La igualdad: Conclusiones preliminares

Bueno, veo que la última entrada sobre piernas latinas ha excitado las pasiones de algunos individuos. Ahora hablando sobre temas más serios que las piernas de las chicas latinas, quiero hablar sobre tres aspectos de la estructura que tendrían las garantías liberales dentro del espacio de libertad o capacidades. En primer lugar, la igualdad democrática garantiza acceso efectivo a los niveles de interés, no el mismo nivel de funcionamiento. Los individuos son libres para elegir funcionar a un nivel más “bajo” que el garantizado. Por ejemplo, un joven de origen musulmán puede ser miembro de una mezquita que condene o critique la participación política. Es más, la igualdad democrática puede hacer que el acceso a estas cosas, aquellas que exigen tener dinero, dependan de si trabajas o no, siempre y cuando el ciudadano tenga acceso efectivo a esas condiciones-que estén capacitados físicamente para trabajar, etc. El acceso efectivo a estos bienes significa que las personas pueden funcionar si emplean medios a su disposición, no que el funcionamiento esté incondicionalmente garantizado a cambio de ningún esfuerzo. Así pues, la igualdad democrática es consistente con la construcción de sistemas que incentivan y son compatibles con la economía moderna de la producción necesaria para apoyar estas garantías.

En segundo lugar, la igualdad democrática garantiza acceso efectivo a aqueos niveles de funcionamiento que son necesarios para ser un ciudadano igual al otro, en sociedad. Para algunos casos, una ciudadanía en igualdad requiere niveles iguales. Por ejemplo, todos los ciudadanos deberían tener el mismo número de votos en unas elecciones. El liberal que discrepe de eso sencillamente no es liberal en absoluto. Para tener igualdad política, es necesario no ser analfabeto. Pero en el contexto nacional, no exige conocer idiomas más allá del/los nacional/es. Tampoco es necesario conocer teorías literarias excéntricas. La igualdad liberal no tiene problema con que no todo el mundo sepa idiomas o que solo unos pocos tengan el doctorado en literatura.

En tercer lugar, la igualdad democrática garantiza acceso efectivo a un abanico de capacidades que son suficientes para ser igual a otros durante el curso de una vida entera. Es decir, aquí no aceptamos esas teorías absurdas, alocadas, que defienden que una persona pueda venderse a la esclavitud o a la prostitución. Todo contrato en el que un ser humano tenga que trasladar sus libertades fundamentales a otros son NULOS. Me viene especialmente a la mente el caso de un joven que fue despedido hace poco en España, de una empresa pequeña, porque éste tiene tatuajes – si defiendes poder despedir libremente por pretextos de ese tipo, sencillamente no eres liberal. Te creerás que estás en alguna cruzada contra a estética moderna, o habitual ahora, pero ese argumento también se podría usar en tu contra. ¿Y si a tu empleador no le gusta tu corte de pelo o crucifijo católico?

Ciertamente, algún libertarian anarquista loco puede venir aquí y hacerme la siguiente pregunta: ¿Y por qué una persona no debe ser libre para intercambiar algunas de sus libertades fundamentales a cambio de otros bienes que prefiere? ¿Quién te has creído tú para negarle su derecho a comerciar, neocon asqueroso? Hombre, si me haces una pregunta tan estúpida (que no inusual viniendo de anarco-capitalistas), sencillamente te diré que evito ese pensamiento sádico porque lo miro desde el punto de vista del que tiene la obligación. Si una persona tiene un derecho fundamental o inalienable, como la libertad, es la obligación de otros respetar esa dignidad e igualdad moral. La dignidad de la persona no depende de deseos o preferencias ajenas, ni siquiera los propios deseos del individuo. Hay cosas que nunca se le debe hacer a otro ser humano – esclavizarlos, por ejemplo, aún con su permiso o consentimiento. Si basamos los derechos inalienables sobre lo que otros están obligados a cumplir en vez de los intereses subjetivos del portador, la igualdad democrática satisface el segundo deseo liberal: garantías vitalicias sin entrar en el paternalismo.

