La encíclica papista: ¿veneno antiliberal?

Hace un par de horas, estuve pensando en mi último viaje a Santiago de Compostela, donde conocí a un jóven asturiano que se llama Daniel Ballesteros Calderón. Éste jóven se considera liberal pero está clarísimo que le interesa más promover el romanismo papal que la libertad. En una de sus últimas entradas, el jóven Ballesteros nos intenta colar la encíclica papista socialista sacando las cosas de su contexto. Pero nos ha hecho un gran favor a los cristianos que defendemos la libertad sin complejos y pienso que no merece la pena analizar punto por punto los cacaos mentales que ha soltado este jóven aficionado al papismo rancio y a los huesos muertos de sus santos. No; esas conclusiones se las dejaré a otros que lean su artículo de sumisión al Vaticano. Hoy quiero ofrecer mi “propia” encíclica desde un punto de vista liberal pero de tradición reformada, es decir, Protestante.

Aviso a navegantes: éste texto en particular es de carácter teológico y no pretendan encajarlo con la democracia que tenemos ni con el constitucionalismo per se. Es más bien una encíclica “personal” de mi parte, porque de vez en cuando no viene mal ofrecer a mis lectores algunos de mis pensamientos más íntimos con respecto a la cuestión religiosa. Si van a comentar, pido dos cosas:

1. Que se respete lo que digo.
2. Si no están de acuerdo conmigo, pido que me lo justifiquen desde un punto de vista teológico y NO necesariamente liberal en términos filosóficos. Admito discrepancias, pero no admito declaraciones vacías que no tengan que ver estrictamente con el texto que expongo ésta tarde.
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Leyendo la encíclica papista, no pude evitar darle la razón en algunas cosas: sobre todo en lo que se refiere a tácticas. Es bien cierto que el catolicismo es una religión falsa, liberticida, y anti capitalista, por mucho que ellos digan lo contrario. Pero el papa de los católicos tiene razón en algunas cosas, aunque no en sus conclusiones. De eso me encargaré yo.

Durante mucho tiempo, he llegado a la conclusión de que el objetivo primordial de los cristianos ha de ser el dominio. Hace mucho tiempo, los cristianos abandonamos el mandato que nos da Dios en Génesis 1:26-28: dominar toda la tierra y someter a todas las criaturas. Los cristianos tenemos una obligación de recuperar, de momento, éste dominio sobre la esfera de la familia, nuestras empresas, la ciencia, el gobierno, la economía, etc.

El problema que veo hoy en día entre muchísimos cristianos es que se conforman sólo con tener un sitio en la mesa, esto es, que se conforman con el pluralismo político. La mayoría se conforma con decir “bueno yo sólo quiero defender la cultura cristiana.” Pero, ¿qué es la cultura cristiana? Vivimos en un mundo donde la mayoría de los habitantes no son cristianos convertidos a la fe. Pero la cultura es una especie de empresa colectiva. Nadie por sí solo puede construir una cultura. Necesitamos cooperación de los demás. En otras palabras, necesitamos un reto, una teleología. La gente sólo puede cooperar si tiene el mismo fin como objetivo. ¿Cómo vamos a esperar que los que no son cristianos cooperen con nosotros en eso de construir una sociedad cristiana?

En el esquema liberal, ésto se hace con eliminar una relación clara entre Iglesia y Religión y de esa forma, tenemos otro problema: ponemos el Estado por encima de las diferencias confesionales, permitiendo de esa forma la competencia con otras asociaciones de índole “cultural.” Así pues, tenemos periódicos cristianos, emisoras cristianas, universidades cristianas, hospitales cristianos, televisión cristiana, librerías cristianas, colegios cristianos, que compiten con asociaciones o entidades humanistas. Desde el punto de vista estatista, estas instituciones o asociaciones cristianas no son especiales ni se distinguen de las humanistas. Esto solamente es posible cuando relegamos toda la cultura a la esfera privada, cuando “Estado y cultura” son entidades separadas. Únicamente así se puede tener neutralidad estricta en los asuntos públicos. ¿Pero qué pasa? Pues que la política también es algo cultural — los movimientos o asociaciones no están aislados de los políticos. De hecho, la política expresa el equilibrio de poder entre los elementos culturales de una sociedad.

