La muerte de una época (III): Granja y casa

Continuamos. Os decía que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los occidentales tuvimos un estílo de vida muy particular: tranquilidad doméstica viviendo en “una casa en propiedad”. Todos esos desarrollos pueden enseñarnos mucho sobre los problemas que tenemos ahora y ayudarnos a pensar hacia dónde debemos ir encaminados a partir de ahora.

El “sueño americano” consistía en separar el trabajo de la vida familiar de una manera que era relativamente novedosa en la historia del mundo. Recordemos que hasta mediados del siglo XIX, todo era trabajo: no existían pensiones, no existía crédito para casi ninguna persona “común”, las deudas se pactaban entre deudor y deudores y la vida familiar, al menos en países como EEUU o España, giraba alrededor de la finca, la iglesia, y la iglesia y la finca. En EEUU, esto fue mucho más evidente: papá trabajaba a cierta distancia considerable de la casa en la oficina o la factoría. Mamá, en la mayoría de hogares, sencillamente no trabajaba – de hecho, hasta los años 80, la mayoría de los padres no querían que sus mujeres trabajásen, porque ni ellas lo querían y ellos preferían la tranquilidad de que la madre se quede cuidando a los hijos que le había dado. Los niños iban al colegio y la experiencia educativa moderna está totalmente separada del trabajo.

Esto fue la consecuencia lógica de la obra de los reformistas sociales del siglo XIX en los países anglosajones. Muchos escritores cristianos exaltaban la esfera “pura” del hogar, separada del mundo brutal y corrupto del trabajo. La vida hogareña, la esfera donde la mujer con sus instintos morales superiores reinaba, era lo ideal para que los jóvenes crecieran y se convirtieran en seres “puros” y libres, sobre todo, libres.

En la finca, en los siglos anteriores, todo estaba mezclado. La familia era una unidad de producción y también (en el mejor de los casos) una fuente de amor aunque no olvidemos que el concepto romántico de “enamorarse” no surge o no se desarrolla muy bien hasta el siglo XIX. Antes del XIX, el matrimonio era un mero trámite, y te casabas con la mujer que tocaba, sin darle muchas vueltas. Tan pronto como los niños aprendían cosas básicas, como andar, ya se les ponía a trabajar. La madre y el padre tenían un pacto casi “empresarial” — cierto, ella cocinaba más, y el padre se dedicaba a las labores duras, pero eran complementos.

En muchas situaciones, la madre era una instructora también. En una época de poca densidad de población, la mayoría de las personas iban a los sitios andando y no había muchos colegios por cada x número de habitantes. Estos, además, eran de pago: si no tenías dinero, sencillamente no ibas a recibir una instrucción colegial. En parte, por eso los títulos académicos tenían tanto valor en aquellos tiempos. La mayoría de los niños e incluso los héroes más famosos que ha tenido Occidente, se educaban en casa, eran auto-didactas. A pesar de que aprendían a ser granjeros, esto no era un obstáculo para su aprendizaje pero era más importante aprender a lavar con tu propio jabón, saber preparar la hoguera, etc, etc.

Este proceso de transformación — todos los occidentales venimos originalmente de los campos — somos todos de origen campesino, cambió por completo cómo amábamos y cómo vivimos. A partir de la segunda mitad del siglo XX, la vida empieza a dividirse en distintas esferas. Los hombres y mujeres vivían vidas separadas y paralelas; así como los niños de los adultos. Ya no se trabajaba desde el hogar: se iba a una oficina lejos de la misma. Empieza además a desarrollarse la legislación prohibicionista que divide entre “zona residencial” y “zona industrial” – el barrio mixto, donde convivían ricos y pobres, blancos y oscuritos, ruidoso, urbano, diverso, ya no estaba bien visto.

