Mi concepto del Poder judicial: Introducción (I)

Señores, buenos días — se acerca el alba en nuestra nación y toca continuar con lo que ya empecé a debatir el otro día a pesar de que la respuesta ha sido bastante tímida — pensaba que por aquí pululaban más juristas. No sé si es por la edad o por la ayuda del Espíritu Santo pero últimamente me siento más inspirado que nunca y cada vez más voy refinando mi base filosófica y jurídica. Voy a continuar con la serie así que paciencia por favor porque son temas extensos, complicados y no da para una entrada. Hoy voy a empezar esta serie con la Constitución americana precisamente porque en EEUU es donde más debates hay sobre estos temas sensibles que aquí en España incomodan tanto a los liberales. Lo repito — llevo años argumentando estas cosas y no abrí esta web para hacer amigos sino para exponer el liberalismo tal y como yo lo entiendo y vosotros lo deberiais entender. Son temas demasiado serios como para tratarlos superficialmente. Después de esta introducción, mañana, voy a incluir el famoso ensayo breve del bueno de Sir Francis Bacon, puritano, sobre el papel de los jueces. En todo caso, quedará bien claro lo que dice Bacon después de esta introducción. Bacon era famoso por escribir ensayos claros y breves para su época.
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Los liberales tenemos que reconocer la historia – la Constitución de los EEUU se escribió, debatió, ratificó y fue implementada bajo la sombra de una crisis profunda. EEUU es un país que nació de una guerra. Poco después de su ratificación, los enemigos de la Constitución podrían haber iniciado o instigado a una Guerra civil que hubiése podido poner en peligro la supervivencia de un naciente gobierno nacional. Hasta bien entrado el siglo XIX, en la primera mitad, y sobre todo en ciertos estados del noreste de EEUU, existía apoyo notable para volver a unirse a la Corona británica; la posibilidad de rebelión interna en esas zonas de Nueva Inglaterra eran un peligro real. También existía, en el siglo XVIII, la amenaza de una invasión instigada por alguna potencia europea como España o Francia. Ciertos individuos, con intereses más relacionados con el poder que la política, tenían planes de dividir y arrancar a pedazos partes del nuevo país y crear sus porpios imperios. Teniendo en cuenta que los fundadores de EEUU, en su mayoría calvinistas o de otras ramas cristianas y protestantes, tenían un criterio negativo sobre la naturaleza del ser humano [Madison decía que el hombre era egoísta y corrupto], nada de estas cosas les sorprendía. Sería algo verdaderamente sorprendente si una constitución adoptada en estas condiciones adversas no consideráse y hasta acomodáse estas crisis potenciales.

Buena parte de la Constitución americana está dedicada, como era de esperar, a la guerra. De las 17 cláusulas que contiene el Artículo I, Sección 8ª que definen la jurisdicción legislativa-sustantiva del Congreso, SEIS tratan exclusivamente el tema de los tiempos de guerra y asuntos militares. No obstante, pocas normas aportan normas especiales para gobiernos de crisis. El famoso y sacrosanto Habeas Corpus puede suspenderse “salvo cuando la seguridad pública lo exija en los casos de rebelión o invasión”.(Sección 9ª, cláusula-2). Los estados individuales, que normalmente no pueden declarar individualmente una guerra ni participar en ellas de forma unilateral, pueden hacerlo, sin consentimiento del Congreso, cuando “a menos de ser invadido realmente o de hallarse en peligro tan inminente que no admita demora”. (Sección 10ª, Cláusula, 3ª).
Y, los EEUU, “garantizarán a todo Estado comprendido en esta Unión una forma republicana de gobierno y protegerán a cada uno en contra de invasiones, así como contra los disturbios internos, cuando lo soliciten la legislatura o el ejecutivo (en caso de que no fuese posible reunir a la legislatura)”.

