Una vieja cuestión jurídica: Derecho Natural y Derecho Positivo

El día de mi presentación a cargo de Alfredo Valcárcel en El liberalismo democrático y clásico, uno de los lectores y comentaristas asiduos me pidió una definición de Derecho Natural. No estaba ni está en mi mano ser muy original o innovador con tan vieja cuestión. En ese momento respondí que el Derecho Natural era aquél “que se fundamenta en la naturaleza humana”, agregando que sus preceptos “atenderán a las, por así decir, tendencias principales de la naturaleza humana”. Es una definición ciertamente académica pero válida. No obstante, ahora tengo intención de profundizar en este debate abierto y en sus consecuencias para el ordenamiento jurídico.

Como he dicho, la discusión sobre iuspositivismo e iusnaturalismo –y sobre sus definiciones– es ya antigua en el mundo del Derecho, muy antigua. Por lo general, se ha afrontado desde una óptica de confrontación, esto es, considerando que entre ley natural y ley positiva surgen continuos conflictos y que una ha de vencer al final. Es una visión, a mi juicio, harto equivocada, una visión que conlleva extremismo y un evidente riesgo de manipulación. La tentación de apropiarse del Derecho Natural confundiéndolo con la moral o de convertir el Derecho Positivo en un monstruo voraz y depravado está ahí.

La teoría pura del Derecho, de Hans Kelsen, viene a señalar, de forma un tanto cruda, que el Derecho formalmente válido es justo. Así es el positivismo. El Derecho Natural es menos prosaico. Cicerón, en el tercer tomo del tratado Sobre la República, escribió: “La ley verdadera es la recta razón de conformidad con la naturaleza; tiene una aplicación universal, inmutable y perenne; mediante sus mandamientos nos insta a obrar debidamente, y mediante sus prohibiciones nos evita obrar mal”.

Después de los horrores del totalitarismo y la Segunda Guerra Mundial, los teóricos del positivismo han revisado sus concepciones y ya no entienden que el Derecho deba identificarse por completo con la ley positiva. Sobre todo, porque en ella, de acuerdo con la definición dada, no se tienen en cuenta los contenidos. Las leyes pueden ser justas o no, pero el Derecho, por definición, ha de ser justo. De ahí la necesidad del reconocimiento de un Derecho Natural, íntimamente relacionado con la dignidad humana, que ponga límites a los excesos positivistas.

¿Cuál es el estado actual de la cuestión en España? Se ha querido ver el artículo 10 de la Constitución de 1978 como un sólido anclaje de los principios del Derecho Natural. Dicho artículo reza en su primer apartado: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”. Aquí aparecen dos aspectos sumamente relevantes. En primer lugar, la referencia directa a la dignidad de la persona. En segundo lugar, el reconocimiento de la existencia de derechos inherentes, o sea, de derechos de que gozan las personas por el mero hecho de serlo y que son anteriores al ordenamiento jurídico. Frente a esto, en el positivismo jurídico la cuestión de los derechos es más relativa, pues constituyen atribuciones, dádivas graciosas del poder de turno a los ciudadanos, por lo que pueden ser alterados de la noche a la mañana.

En adición, está el problema de lo que es justo y lo que no. Quizá se pueda dar un ejemplo algo extremo. Tomemos un artículo de la Constitución, el 15, y seamos brutalmente positivistas y cambiemos su tenor literal mediante una reforma agravada (obviando todo lo demás): “Sólo tienen derecho a la vida los nacidos de padre y madre españoles”. ¿Es justo lo que se plantea en esta hipótesis?

