Mi concepto del Poder judicial (III): Tiempos de crisis

Hemos estado enfocándonos principalmente en las consecuencias realistas que podría tener cierta reubicación de discreción en el Poder ejecutivo a la hora de tomar ciertas decisiones sin interferencia de los tribunales. La verdad es que hasta ahora, no he intentado “justificar” mi tesis en ninguna tradición “originaria” — de hecho, los lectores españoles aquí en su mayoría critican, no sin razón, intentar poner en un pedestal una doctrina sólo porque ésta tenga x cantidad de años. Pero, más allá de si mi “tesis” es algo bueno en tiempos de crisis, buena política, sí es buen Derecho constitucional en cualquier caso. El sábado colgaré aquí (como paréntesis a esta serie importante), mi “famoso” artículo publicado en la Revista jurídica de Harvard que provocó meses de debate debido a mi tesis principal: “Los padres de la patria en EEUU, casi todos ellos liberales clásicos y calvinistas o de origen calvinista, no tenían ni la más mínima intención de permitir que los tribunales anulen leyes emanadas del Poder legislativo”. Tal fue la reacción a mi artículo, que varios estudiantes dejaron de dirigirme la palabra. No me molesta eso: la verdad es que sospecho que muchos de los que se escandalizaron con mi artículo, lo leían en la intimidad entre sus sábanas nocturnas con linterna porque saben que razón no me falta en ese caso. Para continuar esta serie, es necesario que lean ustedes ese ensayo jurídico controvertido para algunos para entender el resto de la serie.

Sin repasar de nuevo mi argumento en ese artículo y el que algunos ya conocéis, lo subrayo en lo importante: en EEUU, que tiene una arquitectura política liberal clásica en su origen, los tres DEPARTAMENTOS (NO “ramas”, DEPARTAMENTOS) del Gobierno nacional tienen poderes de interpretación de la ley EN IGUALDAD, e independiente, y eso hace que ningún departamento le deba respeto al otro más allá del necesario para mantener la paz pública. La Constitución americana únicamente otorga cinco ocasiones discretas de poder a algún actor cuando especifica claramente que el actor en cuestión tiene discreción para poder determinar el ejercicio adecuado de tal o cual poder. ¿Pues, qué? ¿No me lo crees? Tendremos que darte un repaso:

Artículo I, § 9, cl. 1, Constitución de los Estados Unidos otorga a los ESTADOS HASTA el año 1808 la importación de personas que “estimen oportuno admitir” — ahí tenemos una normativa que tira por los suelos cualquier pretensión libertaria y anárquica de que “emigrar” sea un “derecho”. Dice así el texto original:

“El Congreso no podrá prohibir antes del año de mil ochocientos ocho la inmigración o importación de las personas que cualquiera de los Estados ahora existentes estime oportuno admitir, pero puede imponer sobre dicha importación una contribución o derecho que no pase de 10 dólares por cada persona”.

¿Dónde están ahora los que claman por abrir las fronteras diciendo que el control de la inmigración es “estatista”? ¡Oh! Ahora resulta que los padres de EEUU, muchísimo más educados y liberales que cualquier drogodependiente libertario, tenían la mala costumbre de pensar que los estados tenían derecho a admitir a personas que “estimen oportuno”.

¿Continúo? Sí, ¿por qué no? Pasemos ahora al Artículo II, § 3 de la Constitución de los EEUU que dice así sobre la autoridad del Presidente/Ejecutivo:

“Periódicamente deberá proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión, recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas”;

y eso no es todo señores — va a más:

“en ocasiones de carácter extraordinario podrá convocar a ambas Cámaras o a cualquiera de ellas, y en el supuesto de que discrepen en cuanto a la fecha en que deban entrar en receso, podrá suspender sus sesiones, fijandoles para que las reanuden la fecha que considere conveniente; recibirá a los embajadores y otros ministros públicos; cuidará de que las leyes se ejecuten puntualmente y extenderá los despachos de todos los funcionarios de los Estados Unidos”.

Recordemos que en EEUU, los funcionarios del gobierno juran a la Constitución y NO a un actor particular dentro del sistema constitucional — tal y como establecen los Artículos II, sección 1ª, cláusula séptima y también el Artículo VI, párrafo 3. Esto da potencia al argumento que ningún funcionario de los EEUU está sujeto al punto de vista de un tercero — sólo están sujetos a la CONSTITUCIÓN en sí y cómo la interpreten no tiene nada que ver.

Atención — Por si hay alguno confundido — en ningún momento he dicho que la Constitución de los EEUU obligue a ser deferente ante el Ejecutivo — NO LO DICE ni tampoco dice lo contrario. Sí he dicho que los jueces DEBERÍAN hacerlo para evitar problemas y para establecer una especie de armonía hamiltoniana y liberal clásica.

