La tiranofobia y sus consecuencias (II)

Como era de esperar, un pequeño “revuelo” se formó hace unos días sobre mi criterio de que las alianzas con dictadores no son necesariamente “malas”. En la última entrada, hablé sobre los distintos tipos de tiranofobia y hoy hablaré de otro más antes de entrar en la historia. Existe un tipo de tiranofobia que tiene una dimensión temporal. Existe una larga tradición de dictaduras limitadas por el tiempo. De hecho, han existido dictaduras constitucionales. En la antigua república romana, por ejemplo, el Senado podía nombrar a un dictador para casos de emergencia. Algunas repúblicas itálicas también tenían una tradición parecida. Y, muchos olvidan que hay muchas constituciones MODERNAS que otorgan poderes extraordinarios y “dictatoriales” a su ejecutivo en casos de emergencias nacionales (aunque normalmente no son poderes absolutos). Un gran ejemplo es la propia Constitución de los Estados Unidos. En su Artículo II, Sección 3ª, dice así para los poderes presidenciales: “Periódicamente deberá proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión, recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas; en ocasiones de carácter extraordinario podrá convocar a ambas Cámaras o a cualquiera de ellas, y en el supuesto de que discrepen en cuanto a la fecha en que deban entrar en receso, podrá suspender sus sesiones”. Y, podrá suspenderlas hasta que le apetezca, por cierto. Siguiendo mi definición anterior, diré que estas “dictaduras” limitadas por el tiempo y la constitución tampoco son “dictaduras” porque en estos casos el “dictador” deriva su poder o autoridad del pueblo u otros oficiales elegidos para tal función.

La tiranofobia en la historia de los EEUU:

El prinicipal texto, el “magnum opus” contra la “tiranía” es la famosa Declaración de Independencia escrita por el alborotador Thomas Jefferson contra el Rey Jorge III de Inglaterra. Jorge III no era ni de lejos el único que dictaba política colonial, ya que compartía poderes con el Parlamento. Sin embargo la Declaración no habla del Parlamento ni de los súbditos británicos sino del rey y sus métodos supuestamente “tiránicos”.
Decía Jefferson: “La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial”.

Tras escribir una larga lista de quejas contra el rey, termina con este clímax: “A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.”

En el siguiente párrafo, el Parlamento solo se menciona una vez. Sin embargo todo lo malo se personifica en una persona, en el rey, el “tirano”. ¿Por qué Jefferson empleó esta estrategia retórica? El Parlamento, al margen de cualquier defecto que tenía, era un cuerpo representativo. Echarle la culpa al Parlamento sería echarle la culpa al pueblo británico. Pero aquellos americanos fundadores tenían lazos profundos de sangre con los ingleses, no solo sanguíneos sino también comerciales, religiosos, y hasta ideológicos.

De hecho, la Declaración dice mucho al respecto: “Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad”.

Ya existía en el siglo XVIII un fuerte sector anti-monárquico en EEUU y Reino Unido, cuando se extendió la idea de que la Corona usaba sus poderes e influencias para sobornar a diputados y de esta forma no ser un contrapeso contra el ejecutivo. A pesar de que los americanos respetaron muchísimo al rey anteriormente, teniendo solamente una idea muy general sobre el Parlamento y sus funciones, la época independentista fue testigo de sentimientos de hostilidad contra el rey porque muchos americanos pensaron que había violado el “contrato social”. Estas creencias exageradas sobre los poderes del rey y la ignorancia sobre el Parlamento contribuyeron a explicar por qué le echaron la culpa de todo al rey.

No todo era retórica solamente. Las instituciones políticas americanas eran famosas por no tener un ejecutivo fuerte — antes y después de la Guerra de Independencia. Los Artículos de la Confederación nunca pudieron establecer un poder ejecutivo nacional. Los prejuicios contra el ejecutivo estaban muy arraigados, sobre todo entre los sectores más agrarios e ignorantes de la población. A lo largo del tiempo, cuando las cámaras legislativas de cada estado usaron sus poderes para emitir deudas, repartir la riqueza y castigar a elementos díscolos o sediciosos, pronto surgió la frase “tiranía legislativa”. Dijeron que esta era tan peligrosa como la tiranía ejecutiva.

Mientras tanto, a nivel nacional, la ausencia de un ejecutivo fuerte obstaculizó el éxito en la guerra, limitó la capacidad para que el gobierno nacional pudiera responder con eficacia contra las rebeliones internas y el pueblo americano sufría una desventaja comercial en sus disputas comerciales con otros países. Todo esto está documentado en el buenísimo libro del historiador americano Gordon Wood, La creación de la república americana.

