Anarquía confesional y soluciones para eliminarla: Unifiquemos la autoridad (I)

En la entrada del pasado domingo, hablamos de la necesidad de “bajar el tono” en nuestras críticas a la Iglesia Católica, principalmente porque ya varios lectores nos avisaron de que esa actitud simplemente estaba provocando división, discordia y odio separatista entre las personas. Esta serie será nueva – tratará sobre la anarquía confesional imperante y trataré de ofrecer soluciones a este problema a lo largo de muchos domingos. La pregunta de hoy es esta: ¿Cómo es que una iglesia cada vez más inadecuada debe relacionarse con otras?

Creo que hay tres cosas para tomar en cuenta.

1. Dije esto el pasado domingo: “Primero, se hace necesario abrirse a los valores de otras tradiciones cristianas, incluída la católica”. ¿Somos tan perfectos los protestantes que no tenemos nada que aprender de estas otras tradiciones? Ser sencillamente más abiertos y al menos intentar escucharles en sus puntos de vista no está mal.

2. Es necesario que las iglesias se comprometan a un principio de reconocimiento mutuo de las normas de cada una en materia de órdenes y disciplina. Esto requiere ser muy valiente y mucho me temo que algunos de los más sectarios en nuestros círculos, que solo buscan la división, no lo van a entender. ¡Qué fácil y conveniente es para nosotros recibir a un miembro decepcionado o contrariado de alguna iglesia a un par de kilómetros en distancia! ¡Qué fácil es creer las malas notícias e información que nos traen! La experiencia me ha enseñado que normalmente los que se comportan mal en una iglesia también traerán problemas a la otra. ¿Qué tiene de malo llamar a los pastores o curas de esas iglesias para preguntarles por su versión de los hechos? “Alfredo, es que no lo entiendes, mira, ha venido hoy un chico hablando horrores de los curas en su iglesia”. Ya y tú simplemente te lo crees sin contrastar los hechos o la información. ¿Y si se trata de un chico problemático en todo lo demás? Si el cura o pastor de su iglesia de origen dice que su familia es un problema o ese individuo en sí, ¿por qué no otorgar cierta credibilidad inicial a los informes de esos pastores? Creo que se ha perdido muchísimo el respeto antiguo hacia figuras que ejercen autoridad en las iglesias y eso es bastante grave.

Tengo varios ejemplos en mente que ilustran esto. Os cuento algunos. Hace muchos años, nuestra iglesia tuvo un problema provocado por un hombre de otra iglesia. Al final, se decidió que era necesario formular una protesta/queja formal contra este hombre ante su iglesia de orígen. Resulta que esa iglesia no pudo aceptar la queja, porque según las definiciones que tenían en su PROPIO manual de disciplina (con total anarquía e independencia), las “protestas” solo podían presentarse por parte de miembros de su propia iglesia. No se pudo tomar ninguna acción contra ese hombre. Este es el tipo de problema que surge cuando el reconocimiento abierto y centralizado de otras iglesias no es la norma.

De forma similar, en algunas ocasiones ha surgido la necesidad de declarar a ciertas personas como anatema para la congregación. Vosotros sabéis que han ido surgiendo casos de miembros díscolos que acuden a sectas indebidas donde se promueve el odio sectario, entre otras cosas. Esta gente, sin excepción alguna, simplemente optan por ir a cualquier otra iglesia en otro lugar, una vez son excomulgados y apartados de nuestra presencia. ¿Acaso los pastores de esas iglesias nos llaman o escriben cartas para pedir informes sobre esos individuos? Ni una sola vez lo han hecho, señores. De hecho, somos nosotros los que a veces hemos escrito cartas a otras iglesias cuando nos enteramos que han aceptado a personajes excomulgados, a pesar de que casi nunca nos dan las gracias. Es más, en no pocas ocasiones, esos pastores nos han dicho cosas tipo “bueno cada iglesia tiene sus normas de operación, adiós”. ¿Qué clase de teología es esa, IMPERANTE? ¿Qué clase de orden cristiano es ese, ignorante? ¿Qué actitud es esa, insolente? ¿Qué mentalidad es esa, anarquista?

Aquí en New Jersey hace poco ocurrió algo como esto en un pueblo precioso de las montañas en la frontera con Pensilvania. Una iglesia presbiteriana se partió/dividió entre dos facciones. ¿Quiénes eran? Por un lado, el grupo originario de la iglesia, por otro, ¡un grupo de díscolos disidentes excomulgados! Despreciar el gobierno de otras iglesias siempre conlleva un precio muy caro.