En definitiva, “si se afirma la existencia del derecho natural tiene que admitirse que el derecho positivo debe, inexorablemente, atenerse en sus prescripciones a las de aquél pues un ordenamiento que conculcase los mandatos y prohibiciones del derecho natural estaría violentando las tendencias de la naturaleza humana”: por tanto, ante a la postura monista, que sostiene la existencia de un único ordenamiento jurídico –el positivo–, la postura dualista defiende que “las relaciones humanas se regulan por el derecho natural, pero el mismo se expresa en preceptos abstractos, difícilmente aplicables a los casos concretos, particulares y específicos que la vida presente, por lo que hace falta otro ordenamiento –el derecho positivo–, capaz de ajustarse a estos supuestos concretos y ajustarse a sus particularidades” (véase Antonio Fernández-Galiano y Benito de Castro Cid, Lecciones de Teoría del Derecho y Derecho Natural, Universitas, Madrid, 1995, pp. 283-286). El Derecho Natural, consecuentemente, sería el fundamento previo del Derecho Positivo.

El Derecho Natural en solitario tampoco sería la opción correcta: muchos tenderían a identificarlo con la moral y sería demasiado evanescente. Si en algo aciertan los positivistas, es en la separación entre Derecho y moral, en las diferencias entre ambos mundos. El Derecho no es más que una herramienta para la convivencia social. Pero el Derecho Natural no es moral, no es un conjunto de normas morales (no jurídicas), toda vez que lo que no son actos de convivencia no le interesan, aunque haya concepciones amplias de iusnaturalismo que sí consideren aquéllas (ibidem, pp. 297-298).

Los extremismos no son buenos, y tanto Derecho Positivo como Derecho Natural presentan errores y carencias, pero pueden complementarse y ser mejores juntos, más justos y eficaces. Ésa es la vía más acertada, la que conduce al equilibrio, a la síntesis. Y, para ello, en España existe el faro del artículo 10 CE.

About these ads

14 comentarios

  1. valcarcel · ·

    Bueno, para empezar, te diré que acepto como muy correctas y precisas las definciones que das respecto a Derecho Natural. Yo, sin embargo, al igual que Hayek, no soy partidario del derecho natural y te explico por qué. Después de eso, un par de comentarios sobre tu texto en sí.

    Para mí, siempre me ha resultado problemático eso de las fuentes de la legitimidad legal. Reconozco que mi postura es un tanto problemática pero sé que rechazo el concepto de Derecho Natural porque sin entrar en tus definiciones, pienso que en la práctica significa que debemos juzgar de acuerdo a nuestra propia concepción de la justicia.

    Sin embargo, sí que pienso que la fundación del derecho es anterior y dan lugar a unas normas común o extendidas de conducta — a esto se le llama el “nomos” del Griego, en contraposición a “tésis”, cuerpo de derecho positivo.

    Entonces, para mí el “common law” que estudié un poco es un fenómeno espontáneo, sin una dirección humana que sea obvia. Es decir, para mí el derecho está relacionado con la costumbre, pero no veo ninguna garantía que por el simple hecho de ser fiel al “nomos” conlleve una condición más ilustre de la libertad.

    Por ejemplo, la ablación del clitoris en África y en Europa, ¿acaso no viene de ese concepto del nomos?

    Reconozco mi error pero es que no me fío de ningún intento humano para definir lo que es la autoridad y prefio algún orígen “místico.”

    Quizás soy un romántico, no sé.

    Debo reconocer, para variar, que uno de los juristas que más ha tenido influencia en mi vida ha sido Sir Edward Coke, y Coke acepta el derecho natural. Esto es algo, supongo, que debo refinar más porque aún no tengo muy muy clara cual es mi postura exacta. Supongo que me mosquea la palabra “natural”.

    En cuanto a tu texto, resalto lo que me gusta y comparto:

    “De ahí la necesidad del reconocimiento de un Derecho Natural, íntimamente relacionado con la dignidad humana, que ponga límites a los excesos positivistas”

    Esto es, sin lugar a dudas, muy importante.

    Sin embargo, debemos templar lo sobrenatural con la razón, y creo que estarás de acuerdo.