Siendo así, la situación era tan indeseable y caótica que obviamente hacía falta convocar un gran congreso constitucional cuyo objetivo era, sí, lee bien: FORTALECER EL EJECUTIVO. Los federalistas era gente pragmática dispuestas a reconocer que un ejecutivo fuerte es la solución ante un ejecutivo débil que solo provocaba la ruina del país. Pero se toparon con una fuerte corriente de oposición extremista y antifederalista. Era fácil para los antifeds citar las críticas de la época de la guerra contra Inglaterra. De nuevo, empezaron a invocar los nombres de Cesar, Cromwell y otros “tiranos” históricos. Normalmente, usaron la falacia que hoy usan los tiranófobos. “Mira mira, es que Hamilton mandó tropas federales para aplastar una rebelión de whisky y eso significa que habrá un gobierno dictatorial”. Esta gente es realmente alérgica a cualquier ejercicio de autoridad y poder. De hecho, señores, son peligrosos. Ojo con ellos. Siempre han sido anarquistas y desobedientes. Son los antepasados de los renegados delincuentes que hoy celebran la muerte de Margaret Thatcher en el Reino Unido al son de música bulliciosa y molesta (reggae, beat, drum and jungle, hip hop y rock), drogas y alcohol. Detestan, odian, la autoridad, el orden público y las leyes.

El debate sobre el ejecutivo no se resolvió tampoco con la Constitución de EEUU. Los autores de la Constitución crearon una presidencia con poderes ejecutivos indefinidos. Había una serie de poderes otorgados al presidente en aquella época que nunca fueron contemplados en su totalidad. Por ejemplo, el poder de vetar legislación podría haber sido simplemente vetar legislación inconstitucional en vez de vetar por motivos políticos como ocurre ahora. El poder de comandante en jefe a lo mejor era para pocos controles y no estrategia militar o política exterior en general. El poder para recibir embajadores igual se refería a un papel ceremonial y no (como fue interpretado después), el poder para reconocer estados y gobiernos. Todas estas cuestiones luego se convirtieron en debates intensos.

Lo cierto es que la tiranofobia americana ha sido un fenómeno histórico irracional que ha obstaculizado de forma muy negativa el desarrollo institucional necesario para fortalecer el poder político en este país. Podemos encajar el defecto de la tiranofobia como otro de los prejuicios irracionales que quizá cumplieron con alguna función social en su momento bajo circunstancias radicalmente distintas del pasado pero que no tienen cabida en nuestra época y solo retrasan los cambios institucionales que necesitamos para resolver los retos modernos. ¿Hay alguien que de verdad piense que sea necesario atravesar un proceso tan complicado como exige la Constitución de EEUU para enmendarla? ¿Será posible que con el pretexto constitucional, miles de peligrosos delincuentes tengan armas sin ningún control federal? No digo que haga falta quitarle las armas a nadie, pero una cosa es quitar y otra es saber quién las tiene. Es más, si lo que pretendes es minimizar el riesgo de una dictadura, o tomar precauciones, la tiranofobia puede ser contraproducente. Hay varios ejemplos históricos que demuestran como la tiranofobia agravó el problema. En la Segunda Guerra Mundial, muchos americanos de origen alemán fueron detenidos arbitrariamente, porque se luchaba contra “la tiranía”. Próximamente, hablaremos sobre estos hechos.

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16 comentarios

  1. Sigfrido · ·

    Seré muy breve.

    Decir que el rey Jorge III era un “tirano”, es una coña marinera. Efectivamente este señor, reaccionó en su día contra los excesos del parlamento y retomó potestades regias que habían sido sustraídas a sus dos antepasados, pero no por eso puede decirse que fuera un tirano.

    El “No taxes without representation” fue la verdadera chispa de la American revolution. Yo comprendo el cabreo de los colonos y el hecho de que antes o después, quisieran ser independientes, pero de ahí no puede colegirse que el rey fuera un tirano.

    Muy cierto lo de la figura del “dictator” romano. ¿Acaso era Cincinato, un gobernante ejemplar, un “tirano”?.Evidentemente, no.

    Recordemos también que fue con presidentes sin complejos como Polk, Lincoln o Teddy Roosevelt cuando los EE.UU se convirtieron realmente en una nación poderosa.

    Por cierto, los ejecutivos fuertes auspiciaron las políticas de aranceles y de fomento de la industria nacional que tanto beneficiaron a EE.UU, a medio y largo plazo.

  2. Tema Jorge III: Completamente de acuerdo (y eso que yo no soy para nada un fan de sus antepasados — todo lo contrario — soy de la línea Cromwell).

    Existe una larga lista de presidentes poderosos, a menudo tachados de “tiranos” por los tiranófobos. Washington, Jackson, Polk, Lincoln, Roosevelt (los dos), Wilson y Nixon. Durante un tiempo, también Truman, Eisenhower (uno de mis favoritos), Nixon y Reagan.

    “Por cierto, los ejecutivos fuertes auspiciaron las políticas de aranceles y de fomento de la industria nacional que tanto beneficiaron a EE.UU, a medio y largo plazo.”