Nuestros bisabuelos cosechaban su propio alimento normalmente en general, mientras que la familia moderna acude al supermercado, compra comida de bote, y compra su ropa del Corte Inglés en vez de hacerla ellos mismos. En los colegios urbanos, los niños empezaban a aprender a sentarse y quedarse quietos en sus asientos y empezaron a vivir su vida marcada por un reloj y unos horarios. Las comadronas ayudaban a tu bisabuela a la hora de parir, y cuando tocaba morir, estabas normalmente rodeado de familiares. Todo se hacía en el hogar. Hoy en día, las mujeres tienen que parir en el hospital, y los mayores mueren o bien en una residencia de ancianos, o bien en un hospital rodeados de los hombres — y mujeres de la bata blanca. La vida de la granja produjo una nación de gente auto-suficiente y general, gente libre mientras que hoy la mayoría vive bajo la tutela de los “expertos” (unos charlatanes, en su mayoría).

Otros cambios — una nación de granjeros es una nación de empresas familiares y pequeñas; mientras que la España moderna se convierte, junto con los EEUU, y otros países de Occidente, en una tierra de empleados — de asalariados. Ese cambio — una nación de emprendedores a una nación que trabaja para las empresas y el Estado fue un cambio profundísimo en Occidente. Que nadie se engañe por favor: hoy EEUU no es un país de emprendedores. Ciertamente, tienen un historial y un ámbito que favorece la libre empresa, pero la ciudadanía que hoy compone lo que es EEUU no tiene nada que ver con los colonos originarios salvo sus descendientes directos.

Esa idea del granjero independiente fue lo que impulsó profundamente la ideología americana — sobre todo en su variante jefersoniana, no obstante. Los que criticaban la democracia afirmaban que una masa de obreros sin propiedad que encima votan no iban a tener la virtud ni la experiencia necesaria para tomar buenas decisiones para el gobierno. Eso es cierto — lo vemos en Europa, por ejemplo pero los hechos en el caso de España lo desmienten: Aquí el 85% de los españolitos tiene “casa en propiedad” y no por ello son rectos, ni mucho menos responsables o “morales” a la hora de votar.

Jefferson afirmaba lo mismo: “Bueno, en América casi todos son propietarios, a diferencia de Europa, y en consecuencia aman la libertad”. Para Jefferson, no eran como los miserables sin un duro de la época antigua que intercambiaban su voto a favor de demagogos y dictadores a cambio de epan y circo — un ejemplo son actualmente los argentinos y muchos otros países latinoamericanos. No tienen donde caerse muertos, pero por eso votan a dictadorzuelos color marrón con sonrisa de Colgate.

Para Jefferson, la granja familiar era la fundación de la democracia americana. Desde esa óptica casi agro-anarka, se afirmaba que los gobiernos republicanos sólo podían funcionar en aquellos sitios en los que dominaba la agricultura y las ciudades son pequeñas. Jefferson y los jeffersonianos odian la ciudad — con su masa de obreros dependientes, sin propiedad, y chusma inempleable. Es el sitio para las turbas urbanas – el origen de “lo izquierdista” (para ellos). Las masas urbanas son estúpidas; no entienden de dónde sale el dinero y creen que pueden seguir votando para recibir beneficios infinitos del estado; son fácilmente manipulados por populistas que les prometen de todo — como hizo Zapatero a sus votantes. Venderían sus libertades por un plato de puré de patatas y, al no tener aptitudes militares ni mucho menos virtudes, son soldados terribles.

En contraste, los granjeros no sólo son dueños de las propiedades; también son pequeños empresarios. La granja era como una universidad que forjaba el carácter necesario para equipar a los americanos en eso de la libertad individual.

La feroz oposición de Jefferson a los planes financieros de Alexander Hamilton refleja su convicción de que una sociedad urbana, mercantil, de la clase que Hamilton quería construir inevitablemente termina siendo víctima de la plebe – y eso sería el fin de la libertad americana.

En la primera mitad del siglo XX, la granja americana se colapsa y tumba la teoría de Jefferson. Los izquierdistas de América se animaron con ese acontecimiento. Para ellos, el colapso de la granja familiar era lo que Marx había pronosticado. Los pequeños propietarios y la pequeña burguesía estaban siendo devorados por las grandes empresas. Los antiguos agricultores libres de América se estaban proletarizando como en Europa – convertidos en los trabajadores de la fábrica. Expuestos a la realidad desnuda de la dura competencia capitalista y los bajos salarios, los estadounidenses se despertarían de su apatía y aceptarían el socialismo – el único camino hacia un futuro digno para las masas trabajadoras, según estos iluminados perversos.

