra el declive y la caída definitiva de las universidades en EEUU. Si puedes leer inglés, recomiendo este artículo al respecto. Érase una vez en la que un syllabus simplemente era de una página que generaba incógnitas y nerviosismo sobre el curso. Ahora, los syllabus son contratos legales que intentan tocar TODO TIPO de situaciones que PODRÍAN surgir…desde plagio a huracanes. El syllabus ahora existe para que el alumno tenga una experiencia “de cliente” y si todo va bien en ese aspecto, el resultado final será la nota deseada por él…se exigirá una nota, y al infierno con la instrucción. ¿Quieres saber por qué, cómo y hasta qué punto la universidad ha sufrido una metamorfosis empresarial total? En palabras de todo profesor desesperado que conozco: “¡Lee el syllabus”!

¿Cómo pasó todo esto? A partir del año 2000 (más o menos), todo esto se inició y en el caso de España, por ejemplo, acabó degenerando en el terrible “Plan Bolonia”.

Primero, tenemos el auge de la generación helicóptero. Chavales criados por padres que sofocan y desesperan, que les presionan para sacar las mejores notas posibles y son productos de las reformas educativas en EEUU que les obligan a aprender para examinarse, no para aprender realmente. Todos necesitaban un sobresaliente y en consecuencia, todos necesitaban saber exáctamente qué hacer para sacar un sobresaliente. Cuando no estaba claro, pues al más puro estílo estadounidense, simplemente se demanda a los colegios.

En segundo lugar, las bibliografías ya se podían poner en la red. Esto facilitó el exceso de texto, porque no hay que imprimir nada ni temer estar superado por los textos que son editados con facilidad en algún procesador de texto Microsoft.

En tercer lugar, el porcentaje de profesores auxiliares (“Adjunct professors”) en EEUU se ha disparado cada vez más porque en ese caso, no hace falta ofrecerles un contrato de protección laboral como sí ocurría con los profesores “tenure-track” (De contrato indefinido, catedráticos, etc). Estos profesores auxiliares (yo he sido uno) no tienen ninguna autoridad sobre el gobierno de su universidad ni sobre sus contratos. A veces te contratan días antes de que empiece tu asignatura. En muchos casos (yo soy la excepción porque soy excepcional, pese a quien le pese) los profesores auxiliares tiran de bibliografías ya precocinadas.

Y, por último, las universidades en EEUU, especialmente las estatales (públicas), cada vez más asfixiadas por falta de financiación pública que generaban los impuestos, tienen que depender, desgraciadamente, de alianzas con las mega-empresas y eso significa contratar a ejecutivos empresariales como administradores – la mayoría han afirmado, con regocijo, que administrarían estas universidades públicas, en teoría sin ánimo de lucro, como empresas privadas con ánimo de lucro.

Con este fenómeno, ha surgido darle importancia a la “experiencia del estudiante” como consumidor. Por eso las residencias aquí ahora intentan ser de lujo y con deberes en las asignaturas que más que ser educativos, son transaccionales. Para facilitar que estos “clientes” tengan una experiencia óptima, los administradores han intensificado la supervisión de sus profesores – un profesorado cada vez más auxiliar, sin la capacidad de contestar y defender sus derechos (porque no los tienen, sencillamente). Así pues, hay cantidades de docentes que tienen miedo a ser demandados y, encima, tener una mala evaluación por parte de los alumnos. Si les sale mal cualquier evaluación del alumnado, sea por lo que sea, su trabajo peligra. Esto, por ejemplo, ya se hace en España. Cualquier profesor que haya trabajado en una universidad privada lo puede confirmar. A mí me lo han hecho en ICADE. Aquí va otro artículo sobre las evaluaciones estudiantiles en muchos sitios – en muchos casos esas evaluaciones del profesor por parte de los estudiantes son tendenciosas y absurdas.

Obviamente, la única solución real sería que el sistema entero se reforme desde abajo. Sería lo ideal darse cuenta que la educación vendida a las empresas perjudica todo lo que toca. Perjudica al estudiante que encima tiene que endeudarse para toda su vida, únicamente para tener profesores auxiliares que cobran casi el salario mínimo al año; perjudica a los profesores con permisos de vacaciones; perjudica a los antiguos alumnos que no tienen realmente una formación aceptable, son de hecho incapaces de ingresar en un mercado laboral tan brutal e intransigente como el actual. Todo el mundo sale perjudicado en esto menos la empresa interesada. Pero claro, esos administradores y las editoriales de libro de texto carísimos (escandalosamente caros son los libros de texto en EEUU) son los que realmente dirigen el chiringuito.

¿Qué recomiendo, entonces?

Una guerra sutil de agresión pasiva. Si te obligan a redactar esas larguísimas bibliografías, hazlo, pero pónle etiquetas: apéndice A, texto trillado por orden del decano sujeto a intereses empresariales ajenos”. No te preocupes. Lo más probable es que el “empresario” al que le toque leer tu “syllabus” no tendrá ni puñetera idea de nada, especialmente sobre leer símbolos académicos. Díle a tus alumnos que eres profesor, no niñero y que sus evaluaciones te resbalan, de verdad. Eso es lo que yo hago siempre. Porque simplemente me resbala una evaluación y ellos lo saben, saben que lo digo en serio.

Finalmente, explícale a tus alumnos, a la cara, que aunque el syllabus es un contrato, es un contrato improcedente, hecho para negociar solamente los intereses de la empresa de turno y que cualquier clase que realmente merezca la pena, será la clase más transgresora contra este nuevo sistema tan terrible impuesto para nosotros sin voz ni voto. Una asignatura respetable NO va a decirte cómo conseguir el dichoso “aprobado” o “sobresaliente” – es más, el primer día de clase dejo bien claro que NADIE va a recibir un sobresaliente en mi clase. Porque, deberías explicarles, lo que necesitáis es aprender y aprender bien y si ya aprendiste lo que necesitabas, no estarías en esta clase para empezar. Tranquilo, compañero. Probablemente, los alumnos no van a estar prestándote atención porque estarán “texteando” y no sabrán que no está permitido, porque no habrán leído las normas sobre el “texting” en el syllabus. Mientras tanto, yo seguiré haciendo en mis clases lo que siempre he hecho: lo que me dé la gana de hacer para que aprendan. Wordperfect está de maravilla…

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3 comentarios

  1. Alexander · ·

    “I have on my bookshelf several books that I bought in the early 1970’s that have the prices stamped in them: $10-$12. These very same books now sell for $100-$200. The cost of living has gone up in the last 40 years, but only by a factor of 5 or 6, not a factor of 10. Why do publishers make textbooks so expensive?
    This is particularly troublesome when one considers that nowadays authors do their own typesetting and frequently their own page layout”

    http://homepages.uconn.edu/~rib02005/real.html

  2. Sí, es una mafia a estas alturas.

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