    ¡¡TIRANO!! ¡¡SOCIALISTA!! ¡¡ESTATISTA!! ¡¡PELIGRO!! Le voy a denunciar a Libertad Digital leñe!

  3. Sigfrido · ·

    “yo no soy para nada un fan de sus antepasados — todo lo contrario — soy de la línea Cromwell”.

    Je,je, yo tampoco, porque hasta la reina Victoria, yo era más de los Estuardo que de los Hannover, como buen High tory que soy. Jorge III es el único de los Hannover pre-victorianos que realmente me gustan.

    “¡¡TIRANO!! ¡¡SOCIALISTA!! ¡¡ESTATISTA!! ¡¡PELIGRO!! Le voy a denunciar a Libertad Digital leñe!”

    ¿En qué estaría pensando yo?.Lo mejor es dejar todo al “mercao”, y facilitar así que España siga siendo el país de los camareros y hosteleros de Europa.

  4. Pollawapa · ·

    Alfredo, ¿Es este tu cuñado?? Jejeje ¿Sabes por qué pregunto? Porque eso es lo que dicen las “malas lenguas” en la asociación marxista que ha tenido roces contigo en tus ataques a los ciudadanos de Newark

    http://www.princeton.edu/~pfrymer/pfrymer/Welcome.html

  5. Alfredo · ·

    Yo a tí no te tengo que dar ninguna explicación, maricón simplón. Pregúntame sobre mis ideas, no sobre quién es tal o cual individuo. A ti no te importa quién será o deje de ser mi cuñado o si los tengo o no.

  6. Sigfrido · ·

    Ya ve, Alfredo, como al final estols mariconcetes “rojelios” no pasan de ser unas porteras cotillas. La verdad es que todavía no entiendo qué cojones nos importa a los que aquí participamos si el señor ese es cuñado suyo o no.

    Esta gente me da vergüenza ajena.

  7. Pollawapa · ·

    Ya, o sea que sí es tu cuñado. Gracias por la amabilidad en tu respuesta, siempre un rasgo muy característico tuyo.

  8. Sigfrido · ·

    Pollawapa:

    Según su “sesudo razonamiento”, usted es maricón, dado que no ha respondido a la afirmación de Alfredo a ese respecto.

    Hace falta ser guarro, asqueroso y maricón para ponerse “Pollawapa” como nick. Una buena patada en el escroto habría que darte a ti, cerdo.

  9. Alfredo · ·

    Puede creer lo que quiera, “polla” wapa? Yo no doy explicaciones sobre gilipolleces como esa. Si usted se siente más satisfecho sexualmente hablando pensando que tal o cual individuo es mi cuñado, oiga, no se lo voy a impedir. Más que preocuparse sobre quién puede ser mi cuñado, debería preocuparse por su salud mental, puto enfermo baboso.

    Sigfrido: Esta escoria enferma mental y sexual se masturba tanto que han drenado sus penes por completo. Tienen “eso” más muerto que el comunismo soviético. Lo gracioso de todo es que este tiparraco asqueroso pedófilo potencial escribe desde Newark pero sabe que de atreverse a acercarse por los suburbios con esa actitud de asediador, recibirá un tiro en la nuca.

  10. Alfredo · ·

    Vaya artículo más ridículo, teniendo en cuenta dos cosas:

    1. Thatcher nunca quiso ser feminista (de hecho en varias entrevistas las criticó con dureza). Hizo bien, porque uno de los cánceres de la sociedad es el feminismo y mujeres que creen tener las mismas capacidades físicas que los hombres. Ni de broma. Thatcher misma djo en su libro que “a la mujer se le da mucho mejor el bolso que la bayoneta”.

    2. En cuanto al “establishment”, ella nunca negó lo contrario — estaba precisamente defendiendo el “British way of life”, o sea, lo “establecido”. No sé por qué eso es un misterio cuando ella misma lo dejó claro. Quizá solo será un misterio para los analfabetos de la izquierda.

  11. Sigfrido · ·

    Alfredo:

    De Newark tenía que ser ese cerdo de nick pornográfico. ¿No será un amiguete de la Guandike boca de dique?. No me sorpendería en absoluto.

    Parece que Foran sigue rabioso con la Thatcher aunque esté ya muerta. Pero qué espectacúlo más asqueroso y bochornoso están dando sus odiadores estos días. Incluso le han “dedicado” una canción injuriante. Son ESCORIA. Yo no lamenté la muerte del malvado Santiago Carrillo, y sin embargo, tampoco la celebré. Celebrar este tipo de acontecimientos es propio de chusma.

    La Thatcher siempre fue anti-seminista, y una creyente en la Inglaterra tradicional.

  12. Sigfrido · ·

    fe de erratas:

    “anti-feminista”

  13. Michael Sonsini · ·

    Cromwell. The inventor of Anglo American tyranny. Always defended by the worthless Magna Carta the english so proudly hold up next to the Butcher’s Apron.

  14. sociata latinoamericano · ·

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