Liberalismo para España

Señores: comenzaré por decir, que a mi, que no me asustan generalmente las ideas, ni las palabras que las representan debidamente, no me espanta, ni poco ni mucho, la consignación expresa de los llamados derechos individuales en la ley fundamental de todo Estado. ¿Por qué habían de espantarme? Ha habido error en algunos comentarios de los universitarios que me leen al decir que antes de ahora, los derechos para mi han estado en completo olvido. Desde el bill de derechos inglés de 1689 y su conexión con mi formación y conciencia liberal, no puede decirse con razón que los derechos individuales para mí, mejor o peor definidos, completos o incompletos, hayan faltado alguna vez en todos mis escritos. En el caso concreto de España, no faltaban en la Constitución del año 1812, ni en la de 1837, ni en la de 1845, ni en la de 1869 y no incluyo la de 1978 porque tengo vergüenza. Y si alguna vez no lo he dejado claro, digo aquí que yo tuve el honor de presentar mi aprobación en una tesis sobre el derecho de las reuniones publicas desde una óptica constitucional cuando estuve de visita en la universidad de Georgetown, donde presente mi ponencia titulada: “Hacia la descentralización”.

Antes que nada, quiero que conste una cosa también. Ayer recibí un correo electrónico de un caballero hijo de un terrateniente, preguntándome acerca de mi postura colonialista (los que me conocen desde mucho tiempo saben que nunca he defendido el aislamiento de España). Sólo quiero que conste, bien que nadie haya podido imaginar otra cosa ni aquí ni fuera de aquí, que jamás hubiera autorizado con mi voto, ni entendido autorizar en lo mas mínimo con mi silencio, la negación del principio civilizador de España, en conjunto con otros países. En pleno siglo XIX, ya habían voces subversivas y anárquicas que querían abolir las quintas. Y, tal y como advirtieron voces cautelosas de la época, la abolición de las quintas contribuyó a la destrucción de la integridad del territorio nacional y la imposibilidad de mantener el orden público en las Américas. Sí; perdimos al otro lado de los mares una preciosa parte del territorio nacional, al faltar esa fuerza de las quintas. Por desdicha de todos nosotros, ahora eso es parte de la historia. Jamás lo hubiera consentido y digo esto para relucir un principio Disraeliano. Recordó Disraeli a los ingleses que no eran simplemente una agregación de grupos económicos, ni simples soldados de una lucha de clases: constituían una nación, de la cual eran guardianes la Corona, la Aristocracia y la Iglesia. Rusell Kirk, en su libro titulado La Mentalidad Conservadora En Inglaterra Y Estados Unidos, acertó cuando escribió: “la Corona ha llegado a ser considerada como un mero símbolo, más que como el escudo del reino; la Iglesia esta siendo tratada como una simple empresa de disciplina moral, destinada a ser manejada y despojada por el Parlamento” (pag. 287). En esencia, lo que yo pido en estos asuntos a algunos liberales de corte Benthamiano es que no se sustituyan las parroquias por los arrondisements francais, ni la gendarmerie a los policías. Inglaterra tuvo la gran suerte Providencial de ser la única gran potencia que se libro de guerras civiles y revoluciones a lo largo del siglo XIX y XX.

No es cierto, no, que la seguridad individual, que el respeto al domicilio, que el derecho de reunión y asociación, que el derecho de imprimir y publicar las ideas dentro de ciertos limites, mas anchos o mas estrechos, faltaran hasta ahora de mi concepción de los derechos individuales, como no faltan de ninguna legislación civilizada. Todos esos derechos aquí anunciados, con sus propuestos límites, son aceptables bajo el punto de vista de mis opiniones. Los límites mismos dependen, sobre todo, del modo con que se construya o se organice a la par el Estado, porque este ha de representar precisamente el derecho absoluto de cada uno delante del derecho absoluto de cada otro. ¿Cómo, señores, con estas opiniones había yo de combatir, había de repugnar yo el establecimiento de tales derechos? Yo sé bien que el fin de la sociedad humana en la tierra es el desarrollo, es la perfección posible de la personalidad del individuo.