Así pues, a pesar de que existen numerosas referencias en la Constitución de EEUU a la guerra, las invasiones, la rebelión y la traición, hay pocas normas legales específicamente diseñadas para lidiar con las emergencias nacionales. En cambio, existen ideas generales — el Congreso tiene autoridad “para establecer y recaudar contribuciones, impuestos, derechos y consumos; para pagar las deudas y proveer a la defensa común y bienestar general de los Estados Unidos; pero todos los derechos, impuestos y consumos serán uniformes en todos los Estados Unidos”. También puede: “declarar la guerra, otorgar patentes de corso y represalias y dictar reglas con relación a las presas de mar y tierra, tratados de paz y alianzas”, y “expedir todas las leyes que sean necesarias y convenientes para llevar a efecto los poderes anteriores y todos los demás que esta Constitución confiere al gobierno de los Estados Unidos o cualquiera de sus departamentos o funcionarios”. ÚNICAMENTE el Presidente de los EEUU tiene la potestad constitucional de EJECUTAR las leyes — véase el Artículo II, Sección 1, Cláusula 1ª: “Se deposita el poder ejecutivo en un Presidente de los Estados Unidos. Desempeñara su encargo durante un término de cuatro años y, juntamente con el Vicepresidente designado para el mismo período”. Además es el Comandante en Jefe SUPREMO de las FFAA.

Como ya ven, la Constitución de EEUU otorga estos poderes implícitos y de crisis al Congreso y al Presidente o al Presidente y al Senado en su conjunto, y a los estados. Salta a la vista, inmediatamente, que NO se le da a NINGÚN tribunal de justicia federal poderes de crisis. ¿Qué papel tiene en mente Madison y los arquitectos de la Constitución de EEUU para los tribunales federales en tiempos de crisis?

El único poder que la Constitución americana otorga a los tribunales federales es el Poder judicial — en los tribunales federales en virtud de la primera frase del Artículo III que dice: “Se depositará el poder judicial de los Estados Unidos en un Tribunal Supremo y en los tribunales inferiores que el Congreso instituya y establezca en lo sucesivo”.(cursivas mías) Aparte del poder que tiene el Congreso a la hora de suspender el famoso Habeas Corpus, no hay nada en la Const. americana que expresamente distnga entre “Poder judicial” en tiempos de paz del “Poder judicial” en tiempos de guerra. ¿Significa eso que los tribunales juegan el mismo papel independientemente de las circunstancias nacionales?

Mi intención es lo que ya dije en la penúltima entrada: los liberales defendemos que el Poder judicial sea deferente hacia el Ejecutivo y defendemos esa tesis contra la oleada de ataques académicos que urgen con inquietud que sean los tribunales, en el nombre de la protección de los “derechos fundamentales”, los que tengan el papel activo de supervisar y examinar el papel del Ejecutivo y el Legislativo y cómo responden a las crisis. Siempre y cuando haya una base racional para el posicionamiento del Ejecutivo, el Tribunal Constitucional siempre debe volver a remitirse a él como ha sido siempre históricamente.

Un gobierno siempre es mejor que un tribunal o incluso los legisladores a la hora de intentar forjar el equilibrio adecuado entre la seguridad y la libertad durante tiempos de crisis interna o externa y lo contrario ocurre con las estructuras institucionales.

Mañana más.

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9 comentarios

  1. Eduardo I · ·

    Cada vez me está gustando más esta web. Hace tiempo que no comento, Alfredo, pero más que nada porque vengo para aprender y me interesa particularmente su filosofía constitucional que creo que es bastante novedosa pero no menos controvertida.

    Hay una cosa que creo que ha tenido una influencia negativa en muchos liberales por culpa de Franklin – al contrario de lo que él decía, sin seguridad no hay libertad. Pero además mucha gente malinterpreta maliciosamente a Franklin. Lo que Franklin decía era que los que estarán dispuestos a ceder libertad ESENCIAL a cambio de seguridad no se merecen ni la seguridad ni la libertad pero eso no quiere decir que se debe despreciar la seguridad.

    Sé que lo hemos hablado ya un montón de veces pero no deja de asombrarme aún como algunos liberales no se dan cuenta o no quieren darse cuenta de que en España los que hoy ocupan el espacio institucional del llamado “liberalismo” provienen de círculos tan pintorescos como los maoístas, caso de Pío Moa, o dicen paridas como las del tal David Ballota en Red Liberal.

    Creo que vd es el único liberal con el que sintonizo en España.

  2. Bienvenido de nuevo y gracias, Eduardo. Me ha gustado bastante lo que comenta de la cita de Franklin y cómo la interpreta. Sí, hay una obsesión entre algunos círculos liberales con esto de la “separación de poderes EN ORIGEN” dicen. Creo que deberían preocuparse más por la conquista del poder antes que en debilitar las cosas.

