La integración de los inmigrantes

Vamos a ver, ahora son las 2.30 de la madrugada del domingo, estoy en Madrid, y soy consciente de que ayer había dicho que por la tarde iba a escribir una entrada sobre la Ley de Extranjería. Como suele ser habitual ya, me lié y ahora es que puedo escribir algo. Primero, unos comentarios sobre ese famoso concepto cansino y muy afrancesado que reza «la integración del inmigrante.»

Los inmigrantes hace poco descubrieron que el mérito y el esfuerzo nada tienen que ver con la producción ni mejores sueldos en España…es así. Ese “estado de bienestar” que tantos aquí aman más que el pesebre de Cristo, proporciona a los inmigrantes dinero solo por ser de una condición particular.

Hablemos pues, de las declaraciones de Rajoy durante la campaña electoral con respecto al velo Islámico.

Las declaraciones del Señor Rajoy en relación con el velo islámico y su “contrato para los inmigrantes” no sé si dan ganas de reír o de llorar. Una vez más, el sistema político español (al ser homólogo de las democracias continentales), ha demostrado sus tendencias liberticidas y un orígen Jacobino. Mariano Rajoy justifica la regulación del velo en público porque, según el, es denigrante para la igualdad entre hombre y mujer. No sabía que el Señor Rajoy se haya convertido en feminista gracias al debate Europeo del velo Musulmán. No ha sido el único dirigente del PP que se ha sumado al coro desentonado de la progresía tradicional. Otros dirigentes han dicho disparates parecidos en la COPE y en otros medios. Una vez más, el egocentrismo de los “demócratas” igualitarios ha obligado a que los medios de comunicación tomen nota. En las democracias con más tradición libertaria, esto ni tan siquiera es un debate público. No me imagino esta prohibición en el Reino Unido o en EEUU. En EEUU los tribunales cuestionarían la constitucionalidad de dicha regulación paternalista. Todo esto tiene sus raíces en el creciente uso de la palabra “Islamofascismo” en muchos sectores de la “derecha” antiliberal. Es un término romántico y cargado de insinuaciones incorrectas para justificar el creciente poder estatal. Igual que los ecologistas socialistas cargan contra la libertad a base de sus mentiras y exageraciones o las feministas hablan de machismo.

Que nadie se confunda con mis declaraciones: a mí me parece que hay demasiados inmigrantes en España, y el problema para mí no es la inmigración en sí sino quiénes vienen, a qué vienen, y sobre todo, los números. Será que parto de una escuela demasiado anglosajona pero para mí hay ciertos extranjeros que son inasimilables.

Parece ser que Europa y sus socialdemócratas no quieren aprender de la historia: en Europa y en el mundo entero, cuando se intenta normalizar una conducta pública o unos “valores” colectivos en una sociedad, siempre acaba en totalitarismo. El PP debe abandonar la homogenización de los valores y apostar por una pluralidad de convicciones dentro del marco del imperio de la ley.

Quiero dejar bien claro, insisto, que tampoco soy ningún defensor de los inmigrantes y mucho menos de la inmigración masiva. Creo que lo que ha provocado, en palabras de Arias Cañete, “que ya no hayan camareros como los de antes” es la falta de incentivos que actualmente tienen los inmigrantes en un continente de subvenciones y gasto público para resolver los problemas de los demás. Por supuesto que también hay que incluir el factor desconocimiento y el hecho de que muchos inmigrantes provienen de países donde simplemente no existe la cultura hostelera a la española. No hace falta ser sudamericano para servir mal: en EEUU los camareros, al no ser profesionales, también dejan mucho que desear. Este apartado es necesario porque los liberales debemos enfocarnos más en estas cuestiones y no fijarnos si la vecina no habla castellano o cómo se viste o si cocina mucho para su marido. Volviendo a la cuestión del velo, tampoco pretendo defender su uso: es una cuestión que como liberal clásico, ni me va ni me viene. El problema de la presencia de inmigrantes musulmanes en España no tiene nada que ver con velos: es una cuestión de números. Soy defensor acérrimo del libre asociacionismo. Todos los que me conocen bien saben que yo no soy políticamente correcto y mi grupo de amigos jamás se parecerá a una foto de la ONU. Precisamente por el hecho de que yo sí sé reconocer que hay diferencias entre los grupos étnicos, tampoco pretendo obligar a una mora a que se vista como una española.