Yo soy de los que piensan que el ideal y el fin de la vida no están en la “sociedad”, sino en el individuo mismo. Yo soy, pues, fundamentalmente individualista; y no lo soy ahora, lo era antes, lo era hace ya bastante tiempo, y lo tengo consignado en paginas impresas y hasta los trolls me dedican entradas en wiki (aunque con la intención de calumniar y falsear mi trayectoria política porque ellos no lograron lo que yo sí logré en la universidad), porque estoy resuelto, y dicho sea de paso, a no decir aquí hoy ninguna opinión que no tenga ya manifestada de antemano. Pero al mismo tiempo que considero así al individuo, soy también de los que otorgan al imperio de la ley grandes atribuciones. Soy un hombre jóven, pero un hombre de orden, desde que tengo uso de la razón que Dios me ha dado.

Se ha hablado mucho ya de la seguridad individual, se ha hablado mucho de la inviolabilidad del domicilio. Respetable, respetabilísima es la seguridad individual, ciertamente: digno de ser inviolable es, sin duda, el domicilio. No en vano, yo ya tengo consagrada mi postura de que si alguna vez me violan el domicilio, lloverán las balas, sea cuales sean las consecuencias. Pero la seguridad individual o la inviolabilidad del domicilio no deben llegar a unos extremos que obstaculicen la persecución de los delitos. Hemos visto en la Historia de España y otros países que cuando se llevan estos derechos a extremos ilógicos, se creaban obstáculos insuperables para los juristas y los que valoramos el imperio de la ley.

Aquí tengo a la mano el Bill of Rights inglés y estadounidense, tan famosos entre los liberales. En ellos se ven, por ejemplo, que todo lo que se pedía respecto a la seguridad individual era el Habeas Corpus. ¿Y hay en el Habeas Corpus algo que se parezca a la prohibición implícita de perseguir a un criminal dentro del domicilio ajeno? ¿Impediría el Habeas Corpus sorprender a ningún criminal dentro de la casa ajena, violada, por la violación anterior de su deber, por la violación evidente que comete el dueño de una casa al acoger al criminal, por mas que en ello satisfaga los mas generosos impulsos de su alma? Hago esta pregunta porque el otro día, charlando con otros liberales en un cafetín de la Plaza de Oriente, me pareció que algunos liberales no tienen estos puntos muy claros. Si queremos defender la libertad de todos los individuos, hemos de promover medidas que permitan que los jueces sean totalmente independientes del poder político de turno, para que sean mas rectos, mas honrados y mas celosos en la persecución de los delitos y en los castigos correspondientes.

Ya es hora de que abandone este punto y continúe examinando lo más breve que pueda otras posturas sobre los derechos individuales.

I. Derecho de reunión

¿Hay algún derecho, cuando no se limita convenientemente, que mas pueda atacar el derecho de cada uno que el derecho de reunión/asociación por parte de muchos? ¿Ni qué otra mejor demostración de esto mismo se puede dar que la que ha dado el ex primer ministro Británico Anthony Blair al establecer, en sintonía con algunas de las reformas en esta materia de Doña Thatcher, que no se toleren ni se consientan reuniones publicas en los alrededores del Parlamento, en Whitehall? Pues si en los alrededores de Whitehall no, ¿por qué si delante de los tribunales de justicia? ¿Y por qué a las puertas del Congreso de los Diputados no, y sí delante del Rey, a quien algunos desean asesinar o como mínimo quemar su foto (como ya hemos visto)…que no seria nuevo que tratasen de arrancarle por intimidación algún acto de prerrogativa, la sanción, por ejemplo, de alguna ley que se negara a sancionar en uso de su incontestable derecho? Y, que quede claro que yo no soy ningún defensor de los borbones, ¡faltaría más que yo me ponga a defender una ralea de origen francés!