    Saludos

  3. leak · ·

    Es que, lo que puede funcionar no siempre es un subconjunto de lo ideal. Hay naciones en los que la deferencia hacia el Poder Ejecutivo, hace del Poder Judicial una instancia manipulable y no la última salvaguarda legal de las libertades del individuo. Los ejemplos en Latinoamérica abundan. Se convalidan atropellos a las más básicas libertades y no se ejecutan sentencias porque el Poder Ejecutivo no permite que se arbitren los medios para eso.

    En cierta medida, la historia de esos países muestra que el Poder Ejecutivo es el elemento más importante del que se debe proteger a la ciudadanía. La historia de muchas naciones no es la historia de la Magna Carta Libertatum, sino la historia de la opresión de un Estado a través de la única figura de poder que ha existido desde casi siempre: el Poder Ejecutivo, el jefe, el líder. Los consejos, las asambleas, los parlamentos, los congresos, no son parte del Estado fundacional, son agregados. De ellos depende, como otro agregado más, el Poder Judicial.

    La cadena de dependencias históricas (funcionales o “legales”) hace trizas la idea de la separación en origen, y complica enormemente el equilibrio de las democracias modernas. La judicialización de la política o de la aparición de políticos profesionales en castas judiciales, es un problema común a gran parte de Occidente, pero es peor en regímenes cuya base legal no está diseñada para los contrapesos ni para intrincados modos de autarquía.

  4. Leak: Estoy absolutamente DE ACUERDO con su comentario — justamente ahora mismo estaba analizando el tema de la “separación en origen” y el modelo español, por mucho que algunos digan QUE NO, es bastante “democrático” — si se fija en detalle en las leyes del Poder judicial y la ley del T.Constitucional. En España los jueces del T.Constitucional tienen una duración máxima de 9 años y son elegidos por mayorías holgadas del Congreso y el legislativo en general — sin prejuicio de que algunos son elegidos por el Consejo General del Poder Judicial.

    Como ya he dicho anteriormente, hay decenas de sentencias que anulan el comportamiento aquí del “Ejecutivo” (si es que podemos hablar de “ejecutivo” en España ya que eso reside realmente en el Rey y el Rey no toca lo legislativo ni pinta nada en la política más allá de la pequeñísima y limitadísima función simbólica que tiene en la Constitución).

    Precisamente, usted dice que “la judicialización de la política o de la aparición de políticos profesionales en castas judiciales, es un problema común a gran parte de Occidente, pero es peor en regímenes cuya base legal no está diseñada para los contrapesos ni para intrincados modos de autarquía”.

    Bastante de acuerdo y fíjese en el acontecimiento que caracteriza nuestros tiempos — como vd bien dice, una judicialización absoluta es lo que hay y parece ser que, como vivimos en tiempos “de paz” (de paz relativa, porque no nos matamos a cañonazos en Europa como antes), todo el mundo parece ser que ha querido convertir los tribunales en el nuevo campo de batalla y francamente eso me parece intolerable — y me parece intolerable porque para un liberal la función del tribunal NO es “proteger derechos” en última instancia sino simplemente validar leyes que emanan del legislativo o, en todo caso, reinterpretarlas pero mire bien la historia de la jurisprudencia en EEUU antes del siglo XX. Los casos individuales que trataban el tema de los derechos individuales no llegaban ni al 5% del total. Lo que ha ido ocurriendo a lo largo y ancho del siglo XX y XXI es una progresiva ampliación nefasta de “derechos” que se sacan de la chistera.

    Ayer mismo tuvimos un ejemplo: la ONU por primera vez ha condenado la “discriminación a los homosexuales” y el portavoz americano, de la administración de Obama que promueve eso ha dicho: “cada vez que se han extendido derechos civiles a minorías, siempre ha habido gente que no está a favor y siempre se han equivocado”. No puedo estar MÁS en DESACUERDO con ese disparate peligrosísimo — precisamente lo que demuestra es que al cabo de unos años, hasta los pederastas tendrán derechos porque si no se pude discriminar ya a casi nadie…no hay motivos de hacerlo con otras minorías.

    Pero vea lo que ocurre: el campo de batalla moderno es la sala de lo civil y el contencioso-administrativo en los tribunales. No sé si vd ha estudiado Derecho (creo recordar que sí) pero aquí en España por ejemplo no paran de ampliar más y más el concepto de legitimación activa, lo cual tupe aún más los tribunales de lo contencioso ante la Administración y su actuación.