Ya que la Const. de EEUU otorga “Poder judicial” sin especificar las emergencias ni tiempos de crisis en esta cuestión, ¿a qué viene el papel que yo defiendo para los jueces? Para responder a eso, hay que mirar profundamente el significado de la palabra deferencia.

La deferencia significa dar peso a los puntos de vista de otro acto – esto es, considerar que otro actor ya ha llegado a una conclusión y eso es motivo suficiente para que adoptemos ese mismo criterio/conclusión. Por ejemplo, hace poco en España surgió la controversia sobre la Educación para la ciudadanía y algunos padres extremistas se pusieron a berrear y quisieron, sin éxito, que el Tribunal Supremo de España anule la asignatura, pretendiendo insinuar de alguna forma que la Iglesia católica educaba mejor a los jóvenes cuando la intención del legislador con la asignatura era intentar promover la armonía social entre los jóvenes. Obviamente no voy a entrar en los contenidos de la asignatura porque no son relevantes aquí – lo importante es que esos padres le debían un respeto al legislador.

En Derecho, la deferencia adquiere tres formas — legal, epistemológica y económica. La deferencia legal tiene su origen en alguna fuente legal autoritativa y de hecho, por mal que les pese a algunos, está fundada y sostenida puramente, en su totalidad, por el “status” del que haya tomado la decisión previa. Dicho de otra forma más aguda: en una empresa, la opinión del jefe debe valer más que la de una secretaria. ¡Oh! ¿Qué? ¿Estás enfadado? No veo por qué — el ejemplo clásico de esto es la deferencia judicial, en regímenes liberales, a los VEREDICTOS DE LOS JURADOS. Por órden constitucional, un juez federal NO PUEDE fallar lo contrario al veredicto del jurado sólo porque él piense que hayan cometido un error. Véase la V Enmienda: “tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito” ó la VII Enmienda: “ningún hecho de que haya conocido un jurado será objeto de nuevo exámen en tribunal alguno de los Estados Unidos, como no sea con arreglo a las normas del derecho consuetudinario”. Aún cuando un juez tenga motivos sobrados para pensar que un jurado no tenía razón o estaba lleno de estúpidos (como el jurado de hace unos años que decidió absolver de la pena capital a un “menor” de edad sólo porque era menor), no puede anular esa decisión.

B. Deferencia epistemológica

La deferencia epistemológica significa darle peso al punto de vista de otro porque es muy posible que esa conclusión sea más “correcta”. Muchas veces, debido a origenes, entrenamiento legal, disposición, localidad, edad o experiencia, una persona tiene más herramientas para tomar una decisión o llegar a determinadas conclusiones para resolver problemas. La metodología es importante señores, no lo ignoro: por ejemplo por muy inteligente que sea una persona, si utiliza métodos equívocos no llegará a una respuesta correcta. Aquí también debe entrar la moral, el historial de comportamiento de la persona, su experiencia, y cualquier otro elemento relevante que pueda influir en la toma de una decisión. El cálculo en esto de la deferencia epistemológica puede ser muy engorroso pero digamos que de la misma forma que normalmente debemos respetar más el testimonio de un policía que esté informándonos sobre la incautación de la marihuana de algún drogadicto y maricón perdido en Chueca, el juez debe ser más deferente con lo que diga el Comandante en Jefe sobre la guerra que lo que diga un melenudo “jipi” acampado en la Puerta del Sol de nuestra noble capital y villa.

C. Deferencia económica

Esto tiene que ver simplemente con ser prudente con los gastos. Llegar a la respuesta correcta puede salir muy caro. Es posible que a veces cueste más dinero que el Poder judicial intente buscar la respuesta “correcta” antes que el Ejecutivo, que dispone de más medios.

En todo caso, opto por la B — deferencia epistemológica.

Hay dos formas en la que los jueces podrían emplear este método de “interpretación” en tiempos de crisis. Primero, podrían simplemente emplear un patrón relajado de amparo judicial a supuestas “víctimas” del Ejecutivo: por ejemplo, indagar sobre si hay una base racional que ponga en riesgo el propio funcionamiento del gobierno antes que el acto afecte sólo a esa persona en sí. Si sólo afecta a esa persona, lo deberían descartar y no darle legitimación activa.

Quizás el ejemplo más famoso para todo el mundo en tiempos de guerra-crisis es el de la IV Enmienda de la Constitución de los EEUU que dice así:

“El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosimil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas”.