Pero, ni la pesadilla de Jefferson ni los sueños esperanzados de los socialistas europeos se convirtió en una realidad en el caso de los EEUU. Los Estados Unidos se convirtió en una nación de empleados, pero estos empleados no eran ni la chusma romana, ni la vanguardia proletaria. Se mudaron a las afueras, los suburbios y compraron parrillas para la barbacoa, piscinas móviles, coches, electrodomésticos, etc, etc.

La muerte de la granja jefersoniana no acabó con la república americana, por varias razones. En primer lugar, Jefferson se equivocó. La antigua Roma esclavista, a pesar de ser un paraíso jefersoniano, era mucho menos capitalista que el Nueva York Y Londres moderno. Pero es que en el caso de América había algo más: el fin de la granja familiar tipo Heidi no significa el surgimiento de un proletariado sin propiedad. Somos muchos liberales los que en su momento defendíamos que la hipoteca a treinta años era un arma contra Marx: si la familia media ya no era dueña de una granja, todavía podría tener una casa en propiedad.

Gracias a ese concepto de la vivienda propia, el EEUU post-agrícola sigue siendo una tierra de muchísimos propietarios nominales (hipotecados, eso sí) y esa experiencia sigue, aunque ya no tanto, informando los valores políticos y sociales de ese país. Los barrios de América siguen siendo laboratorios de politiqueo local, y hay un interés en eso de mantener las propiedades en condiciones, toman la iniciativa en las actividades comunitarias, son los que (los propietarios) dirigen las asociaciones de padres y hacen que sus hijos participen en algún deporte. El régimen de la propiedad continúa sirviendo como guía política, los votantes estadounidenses quieren mejores servicios municipales, y detestan los impuestos excesivos sobre la propiedad. Tienen que pensar en todo eso en cada elección, y los americanos siguen siendo los que más participan en la política local de barrio.

En España – tenemos algo parecido pero sin el comunitarismo cívico. La grandísima mayoría de españoles está en contra de pagar más impuestos para sufragar servicios sociales y no es exagerado decir que el 99% o algo así de españoles se opone a destinar ayudas sociales a los inmigrantes o a los hijos de éstos. El español es profundamente celoso de “lo suyo” (de su parcela).

Yo comprendo que algunos de nuestros lectores, como el historiador Rubén, o algunos de nuestros familiares liberales y conservadores estén preocupados por la deriva de la propiedad — hablando ayer con una señora mayor en mi familia, le comenté exáctamente todo esto y la conversación fue bastante parecida a la que mantuvimos aquí — la señora me dijo que “es cierto que sólo el 43% de los alemanes tiene casa en propiedad. Pero, nosotros por la gracia de Dios no somos como los alemanes, y nunca lo hemos sido. Nosotros somos occidentales, y a los occidentales sí nos gusta tener casa en propiedad. Alemania es una sociedad totalitaria, y ellos hacen sacrificios en el nombre de un bien común que nosotros no hacemos porque somos más individualistas”.

Los liberales como Rubén o como algunas damas en mi propia familia saben y defienden todo esto porque piensan, no sin razón, que el hecho de que la mayoría de personas compre sus casas, a través de una hipoteca, significa que tienen que mantener los pagos o perder la casa, y eso fomenta responsabilidad individual y hábito constante de trabajo. Si antiguamente el agricultor no se levantaba al amanecer para trabajar la finca, no tenía nada para comer en invierno y se moría de hambre. Si el señorito del chalé en el suburbio no llega en coche, atravesando la carretera y enfrentándose a los atascos matutinos, se hunde su cuenta bancaria y el banco le quita la casa inmediatamente. Tener vivienda en propiedad también enseña a la gente sobre las inversiones y el interés (los tipos) aunque ahora sea una lección dolorosa.