  5. leak · ·

    Alfredo:

    En cuanto a lo que a mí concierne, no, no he estudiado Derecho, pero siempre me ha interesado la filosofía que subyace en él. Y viendo la realidad actual con ojos de lego, tengo la sensación, posiblemente errónea, pero lamentablemente muy fuerte, de que la proliferación de casos en salas de lo contencioso-administrativo deben su razón de ser a las increíbles deficiencias de los Estados. Deficiencias que vienen del choque entre una concepción literalista de la realidad de las relaciones entre sujetos de derecho y una concepción realista de las mismas. La inflación de normas y derechos provoca que no exista ningún tipo de coherencia del cuerpo legal, con regímenes de excepción codificados ambiguamente y ningún principio rector lo suficientemente fuerte (y restrictivo en su alcance) que guíe ni el accionar de los legisladores ni el de los jueces.

    Por otra parte, si bien el Poder Judicial es el responsable primario de validar las leyes emanadas del Legislativo, la falta de una teoría de decisión y las influencias externas terminan haciendo de muchas sentencias, una cuestión de opinión, que no de interpretación. Un mismo proceso judicial administrativo puede terminar de tantas maneras diferentes como diferendos existan a causa del mismo. Esto es un despropósito, pues se pueden poner en duda cuestiones tan sensibles como la mismísima idea de que el Poder Ejecutivo tiene a su cargo la administración general o como que el Poder Ejecutivo no puede pasarse por alto sentencias judiciales menores o inconstitucionalidades manifiestas en aras de una filosofía política.

  6. El problema es efectivamente “la falta de una teoría de decisión” — las hay, yo defiendo una, pero hay que codificarla en ley para sujetar a los tribunales constitucionales.

    “y las influencias externas terminan haciendo de muchas sentencias, una cuestión de opinión, que no de interpretación. Un mismo proceso judicial administrativo puede terminar de tantas maneras diferentes como diferendos existan a causa del mismo. Esto es un despropósito, pues se pueden poner en duda cuestiones tan sensibles como la mismísima idea de que el Poder Ejecutivo tiene a su cargo la administración general o como que el Poder Ejecutivo no puede pasarse por alto sentencias judiciales menores o inconstitucionalidades manifiestas en aras de una filosofía política”.

    Sí — de hecho lo iba a mencionar en la IIA parte pero no, lo voy a tocar aquí mismo en este hilo si le interesa ver cuál es mi “teoría” de interpretación.

  7. Digamos que una cosa es decir cómo se debe interpretar una ley, y otra cosa es INVALIDAR la ley — ese, y no otro, ha de ser el debate que rodea el tema del Tribunal Constitucional en los países europeos como España que tienen tribunales constitucionales por tener historias de dictaduras, golpes de estado y autoritarismo.

  8. Eduardo I · ·

    @leak: Vamos a ver, el propósito elemental del Tribunal Constitucional no debe ser el de colocarse por encima de los demás Poderes del Estado, sino el de garantizar la independencia de los mismos, y por tanto, más que un propósito de enfrentamientos, debe reinar un espíritu de colaboración entre el órgano constitucional y los Poderes tradicionales del Estado.

    Saludos

  9. leak · ·

    Es que yo no niego eso Eduardo I (lo de que no se debe colocer por encima de los otros poderes). Sólo considero que un Tribunal Constitucional debe ceñirse al texto de la Constitución y al espíritu de la misma. Garantizar el régimen constitucional es una misión súmamente complicada por cuanto el PE y el PL son fuentes primarias de políticas que pueden subvertir el orden. Una excesiva deferencia y espíritu de colaboración puede impedir esa misma misión y puede hacerlo, justamente, porque el origen de los miembros de un tribunal superior es el Poder Legislativo, con lo que adiós a la separación en origen y a la pretensión de garantizar independencia. Eso no justifica, sin embargo, las nefastas operaciones políticas en un tribunal constitucional.

    Por último, quiero decir que hablo someramente desde una óptica republicana, que no parlamentaria. Soy ciudadano de un país para el que el concepto de república es una mentira, aunque esté consagrado en su Constitución. Aquí se ve perfectamente que el Estado fundacional es el estado autocrático, atemperado, a veces, por consejos, congresos, legislaturas, etc. de los que sale el Poder Judicial. Con esa cadena de dependencias funcionales e históricas, el Poder Judicial no interpreta restrictivamente las leyes fundamentales, sólo da opiniones que parecen no vinculantes. Entonces su poder es meramente simbólico y eso yo lo rechazo, porque es la semilla de la degeneración.

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