Hay muchas prendas que me parecen repugnantes y no se regulan ni deben ser reguladas: pelos rasta, los «piercings» en el hombre, pantalones caídos, y por qué no, el velo también. Lo fundamental aquí es que el Estado no debe implicarse en la vida privada de los individuos siempre y cuando los individuos lo elijan libremente y no sea una interferencia en su empresa. Por ejemplo: si una empresa quiere prohibir el uso del velo en su propiedad privada me parece una medida estupenda y compatible con los derechos individuales. Pero en una sociedad liberal es lícito elegir si uno quiere vestir como un payaso progre o como un integrista.

La igualdad de la mujer y el discurso que conlleva es cansino. Es un tema de mayor importancia entre los alumbrados filósofos de la clase política. Rajoy ha dicho muchísimas cosas tontas en materia de inmigración pero este último plan de integración es la gota que colma el vaso. Si de verdad quiere hablar de la igualdad de las mujeres no basta con solo mencionar el velo o el mundo Islámico. ¿Acaso la vida de una mujer en China, Africa, India o Ibero-América es libre de machismo “institucional?” Al adoptar el discurso feminista sobre la igualdad entre hombre y mujer, el Señor Rajoy se ha convertido en otra pluma para el nido avispero de las feministas.

Por otra parte, un mensaje mío y personal para los extranjeros ilegales:

Estimados señores inmigrantes:

Ustedes no son, en general, delincuentes. Pero aproximadamente un 10% se encuentran en situación ilegal en mi país. Estoy hablando de unos 650.000. Demasiados para un tiempo de crisis. Ustedes se tienen que ir. Zapatero quiere aplazar lo inevitable y Rajoy prefiere no hablar: ambos están pendientes del voto de inmigrantes nacionalizados españoles, pero a fuerza de buscar ese voto, puede perder el voto de los autóctonos como yo.

A ustedes nadie les llamó y sin embargo ustedes entraron aquí a mi patria, vulnerando la legalidad española y luego, imponiendo el hecho consumado de su presencia y jugando con la debilidad de ZP y así ustedes obtuvieron sus «permisos» de residencia. El tiempo de las vacas gordas ya se acabó y ustedes se tienen que marchar de aquí: ilegales y todo inmigrante «legalizado» que esté en el paro. Ustedes, los inmigrantes en paro, no son culpables de nada pero si no le repatriamos, se van a perpetuar como una carga insuperable para el Estado. No hay sitio para todos ustedes entre nosotros. No les podemos mantener ni el mercado laboral los puede absorber.

Lo primero que yo quiero hacer, no les miento, es reformar la Ley de Extranjería. Es absurdo que se premien situaciones de ilegalidad cuando les dan la residencia «por arraigo» tras permancer en situación ilegal aquí durante tres años. Todo extranjero en situación ilegal debe ser repatriado sin dilación. No es una «expulsión» sino una restitución de la normalidad vigente. Ni cupos a lo Rubalcaba ni papeles para todos: cumplir la ley. Yo bien sé que ustedes no quieren ser españoles: eso es lo más normal del mundo, pues ustedes no lo son. Yo no tengo nada en contra de que ustedes quieran hablar en el idioma que les corresponde. Cuando yo estudié en los EEUU, preferí siempre hablar el español y me mantuve muy «español.» Eso sí: siempre fui consciente de que EEUU no era mi país y respetaba, sin imponer las mías, sus costumbres. Ustedes, en muchas ocasiones, no se conforman con mantener su étnia cultural. No: muchas veces ustedes piden que nosotros nos adaptemos a las suyas. ¡Y eso sí que no! Yo siempre he dicho que ustedes no tienen por qué «aprender» el español si no quieren o usarlo. Eso sí: ustedes no se conforman, muchas veces, en quedarse dentro de sus comunidades sino que pretenden que nosotros «sepamos» todo lo suyo y que nos adaptemos. Hace unas semanas, una india sudamericana me dijo que yo soy un «ignorante». Sí, lo soy: no me interesa otra cosa más que mi propia cultura e ignoro que ustedes disfruten de la bachata y el reggeton. Yo no soy de los que digo que «mi música» o mi «cultura» es la mejor del mundo, pues soy muy del estílo pragmático anglosajón. Pero sí les digo que no me interesa nada de ustedes aunque les respete siempre y cuando ustedes me respeten a mí. Y ahora, el respeto mutuo exige que ustedes se marchen de aquí si están en el paro y sólo quieren ser una carga para el contribuyente.
Se tienen que marchar: inmigrantes en paro e ilegales. No hay más.