Hace muchos años, yo mismo tuve una situación parecida. A nuestro grupo/club universitario, la hermandad derechista, vino un chico de otra asociación conservadora en otro campus. Dijo que quería afiliarse a la nuestra porque había tenido “problemas ideológicos” en su club de origen. En vez de solidarizarme con el otro presidente de su club de origen, simplemente creí lo que me decía, sin más. No fue hasta 4 meses después cuando me enteré, debido a sus comportamientos, que le habían expulsado de su club en origen NO POR PROBLEMAS IDEOLÓGICOS sino por haberse atrevido a insultar al presidente en su cara. ¡¡INACEPTABLE!! Sospeché de él cuando me daba cuenta que cada vez que yo hacía cualquier propuesta, soltaba alguna queja tipo “vaya tela”. Pare resumir, hace falta una fuerte red central de pastores, directores y autoridades eclesiásticas para armonizar nuestras fichas y perfiles de todos nuestros miembros que forman parte de la “Iglesia visible”.

3. Tenemos que buscar un equilibrio entre la catolicidad y la integridad. En general, hay cuatro maneras para resolver la tensión entre las dos:

(A) Una iglesia puede intentar ser absolutamente una institución donde la catolicidad esté a la orden del día. En mi opinión, esto es lo que ocurre cuando se celebra la Cena del Señor y el oficiante invita a todo el mundo que crea ser crstiano para participar. Nadie cuestiona a los visitantes y las autoridades eclesiásticas no intentan cercar la mesa. Creo que esto es bastante extremo y lo vemos mucho en las iglesias católicas, sobre todo las grandes, donde sus curas jamás cuestionan a sus visitantes y cualquiera puede participar de la comunión. Sin embargo, tampoco abogo por ser como fariseos y cerrarle la comunión a todo el mundo desconocido. La clave aquí radicará en encontrar algún equilibrio racional, sensato, tolerante y al mismo tiempo justo. No, no es nada fácil.

(B) Una iglesia puede optar por ser completamente “pura” e íntegra, ignorando la catolicidad salvo en teoría. Pues bien, este tipo de iglesias rápidamente se convierten en sitios muy sectarios en carácter y actitudes. Solo los que creen exáctamente lo mismo que ellos pueden participar en la Comunión.
Esta postura suele ser habitual en algunas iglesias con modelo de gobierno “congregacional”, porque cada miembro aceptado debe aceptar el paquete teológico en su totalidad, y la congregación como institución está vista como el guardián de la ortodoxia. Personalmente, creo que esto es bastante chocante ya que exige un espírito de intolerancia extrema y eso no encaja con nuestra forma de ser. Con “nuestra” me refiero a vosotros mis lectores cristianos. No es de caballeros, en absoluto, pegar gritos desde el púlpito para eliminar a todos los que no nos gusta. El fomento del odio ideológico – teológico desde el púlpito lo veo como algo totalmente indeseable y poco fino.

(C) Hacerse un lío es la tercera opción: fusionismo puro y duro entre catolicidad e integridad. Esta es la forma más común hoy en día para resolver problemas en la iglesia, sobre todo en las presbiterianas que conozco. La iglesia mantiene la teología normativa y todos los miembros activos deben respetarla. Los niños tienen que aprender ciertos detalles dogmáticos antes de ser admitidos a la mesa de la comunión. A la vez, la comunión está abierta para todos los cristianos que profesan serlo. Reconocemos a otras iglesias si hacen lo mismo con nosotros para ser recíprocos y si es conveniente.

(D) La cuarta opción es combinar un compromiso fuerte con la integridad y la catolicidad al mismo tiempo. Esta “solución” tiene varios elementos: Para participar en la comunión debes estar bautizado (se aceptan los bautizos católicos), profesar a Cristo como Salvador, y estar bajo la autoridad de algún gobierno eclesiástico. La ventaja de esta (y esta es la que apoyo) es que conserva la integridad de la iglesia local, su gobierno, doctrina, etc a la vez que permite una catolicidad amplia. Prácticamente todo cristiano es bienvenido a la mesa del Señor, sin poner en riesgo los cimientos de tu iglesia particular y las preferencias que tengáis en algunas cuestiones internas.

