¿Se puede legislar moralidad?

Una de las mentiras más absurdas de estos tiempos relativistas es aquella frase gallarda que dice “tu no puedes legislar moralidad”, normalmente afirmada en un tono arrogante que seduce a muchos tontos útiles con una especie de “armonía” chocante parecida a la de una estrofa infernal y rock n rolera. Nuestro deber, y no espero nada menos de mis fieles lectores, es hacer brillar nuestra oposición a esa tontería con el súbito centelleo que arranca en el combate la espada al chocar con la armadura. Los que no tenemos las almas contaminadas con la vileza imperante pedimos que hayan hombres que puedan alzar, con resolución determinista, la bandera de la verdad absoluta sobre las olas de cieno de una política que nos degrada. Por mi parte, aquí tienen a un hombre, la bandera ya está levantada, y me pronuncio al respecto.

Toda ley refleja una moralidad. Las leyes son diseñadas y promulgadas para proteger a las personas y la propiedad o para promover la salud y la seguridad o, lo que esta mas de moda ahora, promover ciertas actitudes para “proteger” y promover a ciertos “colectivos” como las feministas, los que no son de raza blanca, o los homosexuales. Las leyes dicen que algo es bueno de modo que la sociedad debe protegerlo, o que algo es malo y que debe ser regulado o castigado. Las leyes que prohíben el robo y el asesinato son declaraciones morales a favor del derecho a la propiedad privada y a la santidad de la vida. Hasta una señal de tráfico es una ley moral. Un “stop” dice que usted no tiene el derecho de poner en peligro las vidas de otros al conducir de manera imprudente. Se ha dicho mucho en años recientes sobre el aborto y los activistas homosexuales y hemos visto desde demandas por “discriminación” hasta que por fin se han salido con la suya, con el beneplácito de un Estado que no se conforma simplemente con separarse de las confesiones sino que promueve, de forma agresiva y con dinero publico, un laicismo desproporcionado y expresamente anticristiano. Por eso, DRH se equivoca, creo más bien por ignorancia que por maldad objetiva, cuando afirma que hay una “diferencia” entro lo moral y lo jurídico. Es lo que tiene ser el mayordomo de Federico Jimenez Losantos en vez de servir a la verdad y a la justicia. ¿Qué nos conduce a todo esto?

La moralidad en la que se basan nuestras leyes siempre es religiosa por naturaleza. La ética moral de un cristiano será diferente a la de un humanista, o un hindú, o un musulmán, pero no quita que es algo ético, un deseo y una expresión. Cuando cambiamos de religión, nuestra moralidad cambiará y nuestras leyes reflejarán esto tarde o temprano. Hemos visto un giro progresivo desde una fe y una ley Cristiana a una ley más vigorosamente humanista en décadas recientes. Lo contrario también es verdad. Cuando cambiamos nuestra moralidad, estamos cambiando nuestras presuposiciones religiosas, y nuestra misma religión ha cambiado. No es sólo el anti-Cristianismo desde fuera el que es ahora nuestro problema; también estamos luchando contra el elemento que se opone a la ley de Dios, que ha atacado al Reino de Dios desde dentro de sus propias puertas. Todos creemos en la ley, de modo que todos creemos en legislar la moralidad. Creo en la moralidad de Dios. ¿Y usted?

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