Ambas versiones del “sueño liberal” tienen algo en común: la granja en el valle y la caja en la ciudad ayudan a desarrollar las habilidades y los valores necesarios para llevar un gobierno republicano con éxito. Hasta ahora.

Pero, nuestros modelos están sufriendo una serie de problemas que NO podemos ignorar. Mañana más.

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9 comentarios

  1. Rubén · ·

    Alfredo.

    Efectivamente no puedo estar más de acuerdo con las sabias palabras de tu familiar. Además, no te puedes hacer ni idea de lo sabias que son en el sentido más literal de la palabra “sabia”.
    Geográficamente hablando la frontera natural entre Europa occidental y oriental es el río Elba. Pero este concepto geográfico también es un concepto histórico y social.
    El este de Europa (incluída Rusia) se ha caracterizado tradicionalmente por una servidumbre mucho más acentuada que en Europa occidental, de tal manera que la servidumbre de la gleba (prácticamente esclavismo) era la institución natural y más desarrollada en estas tierras sustituyendo al feudalismo. Puede decirse que el feudalismo y las libertades medievales tan propias de la Europa occidental no existieron en la Europa occidental. Esto también se reflejo en una monarquía absoluta de corte tiránico no al estilo occidental sino al estilo oriental o persa (“satrápico”).

    Aquí podemos observar el recorrido de tal río:

    Como puede observarse buena parte de Alemania reside en la zona oriental de Europa, incluido Berlín.

    “Pero, nuestros modelos están sufriendo una serie de problemas que NO podemos ignorar.”

    Claro que no podemos ignorar que las cosas cambian y menos cuando lo hacen a peor. Pero el modelo sigue siendo bueno en sí mismo y eso es lo que cuenta. Lo que hay que hacer es descubrir y atacar lo que ya no lo hace posible. Y eso no es ir en contra de los tiempos ni en contra del avance ni de la modernización.

  2. Alfredo · ·

    Pues Rubén — la señora que me ha comentado todo eso es una señora bastante mayor en mi familia (cercana a los 95 años) y nunca fue al colegio — pero aún así, fijate entonces como sabe la señora y sin entrar en detalles técnicos por motivos obvios, ella me dijo exáctamente, en un lenguaje más “común”, todo eso que me has comentado. Efectivamente, que quede claro que yo mismo he dicho aquí que no considero que Alemania sea “occidente” propiamente dicho, precisamente por esos mismos motivos que apuntas sabiamente con perspectiva histórica. Esa era la postura de la Dama de Hierro también: la idea que nosotros NO somos como los alemanes ni como los del este — si algo ha caracterizado a España y a Inglaterra ha sido precisamente ese excepcionalismo que compartimos también con los EEUU.

    Lo de “Spain is different” es un caso muy ejemplar y también se da esa actitud en R-Unido y USA. En cuanto a descubrir y atacar lo que ya no lo hace posible — eso voy a hacer mañana y pasado. Normalmente no escribo entradas divididas en tantas partes pero como muchos me acusan de escribir entradas demasiado largas, pues intento dividirlo por eso.

    Saludos

  3. Rubén · ·

    Alfredo.

    Pero la señora de tu familia tiene algo muy importante y que no se adquiere en el colegio: la sabiduría que da la experiencia. Así, más valor tienen todavía las palabras de esta señora por dos motivos: por intuir la verdad gracias a la experiencia y por tener una cabeza tan lúcida con 95 años. Y es que hay verdades que son innatas.
    Seguramente tu familiar sabrá muy bien lo que es trabajar toda la vida por un hogar y unos hijos, y lo que cuesta sacar adelante una familia. Y seguramente tiene que sentirse realizada en la vida cuando observe a sus hijos y nietos porque cuando el Señor la llame a su seno, estos serán los frutos que ha producido y deje tras de sí.

    “Lo de “Spain is different” es un caso muy ejemplar y también se da esa actitud en R-Unido y USA.”