    “Los extremismos no son buenos, y tanto Derecho Positivo como Derecho Natural presentan errores y carencias, pero pueden complementarse y ser mejores juntos, más justos y eficaces. Ésa es la vía más acertada, la que conduce al equilibrio, a la síntesis.”

    Esto lo acepto pero como te dije antes, voy a contemplar todos estos conceptos y comentaré un poco más cuando toque.

    Saludos

  2. J.N. · ·

    Muy Interesante Sergio.

    Me apetece comentar algo, aunque quizás no debiera porque soy un completo ignorante en estos temas. Pero seguro que me disculpáis
    Yo no creo que con conceptos como *conformidad con la naturaleza humana*, se llegue muy lejos a la hora de establecer normas sociales, tampoco con términos tan poco concretos, difusos y bastante interpretables como *dignidad inherente a la persona*. En mi opinión las categorías y normativas sobre derechos y leyes responden más bien, como muy bien dices, a instrumentos o coordenadas de articulación y lubricación sociocultural. Algunos elementos básicos son prácticamente universales, inherentes a cualquier convivencia y/o quizás a cualquier sistema moral ( hay una realimentación fuerte en la raíces y funciones del fenómeno moral- y no me refiero a contenidos y sistemas morales concretos en particular sino al propio fenómeno moral – y el derecho, aunque por supuesto no son sinónimos, pero uno surge, se despliega y se formula como expresión social del otro ) otros más conyunturales o dependientes de las características concretas de las sociedades. Pulsiones como el robo, el asesinato, la violación y otros abusos que en general contemplamos como reprobables y socialmente indeseables ( sobre todo en los demás, esto es broma o casi) son también sin duda derivados de la *naturaleza humana*, como lo es probablemente la venganza, y también quizás la propia noción de justicia ( que sería supongo en puridad el germen y quizás todo lo que se podría decir al respecto del concepto de derecho natural), en la que se sustenta a mi modo de ver cualquier concepto de derecho, por rudo o sofisticado que sea en su desarrollo. La naturaleza humana incluye demasiados comportamientos contradictorios y variopintos, incluyendo algunos que el derecho pretende precisamente controlar, como para ser demasiado útil.
    Por otro lado, no hay que olvidar que las sociedades humanas y sus estructuras( al igual que los organismos vivos o los ecosistemas) incluyendo sus normas y leyes tienen un desarrollo histórico y no es posible diseñarlas de cero , sin que haya un colapso previo o una regresión importante, conviene que las transformaciones sean pautadas. Esto es pura ecología.
    .
    En mi opinión a la postre lo fundamental es cómo queremos vivir (incluyendo en el balance factores idealistas y pragmáticos, no vivimos en un mundo ideal ni abstracto ni remodelable a voluntad) y por qué y a partir de ahí articular y asumir las leyes oportunas.
    J.N.

  3. J.N. · ·

    Disculpas, no leí el autor y se lo atribuí a Alfredo. Cada vez estoy más atontado.
    J.N.

  4. valcarcel · ·

    No se preocupe, lo edito para aclarar a quién se dirigía. Ciertamente, Sergio y yo tenemos estílos muy distintos en algunos temas.

  5. sldoncel · ·

    Alfredo:

    Antes de dar mi réplica, muchas gracias por la oportunidad de publicar aquí con toda libertad y por tu valiosa aportación a mi artículo.

    Primero, tengo que decir que creo que el ser humano posee un sentido bastante atinado, es decir, casi objetivo, de lo que es justo y lo que no, que le es algo inherente, al menos en cuestiones básicas. Que luego lo ponga en práctica o no es cosa distinta. Pero ello estaría más relacionado con la moral, con la moral de cada uno, y en todo lo que no afecta a la convivencia entre personas, el Derecho no debería entrar y el Derecho Natural tampoco. Hay que recordar que no todo lo ilícito es inmoral y que no todo lo inmoral tiene que ser ilícito.