8 comentarios

  1. Toca varios asuntos que me interesan y trataré de expresar mi opinión ordenadamente:

    a) El velo islámico. Como tal, supone un símbolo de sumisión de la mujer hacia el hombre. Mientras sea un acto voluntario, religioso, y no cree dificultades en el entorno en que se lleve, me parece que no debe regularse. Si la familia obliga a una mujer mayor de edad a llevarlo y ésta no lo desea, evidentemente es un acto de coacción que debe impedirse. Ahora bien, en algunos ámbitos, la ostentación de símbolos religiosos puede crear problemas. Por ejemplo, que una profesora imparta clases con el burka puesto y los alumnos no puedan escucharla bien. En este caso, ya que la simbología religiosa impide el natural desarrollo de una clase, creo que debe prohibirse. Lo mismo sucedería con un profesor que aprovecha el privilegio de la libertad de cátedra para adoctrinar a sus alumnos, en vez de impartir la clase desde el enfoque que quiera darle. Otros casos completamente distintos son el uso del velo como elemento de autosegregación y distinción, como sucede también con la ostentación de ciertos símbolos e indumentarias utilizados por las bandas. Se dice que todo eso atentaría contra una escuela donde se pretende que todos somos seres humanos de iguales derechos y deberes y se trabaja para crear una conciencia que favorezca la convivencia. En ese sentido, el uso del uniforme en algunos colegios se convertiría en una medida purista donde se pretende utilizar la psicología para favorecer la igualdad a costa de la individualidad. Ahora bien, cabe entonces entender que si cada uno puede ostentar los símbolos que desee, crear los grupúsculos que quiera, expresarse a través de los peinados e indumentarias que más le gusten y utilizar determinados elementos físicos para crear su identidad y distinguirse de los demás, existe la posibilidad de la segregación, la multiculturalidad, y en definitiva, la posible eliminación de los valores comunes, que favorecerían el cumplimiento de la ley, en tanto en cuanto sus ideas acaban basándose en sus símbolos tribales.

    Que exista esa conciencia, para mí, no compete al Estado, como tampoco eliminar la individualidad para lograr la conciencia de la igualdad ante la ley. No le compete porque, para salvar la igualdad, sacrificamos la individualidad, y a veces, lo esencial de la misma, como puede ser la moral privada y la religión, que se separa de la persona en el ámbito público, como si un juez pudiera dejar de ser él mismo cuando tiene que dar una sentencia o un profesor fuese capaz de abandonar sus ideas para impartir una clase. Podrá ser más o menos imparcial, ceñirse más o menos a la jurisprudencia, pero jamás desproveerse de sí mismo, eliminar su individualidad, como tampoco ningún ciudadano en el ámbito público. El voto mismo pertenece al ámbito público y lleva mucho de individualidad. Es responsabilidad de los ciudadanos, de los que hacemos que este país sea democrático y garantista de los derechos individuales, que prevalezca una civilización occidental, universal, sobre las particularidades de las culturas. De otro modo, la mera existencia de personas de distintas culturas en un mismo país se haría imposible.

    b) Y enlazando con sus reflexiones sobre la inmigración, volvemos a lo mismo. Si hemos de respetar su cultura, la respetaremos, pero no tenemos por qué promocionarla. Por otra parte, aunque nosotros nos empeñemos en que no cambien un ápice y sigan practicando su religión y sus costumbres, el sólo hecho de que se encuentran en un Estado de Derecho y deban cumplir la ley convierte su cultura no en una esencia inamovible, propia de su raza, etnia, nacionalidad o lo que usted quiera, sino en algo manejable. Así ha sucedido siempre en las relaciones entre los pueblos, al margen de la imposición por ley, que en nuestras circunstancias debe ser la garantía de los derechos individuales, propios de la cultura occidental.

