Inflación de derechos (VI): correspondencia, imagen, autor

Entiende la doctrina moderna que es siempre confidencial y reservado cuanto se refiere a la “intimidad” de la “vida privada”, y por ello se estima que el derecho al secreto de las “comunicaciones”, y “en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”. (Artículo 18.3 de nuestra Constitución). Ahora bien, dicho “derecho”, que corresponde tanto al remitente como al destinatario, no debe ser confundido con el derecho de propiedad sobre las comunicaciones materialmente considerada (que, por lo general, corresponde al destinatario), ni con el derecho de autor (que pertenece, en su caso, al remitente).

Entre nosotros, la Constitución de los Españoles dedica la debida atención al derecho de que se trata, y especificando “postales, telegráficas y telefónicas” (aunque yo personalmente no estoy de acuerdo en que una conversación telefónica merezca protección constitucional).

En nuestras leyes ordinarias la protección del derecho al secreto de la correspondencia se actúa por vía civil, por vía penal y por vía disciplinaria, a través esta última de la reglamentación de Correos.

En vía civil, la tutela del derecho al secreto epistolar (y análogamente el telegráfico y el telefónico) actuará a través del principi general de la responsabilidad por hecho ilícito, establecido en el Artículo 1.902 de nuestro Código civil que dice así:

“El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado.”

La tutela penal tiene su cauce en aquellos artículos del Código punitivo que castigan determinados supuestos de violación de secretos. Así, los Artículos 197-201 se refieren a la violación de secretos por particulares y funcionarios públicos y también se castiga la divulgación de hechos relativos a la “vida privada”.

Yo personalmente prefiero la clásica doctrina española que era única y peculiar en Europa. La legislación española, antes del nefasto ingreso de España en la Unión Europea que es la que nos controla, organizaba la protección de los secretos privados sobre el hecho del apoderamiento de cartas y papeles, mientras que los extranjeros siempre han reprimido especialmente la “violación de la correspondencia postal, telegráfica o telefónica”. Nosotros hablábamos más bien de apoderamiento ilícito y esa es la doctrina que yo defiendo.

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El “derecho a la imagen”

La concepción más antigua, muy radical, consideraba la imagen como una huella de la personalidad, una manifestación de nuestro cuerpo, y así como el “individuo tiene un derecho sobre el propio cuerpo”, ha de tenerlo “también sobre la propia imagen”, que es como la sombra de aquél. El alemán radical Keyssner, propugnaba una protección absoluta del derecho a la imagen, comprensiva incluso de la legítima defensa, para el caso de que alguien quisiera, por sorpresa y contra nuestra voluntad, hacernos una fotografía.

Otra concepción, más bien la clásica de los EEUU, es que la imagen no es protegida por sí misma, como una pertenencia o emanación de la persona, y, por consiguiente, sólo se puede impedir que alguno pinte o reproduzca la imagen de otro en cuanto su publicidad o difusión cause una ofensa a la personalidad. La tutela de la imagen se manifiesta así como una forma o derivación de la “protección a la reputación/honor”. Los defensores de esta idea dicen que se trata de impedir las exhibiciones o publicaciones “injuriosas”, entendida esta palabra no en la acepción estricta del Derecho penal, sino ampliamente comprensiva de todo ejercicio o lesión a un interés moral cualquiera digno de consideración. Una tesis demasiado radical, creo yo, para nuestros lectores habituales y simpatizantes.

Hay que poner objeciones a esa teoría que pretende subsumir el derecho a la propia imagen en el derecho al honor. Considero, lo siento, que en pleno 2011, debemos todos superar YA esa dirección doctrinal liberticida. La mejor solución es enlazar el derecho a la imagen con la idea de protección a la reserva de la vida privada. Lamentablemente, no obstante, se ha reconocido el “derecho a la propia imagen” en la mayoría de países de Europa y de Latinoamérica — curiosamente, países con fuertes tradiciones colectivistas y dictatoriales.

Sin embargo, podemos limitar el alcance de ese “derecho” y excluir el derecho a través de alguna Ley Orgánica que no proteja a delincuentes convictos, o a personas populares, o las necesidades que tenga la justicia penal para esclarecer delitos, o para fines científicos, didácticos y culturales; o a hechos de interés público o desarrollados en público.

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El derecho de autor: Recomiendo lean esta entrada, sobre todo el hilo — ahí queda plasmada mi postura. Con esta entrada, ya he terminado la serie sobre los famosos “derechos”. Espero que haya sido del agrado de todo el mundo aunque no descarto seguir dando caña cuando surjan nuevos “derechos”, como seguramente ocurrirá si la tonta de la Leire Pajín sigue diciendo estupideces en público.

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3 comentarios

  1. Alfredo · ·

    Una “curiosidad”. Margaret Thatcher, por si algunos no lo sabían, era una defensora de leyes muy duras contra la posesión ilícita de armas de fuego y navajas en el Reino Unido.

    Cabe recordar también que el líder laborista, Neil Kinnock, llegó a decir a Thatcher, después de que ella haya dicho en el Parlamento que “hay que endurecer el criterio para otorgar certificados que permitan la posesión de armas de fuego, y la policía debe poder negarse a darle permisos a cualquier solicitante que no tenga buena razón para tener un arma de fuego y la policía tiene que estar satisfecha que el individuo no es un peligro público, y los dueños de armas de fuego tendrán que guardar con seguridad sus armas para impedir robos y toda arma de fuego tendrá que tener una licencia individual por cada una”

    Kinnock le espetó: “¿y por qué ya no dejamos que sea la Policía la única que tenga armas, ya que usted odia la libertad?”

    Es curioso ver como han cambiado los laboristas porque ciertamente los liberales siempre estuvimos a favor de posesión RESPONSABLE Y LEGAL de armas — y ese era el objetivo de lo que dijo Thatcher. Por supuesto que ella no hubiera estado de acuerdo con locuras como las que defienden los “Rothbardianos” y otros ideólogos baratos que sólo tienen excremento en la cabeza y nada de ideas sólidas.

  2. Adán · ·

    Hola Alfredo.

    Me gusta su forma de pensar, el Juez tiene más amplitud para interpretar las leyes, por lo que si el Juez tiene sentido común (aunque sea el menos común de los sentidos), se imparte justicia, tratando igual a los iguales y de desigual manera a los desiguales. Lo malo es que en nuestra Patria existen pocos Jueces con sentido común, es más, cualquier albañil o pastor de cabras tiene más sentido común que un Juez español. Saludos.

  3. Alfredo · ·

    El problema, a mi juicio, Adán, es que la judicatura se ha degradado mucho — ya sabe, ahora estudia cualquiera y una Sorayita puede aprenderse los temas tal cual como papagayo y convertirse en Abogada de Estado o Jueza, a pesar de que no es comparable “eso” a un Mario Conde o a un Cánovas…pero, en fin, cosas del socialismo rancio que hemos tenido que sufrir durante 30 años en este país. Sólo hay que ver la Complutense aquí en nuestra capital: totalmente degradada y llena de graffitis.

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