    Sí, es cierto que el Common Law está basado en lo consuetudinario y en la práctica judicial, pero también hay textos legales que están ahí, como el Bill of Rights. Está claro que la ablación de clítoris es naturalmente indeseable, no tendría cabida en los ordenamientos de los países civilizados porque atenta contra la libertad, integridad y dignidad de la persona. Ni siquiera como costumbre es respetable, ni como parte de una cultura determinada.

    No toda costumbre se convierte en Derecho por el mero hecho de repetirse. Ni siquiera en el Derecho Internacional, tan consuetudinario, está todo permitido por esa vía.

    Y es verdad que a mí también “lo natural” me trae quebraderos de cabeza.

    J.N.:

    Como es a ti a quien se debe la génesis de este texto, no puedo sino animarte a que comentes y a que plantees tus fundamentadas objeciones, agradeciéndote esta primera, que me parece estupenda y soberbia en el buen sentido de la palabra.

    En un primer momento, hablas de la dignidad humana como algo interpretable. Efectivamente, lo es. Y no hay ningún problema, porque el Derecho es interpretable. Y por eso, ningún derecho, provenga o no del Derecho Natural, es absoluto, y por tanto caben limitaciones y discusiones en torno a él. Es lo que pasa con el debate sobre el aborto. Ahí el TC, en su sentencia de 1985, está aceptando que el “nasciturus” es un bien jurídico digno de protección, incluso penal, pero que hay un conflicto de intereses con la madre que debe ser tenido en cuenta. Es la tesis que sostengo yo. Y esa argumentación se basa en derechos como el de la vida, el libre desarrollo de la personalidad, la dignidad humana, etc., que forman parte del acervo “iusnaturalista” pero que son susceptibles de interpretación. El Derecho Natural no es un Derecho Divino, revelado, sobrenatural, sino que, al menos según lo veo, es una especie de muro de contención, de humanidad que se rebela ante la injusticia, para que el Derecho no se vuelva loco pero que puede ser acomodado a muchas exigencias concretas.

    Sobre lo siguiente, repito que el Derecho tiene objetivos muy modestos: propiciar la convivencia social respetando la dignidad humana. Coincido contigo en dos cosas más: en la justicia como razón de ser del Derecho y en que ciertos cambios legislativos no pueden abordarse al modo del elefante que entra en la cacharrería. Aun así, siempre habrá límites. Los derechos fundamentales se llaman así por tener un fundamento que va más allá de la voluntad del legislador y cuyo tronco común es la dignidad.

    Pero no quiero aparecer como un fanático del Derecho Natural y de sus postulados. Siempre hay que ser realistas y no penetrar en el terreno de las discusiones bizantinas. De hecho, soy un rendido admirador de Hans Kelsen. Lo que he escrito aquí ha sido sobre todo con propósitos mínimamente introductorios de un tema inabarcable, harto complejo, y pretendiendo dar una visión sencilla y humilde de lo que es una y otra cosa, de dónde presentan fricciones y cómo pueden convivir para beneficio de todos.

    Un saludo.

  6. valcarcel · ·

    Nada Sergio, tenerte aquí como autor considero que ha sido una de mis mejores decisiones en el mundillo de la blogoesfera.

    Bueno ahora que respondes, veo que incluso estamos más cerca de lo que yo pensaba.

    **Yo también admiro mucho a Kelsen** aunque mi admiración es puramente eso, no necesariamente con todo su texto.

    “Hay que recordar que no todo lo ilícito es inmoral y que no todo lo inmoral tiene que ser ilícito.”

    Acepto la fórmula.

    Permíteme decir algo más sobre la moral:

    Uno de los debates más importantes que vamos a tener de cara al futuro e incluso ahora es sobre la “moral” o “inmoralidad” del sistema capitalista que defendemos, que ambos defendemos.

    Bajo el lema de “los derechos humanos”, como vimos hace poco en el artículo escrito por el comunista Anguita, hay una batalla ideológica porque los comunistas tienen toda la intención de apropiarse del término “derechos humanos” para conducirnos hacia una “sociedad” más socialista.