    Si han de vivir aquí, han de perder muchas cosas de su cultura y adquirirlas de la nuestra, a la vez que nos traigan algunos aspectos de la suya; no tengo nada en contra de que un indio practique el hinduísmo, viva en Madrid y ponga un restaurante de comida india, pero debe aprender el español, pagar impuestos y cumplir la ley. Y si empieza a vestir como un occidental y se convierte al cristianismo, lo cual no es una condición para adquirir la nacionalidad, mejor que mejor; es el mito de que una persona tiene que vivir de acuerdo con el carácter de su país lo que hay que derribar. Que sean occidentales primero, y luego lo demás.

    Ahora bien, si uno viene a un país occidental, practica el islamismo, viste como un islámico, se siente islámico, no pone empeño en aprender el idioma, no tiene trabajo, no paga impuestos, desprecia a los occidentales e incumple la ley, pero luego quiere tener acceso a la sanidad y educación públicas, se convierte en un problema. Y cuanto más sean los que se encuentran en esa situación se crea un problema mayor. Y si encima se les llama, amparándose en un etéreo multiculturalismo, peor todavía. Pero también son un problema los que, sin tener trabajo, desean conseguirlo y cumplen la ley, y me duele en el alma que para que un país disfrute de los beneficios de la inmigración y mantenga el buen funcionamiento del sistema tenga que establecer una legislación férrea y aplicarla férreamente. Muchas veces estos son gente que podría adaptarse con facilidad -muchas personas de Sudamérica, por ejemplo-, tienen mucho en común con nosotros, pero desprecia a los occidentales. Toda legislación buena comete siempre, sin embargo, una pequeña injusticia y no se me ocurre forma de evitarla sin crear un problema mayor.

    En resumen, yo quiero que sean como uno de nosotros; que no haya más diferencia entre nosotros que el color de la piel, la religión (siempre y cuando se adapte a la ley) y sus gustos y sensibilidades (gastronomía, lazos parentales, sentimientos, indumentaria tal vez, etc.) que no siempre podrá abandonar, ni falta que hace. Al fin y al cabo, también existen notables diferencias entre un andaluz y un catalán y sin embargo podemos decir que ambos son españoles; no porque se sientan o se dejen de sentir españoles, sino porque comparten lengua e historia, les guste o no. Si con los inmigrantes que vienen de fuera solucionamos el problema de la lengua, la historia sólo será una cuestión de tiempo, si es que caminamos por la senda adecuada. Invitarles a que mantengan su historia, a que nos hagan creer que su pasado es el nuestro y que tenemos que favorecerles o morir por infieles o renegar de los valores occidentales sería cometer un error. Y ese es, desgraciadamente, el discurso del Gobierno.

  2. valcarcel · ·

    Samuel:

    Voy a contestarle de forma desordenada (es decir, que voy a contestar primero unas partes y luego otras, citándole).

    «En resumen, yo quiero que sean como uno de nosotros; que no haya más diferencia entre nosotros que el color de la piel, la religión (siempre y cuando se adapte a la ley) y sus gustos y sensibilidades (gastronomía, lazos parentales, sentimientos, indumentaria tal vez, etc.) que no siempre podrá abandonar, ni falta que hace.»

