Matar a los enemigos: Seguimos sentando cátedra

¿Es ilegal “asesinar” a un enemigo del Estado en Derecho Internacional? Tradicionalmente, aunque equivocadamente también, se ha dicho que es ilegal asesinar a combatientes enemigos en conflictos internacionales. Esta gente representa un punto de vista bastante anticuado e inadecuado para los que somos defensores de la libertad equilibrada con la seguridad que la mantiene viva. Ciertamente, el Código Lieber (ya lo he citado varias veces), es del siglo XIX y dice así en su Artículo 148:

“La ley de la guerra no permite proclamar que un individuo miembro de un ejército hostil, o un ciudadano, o un súbdito de un gobierno enemigo sea un forajido, que pueda ser asesinado/matado sin juicio del captor; al contrario, aborrece tal atrocidad/atentado. La más estricta represalia debe seguir un asesinato cometido como consecuencia de esa doctrina, hecha por cualquier autoridad. Las naciones civilizadas se horrorizan cuando se ofrece un premio por el asesinato de enemigos porque representa volver a reincidir en el barbarismo”.

Sin embargo, la base material para esta prohibición contra los asesinatos tenía que ver con el hecho de que las hostilidades normalmente se empleaban en situaciones de conflicto cercano entre combatientes en batallas terrestres o en estados de sitio. Obviamente, arrestar a alguien no era una opción realista en esas circunstancias porque salvo que el enemigo combatiente haya muerto en combate o seriamente incapacitado por alguna herida, podría llegar a seguir combatiendo (en el caso de la herida, no de la muerte, obviamente). La prohibición contra los asesinatos surge en esas condiciones porque y desde el momento en el que ya entraba en juego la traición. En el conflicto armado internacional contemporáneo, sin embargo, las hostilidades ahora se emplean no solamente en batallas terrestres sino tambien desde misiles y aviones sin tripulación a larga distancia. En consecuencia, es estúpido insistir en prohibir los asesinatos dada esta nueva realidad y por eso no es aplicable dicha prohibición. La guerra aeria, a diferencia de la guerra terrestre, descarta la posibilidad de traición.

Algunos dicen que sigue existiendo la prohibición contra los asesinatos en los contextos de guerra no-internacional y ocupación beligerante. Dicen que en esas circunstancias, las autoridades del gobierno pueden detener a insurgentes sospechosos y a otros enemigos combatientes, sin más riesgo del que normalmente tiene la policía cuando intenta detener a sospechosos peligrosos en situaciones de paz y normalidad.

Este argumento lo emplea una de las fundadoras e impulsoras del TPI – Doswald-Beck – eminente jurista en Derecho Internacional. Dice así en su doctrina, muy a la española:

“Según las leyes tradicionales de la guerra, matar a combatientes cuando es posible arrestarlos, se consideraría asesinato. ¿Tan incompatible es el Derecho Humanitario Internacional con las mismas leyes tradicionales que se aplicaban en las guerras? La respuesta es no, no son incompatibles en lo que se refiere al derecho a la vida”.

No podemos aceptar este argumento que no convence a nadie. Al contrario, la legitimidad de matar y destruir en una guerra necesariamente tiene que conllevar aceptar la legitimidad de matanzas dirigidas a personas concretas, sobre todo en la Guerra contra el terrorismo.

Para empezar, la Ley sobre el Conflicto Armado no prohíbe el uso de la fuerza letal – incluso contra un enemigo combatiente que no esté haciendo nada “sospechoso” e incluso si no está participando, activamente, en las hostilidades y no represente una amenaza inmediata. Cuando una persona se levanta en armas o incluso simplemente porta el uniforme del enemigo como miembro de esas FFAA, automáticamente se expone a ser victima de un ataque enemigo sorpresivo si hace falta. La “jus in belo”, en Derecho, prohíbe un asesinato traicionero, pero nada impide centrarse en un individuo combatiente enemigo (siempre que el ataque se emplee por combatientes). La prohibición contra el asesinato no puede incluir “ataques” empleados por fuerzas militares normales, contra individuos específicos que también son blancos legítimos de los ejércitos. Por eso, EEUU estaba totalmente en su derecho, en la II Guerra Mundial, cuando quiso matar específicamente al Comandante-en-Jefe de la flota japonesa, Yamamoto, cuyo avión fue secuestrado y derribado (tras la exitosa operación contra los códigos de comunicación japoneses), en 1943. De igual forma, el gobierno exiliado de Checoslovaquia estaba en su derecho cuando, con asistencia británica, permitió que dos comandos checoslovakos apuntalar y matar a Reinhard Heydrich, el “virrey” Nazi del Protectorado de Bohemia y Moravia, en mayo de 1942.