    Por ello, creo que es importante resaltar no sólo que el capitalismo funciona, sino su moralidad.

    Es muy interesante. Han habido dos estadistas mundiales que verdaderamente desarrollaron este concepto, la moralidad de lo que hacemos. Primero, Abraham Lincoln, quien dijo:

    “Let us ensure that right makes might and not the other way around”

    (lo siento, es que no pude resistir ponerlo en inglés por lo bien que suena)

    traducción para el lector que no comprenda el inglés: tenemos que asegurar que “el bien” hace la fuerza y no al revés.

    Luego, Winston Churchill en 1938 dijo: tiene que haber una base moral para la política exterior británica.

    Creo que hay una base moral para la política económica que defendemos, llamemosla “capitalista” o “monetarista.” Como bien saben mis lectores habituales, no soy Católico, pero el Papa Romano, en una de sus encíclicas (Juan Pablo II) habló sobre la nobleza de la capacidad creativa que tiene el hombre y que se debe respetar, alentar y utilizar.

    Nuestro recurso principal es nosotros mismos.

    Luego señaló la importancia que también es necesaria una comunidad de esfuerzo o muchos compañeros — una magnífica justificación teológica del capitalismo.

    Termino diciéndote que aunque la moral y la religión son cosas buenas, nobles, como hablamos en el otro artículo, debemos recordar que en un sistema democrático el verdadero “poder” para el ciudadano no tiene su orígen en la bondad de un político — no, el verdadero “poder” viene del choque entre sus puntos de vista e intereses con la oposición para que los votantes decidan el camino que quieren tomar.

    La reacción correcta contra cualquier exceso de idealismo izquierdista es, parafraseando a Samuel Johnson del siglo XVIII, “contar las cucharas.”

    Ahí es donde vemos la distinción entre vicio y virtud por ejemplo y es una buena fórmula, contar las cucharas, contra aquellos que dicen “ohh no es relevante la moral.”

    Bueno perdona el rollo que te suelto pero creo que esto es un tema muy interesante.

    Saludos

  7. Adrilon · ·

    Sergio, en primer lugar enhorabuena por tu artículo, es refrescante leer algo así y no tanta doctrina. ¡Perestroika! jeje. Bueno tengo una pregunta:

    Dices que ningún derecho es absoluto. ¿De quién o qué entonces dependen nuestros derechos? Ojo no digo que estés equivocado, pero mi posición quizás por estos lares se consideraria “estatista.” Para mí pienso que los derechos son colectivos, soy colectivista, y de izquierdas y perspectiva marxista aunque respeto a todo el mundo y no soy de esos que se ponen la bufanda palestina. Simplemente vengo por aquí porque es el único sitio en la web que conozco del mundo “liberal” donde se puede hablar con tranquilidad de cualquier cosa.

    Eso es todo.

    Salu2

  8. sldoncel · ·

    Alfredo:

    Por supuesto, estoy de acuerdo: fuera de lo que es el mundo del Derecho, claro que se debe dar importancia a la moral, a la existencia de unos valores. Incluso, sin duda, cabe una crítica moral al Derecho. Es algo que aceptan muchos positivistas. En todo caso, cuando digo que el Derecho no debe mezclarse con la moral, me refiero sobre todo a que una moral determinada, normalmente de origen religioso, impusiese sus preceptos por creerlos superiores a los del resto. Hago esta aclaración porque es bien evidente que hay muchos valores que el Derecho recoge en sus principios y eso no es malo “per se”.

    Adrilon:

    Gracias por el elogio. Y también es bueno saber que no todo izquierdisa gusta del dichoso mantel de cocina de los terroristas palestinos.