    Precisamente porque no comparten nuestra Historia, creo que son inasimilables. Vamos a ver: en Francia los moros llevan tres generaciones allí y todavía existen problemas porque no son franceses de origen. Mi criterio básico es que yo hago una distinción entre españoles de origen y españoles nacionalizados por el hecho de no compartir cultura u origenes. No es que yo les invite a que mantengan su Historia sino que es inevitable que lo harán porque es lógico que un musulmán nacido en España no puede sentir como suya la Historia de la Reconquista. Entonces, pues, yo creo que no pueden ser como uno de nosotros y de ahí mi énfasis en controlar, férreamente, los números que entran. Hoy estuve yo por Segovia, para pasarme el domingo y es una ciudad que no conocía. Era alucinante ver la cantidad de inmigrantes musulmanes paseandose por el acueducto. Insisto: creo que hay demasiados foráneos en España y eso es un problema bien gordo.

    Los inmigrantes musulmanes no pueden asimilar como suya una Historia que no es suya precisamente porque la Historia de España, entre muchas otras cosas, es la repulsa hacia el Islám.

    De igual forma aunque menos problemática, los inmigrantes sudamericanos, en su mayoría, los ya nacidos aquí, no se sienten españoles y las encuestas apuntan a que la mayoría quisiera regresarse a sus países de origen.

    En cuanto a lo de la profesora con burka, estoy de acuerdo: pero yo voy más allá del hecho. Cualquier objeto o circunstancia que impida un funcionamiento normal en una empresa tiene que rechazarse por motivos obvios.

    Y con respecto a su primer párrafo, sobre la segregación o el modelo multicultural: yo estoy de acuerdo en que no se debe «promocionar» otras culturas pero yo no abogo ni por la integración ni por el multiculturalismo. Abogo por una idea pluralista dentro de los límites legales. El «contrato de integración» es el Código Penal.

    En definitiva, yo pienso que hay demasiados, que la mayoría debe marcharse al encontrarse en paro de larga duración o si se resisten, ser expulsados, y los pocos que queden aquí y tengan empleo respeten la ley y las costumbres pero sin llegar a practicarlas ellos (las costumbres) si no quieren y además me gustaría endurecer muchísimo más la Ley de Nacionalidad al estílo suizo. Para mí no vale nacionalizarse porque sí. Suprimiría del Código Civil la nacionalidad por arraigo y endurecería la de residencia haciendo hincapié en la posibilidad de perderla. No me gusta el concepto de «doble nacionalidad» con ningún país y para mí un sudamericano es tan extranjero (quitando el idioma) y ciertos aspectos culturales como un chino.

  3. En fin, el hecho de no compartir nuestra historia no es inconveniente para que un inmigrante pueda integrarse en una nación. Al menos no es ese el sueño americano que yo tenía en mente y que a mi juicio es muy defendible. Que olviden sus raíces y se conviertan en ciudadanos. Con el tiempo pueden llegar a ser tan patriotas como cualquier español o incluso más.

    Ahora bien, no niego que sea algo difícil, sobre todo si se favorece la inmigración masiva. El caso de Francia donde inmigrantes de segunda y tercera generación se lanzan a quemar coches no deja de ser llamativo, aunque podríamos decir que eso es comprender muy bien el espíritu francés ¡y con creces! Pero a diferencia de lo que sucede en el ámbito sociológico, lo último que intentan los gobernantes y ciudadanos franceses es favorecer la segregación a costa de socavar los principios nacionales, mientras que en Inglaterra, donde la inmigración es mucho mayor, no deja de hablarse de hacer concesiones a los musulmanes y hasta de incluir la Sahira en el Derecho británico, como proponía el arzobispo de Canterbury.

    No es que me gusten los métodos que se utilizan en Francia para la integración de los inmigrantes, porque rayan el nacionalismo y en ocasiones atentan contra los derechos individuales y la libertad de conciencia, pues el ámbito público ocupa cada vez más terreno. Pero estando de acuerdo en que debe limitarse la inmigración, debe favorecerse que se integren y abandonen su historia, su tradición, como nosotros abandonamos el Antiguo Régimen. Si no somos capaces de fomentar la integración en nuestra propia casa, ¿qué sentido tienen el atlantismo, el colonialismo y la propia civilización occidental?

    Saludos.