Una ventaja de este criterio de igualdad es que nos permite analizar injusticias en otras materias más allá de la distribución de recursos u otros bienes materiales. Las capacidades académicas de un joven, por poner el ejemplo, no son solamente el resultado de características personales fijas sino también de rasgos cambiantes, relaciones sociales, familiares, espacios públicos y oportunidades. Siendo así, esfuerzos para segregar a los alumnos “problemáticos” de las aulas no son liberales ni aceptables. No hay ninguna razón aceptable para defender que José Antonio, alumno brillante, español de origen, no pueda compartir el aula pública con Mohamed, alumno “menos brillante” en el expediente, inmigrante – sencillamente porque no hay razones objetivas aceptables que justifiquen que el criterio para la segregación debe ser únicamente el expediente académico. En otras palabras, lo que los ciudadanos se deben unos a los otros son las condiciones necesarias para que las libertades que las personas necesiten funcionen en igualdad. Como hay diferencias en las capacidades internas y situaciones sociales de cada individuo, las personas no están igualmente capacitadas para convertir esos recursos en oportunidades para funcionar. Es por eso que tienen derecho a distintas cantidades de recursos para que puedan disfrutar de la libertad en igualdad. Un ejemplo más concreto: Sería una sociedad tercermundista si el joven que nace de millonarios en La Moraleja, Madrid, no distribuya una parte de sus recursos para garantizar que Mohamed en Lavapiés tenga acceso a la misma educación base que él.

¿Y cómo repartimos los bienes? Volviendo ahora al tema material, apunta lo siguiente. Los trabajadores deben ver la economía como un sistema cooperativo de producción en conjunto con los demás. Quiero como liberal contrastar esta imagen de productividad con la imagen que venden muchos liberales falsos de ahora que quieren hacernos ver la economía como un sistema de Robinson Crusoes produciendo todos ellos solos hasta el punto del intercambio comercial. La capacidad que tiene cada trabajador depende ampliamente de otras personas – comida, educación, padres, hogar, etc. Incluso, hasta podemos incluir a los trabajadores de la industria del ocio, ya que es bien conocido que las clases populares necesitan este tipo de entretenimiento para fortalecer su energía y entusiasmo para trabajar. Me viene inmediatamente a la mente la juventud latina de los EEUU, que es muy aficionada al baile de todo tipo – salsa, reguetón, merengue – todos esos artistas dependerán del consumidor pobre y latino.
También hay que decir que la productividad de un trabajador depende también de los demás. Michael Jordan no podría ser tan bueno en el baloncesto si no hubiera nadie que limpiara la zona de juego. Millones de personas dependen del transporte público y esos trabajadores.

Señores, yo he podido tener la desagradable ocasión de escuchar a libertarianos jovenzuelos decirme cosas como estas: “Los que trabajen en empleos peligrosos como los bomberos, policías, mineros y demás, no deberían recibir ninguna simpatía o rescate con dinero público si les pasara algo ya que han elegido esos trabajos y son responsables de las consecuencias”. Es curioso que ignoren el hecho de que la ciudadanía ha contratado a esos señores para protegerles del fuego y el crimen.

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6 comentarios

  1. Me ha gustado mucho esta última entrada, creo que puedo suscribir prácticamente todo.
    Me ha venido a la cabeza una frase de un analista norteamericano de hace unos años que hablaba sobre las posiciones respecto a impuestos que sostenían los demócratas y los republicanos. Decía que se había llegado a un maniqueísmo por el cual si proponias una presión fiscal del 39% resultaba que eras un neoliberal sádico que quería hundir a la mitad de la población en la miseria (eso diría un demócrata de un republicano), pero en cambio si proponías un 42% de presión fiscal entonces eras un rojo soviético (eso diría un repúblicano de un demócrata). El analistya decía que, obviamente, un 3% de diferencia no podía llevar a estos excesos dialécticos y que si no se ponían de acuerdo era inaceptable.

    Yo creo que a ti y a mi nos pasa algo parecido, en otro ámbito histórico porque estamos en otro ámbito histórico. Cuando dejamos de lado las cosas concretas y lo analizamos todo desde un punto de vista más abstracto resulta que no estamos alejados.
    Por ejemplo, aceptamos ambos la realidad cooperativa de la generación de la riqueza. Ambos aceptaremos, pues, que la relación entre capital/inversión y trabajo debe ser equilibrada y que los beneficios de la generación de la riqueza se deben de repartir de alguna manera. ¿Cómo? Pues tendremos planteamientos discrepantes porque venimos de culturas políticas discrepantes pero ¿realmente no podriamos encontrar un punto de acuerdo? Yo creo que sí.

    En algún momento del texto (cuando hablabas de que los libertarians querían que las personas pudiesen “vender” derechos fundamentales si querían) me ha recordado al ejemplo de comprar el voto por un jamón pero también a cosas como la venta de órganos. ¿Se tendría que poder vender un riñón por dinero, pues? Un libertarian diría que sí, con las terribles consecuencias sociales que podría tener esto.

    Saludos,

  2. Alfredo · ·

    Gracias, Pedro y la verdad es que me agrada que estemos tan de acuerdo porque últimamente me ha venido a la mente la cantidad de cosas sectarias que dividen y se dicen constantemente sin ningún fin positivo.

    “Decía que se había llegado a un maniqueísmo por el cual si proponias una presión fiscal del 39% resultaba que eras un neoliberal sádico que quería hundir a la mitad de la población en la miseria (eso diría un demócrata de un republicano), pero en cambio si proponías un 42% de presión fiscal entonces eras un rojo soviético (eso diría un repúblicano de un demócrata). El analistya decía que, obviamente, un 3% de diferencia no podía llevar a estos excesos dialécticos y que si no se ponían de acuerdo era inaceptable.”

    Estoy completamente de acuerdo con esto y me parece muy agudo porque es reflejo de lo que ocurre aquí en EEUU en estos momentos. Ayer mismo, un señor ultra-republicano me dijo de forma despectiva que soy un “republicano rockefeller”. Yo le contesté: “Ah, entonces soy de los de verdad”. En el espíritu de tu comentario, decía Thomas Jefferson que las diferencias de opinión no tienen por qué ser diferencias de principios. Creo que nuestros principios son parecidos en cuanto a mejorar la sociedad pero algunas veces las opiniones para llegar ahí son muy distintas. Otra cosa sería con un libertariano, que ni siquiera comparte principios de ningún tipo conmigo al menos.

    “¿realmente no podriamos encontrar un punto de acuerdo? Yo creo que sí.”

    No hay que perder esto de vista en estos momentos porque ahora lo que debe haber es una unión total entre fuerzas democráticas contra la tiranía que se ha impuesto en toda Europa. Y ojo, no es que en EEUU todo esté bien y la república sea como un cuento de Heidi, pero yo de verdad sí noto que al menos aquí fingen mucho mejor interesarse por el ciudadano y responder a sus preguntas. Hay una transparencia que no hay en España o en gran parte de Europa. Repito, no es que aquí la gente esté feliz con su sitema, lejos de ello, pero cuando lo comparo con el de Europa, es mucho mejor en cuanto a la responsabilidad de lo políticos. A modo de ejemplo: los gobernadores republicanos en estados afectados por el huracán Sandy han arremetido contra los republicanos federales por no aprobar a tiempo el dinero de ayudas federales. No existe el concepto aquí de disciplina de partido y lo primero que les interesa son sus “constitutents”, osea, sus electores, sin perjuicio de que la gente aquí comenta lo mismo sobre los políticos que los españoles – que son “ladrones”, “solo piensan en el poder”, etc.

    “En algún momento del texto (cuando hablabas de que los libertarians querían que las personas pudiesen “vender” derechos fundamentales si querían) me ha recordado al ejemplo de comprar el voto por un jamón pero también a cosas como la venta de órganos. ¿Se tendría que poder vender un riñón por dinero, pues? Un libertarian diría que sí, con las terribles consecuencias sociales que podría tener esto.”

    Es que no ignoremos que los libertarian son descendientes directos (aunque lo niegan a punto de pistola) de los esclavistas y aristócratas del siglo XIX en países como USA o España donde efectivamente todo era negociable, incluído el voto. A mí desde luego me gusta el siglo XIX, sobre todo en materia de moral sexual entre otras cosas, pero no deja de ser una sociedad muy indeseable en muchos otros aspectos que los libertarian quieren repetir.

  3. sociata latinoamericano · ·

    No basta decretar la igualdad en la ley, si en la realidad no se materializa. Para que así lo sea, la igualdad debe traducirse en posibilidades reales y efectivas para ir a la escuela en todos sus grados, acceder a un trabajo, a servicios de salud y seguridad social; pugnar por puestos o cargos de representación popular; gozar de libertades para elegir diversas parejas, conformar una o varias familias y participar activamente en los asuntos de las comunidades, organizaciones y partidos políticos, apunto yo.

  4. Alfredo · ·

    Muy de acuerdo sociata latinoamericano – esas posibilidades reales solo pueden ser reales si tenemos leyes, no obstante, que apunten en esa dirección. Por lo demás, estamos en sintonía.

  5. Alfredo · ·

    ¿Polémico? No – demagogo sí y exageradísimo – nada de Público se puede tomar en serio. Decidido.

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