    Con respecto a tu pregunta, hay que acudir a la distinción entre derechos fundamentales de primera generación, segunda generación… Baste decir que la mayoría son destinados a sujetos individuales y de ejercicio individual (no en vano el individuo se ha convrtido en sujeto de Derecho Internacional gracias al reconcimiento de los derechos humanos). No entiendo bien lo que es un derecho colectivo, a no ser que eso suponga un derecho que se ejerza con mayor eficacia por muchos en lugar de por uno solo, como el caso del derecho a la huelga.

    No existe ningún derecho que sea absoluto, debido al principio general del Derecho de “alterum non laedere”. Pongamos por caso a un acérrimo defensor del derecho a la vida. Muy bien, pero reconociendo excepciones: la del aborto en determinados supuestos es una (a mi entender); la legítima defensa y el estado de necesidad son otras dos. Y así con todos. ¿Libertad de expresión? Igual: el límite lo marca el CP mediante las injurias y calumnias, y el Derecho Civil mediante la intromisión ilegítima en el honor. ¿La intimidad? El ser un personaje público.

    Un saludo.

  9. valcarcel · ·

    Estamos en plena sintonía Sergio, por mi parte por ahora no tengo nada más que añadir.

    Adrilón:

    ¿A qué viene eso de “perestroika”? Ni que yo fuera un dictador como tantos de los suyos sí han sido.

    ¿Doctrina? ¿Y usted no la tiene?

    Claro que sí, y mucho más dura que la poca que yo pueda tener.

    Lo que yo tengo es un mensaje, ideológico, sí, sí, pero no deja de ser fundamentalmente un mensaje.

  10. Adrilon · ·

    @Alfredo:

    No, usted no es “dictador” pero tics autoritarios sí que tiene. No era eso el tema porque me refería a cambios en la “línea” general de aquí.

    Sí, claro que tengo doctrina, ¿más dura que la suya? No, a mí no me va eso de dar hostiazos a los anarquistas y guillotinear a todo el que no esté de acuerdo con mis planteamientos.

    El mensaje que ud tiene ya lo conocemos, demasiado y los lectores queremos cambios. Usted dice que se preocupa por los lectores, ¿no? Pues deje que otros participen. De momento 2 es mejor que 1, pero esto tendría que ser un sitio más participativo porque sino caemos en el verticalismo autoritario. Es mi opinión.

    @Sergio:

    No me pongo la bufanda jeje, vamos tampoco es para despreciar asi ¿no? no me la pongo porque defiendo el laicismo y no creo que los radicales musulmanes sean aliados de ningún marxista.

    “No entiendo bien lo que es un derecho colectivo, a no ser que eso suponga un derecho que se ejerza con mayor eficacia por muchos en lugar de por uno solo, como el caso del derecho a la huelga.”

    Je, no precisamente. Veo que estás sumergido en un individualismo liberal que siempre es burgués, su origen es burgués. Pero colectivo no me refiero al ejercicio sino del disfrute. La vivienda para mi es un derecho de todos, es colectivo, así como un derecho a un empleo digno. Ya sé que no son posturas “liberales”, quiero dejar claro que NO soy liberal – soy marxista-leninista. La verdad es que igual sufro de paranoia pero he detectado algo de sarcasmo en tu respuesta sobre eso, sobre el ejercicio. Disculpa si no es así.

    Si ha sido algo sarcástico, rectifica.

    Aclarado eso,

    estoy sorprendentemente de acuerdo con lo demás.

    Sigo pensando que el derecho sólo expresa la clase dirigente. Por mucho que intentéis venderme lo de “democracia”, está claro quién manda. Un ejemplo es el tema del referéndum en el País Vasco y la anulación de las listas y prohibir partidos.

    Vosotros me diréis que es porque no condenaron el terrorismo. Yo te pregunto a ti como jurista, ¿es ilegal en sí no condenar el “terrorismo”? Vamos porque por esa regla de tres, todavía estamos esperando a que el PP se disculpe del terrorismo al que sometió a los iraquíes o del PSOE en Afganistán.

