Anarquía confesional y soluciones para eliminarla (IV): Más Eucaristía

Decíamos el pasado domingo que “el minimalismo Cuáquero y Anabaptista díscolo pronto abrumó a las iglesias protestantes reformadas, desafortunadamente.” Estuvimos hablando de los reformadores originarios y sus deseos principales con la conocida Reforma Protestante.

En segundo lugar, los reformadores querían volver a las formas católicas antiguas, como la entendían. Si leemos las homilías que escribieron, hay claras evidencias al respecto. Aunque todos los reformistas reaccionaban contra todo lo que oliera a opresión imperial católica-papal, no eran tan “anti católicos” como para rechazar a la Iglesia Católica antigua. Pronto, sin embargo, la reacción sectaria contra todo lo que “pareciera a Roma” se imponía sobre sus otras preocupaciones. Este es un problema que aún persiste a día de hoy.

La ceremonia y la eucaristía

Como consecuencia, la palabra “ceremonial” se convirtió en algo negativo. Poco a poco, los “excesos” puritanos de la época han sido diluidos a lo largo del tiempo. Hoy, la mayoría de iglesias presbiterianas permiten rezar el “Padre Nuestro”, y la cuestión sobre si celebrar navidad o no se deja a la conciencia individual de los miembros. En no pocas iglesias, además, ya se ve la cruz (antes ninguna iglesia reformada tenía la cruz porque se consideraba un símbolo que no permite la Biblia). Como bien dice, por otra parte, don Javier en su entrada, “Hay que regresar al modelo bíblico de culto centrado en Jesucristo, que significa la celebración semanal de la Cena del Señor, así como la enseñanza sobre su verdadero significado y eficacia. En muchas ocasiones el culto de los reformados ha terminado convirtiéndose en desnudo e intelectualizado, cuando esto en absoluto es bíblico y vamos a ver que ni siquiera el propio Calvino defendía un culto exclusivamente “intelectualista”.

Cabe subrayar además que la acción de gracias, la eucaristía no es un ritual silencioso. Jesucristo habló cuando cenaba. Hay una oración de acción de gracia que hay que ofrecer. De hecho, el acto es una proclamación de algo. Al igual que Adán necesitaba comer del árbol de la vida antes de comer del árbol del conocimiento, el cristiano necesita presentarse ante Cristo con humildad para comer ese regalo antes de entender este gran misterio. El fracaso de las iglesias occidentales se ve precisamente en este tema. Si exigen “conocimiento” antes de tomar la comunión, la iglesia extirpa de su seno a los niños y así se inicia una serie de divisiones sobre la doctrina de la eucaristía. Si vamos a reformar, hay que rechazar este residuo del gnosticismo y volver a un entendimiento de que el acto de eucaristía es anterior a su interpretación. Este entendimiento eliminaría la “comunión cerrada” tan habitual ahora a favor de una verdadera “catolicidad” de práctica.

La oración eucarística es un “baile”. Las nociones griegas de la primacía del intelecto nada tienen que ver con las Escrituras. De hecho, en todo caso la Biblia demuestra que el “comer” es más importante. “Eres lo que comes”, como decía el filósofo alemán Feuerbach. Jesucristo no dijo “entiende esto en mi nombre”. Dijo: “HAZ esto en mi nombre”. La adoración redimida se centra en la mesa del Señor. No importa si le llamas comunión, eucaristía, la Misa o la cena del Señor, todos estamos llamados a este centro de oración cristiana.

El acuerdo sobre este tema tiene como clave el reconocimiento de que la Eucaristía no es solo un encuentro personal individual con Cristo, sino también una celebración de la Iglesia, alentada por el Espíritu Santo.

El sacramento es un recuerdo y también es un milagro continuado. Precisamente, la obsesión con lo “milagroso” que ha destrozado a muchas iglesias solo puede superarse cuando la Eucaristía vuelva a ser el “centro” de nuestra adoración, porque ahí es donde Cristo se encuentra especialmente en nuestro ámbito. No es un sacramento neutral. Para los creyentes, amplía la gracia del Evangelio y para los no creyentes, subraya su maldición.

Cuando la Iglesia cae en el error de “hacer sin decir”, como en el Medievo, entonces surgen las doctrinas falsas. De igual forma, cuando la Iglesia cae en el error de enseñar sin hacer, como pasa con muchos de nosotros los protestantes, entonces surgen actividades falsas. Nuestro fracaso, por no practicar la comunión semanal como hacen los católicos ha permitido que surjan errores tales como:

(a) Negatividad dominguera que convierte los domingos en un día lúgubre. Los “episcopalistas” o anglicanos tachaban a los puritanos de ser “sabatarios”, por su obsesión con no hacer NADA el día del Señor.

(b) La llamada al altar como ritual (un fenómeno casi exclusivamente americano-protestante) para que los santos hambrientos busquen “alimento” a través de otras acciones.

(c) criterios extremadamente negativos sobre la adoración — el rechazo a cualquier forma “activa” de adoración como arrodillarse, las procesiones, etc). En este contexto, no hablo de las procesiones idólatras en España, sino de procesiones dentro de la iglesia, mostrando todo el poderío eclesiástico. No tiene nada de malo que una iglesia sea “poderosa”. Todo lo contrario.

Por si esto ya no fuera suficiente, nuestro fracaso protestante a la hora de equiparar leer la Biblia con las obras ha conducido a la doctrina de que la fe y las obras no son compatibles. De manera que, por ejemplo, se ha llegado extremos tales como decir que “las obras no importan para nada”. Esta nefasta doctrina extremista ha conducido directamente hacia el rechazo a la ley de Dios, a las leyes, y hacia una anarquía sin precedentes, señores.

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3 comentarios

  1. Sigfrido · ·

    la Eucaristía no es un mero “rito” vacío de contenido, sino el núcleo esencial de la creencia cristiana, toda vez que Cristo se encarna en la hostia consagrada, y toda vez que el ritual rememora la última Cena cuyo significado es ni más ni menos que la adoración del cuerpo y la sangre de Cristo. De hecho la tradición del Grial o del Sangreal no es sino una derivación de este acto solemne, si bien revestida de otros ropajes existentes ya en las tradiciones indoeuropeas.

    La eucaristía, celebrada de manera solemne fortalece a la fe cristiana. Por eso esas procesiones solemnes que como ya ha aclarado usted, nada tienen que ver con las procesiones “saeteras” del sur de España, son una exaltación del poder de Dios.

  2. Sigfrido · ·

    Que aprendan los guitarreros y gentecilla similar lo que es una liturgia en condiciones.

    Anglicanos, católicos y protestantes debemos recuperar nuestra rica y sacra litrugia para honrar a Dios y elevar el espíritu.

  3. Sigfrido · ·

    Y he aquí un ejemplo de misa anglicana com o Dios manda.

    ¿Os dais cuenta, guitarreros hippiosos estúpidos, y fachas cutres casposos’.

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