¿Quién es nuestro ejemplo en esto? Pues, nada más y nada menos que Jesucristo. ¿Ha habido alguna vez alguien que tuviera más integridad y haya exigido tanto que Jesucristo mismo? Sin embargo, mirad la catolicidad de su práctica diaria: Comía con putas, pecadores de todo tipo y hasta con taberneros. ¿Quiénes se quejaron enseguida de esto? Los fariseos. ¿Cómo es posible que Jesucristo, Hijo de Dios perfecto, se asocie con gente tan depravada? ¡Ah! Pues es fácil: En primer lugar, eran MIEMBROS de la iglesia VISIBLE, a pesar de que su iglesiia rozaba la apostasía (dirigida por fariseos y saduceos). En segundo lugar, no estaban excomulgados de esa iglesia visible. Estaban dispuestos a escuchar a Jesucristo. Algunos, después de escuchar a Cristo durante un rato, decidieron irse, no dispuestos a obedecerle. Ellos mismos se excomulgaron. Pero inicialmente, fueron bienvenidos de acuerdo con los principios de catolicidad (no catolicismo, no confundáis las cosas por favor, porque muchos sois unos idiotas) que he presentado en esta entrada. Nótese que Cristo comió y bebió con ellos. Fariseos del mundo, ¡mucho cuidado! ¿Cuántas veces no hemos oído nosotros de algún fariseo fundamentalista algo así como, “oye Alfredo, la semana pasada te ví bebiendo un vaso de whisky y estabas hablando con una chica. Parecías muy mundano”. Estimado fariseo, solo te dedico una palabra: JÓDETE. Jesucristo dedicó sus palabras más duras a gente como vosotros que ni siquiera sabéis que no tiene nada de pecado beber whisky y hablar con una chica guapa. Tampoco es pecado vestirse bien, por cierto, y comprar ropa de marca. El ejemplo de Cristo es otro — Él no era sectario y para nada encajaba con muchas iglesias de hoy que solo gritan cosas odiosas en su sectarismo provinciano. Estima mejor que otros son mejores que tú, sé humilde y no condenes lo que no es pecado.

Buen día
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El próximo domingo, hablaremos sobre lo que podemos aprender de los episcopalistas y anglicanos en general (incluído los católicos) con respecto a los gobiernos, formas eclesiásticas y demás.

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3 comentarios

  1. Calvinista hispano · ·

    Alfredo, estoy completamente de acuerdo en todo con esta entrada. La verdad es que hace tiempo que se ha estado perdiendo ese concepto de deferencia hacia los líderes de otras confesiones similares con el pretexto del sectarismo o la “independencia” de la congregación. Solo me surge una duda pregunta: ¿Cómo se haría para tener ese registro central que usted propone? ¿Cómo se legislaría para que esto tenga efectos o simplemente sería un comportamiento deseado?

    Saludos

  2. Valdés · ·

    Debería leer a Kant. Eche un vistazo a “La paz perpetua”. Se está acercando usted bastante. Creo que le gustaría.

  3. Alfredo · ·

    Hola Calvinista:

    Bueno, para empezar, lo que hay que fomentar ante todo es el cambio de actitud para impedir que se vaya extendiendo esa actitud autonomista en las congregaciones locales. Eso requiere una mezcla de pedagogia, presión social y hasta violencia psicológica si es necesario. No sería nada nuevo ni mucho menos revolucionario. A modo de ejemplo: Imagínese si una mayoría de iglesias cristianas en un determinado pueblo optaran por aislar, socialmente, a una iglesia anárquica. Posiblemente esta se vería obligada a cerrar a largo plazo o cambiar el sistema interno.

    Luego, respecto a la legislación, es necesario crear un órgano administrativo eclesiástico que tenga las fichas de todo miembro entre las confesiones. Este órgano sería inter-confesional para evitar la supremacía de una denominación sobre la otra y estaría bajo el control de las iglesias locales, no de ningún estado en particular.

    Hablaré más sobre eso cuando toque el tema de los episcopalistas.

    Valdés: No he leído esa obra en su totalidad pero conozco su resumen y no creo que sea compatible conmigo, teniiendo en cuenta que abogaba por la emigración libre entre estados y quería eliminar las fuerzas armadas. Nada que ver conmigo, pues.

    Saludos

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