  4. valcarcel · ·

    «En fin, el hecho de no compartir nuestra historia no es inconveniente para que un inmigrante pueda integrarse en una nación. Al menos no es ese el sueño americano que yo tenía en mente y que a mi juicio es muy defendible.»

    Sí, Samuel pero ya lo dijo Margaret Thatcher una vez y yo comparto el criterio: Europa es producto de la Historia, mientras que EEUU de la filosofía. Otra cosa que hay que recordar de EEUU es el concepto del «melting pot» que funcionaba bastante bien con los europeos pero no ha funcionado con otras nacionalidades como las hispanoamericanas o con los orientales.

    «Que olviden sus raíces y se conviertan en ciudadanos. Con el tiempo pueden llegar a ser tan patriotas como cualquier español o incluso más.»

    Yo diría que según qué nacionalidades estemos hablando. Eso es muy cierto en el caso de los hijos de polacos por ejemplo. Conozco a varios casos.

    Con respecto a su última pregunta, muy acertada, yo diría que hay que mantenerse pragmático pero sin caer en lo aberrante como Inglaterra ni en lo afrancesado. Lo principal ahora es expulsar y limitar los números. Es casi urgente. A partir de junio, veremos como repunta la delincuencia por ejemplo. Además de eso, yo insisto que la extranjeria debe vincularse a la seguridad.

  5. cuzzy · ·

    MIra … sé que esto no te va a gustar para nada pero tengo que decirlo porque me parece que metes a todas las personal de origen extranjero en un mismo saco. Soy nacionalizado español, acepto la historia de España sin ningún problema, p.ej. la reconquista, el imperio, el franquismo. No soy polaco ni del Este pero me siento español. No he impuesto nunca la cultura de mi país de origen, respeto la cultura española y sus costumbres y las adopto porque me gustan. Me da igual si los nacionalizados no te gustamos y si no quieres aceptarnos pero aceptamos (acepto) España y me siento como uno de lugar y no he tenido nunca problema con la gente autóctona. A mi me ha costado mucho tiempo de espera para obtener la nacionalidad española, así que no me la han regalado. Estoy de acuerdo contigo sobre el tema de doble nacionalidad. He tenido que renunciar mi nacionalidad para aceptar la española, ¿y qué? Lo hice con gusto. Ahhh… y otra cosa, no odio a España como se nos acusa a todos ‘nosotros’. Y lo último, hablo representando a mí mismo, no en el nombre de todos extranjeros nacionalizados porque no tengo nada que ver con los marroquíes, ni con sudamericanos, ni con los chinos, ni con cualquier otro extranjero. Y allá cada uno con su pensamiento y sentimiento hacia España.

    PS: Nací cristiano y me educaron en Protestantismo , he leído muchos artículos tuyos y tus perspectivas religiosas me suenan mucho, de que congregación eres?

  6. valcarcel · ·

    Cuzzy: su relato me parece muy bien pero reconozca que ud no es la mayoría de los inmigrantes, que piensan en unos términos muy opuestos al suyo.

    ¿De dónde es ud? Por lo que me dice, ud no es parte de ninguno de los países que mayoritariamente emiten emigrantes a mi país.

    PD: Soy presbiteriano ortodoxo.

  7. cuzzy · ·

    Le digo sinceramente que desconozco la opinión de la mayoría de extranjeros sobre España, ya que no les he hecho nunca ninguna encuesta sobre el tema. Habrá unos que piensan igual que yo, y otros no. La verdad es que no me relaciono mucho con otros extranjeros ni tan siquiera del mismo país de origen, porque pienso que si sólo quiero convivir con la gente de mi país de origen o vivir en mi cultura, mejor me quedo allí. Soy más de asimilación e integración que del multiculturalismo y ghettos, y pienso igual que ud. que hay tipos de extranjeros que no son inasimilables.
    No, no soy de ninguno de los países emisores de inmigrantes a España. Se lo diré en privado el sitio de dónde provengo yo. Soy de Charismatic Movement pero estoy descansando de las actividades religiosas en estos momentos.

  8. cuzzy · ·

    rectifico:

    ..y pienso igual que ud. que hay tipos de extranjeros que son inasimilables…

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