Ya he establecido aquí, hace mucho tiempo, que esto no debería interpretarse como protección para las conversaciones telefónicas porque no existían en 1787 y los fundadores seguramente sólo querían proteger objetos TANGIBLES. Para mí, un pinchazo telefónico sin tu conocimiento y sin orden judicial debería ser totalmente legítimo en el sistema liberal como de hecho ya ocurre en el Reino Unido debido a la gran supremacía parlamentaria que dicta las leyes.

Supongamos que hay una guerra dentro de EEUU y los agentes del Estado irrumpen en la casa de un drogadicto en una granja del oeste, sin orden judicial. ¿Han violado la IVA Enmienda? No hay manera de contestar en lo abstracto. En circunstancias normales, es posible que esto haya sido ilícito. Pero, si los EEUU está en guerra, y ve que hay gente con aspecto sospechoso entrando y saliendo de una casa…es posible que tengan toda la razón.

Que algo sea “razonable”, como dice la Enmienda en inglés es una función siempre de acontecimientos externos.

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8 comentarios

  1. capitalsmoke · ·

    He estado leyendo la Constitución de EEUU, Alfredo, y cada vez tengo más claro que usted tiene razón y está más conectado con el sentir de aquella época que los “liberales” de ahora que no saben ya ni lo que defienden. Sólo hay que ver el mal estado de la Red Liberal para comprobarlo.

    Saludos

  2. Un simple lector · ·

    “está más conectado con el sentir de aquella época”

    jajajajajajajajajajajaja sí, tanto es así que la cocina ridícula de Coll es nada más y nada menos que esta:

    DESTAPADO Joputa, como hacéis vosotros.

  3. Alfredo · ·

    ¿Destapado de qué, excremento vespertino? ¿de qué me has destapado, piojo reptiliano? Si colgué esa foto en el Facebook, es obvio que NO LA CONSIDERO “PRIVADA” y que mi intención es compartirla. ¿Cuál es el problema cacho de imbécil?

    Dedícate a destapar más tus antecedentes penales, que ahí seguro tenemos un amplio historial delictivo, suponiendo que no seas sencillamente un subnormal del Instituto Juan de Mariana.

    ¿Un simple lector? No, un simple gilipollas hambriento.

  4. gallego orgulloso · ·

    Todos los que odiais a Alfredo sois unos perdedores patéticos. Él salvó a su universidad de no caer en el marxismo más absoluto, derrotó a los progremierdas que campaban a sus anchas allí, puso en peligro la supervivencia del Instituto Juan de Mariana por propagar doctrinas anarquistas y no liberales, destrozó el sindicato estudiantil progre en Columbia, sobrevivió un atentado con bomba en Nueva York, sobrevive el 11 de septiembre (a escasos metros de su despacho en Nueva York), y tiene uno de los mejores blogs en el mundo liberal de habla hispana.

    Encima tiene doble titulación, habla 3 o 4 idiomas, y cualquiera que le conozca sabe que es un hombre SENCILLO, no dado a los lujos, ni mucho menos agresivo pero firme en sus ideas y convicciones.

    Yo sé que por aquí hay más de uno que le conoce y os reto a que me digais algo contrario a eso porque sabeis que tengo razón. ¿Perfecto? Nadie es perfecto pero de toda la gente que conozco, Alfredo es, con sus excentricidades al margen (que ademas le da un toque bastante distinguido y british) una de las personas más inteligentes que conozco. Lo mejor de todo es que no es ostentoso, ni arrogante, simplemente es firme.

    “Lector simple” eres un pobre perdedor y un mierda cobarde. Qué pena que en esta sociedad nos hemos amariconado tanto con las leyes que ya ni siquiera se puede quedar con alguien para defender su palabra y sus ataques a la reputación de otras personas.

    Alfredo os da un millón de vueltas a todos vosotros juntos, parásito aprovechado de mierda que seguramente sólo estuviste en el Mariana para pillar alguna subvención o puestecillo en Pijostad Digital ¿o ya es solamente Opus Dei Digital?

    Véte a la mierda.

  5. Vecino · ·

    @”lector”/perdedor:

    Menudo descubrimiento has hecho, lástima que tú no has tenido el honor y el placer de estar físicamente presente en la cocina del caballero Alfredo. Que más quisieras tener buena compañia, pero te ha tocado Calzada.

    La cocina de Alfredo es DE PUTA MADRE, de otra época, así como él, todo un honor y un caballero hablar con él. A diferencia de las mariconas damiselas que todo quereis prohibirlo, por lo menos Alfredo (ya no es fumador) deja que la gente fume en su casa si te apetece y no se pone a quejarse del “ayy eshhh que el humo”. Yo me siento mucho más libre en la cocina de Alfredo que en cualquier bareto cutre donde todo está prohibido y encima tienes que pagar precios exagerados.