¿Por qué tampoco delante de nuestras casas han de permitirse manifestaciones, para intimidarnos quizás que como ciudadanos, tenemos el derecho absoluto de nuestras opiniones y actos? En una palabra, ¿cuándo no será una usurpación de los derechos individuales de muchos individuos el derecho de manifestación por grandes colectividades en la vía pública? ¿Hay pocas cosas mas claras que estas: que el derecho absoluto de manifestación en la vía pública, aunque sea como tal, constituye siempre un ataque al derecho de transito, de actividad, de producción, de cada uno de todos? Toda muchedumbre, toda colectividad, desprecia al individuo y lo sacrifica a su egoísmo, a sus pasiones y a sus intereses. ¡Al vicio!

Y esto no lo admiten ya mis convicciones, no: mi derecho en sí y en cuanto no usurpa el de otro individuo ninguno, es tan grande como el de todos ustedes, tanto como el de la Nación entera. Así enseña el derecho la ciencia. Donde quiera que se me limite ese derecho, allí tengo un derecho constante, inconcuso, contra el que me lo limita indebidamente. Es ilícito, pues, es contrario a los verdaderos derechos individuales todo lo que se les consienta a las manifestaciones de grandes masas, en perjuicio material o moral de cada individuo.

El caso español

Si España se tratara de un país que poseyera ya, o tuviera como por instinto el self-government, al modo que Inglaterra o los EEUU; si podríamos hallar en bruto aquí esa joya preciosa, verdadero fundamento de las Constituciones, no obra de ellas; si por lo menos estuviera algo adelantada aquí la encarnación de tal principio, yo diría que podríamos sobrevivir sin gran policía judicial ni administrativa; yo diría que es posible realizar mucho de lo que por aquellos dichosos países se realiza o se ha realizado hasta ahora. Pero, “Spain is different”. Tenemos que contar con un realismo poco habitual en algunos pensadores liberales. Tenemos que contar necesariamente cuando, por ejemplo, se trata de la administración de justicia, con el individuo que no declara por falta de independencia de carácter; tenemos que contar necesariamente también con el individuo que no declara porque piensa que es cosa vil delatar ni aun a los criminales; tenemos que contar necesariamente con la complicidad romántica que aquí encuentran todos los crímenes; tenemos que contar con la falta de los deberes públicos en los individuos, nacida sin duda de la falta de hábito de entender en sus propios negocios y de la frágil sociedad civil que nos caracteriza. Por eso el liberalismo que promovemos ha de ser un liberalismo de principios, si, con todos sus principios, pero aplicado de forma realista, en acorde con las realidades y limitaciones históricas o naturales de cada país. Un liberalismo made in Spain.

II. La cuestión religiosa

Yo no puedo, yo no quiero suscitar esta tarde un debate especial sobre este punto; pero he de hablar acerca de el, aunque brevemente, con toda la franqueza de mi carácter. Durante mucho tiempo he deseado, y deseo en el fondo hoy todavía, el mantenimiento de la unidad religiosa: he creído siempre que es un gran bien para el país, para un país como España, y sobre todo si este país está ya muy dividido por otras causas. Pero en cambio, hace mucho tiempo ya que también profeso la opinión sincera, concreta, terminante, de que el tiempo de toda represión, de que el tiempo de toda persecución material ha pasado para siempre. Yo no defiendo, pues, hace mucho tiempo, yo no defenderé ya jamás la intolerancia religiosa. A la Iglesia no se la debe proteger manteniendo la penalidad para los nacionales ni tampoco podemos pretender que se renuevan las leyes que vedaban indirectamente a los extranjeros establecerse en España, obligándoles, si querían establecerse, de todos modos a ocultar como un crimen su propia creencia. Todo eso ha pasado para no volver en mi concepto: todo eso constituía una excepción en el mundo civilizado, que es honra de todo español que desaparezca.

