En defensa del regionalismo

Nunca, señores, ocasión tan oportuna como la presente para defender los principios regionales. Ya sé yo que, por esta natural decadencia del sistema progresista, interesa más saber, por ejemplo, cual es la actitud de un personaje político que la de importantísimas regiones de España enfrente de los Poderes centrales. En la preciosa y laboriosa Comunidad Valenciana surgen por todas partes sociedades que defienden estos principios; en aquellas antiguas comarcas en donde vive todavía el sentimiento foral, el principio regionalista va ganando cada vez mas terreno. Los liberal-conservadores no queremos de ninguna manera que el municipio haya de ser presidido por un alcalde que es, en parte, delegado del Poder central. Nosotros, en presencia de todas esas tonterías que la progresía proclama, podemos oír decir que todavía no es libre la familia; no es libre todavía el municipio, porque no puede administrar con completa independencia sus intereses. No queremos ingerencia alguna del Estado en la órbita local. Cada región, conforme a su espíritu, a sus hábitos y a sus tradiciones debe poder modificar su legislación. Lo mismo digo de las universidades: no queremos universidades sujetas a ministros de Fomento y deben independizarse de toda ligadura oficial, como lo fueron nuestras antiguas y gloriosas Universidades, y no sucursales burocráticas del Estado centralizador.

No se asombren de esta defensa enérgica, que yo hago, de las libertades regionalistas, porque todavía hay algunos que ven detrás del regionalismo el fantasma del separatismo. Yo no soy separatista; yo quiero la unidad nacional, obra de la Historia, y, sin absorciones, la unidad política. Las facultades legislativas, judiciales y ejecutivas ya existen, en cierto modo, en todos los grados de la jerarquía social, empezando por el individuo que legisla con su inteligencia, ejecuta con su voluntad, juzga con su conciencia moral, regla próxima de las acciones humanas; siguiendo por el padre, que en el circulo doméstico las reúne en la patria potestad. Por eso, por ejemplo, yo en particular soy previsor. Dicho en forma de un ejemplo actual: la crisis económica no me ha afectado de ninguna forma, porque siempre decidí no participar en ella.

No es cierto tampoco aquel axioma político de la progresía, según el cual el diputado no es representante de una clase ni de un distrito, sino de la nación entera; esa es una aberración, de la cual, ya en el año 1848, y comentando la Constitución revolucionaria francesa de entonces, se reía Proudhon, el cual decía que, si los diputados representaban a sus diferentes distritos, estaba representada la Nación, y que de ninguna manera podía representar un diputado a todos los distritos de la Nación, ya que en la mayor parte de ellos eran desconocidos los diputados por los distritos, y los distritos por los diputados. Exactamente lo mismo que ocurre en España: a modo de prueba: ¿díganme ustedes quién es su diputado? (sin buscar por internet). ¿Tenemos representación política verdadera en España? Lo ideal sería mayorías populares que voten según la voluntad de sus representantes.

Los progresistas consideran a los liberal-conservadores españoles como si fuésemos la evocación de un sepulcro de la Edad Media, como si hubiésemos surgido de improviso en la sociedad y viniéramos de un osario donde están para muchos las instituciones que pertenecieron a otras épocas. Para batirse con los enemigos, es preciso emplear las armas que ellos emplean (dejando a salvo el deber moral). Dicen los progres que nosotros representamos la reacción, que somos reaccionarios. Cierto: nosotros representamos la reacción del orden contra el desorden; nosotros representamos la reacción sobrenatural contra el naturalismo pagano, que comienza en el Calvario y que es la que divide en dos mitades la historia del mundo. Pero yo creo que no se habrán enterado tampoco de lo que representa el progresismo auténtico, y bueno es recordárselo para que vayan enterándose siquiera de alguna cosa. Más que un Parlamento, el liberalismo ha de convertirse en un campamento de cruzados ideológicos contra toda la progresía…hasta que reviente.

Los liberal-conservadores vamos a seguir luchando contra la degradación de la enseñanza en una instrucción técnica, contra la intolerable secularización por parte de injerencias estatales, en apoyo de los valores espirituales conservadores. Fijémonos en lo que ocurre hoy: los colegios apenas son más que cárceles de niños, en donde permanecen hasta que la ley les permite trabajar. En Norteamérica, al menos, los colegios privados cristianos y las universidades con orígenes religiosos siguen creciendo en influencia. Por mucho que les pese a los progres, la antigua concepción religiosa de la sociedad continúa oponiéndose al laicismo impuesto del Estado, desde arriba. Yo, por mi parte, prometo no dar tregua en esta guerra dentro del liberalismo. De ninguna forma aceptaré que se infiltren progresistas y socialdemócratas colectivistas y Jacobinos dentro del liberalismo español.