    Gallego: ok, será anticuado, o excéntrico, lo que querais, pero es un señor con mayúsculas y un CRISTIANO clásico. Ya quisiera yo tener la energía que tiene don Alfredo y ese sentido de la AUTOSUFICIENCIA que mucha gente de mi edad no tendrá en su puta vida (tengo 25).

    Saludos

  6. anti sindicalista · ·

    “jajajajajajajajajajajaja sí, tanto es así que la cocina ridícula de Coll es nada más y nada menos que esta:

    DESTAPADO Joputa, como hacéis vosotros”

    Vaya, parece que los indignados usaban el retrete comunitario también como comedor, y aquí está el resultado. Ya ni siquiera saben insultar.

  7. Vestecchio · ·

    @gallego: Siento discrepar contigo pero no comparto tu opinión sobre este señor.

    No voy a negar que algunas de las cosas de Alfredo fueron y son interesantes, y tampoco se debe negar que simplemente tuvo suerte en esta vida y en aquellas circunstancias del campus.

    Sin embargo, bajo cualquier observación honesta, la época en la que él estuvo al “mando” del campus no es una época para nada digna de repetir, lo siento. Para muchos estudiantes que lo recuerdan, fue una época muy mala. Cuando Alfredo entró a la política del campus en 1999, el paro estudiantil no llegaba al 3% ya que la Universidad proporcionaba empleos a los estudiantes más desfavorecidos para que puedan pagar sus deudas y mensualidad. El crecimiento anual de presupuesto estudiantil sólo aumentaba un 1,7% al año y apenas en la esfera de empleo universitario – de hecho en los peores días más negros de los años 70 en Columbia, al menos el crecimiento presupuestario llegaba casi al 2,5%.

    El aumento de la desigualdad entre los estudiantes fue brutal durante el “reino” de su admirado don Alfredo, con caidas de hasta el 10% de los sueldos estudiantiles y de hecho al final de sus 7 años de pesadilla, hubo un 60% de aumento de estudiantes que no tuvieron más remedio que pedir ayudas sociales al Estado de Nueva York, justamente lo que don Alfredo dice que es “malo”.

    Sin contar luego el tema racial. Muchos decis que con Alfredo no se aplicaba la discriminación positiva, lo cual es cierto pero tampoco es menos cierto que el número de estudiantes “no blancos” aumentó un 7% anual durante los programas de Alfredo y los Republicanos. De hecho, si hoy Columbia es un campus “más oscuro”, debes darle las gracias a tu amigo.

    Incluso, aumentaron las tasas universitarias y la inseguridad en el campus, con una media de 7 violaciones al año.

    Alfredo es un hombre al que respeto, pero no le voy a adular como hacéis algunos oportunistas de mierda. La “cruzada” de Alfredo fue admirable, y quiso “erradicar” el izquierdismo en el campus. Si hay algo que sí digo que Alfredo logró fue incitar a un debate histórico que a la vez dividió el campus en dos partes: los que tenian y los que no tenian, blancos versus “de color”, cristianos versus “no cristianos”. Si tu crees que la división y la discordia, el odio permanente al “enemigo” es buena política, ese es tu problema pero yo no considero eso admirable. Alfredo forzó el debate y lo redujo a ¿quién es más de derechas? Ya no era una cuestión de izquierdas o derechas, sino “quién la tiene más larga y quién es más políticamente incorrecto”. Por culpa de Coll y los suyos, hoy Columbia es un campus aburrido, lleno de gente “pulida” pero poco interesante, sin imaginación, sin creatividad, sin individualismo. Parece cualquier sitio pijo.

    No, yo no quisiera haber sufrido lo que algunos alumnos tuvieron que sufrir con los conservadores de Alfredo.

    Ahora bien, si os gusta el conservadurismo anticuado, la moral rigida, el encorbatamiento, una voz severa, la frialdad en el trato, lo “correcto” y oficioso, la falta de calefacción en las habitaciones a ciertas horas, duchas frías en el nombre de la “austeridad”, pues entonces sin lugar a dudas Coll es vuestro hombre.

  8. Kaos · ·

    tienes más razón que un santo, Vestecchio. Muy bien dicho aunque no se te olvide que Alfredo no es el “villano” único. Está el Javier, también, que por mucho que se intente ocultar, es igual o peor que Alfredo en cuanto a ser enemigo de los trabajadores. Parece que la “Spanish Revolution” va perdiendo fuelle pero qué pena que no se cargaron a estos cabrones. .

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