    Muy cierto, los ingleses siempre se han caracterizado por su peculiaridad dentro de Europa y personalmente siempre he encontrado muchas similitudes en cuanto a usos, costumbres y formas de actuar de la gente respecto a situaciones concretas entre España y los EEUU.

    Esperaremos con ganas el resto de entradas, Alfredo.

    Un saludo.

  4. mr. tambourine man · ·

    Alfredo

    “Mamá, en la mayoría de hogares, sencillamente no trabajaba – de hecho, hasta los años 80, la mayoría de los padres no querían que sus mujeres trabajásen, porque ni ellas lo querían y ellos preferían la tranquilidad de que la madre se quede cuidando a los hijos que le había dado.”

    Creo que (al margen de tus consideraciones morales sobre la naturaleza femenina vinculada al hogar, que no comparto) confundes “trabajo” a secas con trabajo remunerado. Si “papá” podía ir cada día a la fábrica o la oficina a trabajar a cambio de un salario para mantener a su familia, era porque “mamá” cocinaba, limpiaba la casa, le lavaba la ropa y se encargaba de los niños. Eso se llama trabajo doméstico, o trabajo reproductivo (no produce como “papá” en la fábrica, pero permite reproducir en sentido biológico-familiar y también en sentido económico, si no “papá” pasaría hambre y acudiría a su puesto de trabajo hecho un desastre)

    salud

  5. Alfredo · ·

    tambourine:

    ¿Por qué? He hablado únicamente del trabajo — remunerado y no remunerado — por eso he hablado de la naturaleza económica del hogar antes del siglo XX. Efectivamente, el trabajo doméstico de la mujer facilitaba las cosas — pero eso ya no existe en el 99% de los hogares occidentales.

    No veo la discrepancia—he dicho exáctamente eso.

    Rubén:

    Sí, así es bueno y en realidad también porque tengo un historial familiar así – uno de hacer muchísimos sacrificios. Como ves, creo que igual es por eso que han odiado tanto, toda su vida, cualquier forma de totalitarismo político, sea fascista o comunista. Yo creo que al final todo tiene que ver con las aspiraciones que cada uno tenga, como hemos venido hablando y la capacidad que uno tenga de salir adelante haciendo ciertos sacrificios. Cuando se tiene hijos y se es buen padre, se hace mucho más. La cuestión es que debido a motivos obvios, son cada vez menos hombres los que desean tener hijos y hacer esos sacrificios. Al margen de todo eso, hay una expresión en inglés que se usa en referencia a hogares o familias muy rectas que se traduce bien al español: “Estos señores dirigen un establecimiento muy limpio” (significa que llevan un hogar estricto y moral). Yo me crié con ese tipo de “ambiente” “moral” y estoy agradecido por ello porque creo que el tipo de hogar que tienes SÍ influye a lo largo de tu vida en cuanto a lo que eres y cómo te comportas.

  6. sociata latinoamericano · ·

    Alfredo: si fueras presidente, ¿cómo le harías ver a la población que vienen tiempos de enorme infelicidad, sacrificio y dolor?

  7. Alfredo · ·

    Pues sí Rubén, que cunda.

    Sociata: ¿Cómo lo haría? Pues…creo que en parte ya lo saben los que lo tienen que saber.

    Por ejemplo, fíjese qué indignante:

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/07/espana/1307459659.html

  8. anti sindicalista · ·

    Como dije en un tema anterior: los cambios bruscos que pueden ocurrir en las sociedades pueden ser fácilmente manejables mientras la familia sea la institución más sólida que exista. Por eso, no me sorprendo de la crisis que está sufriendo occidente; mas bien me sorprendería si las cosas mejoraran.

    Sobre el caráter de los “occidentales”: los ingleses y españoles (no estoy muy seguro de los franceses y holandeses), cuando veían que no había muchas oportunidades en sus patrias natales, simplemente agarraban un barco, y se lanzaban a otro continente a vivir. Fuera de ellos, los demás europeos tenían que “conformarse” con su terruño. Tal vez por eso a Churchill nunca le gustaron los nazis, ya que explotaban hazañas que ellon NO hicieron.

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