Algunos me dirán: vale, pues a través del proceso democrático, la gente puede votar y hacer reflejar sus preferencias cristianas.

Ya, eso quizás era cierto cuando por ejemplo un país como EEUU podía contar con una mayoría cristiana, pero ya no es así. Aquí mismo en España, la ley me prohibe a mi, como cristiano, discriminar contra homosexuales y otras “minorías” a la hora de darles un puesto de trabajo, alquilarles un piso, etc,etc. Esto es un ataque frontal contra los cristianos. Era de esperar.

Los cristianos deben darse cuenta que el “consenso dominical” ya desapareció desde la década de los años 60 del pasado siglo XX. Entonces, lo que ocurre ahora es un asociacionalismo cristiano voluntario en vez de un claro objetivo para reclamar la nación para nosotros y para nuestros intereses.

El problema que tengo con el asociacionalismo voluntario es que acepta una presuposición fundamental de la modernidad y la Ilustración: que no podemos establecer públicamente la Cristiandad, que los cristianos sólo pueden limitarse a colaborar con el proceso democrático a través de acción política para intentar meter sus intereses en el Código Penal del país (es sólo un ejemplo). En otras palabras: los cristianos tenemos que vernos obligados a aceptar la armadura de Saul para hacer el trabajo de David. Pero esto nos lleva a una cuestión de suma importancia:

¿es la política un medio para promover principios fundamentales, presuposiciones? ¿Se trata de someter la verdad a un voto de mayorías? ¿Podemos fiarnos de entregar nuestros intereses al PP? Estos son los problemas en las democracias modernas: Ya no hay guerras religiosas porque lo que hacemos es institucionalizar un estado de guerra.

En resumen: la encíclica papista pone en los mismos términos la defensa de la cultura cristiana (tal y como ellos definen cristiandad pues para nosotros no lo son) con el Reino de Dios en la tierra. Esto resulta en aceptar la “guerra cultural” con los humanistas, que se resuelve mediante acción política. Para mí la cultura es sólo un medio para establecer el Reino de Dios. No olvidemos que siempre ha habido más conflicto entre los liberales y no liberales de la misma forma que entre cristianos y anticristianos, muchísimo más desacuerdo que cooperación.

Y mucho de lo que vemos hoy en día en los círculos cristianos es eso: mucho fundamentalismo militante que sólo nos aisla más porque el mundo nos rechaza. ¿Queremos acabar como los judíos? ¿Queremos ser abusados y que se burlen de nosotros constantemente? Recuerdo a mis lectores cristianos que nuestra vocación no es, no debe ser “el dominio de la cultura”. Nuestra verdadera vocación es implantar lo que Dios reclama para Él sobre naciones y ciudadanos para que ellos puedan cumplir con el mandato divino y traer los frutos de esa obra por las puertas de la ciudad celestial (Rev. 21:24-26).

Por eso le he recordado a algunos liberales que me leen que no existe un concepto “estricto” de la neutralidad. El debate que quiero abrir, pues, es ¿qué entienden ustedes por neutralidad? ¿El Código Penal español es neutral? Claramente no lo es desde que impone una visión humanista y progresista del criminal y sus crimenes. El minuto que nos dice que “discriminar es delito”, ¿dónde está la neutralidad del Estado? Cuando obliga a ciertas empresas a dar puestos de trabajos a gays o inmigrantes o mujeres, ¿dónde está la neutralidad? Cuando obliga a que todas las universidades tengan homologación del Ministerio de Educación y acreditación ministerial, ¿dónde está la neutralidad del Estado? Cuando subvenciona la FAES y/o asociaciones homosexuales o feministas, ¿dónde está la neutralidad del Estado? Cuando reparte becas públicas, es decir, con dinero de los contribuyentes y se los da a personas que consideramos contra-cristianas, ¿dónde está la neutralidad con respecto a los deseos de los cristianos? Podiamos continuar con esta serie de preguntas pero empiezo yo a decir que no existe la neutralidad, y como no existe, es el deber de los liberales y de los cristianos, reclamarlo todo para nosotros, con el mismo vigor y falta de neutralidad que utilizan los socialistas.

9 comentarios

  1. Endicott · ·

    Estoy de acuerdo en términos generales con lo que usted dice pero se me ocurre una duda o pregunta:

    ¿cómo se castigaría al pecador en un orden teológico como usted propone? Porque si nos fijamos en el Éxodo por ejemplo, a las mujeres adúlteras tendriamos que apedrearlas y a los blasfemos también.

    Quiero que me explique su concepto del pecado en una órbita liberal: ¿abandonariamos el Codigo Penal por completo? ¿lo sustituimos con derecho bíblico? De momento esas son las preguntas que se me ocurren.

  2. A mi me surge una cuestión:

    ¿Qué diferencia hay entre sus propuestas y las de los islamistas radicales?

  3. “Aquí mismo en España, la ley me prohibe a mi, como cristiano,…”

    Tmb se lo prohibe a católicos (entiendo que por “cristiano” usted se refiere exclusivamente a los protestantes) e islamistas, que en teoría tmp le tienen mucho aprecio a los homosexuales.

  4. valcarcel · ·

    @snake & co:

    No sea demagogo snake que eso no le queda bien.

    A los cristianos no nos corresponde legislar contra los pecados sino disciplinar y, si procede, excomulgar a los pecadores entre nosotros, que contaminan el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

    La jurisdicción eclesiástica se extiende solamente a aquellos que se someten a su autoridad. Para aquellos que no se someten a su autoridad permanece la maldición de Adán.

    La Iglesia es la que ha recibido la ley de Dios, y esta llamada a predicar esa ley, a discipular a las naciones en términos de esa ley hasta que la obediencia sea completa.

    Esto me lleva a mi tercer punto: las familias.

    3. La iglesia tiene, antes del Estado, autoridad sobre las familias; sobre el hogar especialmente. Es decir: la Iglesia administra la ley de Dios en lo que atañe a la finalidad eterna del hombre. Ella NO legisla cada detalle de la vida; ella simplemente supervisa la actividad cultural para asegurarse que se conforma a los mandamientos de Dios, la cual es principalmente ética en contenido.

    Creo que con esto he dejado bien claro que la Ley de Dios es para la Iglesia y no necesariamente el Estado: la postura liberal y cristiana es que el Estado en última instancia también hereda estas leyes, pero únicamente cuando las naciones se someten a Dios de forma voluntaria. Por ese mismo principio, podemos entender mejor por qué, en la colonia de Salem, existían leyes contra muchos pecados como la sodomía: los puritanos, de forma voluntaria, se sometieron a la Ley de Dios. Obviamente, vivimos en un país que no se ha sometido voluntariamente a la Ley de Dios y está en plena rebeldía impía contra Sus mandamientos.

    Eso no significa, no obstante, que la Ley no tiene ninguna función. Pablo nos habla sobre esa función. Termino esta breve exposición citando a Pablo seguido de un comentario mío.

    La función verdadera de la Ley.

    I Timoteo 1: 8-10

    “Sí, ya sabemos que la Ley es buena, con tal que se la tome como ley, teniendo en cuenta que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreligiosos y profanadores, para los parricidas y matricidas, para los asesinos, adúlteros, homosexuales, traficantes de esclavos, mentirosos, perjuros y para todo lo que se opone a la sana doctrina.”

    La Ley aquí, señores, no va destinada a dar a conocer el pecado, sino a corregir a los pecadores.

    Conclusiones

    El Estado español, que continuamente viola a sabiendas la Ley de Dios, obviamente hace lo contrario: legaliza el adulterio, legaliza la homosexualidad y el matrimonio entre homosexuales, permite y consiente el trafico de mujeres esclavas(prostitución), miente a diario, y premia a los asesinos como De Juana Chaos y a otros terroristas asquerosos que merecen la pena capital. Celebra la impiedad cada vez que destina dinero público para financiar obras que blasfeman contra Dios, y los cargos del Estado están repletos de profanadores de profesión como Pepiño Blanco, feministas radicales como Maria Teresa de la Vega y Bibiana Aído, sodomitas agresivos como Pedro Zerolo, holgazanes y mentirosos de nacimiento como Zapatero, asesinos que no se arrepienten de su iniquidad como Santiago Carrillo, desgraciados como Alfredo Pérez Rubalcaba, y mal nacidos como los Bardem. Con este historial, es surrealista pedir que el Estado español sea vengador de la justicia de Dios cuando lo que se merece (y recibirá) es la venganza de Dios. Un Estado, como el español, que sea tan abiertamente hostil hacia las leyes cristianas solo merece la destrucción total y no me cabe la menor duda de que eso ocurrirá tarde o temprano y de alguna forma u otra. La maldición que padece la nación española tiene mucho que ver con el Estado, que no es otra cosa que un reflejo de la sociedad que nos rodea. La esperanza moral la encontramos en la iglesia. En su relación con la nación, la Iglesia ha de seguir con el Evangelio y aplicar la Ley de Dios dentro de nuestros propios ámbitos. No podemos pedir que un Estado prohíba el pecado cuando ese mismo Estado es un pecado, un reflejo de que la nación ha elegido vivir bajo las leyes del hombre en vez de las leyes de Dios. No debemos exigir que se acabe con el feminismo, que es una doctrina anticristiana, cuando el Estado promulga leyes feministas que son contrarias a la naturaleza de las cosas y máxime cuando muchas iglesias ni siquiera condenan el estado actual de las cosas. No pensemos que podemos ilegalizar conductas pecaminosas cuando no castigamos a los pecadores dentro de nuestra propia Iglesia como Dios manda.

    Primero, la iglesia tiene que castigar y expulsar a los pecadores desde dentro del ámbito eclesiástico. ¿Cómo es posible que la Iglesia Católica se queje del matrimonio entre homosexuales cuando se niega a investigar a sus pederastas y a excomulgarlos del cuerpo de Cristo para que sean entregados a Satanás? De la misma forma, no es licito condenar la abominación de la homosexualidad cuando, por otro lado, permitimos que algunos hermanos en la fe cometan el pecado de la fornicación y cuando algunos se ríen, constantemente, casi como si lo celebrasen, cuando algunos compran revistas pornográficas o se bajan este tipo de imágenes para el móvil.

    Con el auge de las distintas confesiones en España, los cristianos que defendemos la libertad tenemos una gran oportunidad para empezar a ser justicieros en nuestra propia casa. La libertad confesional nos da potestad para ejercer el derecho a excomulgar a quienes no se sometan a las Leyes de Dios tal y como los adúlteros, los homosexuales, los que van de tolerantes y niegan la Santísima Trinidad, los profetas falsos, los desobedientes, etc. No hay ninguna ley que prohíba, de momento, ejercer esta autoridad desde dentro. No se preocupen en demasía por los Zerolos del mundo, como cité antes, ya Dios se encargará de esos. No se angustien en demasía cuando el Estado prohíba los castigos corporales contra los niños que desobedezcan a sus padres, pues el orden natural y divino de las cosas impide que el Estado sepa a ciencia cierta si un padre le da un bofetón a su hijo o si le golpea con un cinturón cuando falta al respeto y desobedece. Y yo les aseguro de que Bibiana Aido, reina del infierno donde las haya, no puede saber si una madre ha decidido quedarse en casa por su propia voluntad (y la de su marido) para ser ama de casa y buena madre de sus hijos. En definitiva, de momento no está prohibido que la mujer sepa llevar bien una falda y que el marido sea el que lleve los pantalones en el hogar aunque el Código Civil español mantiene un principio de “equidad” antinatural en lo que se refiere a la relación conyugal.

    Y eso es lo que me distingue, snake, de los islamistas y de los católicos. Somos cristianos.

  5. Rothbard · ·

    1) Alfredo usted parte olvidando algo muy importante: que la mayoría de las religiones asigna misiones a sus sujetos y tienen una concepción teleológica. Es decir, que la existencia y todo lo que deriva de ésta tiene un fin.

    Lo anterior tiene relación con el pluralismo religioso y valórico –aunque si uno analiza muchos valores son coincidentes-. Claramente el pluralismo político tiene poca incidencia en esto, sobre todo si hablamos de sociedades seculares, es decir, donde la autoridad política no es la autoridad religiosa.

    2) Usted parte de una premisa teleológica y por eso usted confunde cultura con sociedad y ese es un error sociológico grave. Por lo mismo, es válido que alguien quiera defender valores de X cultura.

    Como también es válido que algunos –como Hayek- crean que la sociedad es una entelequia y que lo que existen son meros intercambios, sin necesidad de un fin común.

    Es decir, la gente si puede cooperar sin tener el mismo fin como objetivo. He ahí la base de los libres intercambios.

    3) Claramente, desde un punto de vista liberal, el Estado no puede tomar partido por una religión o confesión. Es decir, no puede darle más valor que otra. Principio de neutralidad de valores: Por ende, Estado y Cultura como esferas separadas.

    4) La política es una práctica social. Lo que la hace cultural y marca diferencias es el modo en que se lleva a cabo la política.

    Cada político puede tener su confesión religiosa, puede practicarla, pero en cuanto representante esta no tiene la supremacía. Si fuera así, entonces cada religión debería tener un brazo político y un escaño garantizado.

    5) El que Estados Unidos ya no tenga una mayoría cristiana se debe a diversos factores, el más simple, el debilitamiento de la religión como paradigma para las generaciones más jóvenes.

    6) La ley le prohíbe porque es neutral ante su criterio religioso. Bien que le prohíba, así como también debe prohibir que lapiden a mujeres por ejemplo. Lo cierto es que hay gay cristianos, católicos, ateos, etc.

    Más que un ataque a los cristianos, podría ser un ataque al libre intercambio. Nadie le puede obligar a hacer un contrato.

    7) La nación no pertenece a ningún grupo específico, sino al conjunto de sus ciudadanos. Y supongo que sabe que la religión no define el carácter de ciudadano. Ningún grupo religioso puede reclamar para sí la nación.

    8) Y ahora, introduce el concepto de Verdad. Vaya, pero muchos se creen dueños de la verdad. Lo cierto es que nadie es dueño de la verdad. Sí se cree dueño de ésta, entonces usted es un fundamentalista.

    9) Concuerdo en que la neutralidad no es total. Nadie dice que es un término absoluto, sería como decir que la justicia existe de forma absoluta. Pero ahí entra el tema claro de la deliberación, del diálogo.

    Pero vea, que la neutralidad es condición previa para el diálogo. De lo contrario, una verdad es asumida y el resto –como está equivocado- no puede rebatir.

  6. mikesala65 · ·

    Una noticia de hoy, jueves, que me ha llamado a la reflexión.

    Les invito a compartir su opinión, Varcálcel y compañía. Es un asunto bien interesante.

    Saludos.

  7. valcarcel · ·

    “1) Alfredo usted parte olvidando algo muy importante: que la mayoría de las religiones asigna misiones a sus sujetos y tienen una concepción teleológica. Es decir, que la existencia y todo lo que deriva de ésta tiene un fin.”

    Claro que sí: nunca lo he negado.

    “Lo anterior tiene relación con el pluralismo religioso y valórico –aunque si uno analiza muchos valores son coincidentes-. Claramente el pluralismo político tiene poca incidencia en esto, sobre todo si hablamos de sociedades seculares, es decir, donde la autoridad política no es la autoridad religiosa.”

    Sin embargo yo mantengo que toda autoridad, incluida la secular, es una forma de religión. No hay forma de escaparse.

    “Como también es válido que algunos –como Hayek- crean que la sociedad es una entelequia y que lo que existen son meros intercambios, sin necesidad de un fin común.”

    Bueno yo lo que he dicho es precisamente que no hay un fin común — porque no hay una mayoría de nada.

    “Es decir, la gente si puede cooperar sin tener el mismo fin como objetivo. He ahí la base de los libres intercambios.”

    Si a mí un ateo me ofrece un contrato, yo no intercambiaria nada con un ateo — es cierto que hay otros que cooperarán, no es mi caso.

    “3) Claramente, desde un punto de vista liberal, el Estado no puede tomar partido por una religión o confesión. Es decir, no puede darle más valor que otra. Principio de neutralidad de valores: Por ende, Estado y Cultura como esferas separadas.”

    ¿es posible llevar eso a su extremo lógico?¿

    “4) La política es una práctica social. Lo que la hace cultural y marca diferencias es el modo en que se lleva a cabo la política.

    Cada político puede tener su confesión religiosa, puede practicarla, pero en cuanto representante esta no tiene la supremacía. Si fuera así, entonces cada religión debería tener un brazo político y un escaño garantizado.”

    más que nada porque la gente no es consistente.

    “5) El que Estados Unidos ya no tenga una mayoría cristiana se debe a diversos factores, el más simple, el debilitamiento de la religión como paradigma para las generaciones más jóvenes.”

    sí.

    “6) La ley le prohíbe porque es neutral ante su criterio religioso. Bien que le prohíba, así como también debe prohibir que lapiden a mujeres por ejemplo. Lo cierto es que hay gay cristianos, católicos, ateos, etc.”

    ¿no se da cuenta de que eso no es neutralidad? el minuto que el estado diga “no puedes lapidar”, está tomando una postura claramente moral, no neutral.

    “7) La nación no pertenece a ningún grupo específico, sino al conjunto de sus ciudadanos. Y supongo que sabe que la religión no define el carácter de ciudadano. Ningún grupo religioso puede reclamar para sí la nación.”

    ¿ah no? ¿y acaso no es precisamente eso lo que han hecho los laicistas? Porque de ser que los cristianos tomemos las riendas de la nación, no sería en nada parecido a lo que ocurre ahora.

    “8) Y ahora, introduce el concepto de Verdad. Vaya, pero muchos se creen dueños de la verdad. Lo cierto es que nadie es dueño de la verdad. Sí se cree dueño de ésta, entonces usted es un fundamentalista.”

    Dios es una verdad absoluta y lo afirmo con el mismo vigor que un homosexual me dice que tiene derechos. ¿ve que soy consistente?

    “Pero vea, que la neutralidad es condición previa para el diálogo. De lo contrario, una verdad es asumida y el resto –como está equivocado- no puede rebatir.”

    ¿Cómo puede hablar de diálogo cuando hay cosas que no son discutible en democracia? Por ejemplo, apedrear a un adúltero…

  8. Rothbard · ·

    Alfredo, usted me pregunta: “¿no se da cuenta de que eso no es neutralidad? el minuto que el estado diga “no puedes lapidar”, está tomando una postura claramente moral, no neutral”.

    Le he dicho que la neutralidad no es en nada absoluta.

    Claramente al decir no lapidar se toma una postura moral que considera esa forma de castigo una agresión excesiva.