Pero en medio de que estas son mis opiniones, creo que acaso se ha legislado de más sobre este derecho individual. Yo no temo afirmar que no habiendo mas religión que la de cada uno en España, el Estado no tiene por qué proteger el culto Católico, ni el Protestante, ni el Islámico. En una época del pasado, yo no hubiera dicho esto. Cuando España era un imperio, era lógico por cuestiones de coyuntura, la concordia del Estado con el sacerdocio y la protección del Catolicismo por el Estado. Eso ya ha pasado, desgraciadamente para algunos, afortunadamente para los protestantes y otras confesiones. Pero ojo: a nivel individual, si dejamos caer, perecer la religión, ¿qué vínculo moral, que lazo moral quieren que tenga con sus semejantes ese átomo individual, ese joven confundido barbudo, piojoso, que les describí hace un tiempo, ese personaje anti-economista que no comprende de lo ajeno, sino el deseo de poseerlo? ¿Con qué vínculo se le ciñe? ¿Con qué lazo pretendemos atarle? Se lee el nombre de Dios aun, sea como quiera, en las mejores páginas de la filosofía contemporánea; se le nombra, se le repite delante de gente decente: ¿hay algún liberal serio que quiera pasar una esponja y borrarle de la oscura conciencia de los más ignorantes?

Sobre la monarquía, diré que allá, al otro lado de los mares tenemos nuestro espejo, y el nos enseña con una triste y dolorosa experiencia de mas de dos siglos que es lo que puede hacer nuestro país y sus ciudadanos cuando se ve totalmente privada de la monarquía. Son, en América Latina, radicalmente ingobernables, esencialmente anárquicos, condenados a poseer esa triste institución que se llama el caudillaje. Aquí mismo en España lo vimos cuando el General Franco y el movimiento nacional nos privó de la monarquía.

¿Qué me importa a mí, pues, que los cómplices y víctimas de los caudillos no conozcan o desprecien la monarquía? Ya la conocerían, ya la estudiarían, ya la amarían, si fueran dignos de mejor suerte. Pero si no hay eso, lo que si puedo decir, porque lo he visto de la manera que se ven estas cosas, por los impresos y por los libros, es que hay muchos allí entre las clases ilustradas, que recuerdan con tristeza a las veces, a pesar de todos los defectos de aquella administración, el tiempo en que estaban unidos a la corona de España. A mi me basta con lo que he dicho hasta ahora desde el 9 de mayo para confirmar mi opinión contraria a la de los interruptores que tengo delante, y a quienes me leen pero no se atreven a comentar por carecer de argumentos, pero ahora aprovecho para dar las gracias a todos los que me escriben comentarios sin acritud, a todos esos señores que intentan debatir, muchas gracias, agradezco el honor que en ello me hace y que siento al ver que algunos tienen la cortesía para leerme y dedicarme parte de su tiempo.

Por lo mismo, resumiendo en pocas palabras para concluir, yo lo que pido a mis detractores liberales es que pongan aun límites racionales, limites señalados por la ciencia política, limites determinados por la experiencia, a los derechos naturales. Dotar a la autoridad judicial de medios bastantes para encerrar cada derecho individual dentro de sus propios limites y evitar que ataque o usurpe los demás derechos. Con mayor esperanza digo que si quieren conservar la libertad como yo quiero que se conserve, menester es que se salve también la religión y la monarquía. La libertad, la religión, la monarquía, preciso estar ciego para no verlo, son los tres grandes y fundamentales sentimientos de que esta poseída la nación española y todo español de bien, todo padre decente y honrado de familia, así como sus hijos y su dedicada mujer y madre.

Siendo o no doctrinario, que la verdad es que no lo soy realmente; lo que yo quiero es que se fijen bien en la sinceridad de mis consejos, porque son de quien, por encima de todo, siempre ha sido (desde el uso de la razón) y es y no puede dejar de ser liberal.

Anuncios

Comente

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: