La igualdad: Finanzas, piernas latinas, salsa, cartas y demás asuntos

Hoy estuve paseándome por el distrito financiero de Nueva York para poder pensar sobre mi entrada de hoy, que sigue siendo sobre la igualdad. Creo que esta serie ha sido una de las más largas en la historia de esta bitácora pero creo que es imprescindible martillear a mis lectores liberales con este tema porque no vamos a ir hacia ninguna parte si no aceptáis estas premisas básicas. Es decir, no podéis mirarme a la cara y llamarte liberal si no aceptas doctrinas básicas de toda la vida en el liberalismo clásico. Pues bien, continuamos.

He pensado que una persona puede ser saludable, estar bien alimentada, físicamente en forma, letrado, un partícipe activo en la vida cívica, móvil, feliz, respetado y seguro, etc. Una persona también podría preocuparse por otros estados mentales que reflejen sus fines autónomos: una persona puede querer ser amistosa, tener hijos, ejercer como abogado, jugar algún deporte, hacer el amor con una chica guapísima, etc. Las capacidades de la persona consisten en lo que pueden alcanzar dado los recursos personales, materiales y sociales disponibles para él/ella. Por ejemplo, yo con mi origen y red de personas que conozco, así como por vivir aquí en una de las ciudades más financieras del mundo, posiblemente tenga mucha más oportunidad para trabajar en la banca financiera que un pobre estudiante en ICADE que quiera hacer lo mismo, por mucho dinero que tenga. Sencillamente, vivir en España no te podrá dar la misma oportunidad laboral que hay aquí si te interesan las finanzas, por muy inteligente que seas. Esta mañana mismo decidí ir al distrito financiero – ¿por qué no? Y es que, a las 9 de la mañana me llamaron de la Reserva Federal de los EEUU. Cojo el teléfono: “Hello, who is this”? “¿¿Alfred?? Alfred, soy yo, el chaval ruso que estaba en el Partido Republicano de Columbia cuando tú lo dirigías a principios de siglo. Mira, te tengo que contar algo: ¿quieres trabajar en la Reserva Federal este verano y cobrar 500 dólares al día?” Bueno, para resumir, de momento lo dejé así y no voy a contar aquí todavía la decisión que probablemente tomaré porque no es nada seguro todavía. Volviendo al tema principal, a mí realmente me interesa menos la finanza que muchos que trabajan en Madrid y sueñan con venir a Nueva York para trabajar en banca. Pero la vida no es del todo justa porque ellos no van a tener esa posibilidad, salvo que puedan venirse y establecer una red de contactos. Entonces, podemos decir que una persona disfruta de más libertad cuanto más opciones tenga que sean accesibles. Ahora bien, creo que un liberal debe buscar la igualdad para todos dentro del espacio de capacidades. ¿Qué capacidades debe una sociedad “igualar” de forma obligatoria? Algunas personas juegan bien a las cartas, otras disfrutan vacaciones de lujo en distintos sitios. ¿Debemos los liberales, en el nombre de la igualdad, ofrecer clases gratuitas a las personas para que aprendan a jugar bien a las cartas y subvencionar vacaciones en tierras exóticas? Estoy de acuerdo en que Colombia o Grecia deben ser países muy bonitos, pero es una cuestión que tenemos que hacernos.

Obviamente, hay límites a las capacidades que un ciudadano debe subvencionarle a otro. Me viene a la mente otro ejemplo muy cercano a mí que vosotros no conocéis pero os contaré igualmente porque seguro podéis extrapolarlo a ejemplos vuestros personales.
Cuando yo estudiaba en Columbia, había un famoso bareto histórico en el que todo universitario acudía por lo menos una vez en su vida para beber cerveza malísima, levantarse al día siguiente con un limón pegado en el pelo o una chica con el maquillaje corrido y sus sudados pechos encima de ti, moribunda y sin carnet. Este bar se llamaba el “West End” y bueno, hasta servidor entró una vez y despertó un furor en la barra. “Joder, ahí está el implacable, el monetarista, el engominado, el encorbatado, pero ¿¿qué hace en este bareto de perdidos”? Bueno, ser como vosotros, un universitario más. Pues, resulta que la semana pasada, pasándome por el bar, veo que ahora lo convirtieron en un restaurante cubano. Fue un golpe porque no me esperaba ver ese sitio tan clásico con esos colores chillones amarillos que tienen los caribeños y sirviendo batidos de mango o café con leche. Le comenté a un chico del periódico universitario, que está en el mismo edificio ese, lo siguiente: “Ha perdido su esencia. Ahora será un sitio para latinos del barrio que quieren escuchar salsa o merengue/bachata (perdonadme pero soy muy ignorante con todas las variedades musicales latinoamericanas) – ha pasado de ser el sitio para tomarse una cerveza del tiempo, barata, de mala calidad, pero barata y oscura, a un sitio de mojitos, fritanga latina y bailoteo de culos y piernas carnosas portoriqueñas. Y bueno, subvencionar de vez en cuando una cerveza barata a un amigo tiene lo suyo, pero de ahí a pagar 10 dólares o más por una copa en un restaurante con música latina a todo volúmen y clientela del ghetto (ahora viene mucha gente del otro lado del parque, del lado de Harlem en el que hay mucho pandillero, etc) pues como que me hace pensar más en esto de los deseos y la igualdad.

Bien, pues esto exige identificar qué bienes deben ser nuestro objetivo como liberales. Reflexiones sobre los lados positivos y negativos del igualitarismo nos hace cumplir con este requisito. Negativamente, tienen derecho a cualquier capacidad que sea necesaria para permitirles evitar o escapar cualquier relación de esclavitud o amenazante para su integridad física. Positivamente, tienen derecho a esas capacidades necesarias para que funcionen como ciudadanos iguales en un estado democrático.
Aunque se parezcan e interactuen en muchos aspectos, no son objetivos idénticos. Si funcionar como un ciudadano igual sería todo lo que nos interesara como liberales, no podríamos rechazar la esclavitud sexual aunque sea “consentida”, por ejemplo. Tampoco podríamos querer prohibir el consumo de drogas en el ámbito privado y público, pues diriamos que eso no afecta “a nadie”, como hacen lamentablemente todos los libertarians o gente confundida en términos espirituales, políticos, ideológicos y sociales. Sin embargo nosotros queremos abolir las relaciones privadas en las que exista dominación ilícita o liberticida. La igualdad democrática, pues, exige un espacio igualitario para muchos tipos de talentos. Pero no apoya la igualdad en el espacio de capacidades. Por ejemplo, el hecho de que seas negro no te hace un ser humano “oprimido”. No es lo mismo ser un negro con dinero, de familia africana, a ser un negro pandillero y pobre, nacido en EEUU. Es cierto que el orden social puede ser organizado de tal manera que tu talento como estudiante en matemáticas o como jugador de cartas no determine tu “nivel” en la sociedad civil. Tampoco es necesario saber jugar bien a las cartas para funcionar bien como ciudadano. Por lo tanto, la sociedad no tiene ninguna obligación de darte lecciones gratuitas en juegos de ese tipo.

Considera ahora las capacidades que la igualdad democrática sí garantizaría a los ciudadanos. ¿Qué capacidades necesitas para funcionar como un ciudadano en igualdad con los demás? La ciudadanía va más allá de poder votar, hablar libremente, exigir cambios en el gobierno, etc pero también exige participar como un igual a los demás en la sociedad civil. Poca gente liberal diría que sería “bueno” o “liberal” o “justo” que una cafetería pueda prohibirle la entrada a gente por tener ciertas características físicas. Una sociedad que tenga ciudadanos de segunda, aunque éstos disfruten de los mismos derechos políticos, no es una sociedad de oportunidades, ni próspera, ni liberal.

Para poder funcionar como un igual en un sistema de producción cooperativa requiere acceso efectivo a los medios de producción, acceso a la educación que se necesite para desarrollar tus talentos, libertad para elegir el tipo de trabajo que quieres, el derecho a redactar contratos en igualdad de condiciones con el empresario cuando se trate de ciertos derechos, recibir un sueldo realmente de mercado (ahora tienden a estar por debajo del mercado) y un reconocimiento adecuado de tu labor por parte de terceros siempre que tus contribuciones sean productivas. Más allá de la libertad de expresión, también debe existir la libertad de asociación legal, acceso a los espacios públicos como las autopistas, parques y centros públicos como el transporte, Correos y telecomunicaciones de todo tipo.

El lunes o martes terminaremos con esta serie pero espero que haya sido beneficiosa para los lectores.

Mañana domingo publicaré mi sermón dominguero de la semana – se trata sobre si matar a Osama Bin Laden fue un acto justo desde el punto de vista cristiano-protestante.

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6 comentarios

  1. Latino · ·

    ¿qué pasa con la musica latina, no te gusta o que, pesado? A mi me encanta la musica latina, que pasa?? Soy latino y sabemos vivir la vida, bailar y pasarlo bien mientras que estrechitos palidos como tú no saben nada de eso. sabras mucho de leyes pero no tienes ni idea sobre lo que significa ser humano.

  2. sociata latinoamericano · ·

    ¡Ay Latino! Entraste en arenas movedizas.

  3. Alfredo · ·

    ¿Qué es lo que te pasa a ti, subnormal de letrina? ¿A ti qué te importa el tipo de música que me guste o me deje de gustar, baboso escandaloso? ¿Y a mí qué me importa que tú seas latino? Yo no sé lo que vosotros los latinoamericanos como tú saben hacer porque tampoco es un tema importante para el mundo pero prefiero ser estrecho antes que bien dilatado como tú para tus clientes. ¿No sé lo que significa ser humano? ¿Y quién me va a enseñar a mí ser humano, un mierda como tú? Piérdete y lárgate de aquí, mamonazo.

  4. sociata latinoamericano · ·

    Sr. Coll: el restaurante caribeño es uno más de los frutos del cambio demográfico de la costa este de EEUU. Y dé gracias a Dios de que no es un antro de reguetón.

  5. Latino · ·

    oye alfredo comeme los huevos por favor porque me llamas mamonazo? insultas porque te enoja lo que te digo, estupido de mierda. yo no voy a lamerte el culo como hacen aqui muchos porque no te tengo miedo. hablas mucho desde la comodidad de tu “townhouse” lujoso pero de verte yo desprotegido te reviento y cagaría encima de ti hijo de puta.

    ten cuidado con lo que dices porque no sabes con quien hablas.

  6. Alfredo · ·

    Difícil se puede comer algo que no tienes, pedazo de mierda pinchada en un palo. Delincuente vicioso. No, tú a mí no me “enojas” (tú ni siquiera tienes episodio) – no me provocas ninguna reacción porque eres un don Nadie. ¿Tú crees que yo te tengo miedo a ti, cucaracha peluda? Hablo mucho desde donde me de la gana y te reto a cumplir con tus amenazas – se te olvida que estoy en USA y puedo descargar plomo en tu cabezota si te atrevieses a intentar hacerme daño físico. Tú inténtalo, que saldrás en el telediario como estadística más de un asaltante con 5 balas en la cabeza.

    Ten mucho cuidado tú, porque los excrementos infectos como tú acaban pronto. Tan solo con un par de balas si te atrevieras a cruzar la zona de seguridad que aquí todos tenemos.

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