    El tema es qué principios son generales para una moral “universal”, porque así como no hay neutralidad en decir: no lapidez, tampoco la hay al decir, no seas homosexual, por ejemplo.

    Por lo mismo, ese es el dilema, la moral no logra ser universal excepto en cuanto a la agresión.
    ¿Es mala la agresión ilegítima?

    2) Me pregunta: ¿ah no? ¿y acaso no es precisamente eso lo que han hecho los laicistas? Porque de ser que los cristianos tomemos las riendas de la nación, no sería en nada parecido a lo que ocurre ahora.

    Hay un elemento clave. La doctrina laica es más amplia que las concepciones religiosas que tienden a ser más rígidas y dogmáticas.

    Con eso no digo que sea totalmente tolerante o pluralista, y menos dogmática.

    Usted dice, la nación sería distinta. Pero ¿De qué modo?

    ¿En que se diferencia usted de los islamistas que imponen su moral y tiene a su país como ellos consideran que debe ser?

    3) “Dios es una verdad absoluta y lo afirmo con el mismo vigor que un homosexual me dice que tiene derechos. ¿ve que soy consistente?”

    Para mí no es consistente, en primer lugar porque dios es una cuestión metafísica en su totalidad, pero los derechos de un individuo no, en cuanto ciudadano.

    El sujeto tiene derechos, reconocidos incluso por usted, a no ser que diga que el gay no es ciudadano.

    4)Me pregunta: “¿Cómo puede hablar de diálogo cuando hay cosas que no son discutible en democracia? Por ejemplo, apedrear a un adúltero…”

    El diálogo se establece cuando la agresión como modo de actuar se hace ilegítima, pero vea que ese principio no es exclusivo de una cultura cristiana, católica o de cualquier orden.

  9. valcarcel · ·

    “El tema es qué principios son generales para una moral “universal”, porque así como no hay neutralidad en decir: no lapidez, tampoco la hay al decir, no seas homosexual, por ejemplo.”

    Exacto: y la batalla es esa — ¿qué visión va a prevalecer?

    “Por lo mismo, ese es el dilema, la moral no logra ser universal excepto en cuanto a la agresión. ¿Es mala la agresión ilegítima?”

    Sí, pero para algunos no lo es…

    “Hay un elemento clave. La doctrina laica es más amplia que las concepciones religiosas que tienden a ser más rígidas y dogmáticas.”

    No estoy de acuerdo: el lacismo puede ser igual de dogmático.

    “Con eso no digo que sea totalmente tolerante o pluralista, y menos dogmática.”

    Correcto.

    “Usted dice, la nación sería distinta. Pero ¿De qué modo?

    ¿En que se diferencia usted de los islamistas que imponen su moral y tiene a su país como ellos consideran que debe ser?”

    ¿y en qué se diferencian los laicistas que imponen su sistema jurídico con la visión que ellos quieren? ¿ve que es una pregunta absurda intentar conectar lo que yo digo con islamismo?
    Otra cosa es que a usted no le guste el producto o resultado: pero ¿es que todos tenemos que aceptar como “buena” la visión y sistema laico?

    “Para mí no es consistente, en primer lugar porque dios es una cuestión metafísica en su totalidad, pero los derechos de un individuo no, en cuanto ciudadano.”

    ¿por qué no? No todo el mundo cree en el mismo concepto de derechos…

    “El sujeto tiene derechos, reconocidos incluso por usted, a no ser que diga que el gay no es ciudadano.”

    Ya pero un islamista por ejemplo no los reconoce, ¿imponemos una moral por encima del islamista?

    “El diálogo se establece cuando la agresión como modo de actuar se hace ilegítima, pero vea que ese principio no es exclusivo de una cultura cristiana, católica o de cualquier orden.”

    Un islamista de verdad, consistente, no acepta ese principio de no agresión de la misma forma que un terrorista etarra convencido tampoco lo ve de la misma forma…

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