Tres frenos parecen posibles para la confusión dentro del liberalismo espanol:

1. La resurrección deliberada del concepto del saber tradicional (muy al estílo de Disraeli)

2. Un giro radical hacia lo conservador (en cuanto a valores personales que no legislativos)…es decir, un cambio de actitud y regreso a las antiguas lealtades para condicionar una actitud permanente de reacción y rechazo a todo lo socialista y progresista

3. Que dejemos que vengan tragedias y catástrofes para que los ciudadanos aprendan a no confiar tanto en su relativismo moral. Son correctores crueles, quizás, pero el liberalismo español tiene, por necesidad, que definirse concretamente de una vez para entonces pasar a la segunda fase: la conquista del poder. Por eso digo que no habrá marcha atrás con los liberal-conservadores ni habrá compromiso ni acuerdo con nada socialista. Por eso, actualmente, esta bitácora está teniendo tanto éxito (de visitas): porque ha sabido adaptarse a la realidad de que, les guste a algunos o no, el liberalismo en España será impensable sin la presencia conservadora y tradicionalista.

*Este artículo, adaptado, ya lo había publicado antes pero mis nuevos y buenos lectores en L.Democrático no lo habían visto.

Buen día.

9 comentarios

  1. Prefiero el vocablo federalismo, pues el regionalismo parece orientado a defender los intereses de una comunidad concreta con respecto al Estado central, no le preocupa tanto si las demás comunidades de España tienen las mismas competencias o no. El regionalismo parece un término demasiado abierto y caprichoso, cuando el sistema territorial debería ser lo más cerrado y hermético posible y las competencias se hallen adecuadamente distribuidas.

    Saludos.

  2. La delegación de poder hasta alcanzar al poder central es algo, al menos hasta el momento, indivisible de la condición humana. Por ejemplo, empresas y jerarquía. No se consentirá de ningún modo la pérdida de control jerárquica y todo lo que para el poder representa.

  3. valcarcel · ·

    Samuel: Es cierto que la palabra “regionalismo” sufre bastante abuso, al igual que la palabra “liberalismo.”

    Tiene toda la razón en cuanto al vocablo, es más preferible usar la palabra “federalismo”, que es en realidad lo que yo quiero para España, aun sabiendo que conlleva muchos peligros en torno a la unidad.

    Yo quiero que se “deleguen” ciertas competencias a los ayuntamientos (porque muchos dicen que habría más corrupción pero yo lo veo un tanto al revés)…es más fácil ser corrupto en La Moncloa que en un ayuntamiento, y me gustaría ver muchísima más transparencia en cuanto a lo que hacen los poderes locales, para empezar, como por ejemplo, que nos digan, en un desglose, ¿cuánto se ha gastado el Ayto de Madrid para financiar espectáculos que no son importantes para los madrileños, como por ejemplo, espectáculos gays o abortistas?

    Gracias por venir por aquí

  4. valcarcel · ·

    Antono: ciertamente pero yo creo que en el caso español en particular, el gran problema que tenemos no es tanto de competencia vertical sino de un modelo territorial que siempre fue una chapuza y fruto de una Constitución (la del 78) hecha con esa filosofía de “café para todos.” Y ¿qué pasó? Algunos se quedaron con café sólo, otros con café con leche, y otras, Cataluña, con capuccino.

    Eso no es lo que yo quiero para las regiones: tampoco soy de esos que defienden la “solidaridad” territorial, ni mucho menos.

  5. Valcarcel: la divisiones territoriales son muy complicadas de llevar acabo. Está claro que no fueron las más acertadas pero teniendo en cuenta esta situación debemos considerar que una cosa es lo que digan los papeles y otra cosa los hechos y acontecimientos históricos. Yo no hago disticiones por Comunidades o regiones, éstas deberían ser simplemente administrativas.

  6. Bastante de acuerdo. Sólo un pero, depende de que se entienda por progresismo. Yo me considero progresista, pero para mí Progreso es más Libertad, más Justicia y más Prosperidad.

    Por lo demás, Proudhon es un buen teórico una vez ha sido “refinado” por la maquinaria teórica liberal. Pi i Margall supo transitar del mutualismo anarquista al liberalismo social mediante la interpretación de las ideas proudhonianas desde un punto de vista pragmático.

    Un servidor es localista, regionalista, federalista, liberal, galleguista, españolista y ante todo patriota. Y no creo que mis planteamientos entren en contradicción entre sí.

  7. valcarcel · ·

    @antono: Ciertamente que es muy complicado de llevar acabo pero no por ello nos debemos constipar. ¿En qué sentido administrativas? ¿Que sean sucursales de La Moncloa?

    @Andrés: totalmente de acuerdo aunque yo personalmente prefiero declararme como “progresivo” en ese sentido, y tu definición es la misma que tengo yo del progreso, que no es lo que actualmente venden la mayoría de los progresistas.

    En cuanto a Pi i Margall, estoy buscando algún libro que él haya escrito pero me resulta difícil. Ciertamente que fue un gran teórico a la hora de hacer ese sintesis.

    Y yo, al igual que tú, me considero localista, regionalista y federalista y españolista, para mí no son conceptos antagónicos contra el patriotismo.

  8. De Pi recomiendo “Las Nacionalidades”. Muy útil para combatir los nacionalismos centrípetos y centrífugos, así como el europeísmo y el internacionalismo.

  9. valcarcel · ·

    Gracias Andrés, lo buscaré hoy mismo.

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