Considera otro ejemplo: el uso de francotiradores. Este método de pegar tiros es legal en tiempos de guerra en situaciones de conflicto internacional armado, a pesar de que hay un elemento de sorpresa en ello. Un francotirador no permite que un enemigo combatiente tenga la oportunidad de huir, pelear, confesarse, rendirse o morir. Tampoco lo permite una descarga de artillería o ataque con misiles, una mina, un secuestro, una redada inmediata o un ataque aereo. Atacar a los enemigos combatientes, con todos los métodos legales, incluido el francotirador, no es “asesinato” – se considera una matanza legítima. El elemento sorpresivo es una parte fundamental de la guerra.

Si podemos utilizar, en guerra, a los francotiradores de forma legal en cualquier conflicto armado internacional para matar incluso a un cocinero gordito y bajito de un ejército enemigo mientras está pelando las patatas en un campo que está lejos del frente, ¿por qué no podemos usarlos, por ejemplo, para matar a un líder de Al-Qaeda en las montañas de Afganistán? Y si esto es así con francotiradores, y así lo avala el Derecho Internacional como ya lo he dicho, ¿por qué no misiles sin tripulación y avionetas que puedan lanzar misiles depredadores especiales, dirigidas desde el Pentágono?

Por eso, aunque podemos estar de acuerdo con Doswald-Beck en que la LCA contemporánea relacionada con los conflictos internacionales obviamente no prohíbe lo que algunos ven como “asesinato” de enemigos combatinetes, no veo ninguna razón jurídica para distinguir esa situación de situaciones no-internacionales – incluido conflictos armados transnacionales.
En todos estos tipos de conflictos, es posible arrestar a un enemigo combatiente en vez de matarlo o herirlo. Pero la ley no prohíbe emplear fuerza letal contra un enemigo si hace falta o incluso si se prefiere optar por ello. Es obvio, además, que es mucho más difícil arrestar a los enemigos en situaciones internacionales en las que ni siquiera portan uniforme y es mucho más difícil distinguirlos de los civiles.

En tercer lugar, si vamos a resucitar el concepto trasnochado de la guerra, como recomienda Doswald-Beck, ¿por qué no resucitamos y aplicamos la parte que permite la ejecución sumaria de los saboteadores? Ya que Doswald-Beck cita el Código Lieber, yo también lo haré – Artículo 82 dice así:

“Hombres, o cuadrillas de hombres, que cometen hostilidades, sea por luchar, o avanzan para destruir y saquear, o por invasiones de cualquier tipo, sin comisión, sin ser parte o ración del ejército organizado del enemigo, sin participar continuamente en la guerra, haciéndolo de forma esporádica o interminente, que dejen de aparecer soldados, tales hombres o cuadrillas de hombres, no son enemigos públicos, y por lo tanto, si capturados, no tienen ningún derecho a los privilegios de los prisioneros de guerra, sino que serán tratados como si fueran ladrones bandoleros de carretera o piratas”.

Quiero que se tomen hoy el día para reflexionar sobre eso – y mañana o pasado hablaré sobre dos matanzas o “asesinatos” (sic) cometidos por EEUU: Bin Laden y el menos conocido en Europa, Al-Harethi, un ciudadano de Yemen, ejecutado por un avión-misil en 2002. Iba a concluir hoy pero son temas muy largos y sé que no todos leen lo que deben – no me gusta repetir en los hilos lo que ya he dicho en los artículos.

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