    No quiero desviar tu ensayo ni nada por el estílo – solo quería que me aclarases el “por qué” el 99% de los liberales estuvo a favor de anular las listas. Eso es solo un ejemplo de como el poder real se manifiesta a través de la ley.

    Saludos

  11. Rothbard · ·

    Hola Alfredo, hace tiempo no venía a tu sitio y me he perdido la posibilidad de discutir los temas de la forma en que lo hacía antes.

    Ha sido un problema técnico el que me impide visitar el sitio. Trataré de visitarte cuando el internet no este bloqueado.

    En todo caso, el tema que plantea es uno de los focos centrales en la discusión liberal, desde Bentham, pasando por Stuart Mill hasta Hayek.

    Creo que esa discusión no ha logrado ser saldada del todo y como una especie de tira y afloja se está recurriendo a uno u otro.

    Saludos

  12. valcarcel · ·

    Adrilón: no tengo ningún “tic” autoritario, tengo principios, eso sí.

    @Rothbard:

    ¡Saludos y bienvenido una vez más por estos lares! Se le echaba de menos.

    Le diré que éste artículo no es mío — se perdió una pequeña “revolución” en el blog — éste artículo es del otro autor de ésta bitácora, de Sergio.

    Saludos

    PD: Mi posición personal y particular se asemeja muchísimo a la de Hayek y se aleja mucho de Bentham.

  13. Señor Añfredo Valcárcel:
    Aunque no comparto algunos postulados de su ideología política, sigo de cerca su blog desde hace algún tiempo. Debo felicitarle por su prosa y su redacción, señor; la verdad es que sus artículos, aún estando en contra parcial o totalmente, nunca defraudan. Queda invitado, se gusta, a pasearse por mi espacio.
    Un saludo.
    MR.GROUCH

  14. sldoncel · ·

    Adrilon:

    El pañuelo de cocina palestino no me merece ningún respeto. Para mí, es como si alguien fuese por la calle con boina de paleto y pasamontañas, al estilo etarra.

    No he sido sarcástico, pero, si lo hubiese sido, no habría lugar a un derecho de rectificación por tu parte. El ser sarcástico o no entra dentro de mi libertad de expresión en este espacio y no implica una merma de los buenos modales en general.

    Como es obvio, yo soy un individualista y me da vergüenza proclamarlo. En mi opinión, un colectivo no es más que una suma de individuos con intereses comunes. Normalmente, en Derecho del Trabajo se habla del derecho colectivo al trabajo, pero creo –y espero– sin ninguna connotación marxista. Por lo demás, es una distinción bastante innecesaria.

    “Yo te pregunto a ti como jurista, ¿es ilegal en sí no condenar el “terrorismo”?

    La Ley de Partidos es un instrumento perfectamente válido y democrático en la lucha contra el terrorismo, porque desde hace mucho tiempo es manifiesto que un Estado de Derecho no puede sobrevivir con partidos en su interior que tratan de dinamitarlo a las claras, que financian el terrorismo con fondos públicos y que usan sus privilegios y la información de que disponen para facilitar los atentados terroristas y los asesinatos. Respondo a tu pregunta con la letra de la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos:

    Art.9.3: Se entenderá que en un partido político concurren las circunstancias del apartado anterior [circunstancias que implican la ilegalización] cuando se produzca la repetición o acumulación de alguna de las conductas siguientes:

    a) Dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo, legitimando las acciones terroristas para la consecución de fines políticos al margen de los cauces pacíficos y democráticos, o exculpando y minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta.

    (…)

    Por tanto, sí es ilegal, porque se entiende que la no condena ante un atentado es apoyar tácitamente a los terroristas (¿qué otra cosa puede ser?). No obstante, éste no es el principal criterio para ilegalizar a un partido. El del patético Sastre, por ejemplo, condenaba formalmente la violencia y con eso basta. Luego ya empezó a amenazar a los ciudadanos con que correría sangre si se perseguía a los etarras.

    Un saludo.

Comente

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 71 seguidores

%d personas les gusta esto: