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Mensaje a los padres
Estimados lectores: Raquel Berrocal es una mujer tradicional y sin complejos que acude todos los domingos a la Iglesia Presbiteriana de Alcorcón (Madrid), y he decidido reproducir aquí uno de sus artículos sobre la inmoralidad en la tele. Gracias a mujeres como la Sra. Berrocal, las mujeres que no se identifican con el feminismo aberrante de nuestros tiempos pueden saber que hay muchas mujeres valientes y cristianas, que también se oponen a las feministas y a los que intentan “redefinir” lo que significa ser un hombre y una mujer.
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Sal y Luz
Raquel Berrocal
Cariño, cierra la boca”, dijo mi marido con una sonrisa. Pero yo ni siquiera le oí. Estaba patidifusa, atónita, estupefacta… Ante las recurrentes alusiones diarias a cierta serie televisiva de éxito entre los adolescentes, había decidido sentarme a ver un capítulo para averiguar el motivo de tanto entusiasmo. En menos de media hora habían desfilado por la pantalla un montón de personajes y tramas que dejaron tras de sí la sensación de suciedad y mugre espiritual más sórdida y oscura que había experimentado en mucho tiempo: profesoras que se acuestan con alumnos, miradas lascivas, lenguaje cotidiano soez y desafiante, chicas de quince años que podrían dar lecciones en un prostíbulo, chicos cuya razón de vivir es satisfacer cada fluctuación de sus hormonas, fiestas donde todos asumen como algo normal ponerse ciegos de toda clase de sustancias legales e ilegales, egoísmo exacerbado, mentiras, gestos calenturientos, hedonismo enfermizo, besos homosexuales en los pasillos de la escuela, y muchas otras lindezas.
Los espectadores de “Física o Química” que yo conozco son niñas de doce años cuyas madres le sacarían los ojos a cualquiera que se atreviese a poner en duda el amor que tienen por sus hijas. Las alimentan, las visten, las arropan por la noche, pero permiten que las imágenes e ideas más cochambrosas y malolientes empapen su retina y jueguen con sus mentes, envenenando su imaginación y sugiriendo la aceptación primero, la imitación después, de unos modelos de conducta tan bajos y tenebrosos que parecen diseñados por el Lado Oscuro más Oscuro de la Fuerza.
Hace unas pocas décadas los padres educaban con la ayuda de muchas otras instancias: la escuela, la televisión, el entorno familiar, la iglesia, la sociedad entera se hallaba siempre dispuesta a proteger y enseñar a los niños, a poner cada cosa en su sitio. Hoy casi todos ellos no sólo han desertado, sino que se han aliado formando un frente común, manejado por un Goliat invisible pero omnipresente contra el que los pocos padres y madres que se toman en serio su tarea luchan desesperadamente, no siempre con éxito.
Los hijos maduros, compasivos, humildes, trabajadores y responsables no aparecen un buen día porque sí, veinte años después de haberlos traído al mundo. No crecen en los árboles. No brotan por sí solos. Lo que brota por sí sola es la mala hierba. Si uno desea un jardín limpio, frondoso y aromático, sabe que le espera bastante planificación y trabajo regular. Los padres creyentes que educan hijos “como plantas crecidas en su juventud” e hijas que son “como esquinas labradas como las de un palacio” (Salmo 144:12) han decidido, en primer lugar, construir su casa sobre la roca eterna de la Palabra de Alguien que sabe de esto mucho más que nosotros, y no sobre las arenas movedizas y cambiantes de nuestra cultura. Por eso su casa suele ser más sólida que las de la mayoría. Y sus “jardines” , en general, infinitamente más bellos.
Los hijos inmaduros, ególatras, crueles, vagos e irresponsables aparecen porque su “jardinero” estaba demasiado ocupado con otras cosas para abonar la tierra, ponerles un tutor –esa vara recta que les indica hacia dónde crecer–, regarlos con agua clara y cantarles de cuando en cuando, que dicen que a las plantas les gusta mucho. La tierra a su alrededor ha venido de aquí y de allá, y nadie la limpió jamás. A estas plantitas les cayó encima de todo y, lo que es peor, mientras crecían. El omnipresente Goliat se encargó de que tuvieran adulación extrema, falta de límites, miles de horas de telebasura, hipersexualización continua de su entorno, ausencia de tareas y responsabilidades, indolencia, ideología de género (en su versión “mi-género-es-más-importante-y-listo-que-el-tuyo”) y cultura de la muerte (en su versión “paso-de-asombrarme-ante-la-maravilla-de-la-vida”).
El omnipresente Goliat pretende ahora vacunar a todas las niñas de 12 años contra una enfermedad de transmisión sexual (el virus HPV) en toda Europa. Este Goliat, ignorante patán donde los haya, da por sentado que es la edad apropiada, justo antes del inicio de su vida sexual, a pesar de las numerosas voces de la comunidad científica que cuestionan seriamente la vacunación masiva contra el HPV, dada la falta de pruebas de su eficacia real en prevenir el cáncer de cuello uterino (New England Journal of Medicine) y los efectos secundarios que aún no se han establecido con seguridad. Según el New York Times, esta se ha convertido en la enfermedad del momento, gracias al marketing y a la difusión de la vacuna, que sus fabricantes se han asegurado de aplicar a miles de niñas. En España, se autorizó su comercialización a partir de septiembre de 2007 y se pretende que las comunidades autónomas la incluyan en el calendario de vacunaciones del sistema nacional de salud, estando indicada en niñas de 11 a 14 años.
En otras palabras, lo que este gigante políticamente correcto quiere es que los padres y profesores compartamos con nuestras niñas de 12 años nuestras expectativas respecto a su futuro cercano, a saber, que lo normal será que comiencen su actividad sexual a partir de los 13 años. Y además que les digamos semejante barbaridad con la excusa de proteger su salud y con un tono de naturalidad que nos borre de la memoria los recuerdos de esas niñas jugando con muñecas hace sólo unos meses.
Gerald Warner lo ha expresado muy bien en su columna del Daily Telegraph, refiriéndose a quienes gustan de aplicarse el título de “progresistas”, nihilistas morales en la práctica. Para ellos, “la virginidad adolescente es una peligrosa enfermedad que debe ser eliminada lo antes posible. La ortodoxia políticamente correcta insiste en que se les debe decir a las niñas de 12 años que lo que se espera de ellas es una carrera de promiscuidad sexual más o menos amplia. Evidentemente, no se tolerará ningún ideal más alto, ya sea por convicción religiosa o, simplemente, por respeto a uno mismo”. Seiscientas mil niñas de 12 y 13 años serán vacunadas este otoño sólo en los Estados Unidos.
Los padres creyentes podemos y debemos luchar contra Goliat. En vez de dejar que Disney Channel eduque la voluntad de nuestros niños con sus mensajes tan edulcorados como falsos, podemos enseñarles que los valores bíblicos serán siempre absolutamente fiables para guiarles (“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, Mt.24:35). En vez de satisfacer sus caprichos y aceptar que tengan el mando de la televisión –prueba infalible de que tienen también el mando en todo lo demás–, podemos inculcarles el trabajo bien hecho, la renuncia, la consideración por los demás, la belleza de las cosas sencillas. En lugar de Hannah Montana, Britney Spears y otras meretrices postmodernas, podemos asegurarnos de proponerles como modelos a mujeres verdaderamente hermosas, sabias y piadosas. Además de cuidar de que sus cuerpos estén limpios, podemos proteger sus mentes e impedir que entre en ellas la basura ideológica que acecha en cada esquina.
Además de darles buena comida, podemos impedir que aquellos que se niegan a tener en cuenta a Dios “en ninguno de sus pensamientos” (Salmo 10:4) les envenenen el corazón con su discurso arrogante. En vez de dar por sentado que los adolescentes van a tener relaciones sexuales inevitablemente, podemos ofrecerles la visión de una vida plena que pasa por reservarse para el cónyuge que compartirá sus vidas. En vez de hacerles saber que esperamos que se emborrachen y pierdan el respeto por sí mismos durante los años que dure la edad del pavo, podemos asegurarnos de que sepan que, incluso entonces, el camino estrecho es el que merece la pena y que la sexualidad es un regalo precioso de Dios para ser disfrutado dentro del matrimonio.
El matrimonio “gay”
Hace dos días, Andrés Álvarez escribió un artículo muy interesante sobre el matrimonio gay y llegó a la conclusión de que se le debe llamar unión civil. Es un buen artículo y se lo recomiendo a mis lectores. Ahora bien, tengo algunas cosas que añadir.
Usted tiene que preguntarse acerca de la inteligencia de quienes apoyan la palabra “matrimonio” para denominar una unión entre dos hombres o dos mujeres. En España, el PSOE nos ha impuesto el matrimonio homosexual mientras que en países más representativos, como EEUU, han habido referéndums acerca de esta cuestión y ha fracasado la ambición de los homosexuales. El problema es la arrogancia. El “matrimonio” homosexual no es una cuestión de principio, sino que es una cuestión de política.
Los defensores insisten en que tienen un “derecho” a casarse con alguien del mismo sexo. Afirman que “la justicia” así lo requiere. Ellos dicen que es una cuestión de “igualdad”. Ninguna de estas cosas es cierto, como ya he demostrado muchas veces en este blog. La justicia exige que las partes iguales se traten de forma igual, y lo desigual de forma distinta, en proporción a sus diferencias. Si hay incluso una diferencia entre las parejas heterosexuales y las parejas homosexuales, la justicia exige que sean tratados de manera diferente. La mayoría de la gente cree que existe una diferencia relevante, a saber, la procreación. Sólo las parejas heterosexuales pueden procrear. Dado que el matrimonio es una institución jurídica cuyo objetivo es producir y criar a los niños, la diferencia hace la diferencia.
Una de las cosas más estúpidas que he leído en los últimos años es que las parejas homosexuales quieren, y merecen tener, bodas. Escuchen, homosexuales de turno en Chueca:
Nadie va a proponer prohibir que ustedes celebren una boda entre gays. Alquilen una iglesia (si es una iglesia izquierdista, claro) o una sala e invite a sus amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo. ¿Quién va a prohibirlo? ¿Quién propone prohibir eso? Nadie. En su fiesta pintoresca, usted puede hacer lo que quiera, su boda, su barril de cerveza, un grupo musical. Cualquiera puede celebrar una “boda”, hasta para usted y su perro si lo desea, o para usted y sus cuatro amiguetes de turno, o incluso, para usted y su amigo ficticio, si lo tiene. Una boda es una ceremonia. Usted puede celebrar una para cualquier cosa de este tipo.
Otro error es pensar que el matrimonio no es más que una institución jurídica. Hay matrimonios morales y religiosos (espirituales) así como los matrimonios laicos. Dos personas han tenido siempre la facultad de comprometerse conjuntamente. Usted no necesita la ley para aprobar o hacer cumplir sus compromisos. Si usted puede encontrar a un reverendo que le case, muy bien.
Que los homosexuales se sienten degradados o disminuidos por las uniones civiles (como algunos estados de USA permiten) demuestra que su objetivo real no es el conjunto de derechos legales y responsabilidades que poseen las parejas casadas, pero la afirmación de su relación. ¿Por qué esperan que la gente como yo, por ejemplo, afirmemos algo que creemos que es perverso y pecaminoso? No hay derecho, legal o de otra índole, a tener una relación y que el Estado tenga que afirmarla.
Si los homosexuales hubieran pedido uniones civiles en lugar de exigir una nueva definición de “matrimonio”, y si hubieran pedido un cambio legislativo (ámbito político) en lugar de decretos judiciales (el reino de principios) , quizás en EEUU hubieran tenido más éxito. Pero, no: la codicia los superó y exigieron todo y terminaron, en estados como Florida, con nada. Ellos quieren el matrimonio y ¡lo quieren ahora! Una persona racional se mueve lentamente y con cuidado cuando se trata de objetos frágiles como el matrimonio.
Los izquierdistas y progresistas dicen que las leyes que limitan el matrimonio a las parejas heterosexuales “discriminan a las parejas del mismo sexo.” Efectivamente, lo hacen, en el mismo sentido en que las leyes que confieren los derechos al aborto sólo en las mujeres discriminan a los hombres y las leyes que confieren derechos de conducción sólo a los que tienen capacidad ocular discrimina a los ciegos. La discriminación, per se, no es mala. La discriminación ilegítima es aquella que discrimine por características irrelevantes como el color de pelo o de ojos. La justicia requiere que se discrimine entre características relevantes. Así que no, no es matrimonio ni aceptaré que dos hombres se me presenten y me digan “Hola, somos un matrimonio.” No, no lo son: son una parejita…y está en nuestro derecho a la libre asociación decidir si queremos asociarnos con parejitas de homosexuales o no.
¿Se puede legislar moralidad?
Una de las mentiras más absurdas de estos tiempos relativistas es aquella frase gallarda que dice “tu no puedes legislar moralidad”, normalmente afirmada en un tono arrogante que seduce a muchos tontos útiles con una especie de “armonía” chocante parecida a la de una estrofa infernal y rock n rolera. Nuestro deber, y no espero nada menos de mis fieles lectores, es hacer brillar nuestra oposición a esa tontería con el súbito centelleo que arranca en el combate la espada al chocar con la armadura. Los que no tenemos las almas contaminadas con la vileza imperante pedimos que hayan hombres que puedan alzar, con resolución determinista, la bandera de la verdad absoluta sobre las olas de cieno de una política que nos degrada. Por mi parte, aquí tienen a un hombre, la bandera ya está levantada, y me pronuncio al respecto.
Toda ley refleja una moralidad. Las leyes son diseñadas y promulgadas para proteger a las personas y la propiedad o para promover la salud y la seguridad o, lo que esta mas de moda ahora, promover ciertas actitudes para “proteger” y promover a ciertos “colectivos” como las feministas, los que no son de raza blanca, o los homosexuales. Las leyes dicen que algo es bueno de modo que la sociedad debe protegerlo, o que algo es malo y que debe ser regulado o castigado. Las leyes que prohíben el robo y el asesinato son declaraciones morales a favor del derecho a la propiedad privada y a la santidad de la vida. Hasta una señal de tráfico es una ley moral. Un “stop” dice que usted no tiene el derecho de poner en peligro las vidas de otros al conducir de manera imprudente. Se ha dicho mucho en años recientes sobre el aborto y los activistas homosexuales y hemos visto desde demandas por “discriminación” hasta que por fin se han salido con la suya, con el beneplácito de un Estado que no se conforma simplemente con separarse de las confesiones sino que promueve, de forma agresiva y con dinero publico, un laicismo desproporcionado y expresamente anticristiano. Por eso, DRH se equivoca, creo más bien por ignorancia que por maldad objetiva, cuando afirma que hay una “diferencia” entro lo moral y lo jurídico. Es lo que tiene ser el mayordomo de Federico Jimenez Losantos en vez de servir a la verdad y a la justicia. ¿Qué nos conduce a todo esto?
La moralidad en la que se basan nuestras leyes siempre es religiosa por naturaleza. La ética moral de un cristiano será diferente a la de un humanista, o un hindú, o un musulmán, pero no quita que es algo ético, un deseo y una expresión. Cuando cambiamos de religión, nuestra moralidad cambiará y nuestras leyes reflejarán esto tarde o temprano. Hemos visto un giro progresivo desde una fe y una ley Cristiana a una ley más vigorosamente humanista en décadas recientes. Lo contrario también es verdad. Cuando cambiamos nuestra moralidad, estamos cambiando nuestras presuposiciones religiosas, y nuestra misma religión ha cambiado. No es sólo el anti-Cristianismo desde fuera el que es ahora nuestro problema; también estamos luchando contra el elemento que se opone a la ley de Dios, que ha atacado al Reino de Dios desde dentro de sus propias puertas. Todos creemos en la ley, de modo que todos creemos en legislar la moralidad. Creo en la moralidad de Dios. ¿Y usted?
Dios: Su ley y Su autoridad sobre todos
Antes de leer, atención: esta entrada no es para todo el mundo. En algunos círculos cristianos, hay un debate acerca de este tema y mi mensaje de hoy va dirigido a ellos. Este criterio mío personal no es en absoluto excluyente ya que yo no rechazo a ningún cristiano que no se sienta identificado. Repito: son mis convicciones personales dirigidas a algunos amigos cristianos que me leen y debaten a menudo conmigo sobre estas cuestiones. Todo esto tiene muy poco que ver con el liberalismo y no exijo que todos mis lectores asuman lo que yo digo a continuación. Es triste tener que poner esta advertencia pero hay algunos que no asumen su mayoría de edad para asumir diferentes puntos de vista acerca de la teología personal. Por otra parte, si usted no se considera cristiano y rechaza la Biblia como una fuente de autoridad, mejor no escriba ningún comentario porque no voy a debatir la teología con quienes presuponen que Dios no existe. En parte, porque no es un deber de los cristianos que leemos la Biblia probar absolutamente nada, y también porque hay algunos que van a querer escribir burradas. Así que para ahorrarles tiempo, les advierto que si alguno me envía un mensaje irrespetuoso, no lo publicare por higiene moral y porque deseo mantener estas cuestiones entre cristianos. Si usted, a pesar de esta advertencia, se siente motivado a comentar desde un punto de vista “laico”, esta entrada no es la adecuada y le recomiendo que me escriba una respuesta en su propia bitácora. He dicho.
Como cristiano por convicción, y defensor del sistema jurídico anglosajón por consecuencia lógica de lo primero, presento a mis lectores cristianos dos cuestiones importantes: 1) ética cristiana — que dice que la ley de Dios es plenamente válida hoy en día, y 2) escatología post-milenaria, que dice que el Evangelio tendrá éxito en la conversión del mundo antes del retorno de Cristo.
Hay muchísimos escritores cristianos que han expresado su opinión negativa respecto a estas dos perspectivas – por mi parte, defiendo ambas. Como cristiano y defensor de la libertad, me agrada ver esta interacción doctrinal tan sana sobre nuestros compromisos. En un espíritu liberal (Hechos 17:11), vamos a “probar todas las cosas: y aferrarnos a lo bueno” (I Tes. 5:2).
Aunque es imposible contemplarlo todo en el espacio de un artículo, puedo resumir aquí los principales problemas que encuentro en las observaciones de algunos hermanos en la fe. Dos cosas destacan: En primer lugar, normalmente presentan una tergiversación de la ética y hermenéutica post-milenaria. En segundo lugar, no me parece una argumentación razonada y normalmente no razonan en términos Bíblicos para contrarrestar lo que yo he dicho. Se hacen declaraciones ilegítimas sobre la hermenéutica contra el post-milenarismo y se ridiculiza una caricatura (que se han inventado ellos) de la ética bíblica – sin responder a ninguna de ellas con un argumento bíblico.
Permítanme, en este artículo, tratar de hacer tres cosas: antes que nada, mostrar el origen protestante de la posición que defiendo, segundo, dejar las cosas claras con respecto a los cristianos que no comparten este concepto, y tercero, responder con detalles y jurisprudencia.
La postura que defiendo no es nada nuevo. Ha sido reconocida en el pensamiento clásico de la Reforma Protestante desde el principio. No ofrezco nada nuevo ni mucho menos novedoso. La “novedad” que algunas me imputan es un síntoma del telón de fondo que es fruto del laicismo moderno y de la disminución teológica de nuestra cultura e iglesias. Los dirigentes humanistas y naturalistas se sienten perturbados ante una defensa completamente y específicamente Bíblica del mundo. “¡Que vienen los puritanos!”, gritan, con una histeria difícil de comprender.
Yo no pido que algo nuevo se añada al catecismo de Westminster, sino simplemente que seamos coherentes con sus perspectivas, como los Puritanos. Por lo tanto, es inexacto hablar de esto como un “nuevo enfoque” de la jurisprudencia. Es uno de los más antiguos, y precisamente por eso ofende a los “modernos.” No es muy grato ni popular ofrecer apoyo a los puritanos en estos tiempos abiertamente anticristianos. Algunos dicen que vivimos en una sociedad post-cristiana. No, señores: vivimos en una sociedad anticristiana.
La Confesión de Westminster clasifica la ley de Dios de esta forma:
1) El resumen general o preceptos, como se describe en el Decálogo. El Antiguo Testamento decreta: “no robarás” (Éx. 20:15), y el Nuevo Testamento está de acuerdo (Romanos 13:9).
2) Ejemplos de aplicaciones: Los decretos del AT, por ejemplo, “no amordazar al buey” (Deut. 25:4), y el Nuevo Testamento enseñan el mismo principio, aunque aplicado a un caso diferente en sustancia (I Tim. 5:18). Los puritanos calificaban eso como un principio de “equidad” del estatuto (aún se usa en el Diccionario Inglés de Oxford).
3) Instrucciones para la redención y la santidad de la comunidad de los redimidos, o “ley ceremonial” (como muchas personas lo llaman hoy en día). Incluso aquí, la continuidad del AT al NT se conserva. El AT decreta la necesidad de derramar sangre en la redención (Lev. 17:11), y el NT mantiene ese requisito realizado por Cristo El Salvador (Hebreos 9:22-24). La “santidad” (literalmente “separación”) de los redimidos se ve en el AT — separación entre creyentes y apostatas. (II Cor. 6:14-17).
Por lo tanto, no es una “tesis Alfrediana” como me dicen algunos, por exigir que la ley de Dios sea vinculante para creyentes e infieles. Esta reclamación mía es más bien la expresión del pensamiento clásico de la Reforma, que se encuentra en las normas de Westminster. Cristo es el Señor sobre todos los aspectos de la vida (Mateo 22:37-38), y sobre todos los hombres y naciones (Ef. 1:20-22; Mat. 28:18-20).Todos los hombres le debemos obediencia en todos los aspectos de la vida.
Esto es muy importante porque conlleva una segunda pregunta:
¿Es vinculante sobre el Estado la Ley de Moises?
Todos los magistrados son “ministros de Dios” (Rom. 13:4), que deben obediencia a Cristo como gobernante de los reyes de la tierra (Rev 1:5; Sa. 2:10-12). Cuando Dios bendijo a Israel con su ley, era un modelo para todas las naciones(Deut. 4:5-8; Isa. 51:4; Prov. 14:34). Las normas morales para todas las naciones son uniformes y se encuentran en la ley de Dios (Rom. 1:18-3:20). Así, los cananeos fueron castigados por violar la ley de Dios precisamente en la misma manera que Israel lo fue cuando incumplió la misma ley (Lev. 18:24-27).
La ley de Dios se proclama ante reyes (Sa. 119:46). La figura política que se atreva a reemplazarlas con sus propias leyes humanistas (Rev. 13:16-17; Deut. 6:8) está condenado en las Escrituras como “la bestia” o “el hombre de la anarquía” (II Tes. 2:3), y está en contra de aquellos que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Rev. 12:17; 14:12).
Ningún magistrado puede obtener una exención de las normas de la ley de Dios, con el argumento ridículo de que Sus disposiciones son mandamientos de “otra época” o, como me han dicho algunos hermanos cristianos, “sólo para Israel.” Dios requiere que los magistrados sean vengadores de su ira (Rom 13:4), contra aquellos que hacen el mal incumpliendo la ley de Dios (Rom 13:4).En efecto, la ley de Dios fue establecida para frenar a los insubordinados de la sociedad (I Tim. 1:9-10).
En consecuencia, tanto la Confesión de Westminster y el Catecismo enuncian los detalles de la ley de Dios como una guía a los magistrados a fin de que puedan castigar a los criminales para la gloria de Dios. La ley de Dios obliga a todos los jueces del presente a cumplirla,incluso con respecto a las sanciones penales contra la delincuencia. En un trabajo que hice en mis estudios sobre la jurisprudencia puritana, dije que la ley de Dios es un patrón perfecto para una verdadera justicia social ya que se castiga la idolatría, la blasfemia, el adulterio, el robo, etc.
Importante: Como he dicho en reiteradas ocasiones, de ninguna manera abogo por establecer leyes contra el adulterio o la sodomía en la presente sociedad porque NO vivimos bajo un Estado cristiano. Por eso, precisamente, hablo desde un punto de vista histórico cultural y estas leyes serían aplicables en una sociedad cristiana, como en la colonia de Plymouth, que fue una sociedad libremente pactada entre adultos cristianos que querían vivir en una sociedad bíblica, escapándose de la persecución religiosa en Europa. No obstante, sí creo que los ateos y los laicistas deben explicarse más con respecto a lo que quieren. Hablan mucho de “libertad” pero no nos dicen ¿para quién? y ¿para qué? y con ¿qué fines? La primera misión de un cristiano debe ser el Evangelio. Primero hay que re-cristianizar a la sociedad para que estas leyes y principios tengan su sentido.
Bien: entonces, si estos principios cristianos no son nada nuevo, ¿por qué tantos cristianos se oponen? Claramente, hay un malentendido o un desacuerdo en relación con nuestra herencia histórica.
Por ejemplo, algunos afirman que la ley de Dios adquiere una nueva dimensión después de la salvación y que no hace falta obedecerla. No señores: la obediencia a la ley de Dios es siempre un deber para todos los hombres – creyentes y no creyentes. Ningún hombre tiene permiso para pecar, y el pecado es una agresión contra la ley de Dios (I Juan 3:4; Rom 7:7).
Sin la ley de Dios, señores, no tendríamos el concepto de “pecado” y por lo tanto, no haría falta un Salvador. En ese caso, el Evangelio no tendría sentido. Por lo tanto, los cristianos responsables nunca defenderían que “no hace falta la ley.”
Cuando un hombre pide la salvación, lo hace por arrepentimiento y fe – que significa que quiere obedecer los mandamientos de Dios (Confesión de Westminster, 15:2). Los salmos exigen que debemos meditar y amar la ley de Dios (Sal. 1:2; 40:8; 119:970).
La ley es una trascripción – un escrito de los detalles – de la perfección moral de Dios (Mateo 5:48; Sa. 19:7). Como tal, la ley no puede ser suprimida o mejorada al igual que no se puede perfeccionar a Dios, que ya es perfecto (Deut. 12:32).
La Palabra de Dios nunca dice que el amor (I Juan 5:2-3) sustituye Su ley. La Biblia dice: “amarás al prójimo” y la ley de Dios nos demuestra, con detalle, cómo amarle, por ejemplo: castigando al ladrón que no ha mostrado su amor al prójimo. Precisamente porque tenemos el deber de amar al prójimo, corresponde protegerles contra los enemigos de la ley de Dios y aplicar los correspondientes castigos. Los padres, de la misma forma, que verdaderamente aman a sus hijos, han de aplicarles los correctivos correspondientes cuando faltan al respeto o desobedecen. Ya en Europa, como consecuencia de la fuerte inmigración sub-sahariana, se ha detectado un incremento de las religiones animistas que practican el sacrificio humano — en cualquier caso, esto se debe al pluralismo confesional relativista de nuestros tiempos. ¿Qué hacemos con aquellas religiones que defienden el asesinato mediante el sacrificio humano?
Ni siquiera el resumen de la ley que encontramos en los Diez Mandamientos es el límite de nuestra obligación moral ante el Señor. No podemos separarlos de su contexto. La pureza sexual, por ejemplo, “No cometerás adulterio”, también prohíbe el incesto y la homosexualidad de acuerdo con la ley del AT – y esto se sostiene sin vacilaciones ni pretextos en el Nuevo Testamento (I Cor. 5:1; Rom. 1:26-27,32). Cada pecado tiene su correspondiente deber ante la ley de Dios.
El principal método utilizado para criticar mi postura histórica es ofreciendo ejemplos prácticos de lo que algunos piensan que requiere el AT. Debido a que algunos ejemplos del AT les parecen una barbaridad, indignantes o terribles, afirman que la “tesis” debe ser rechazada.
Este procedimiento teológico debe ser anulado. ¿Por qué patrón decidimos si un requisito establecido por Dios es razonable o satisfactorio hoy en día? La cuestión no es si nos gustan los detalles de la ley de Dios, pero si la Palabra de Dios dice si son vinculantes. Si Dios dice que es así, entonces que así sea – con independencia de la “sociedad” moderna y lo que la gente pueda decir acerca de los detalles éticos. La pregunta básica no es otra que esta: ¿qué dice la Biblia acerca de la ley de Dios? No es, “joo colega, ¡qué fuerte!, ¿qué te parece el Derecho Bíblico?”
Otros, sin embargo, razonan desde un error porque sustituyen la ley con sus sentimientos personales. Por ejemplo, el otro día un joven que está estudiando teología en Princeton, me dijo que si aplicamos “mi” razonamiento, la iglesia debería excomulgar a un hombre cuyos testículos hayan sido aplastados en un accidente, sobre la base de Deut. 23:1. Por una parte, se entiende que el texto no se refiere a los accidentes, sino a la mutilación deliberada, con el fin de convertirse en un eunuco. Estas manchas sexuales son incompatibles con el sistema de redención. Pero, el AT ya indica que en la era Mesiánica, los eunucos serán aceptados en la casa de Dios (Isaías 56:3-5). Algunos confunden estas leyes temporales con las leyes civiles que si son vinculantes.
Mis lectores cristianos me han pedido ejemplos prácticos donde se aplicaría el Derecho Bíblico hoy. Cerraré la entrada con algunos y con un reto para los escépticos. Aquí hay algunos ejemplos; estudie la palabra de Dios y compruebe si está de acuerdo.
1) La homosexualidad no es un derecho civil (Lev. 20:13). Sin embargo, los lectores deben tener cuidado aquí. Nadie debe reclamar esta parte de la ley de Dios a ser aplicables en la actualidad si no está dispuesto a reclamar lo mismo para el resto del contexto bíblico como lo siguiente:
2) Las cárceles deben ser sustituidas por un sistema de restitución (Exo. 22:1-4, 7-9).
3) La contaminación industrial requiere una indemnización. (Exo. 22:6).
4) La dejación de funciones debe ser castigada con una multa (Deut. 19:16-21).
5) El aborto libre y sin límites no es un derecho constitucional (Exo. 21:22-25).
6) Los que secuestren un avión deben pagar con la vida (Exo. 21:16), al igual que los violadores (Deut. 22:23-27).
7) Los “subprime” (préstamos a los pobres) se prohíbe (Lev. 19:9-10, 25:35-43), y se exige igualdad ante la ley entre ricos y pobres, da igual la condición racial o social (Exo. 23:6, Lev. 19:15).
8 ) La moneda inflacionista está prohibida (Isaías 1:22), porque se exigen medidas justas y reales (Deut. 25:13-15).
Si los críticos piensan que estos requisitos son irrelevantes, ¿qué base tienen, como cristianos, para presumir de resolver los males de la sociedad moderna?
Si los críticos piensan que estos ejemplos son demasiado específicos y perfectos y obvios, les pregunto: ¿Qué otra cosa esperaban del Señor?
Y si los críticos piensan que algunas leyes son vinculantes, pero otras no, les corresponde a ellos explicarnos los principios que van a esgrimir.
Espero que este debate tan importante continúe desde un espíritu crítico pero tolerante y con sustancia y fundamento. De esa forma, nuestras discrepancias producirán un fortalecimiento mutuo y espiritual, y no facciones intolerantes.”
Si alguien quiere el texto de la Confesión de Westminster, la tieneaquí.
Ateos, laicistas & anticristianos
Mientras más leo acerca de la venerada noción de la “libertad confesional” y analizo las cuestiones que están en juego, más me doy cuenta de que la mayoría de las personas no tienen una visión clara y fundamentada sobre qué significa la libertad confesional. Hay que reseñar algunas ironías.
La defensa de la tolerancia religiosa ha sido un sello distintivo de la Reforma Protestante – de los hugonotes franceses a los ingleses puritanos que huyeron a América. Sin embargo, la tolerancia o la libertad que ellos defendían no era totalmente abierta a la especulación sofista. No defendían cualquier tipo de comportamiento – como los sacrificios humanos satánicos o la Santería africana – en el nombre de “religión.”
El concepto tradicional de la libertad confesional concedía libertad de culto dentro del círculo de la convicción bíblica.Por ejemplo, nuestro antepasado puritano John Owen (digo “nuestro” porque soy cristiano reformista y este artículo va más bien dirigido a los cristianos protestantes) sostuvo que Dios no autoriza a ningún juez a castigar a ningún hombre, siempre y cuando esas prácticas no “interfieran” con los artículos de la religión cristiana. La Primera Enmienda de la constitución de los EEUU es una doctrina de “pluralismo” confesional — una sana convivencia entre las distintas confesiones cristianas. Se pretendía excluir la rivalidad entre las sectas cristianas, no tolerar a otras religiones o la infedilidad.
Pero ahora, como cualquier cristiano reconocerá, el concepto de libertad confesional que acabo de explicar (tolerancia dentro del círculo de confesiones cristianas) no es en absoluto el concepto popular de hoy. De hecho, la noción de pluralismo religioso que oímos hoy en día, en la actual cultura anticristiana, es una violación de la (verdadera) libertad confesional – porque es demasiado restrictiva.
Ahora, se dice que el cristianismo no puede ser lo que rige el gobierno civil que es (dicen), libre de cualquier religión y por lo contrario, entienden que entonces no habría libertad y viviríamos en un mundo “de opresión” por parte de los cristianos. Incluso muchos cristianos se dejan engañar por este concepto de la libertad confesional. Dicen, algunos de estos cristianos, que la libertad religiosa absoluta es más “justa” y “humanitaria” que el concepto Bíblico. Sin duda, el concepto de libertad confesional “amplia” es el que prevalece en nuestros días.
Sin embargo, esta versión nueva de la libertad confesional, ¿nos ha dado más libertad a la hora de practicar y ejercer nuestros derechos confesionales? Los hechos demuestran algo muy distinto. Tengo tres casos en mente.
Kevin Woodley, un asistente del jefe de la policía en un pueblo que se llama Dooneysville (estado de Misisipí) es un cristiano evangélico. En relación con su iglesia y sus convicciones personales, Vernon ha defendido los castigos corporales para los niños y que una esposa tiene la obligación de someterse a su marido (someterse en el sentido bíblico, no islamista).
Cuando se enfrenta con la necesidad de detener a sus compañeros en la fe involucrados en la “Operation Rescue”, Vernon pidió consejos en su iglesia. Los defensores “pluralistas” del concepto más amplio de la libertad confesional han puesto el grito en el cielo ya que dicen que es posible que sus convicciones religiosas puedan haber influido en su labor de policía y además, podría haber limitado las convicciones religiosas de los demás.
El segundo caso es el de los Cub Scouts: una organización voluntaria que requiere, entre otras cosas, a jurar el reglamento “scout.” El juramento incluye un compromiso con Dios (sin dar más detalle o definición).
Cuando los hermanos gemelos, Michael y William Randall se negaron a afirmar el compromiso a Dios, el abogado (el padre), “descubrió” lo que él considera una violación de su libertad confesional (esto es: ser ateos, si lo desean).
El tercer caso se trata de profesores creacionistas, los que creemos en la doctrina Bíblica y literal de la creación. Los profesores cristianos que se atrevan a decir que existen contradicciones en la teoría de la evolución se enfrentan a problemas laborales. De hecho, en los EEUU donde esto suele ocurrir más (porque hay más cristianos protestantes que en España que creen en la Santa Biblia), hay muchas demandas por parte de padres ateos contra los cristianos.
La ironía de todo esto duele mucho. En el nombre de la “libertad confesional” (eso sí, moderna y falsa porque no es fiel a la constitución de los EEUU y a las intenciones originales de sus autores), hay quienes agresivamente cuestionan el derecho de las personas a ejercer sus convicciones y derechos confesionales (¡o hablar en contra de los dogmas anticristianos!) Resulta que el concepto moderno de la libertad confesional es simplemente una avenida par asegurar que los jefes de la policía, los clubs privados, y los profesores (y otros) mantengan sus convicciones religiosas en el “ámbito de lo privado” y fuera de la vida pública.
Aquí, la “libertad confesional” se intercambia con laicismo impuesto desde el Estado. Se ha sustituido la persecución medieval contra la libertad confesional con otra persecución: ahora son los cristianos los que no pueden vivir en armonía con su fe.
Esto no debería sorprendernos. Cristo declaró claramente que “quien no está conmigo está contra mí.” (Mateo 12:30).
No hay “neutralidad” en relación con la religión, incluso en los asuntos públicos. Por lo tanto, el concepto y la aplicación de “libertad religiosa” será utilizado o bien para proteger los compromisos de los cristianos o bien como un obstáculo – un obstáculo contra nuestro deber de obedecer a Cristo en todos los aspectos de la vida.
Ningún “laicista” me podrá negar que cuando se impone el laicismo (mediante una ley y un principio del Estado), se limita nuestro deber de obedecer (el de los cristianos). Que se dejen de hipocresías y lo digan claramente:
“Los ateos somos anticristianos y queremos limitar la religión porque sabemos más que ustedes sobre cómo se debe actuar en el ámbito de lo público.”
En defensa de las armas (II)
Por cualquier medida racional, casi todas las propuestas para “controlar” las armas o prohibirlas son una pérdida de tiempo. El proyecto de ley Brady por ejemplo, no pudo frenar el hecho que Hinckley obtuviera una pistola para disparar contra el ex-presidente estadounidense Ronald Reagan; Hinckley compró su pistola cinco meses antes del suceso, y su historial médico no podría haber servido como justificación para negársela, ya que los registros médicos no son documentos públicos a los que pueda tener acceso la policía. Del mismo modo, la ley californiana que exige un tiempo de espera para comprobar antecedentes penales no tuvo ningún efecto eficaz contra Patrick Purdy — llegó a comprar un fúsil y pistolas que utilizó para asesinar a niños inocentes durante la hora del recreo en un patio de colegio en Stockton, en parte porque se había “reinsertado” (sic) y se rebajaron sus antecedentes de delitos graves a delitos menores. Lo mismo ocurre en España, y con una serie de leyes muchísimo más “duras” contra las armas: ayer mismo, un atracador llegó a disparar contra un señor en su propio domicilio para robarle. Afortunadamente, no lo consiguió. Y eso sin contar la cantidad de sucesos con armas blancas. Por ejemplo, aquí tienen otro.
El caso español es especialmente grave. Casi todas las medidas de prevención que nos ofrece el Estado y su calaña progresista encarnan la misma filosofía. Ellos se son de la creencia de que los ciudadanos respetuosos con la ley son la fuente del problema. Con nuestra impía voluntad de portar armas de fuego, somos los “culpables” de tener una sociedad sumergida en violencia. Esta filosofía, que nos echa la culpa por la ola de violencia, conlleva la implícita absolución de criminales violentos por sus fechorías y por supuesto, nos enfurece. A mi personalmente me enfurece porque es indignante lo que han hecho en este país contra los ciudadanos honrados que solo reivindican su derecho a defenderse. El Código Penal español y los organismos del Estado como el Ministerio del Interior no se cansan de repetir consignas anti-armas y no paran de proponer medidas contra los ciudadanos honrados. Sin embargo, deberían emplear ese fervor en proponer medidas para castigar con más dureza a los criminales violentos que son los únicos responsables de la ola de violencia. Es absurdo esperar que las propuestas del gobierno, o cualquier control jurídico sobre las armas pueda frenar de manera significativa la delincuencia que padecemos. De hecho, si nos mantenemos al tanto de los sucesos, vemos como casi todos los delitos violentos se cometen sin una pistola: tenemos dos casos muy recientes. El portero que asesinó al jóven de 18 años no tenía una pistola y el hijo que degolló a su madre de 83 años en Valencia lo hizo con un cuchillo. Y lo más evidente: casi todas las armas incautadas por la policía se obtienen en el mercado negro. En el caso de EEUU, además, el número de criminales violentos es mínimo en comparación con el número de armas de fuego en ese país. Hay que reconocer que hay un suministro abundante de armas y es fácil conseguirlas. Por lo tanto, siempre habrá un número suficiente de pistolas para aquellos que deseen hacer uso de ellas para fines destructivos y criminales, no importa cuantas prohibiciones legales tengamos contra las armas. Las leyes contra las armas demuestran que el gobierno en realidad no se toma en serio la lucha contra la delincuencia.
¿Libertad en España?
El control de armas se ha convertido en una cruzada moral de parte de unos progresistas iluminados en contra de una ciudadanía ignorante y bárbara (sic). Esto se demuestra no solo por la ineficacia de las leyes anti-armas para prevenir delitos, y por el hecho de que solamente se centra en limitar el comportamiento de los que respetamos las leyes en lugar de detener y castigar con dureza a los culpables, sino también con los estereotipos falsos contra los que tenemos armas. Habitualmente, los progresistas iluminados, que son tan absolutistas como los que ellos llaman “fundamentalistas”, nos pintan como personas sin educación, paranoicos y fascinados por la violencia, y por supuesto, sólo un “violento” puede oponerse a los buenos fines que tienen los progresistas para educarnos. En EEUU, las elites progresistas en las universidades, como mi alma máter, a menudo nos caracterizan como cazadores que beben cerveza, que no votamos, y que golpeamos a las mujeres. Hussein Obama, en uno de sus discursos durante la campaña electoral, llegó a decir que en las zonas rurales hay muchos ciudadanos pobres que se aferran a las armas y a la religión. Creo que no hace falta decir que esta declaración ignorante ignora el hecho de que los que mas provocan muertes violentas con armas de fuegos son individuos en los barrios de las grandes urbes, a menudo de raza negra o de origen latinoamericano, entre bandas rivales.
Estos estereotipos son, por supuesto, falsos, como casi todos los estereotipos que intentan mirar a los individuos como colectivos. Los estudios demuestran, al menos en EEUU, todo lo contrario: por lo general, los que tenemos armas tenemos mejor educación y trabajos de más alto nivel que los que no las tienen…también demuestran los estudios que somos mucho menos propensos a la hora de apoyar un acto de brutalidad policial ilegitima, o violencia contra manifestantes que solo quieran ejercer su derecho a la libertad de expresión.
Importante, muy importante: Tenemos que entender que la antipatia que sienten los progresistas en la izquierda contra los duenos de armas es debido, en buena medida, al pensamiento utópico que tienen sobre la función del Estado.
Sólo hay que leer sus orígenes, en “La República” de Platón. En esa obra magistral, Platón dice que una sociedad perfectamente justa es una en la que una ciudadanía desarmada exhibe sus virtudes en paz mientras que el gobierno de filosofo-reyes, por encima de las leyes y protegidos por guardias armados, totalmente leales al Estado, implementa y aplica lo que le da la gana para la sociedad, amparado por los mitos que esconden y justifican su manipulación totalitaria.
Me hace mucha gracia cuando leo a ciertos columnistas progresistas predicando sobre la “violencia” en EEUU cuando casi todos ellos viven con guardaespaldas. Cuando el Presidente Zapatero y otros dirigentes políticos hablan sobre la violencia pistolera, mientras ellos, al mismo tiempo, son escoltados por la policía, armados hasta los dientes y con pistolas semiautomáticas, no es solamente hipocresía. Es el funcionamiento mental de ese habito que poseen todos los seres “superiores” que se han impuesto a si mismos la terrible carga de civilizar a las masas y que entienden, como este gobierno, que las leyes son para otras personas. La elite progresista sabe que son reyes-filósofos. Ellos saben que no se puede fiar, sencillamente, de los ciudadanos, que los ciudadanos no son capaces como para autogobernarse, que abandonados a su suerte, la sociedad será racista, sexista, homófoba, y muy desigual – para eso está la elite progresista, que sabe bien cómo arreglar las cosas. Ellos van a ayudarnos a vivir la buena vida, incluso si tienen que mentirnos y obligarnos. Y detestan a aquellos que se interponen en su camino.
La propiedad privada y el derecho a tener armas de fuego es un reproche contra este celo totalitario. Tener pistolas es afirmar que la libertad no es un “regalo” del Estado; es poder tener una convicción definitiva acerca de si el Estado esta invadiendo la esfera de la libertad, es demostrar que vamos a defender la libertad con algo más que palabras huecas, y que no estamos dispuestos a estar al alcance de la mano totalitaria del Estado.
La filosofía clásica y republicana ha reconocido desde hace mucho tiempo la relación crítica entre la libertad personal y la posesión de armas por un pueblo preparado y dispuesto a utilizarlas. Los teóricos políticos tan disímiles como Niccolò Machiavelli, Sir Thomas More, James Harrington, John Locke y Jean-Jacques Rousseau todos compartieron la opinión de que la posesión de armas es vital para resistir contra la tiranía, y que, para ser desarmados por el gobierno equivale a ser esclavizado por el mismo. La posesión de armas significa que el gobierno gobierna únicamente con el consentimiento de los ciudadanos. En los EEUU, la Segunda Enmdienda es un producto de esta filosofía política como es la experiencia americana en la Guerra Revolucionaria. Sin embargo, los supuestos “liberales” en España han abandonado este aspecto de la teoría republicana y liberal. El problema aquí no es uno de utopía estatal, aunque bien se sabe que los izquierdistas no están solos en la confianza que tienen en la capacidad del Estado para resolver los problemas de la sociedad. Al contrario, el problema parece radicar en ciertos rasgos culturales compartidos por los políticos europeos en general, con la excepción de Suiza. Me explico: son muchos los que piensan que para preservar nuestra libertad, basta con tener libertad de expresión. La historia no es benévola con esa opinión ya que demuestra que sólo los que están dispuestos a luchar por sus libertades a punto de pistola son los que únicamente podrán preservarlas. Las cámaras, el radio, el internet y la prensa solamente son herramientas y, como las pistolas, se pueden usar para fines lícitos o para la maldad. Hitler, después de todo, se aprovechó de la radio y todos sabemos lo bien que explotó todas las oportunidades propagandísticas que ofrece la televisión. Luego, en el caso de España y Europa en general (aunque también en ciertos círculos estadounidenses), hay quienes afirman que una sociedad “cortés” y “civilizada” no debe tener armas. Esta asociación entre la ciudadanía desarmada y el comportamiento civilizado es una de las convicciones más arraigadas en Europa y en los cafetines donde suelen frecuentar esos hippys con rastas, navajas y hachís — esos mismos que hablan de la barbarie de las pistolas aunque sean los primeros que se pongan a quemar contenedores en Malasaña cuando se les intenta decir, con educación, de que en la calle no se puede beber. En los lamentables sucesos de Malasaña, yo no ví a ningún “cowboy” ni a ningún “derechista fundamentalista”. Al contrario, los que arrojaron piedras, quemaron contenedores y lanzaron ladrillos eran, en gran mayoría, progre pijos, “muy educados”, eso sí, y sin pistolas. Y tampoco eran, por supuesto, cristianos “retrógrados”.
En el caso de que usted lea la literatura española o británica del siglo XVI hasta el XIX, descubrirá numerosas referencias al hecho de que un caballero, sobre todo si viajaba por la noche, solía ir armado con una espada o una pistola por la posibilidad de encontrarse con un ladrón u otro depredador. Esto no parece haber conmovido a las damas que los acompañaban. Es cierto que, en su mayor parte no había policía en aquellos tiempos como ahora, pero ya hemos abordado la idea de si la presencia policial absuelve a las personas de su responsabilidad personal de velar por su seguridad y, en cualquier caso, la existencia de la policía no ha hecho mucho para reducir la delincuencia a niveles insignificantes.
No me resulta fácil encontrar una razón sobre por qué es más “civilizado” permitir que uno se convierta en presa fácil de la violencia criminal, y permitir que los delincuentes se encuentren sin obstáculos a la hora de realizar sus fechorías perversas. Si bien es posible que una sociedad en la que la delincuencia es tan rara que nadie debe portar armas, una sociedad que estigmatiza a los ciudadanos honrados – porque desconfía de ellos mas que de los violadores, asesinos y ladrones, desde luego no puede denominarse como “civilizada.” Tal vez la idea de que la defensa personal con fuerza letal no es “civilizado” surge de la opinión de que la violencia es siempre mala, o de la opinión de que cada ser humano tiene un valor intrínseco y por eso es malo matar a nadie bajo ninguna circunstancia. La necesaria implicación de estas proposiciones, sin embargo, es que la vida no vale la pena defender. Lejos de ser “civilizados”, las ideas de que la defensa con violencia es siempre “mala” son una invitación a la propagación de la barbarie. Tales convicciones anuncian, en voz alta y clara, que aquellos que no respetan la vida y los bienes de los demás podrán enseñorearse de todos nosotros.
La verdad es que los que están en contra de que los ciudadanos tomemos medidas contra la violencia criminal, muestran su desprecio al regalo de la vida que nos ha dado Dios, no esta a la altura de sus responsabilidades a su familia y a la comunidad, y se proclama a si mismo mentalmente y moralmente deficiente, porque no confia en si mismo para comportarse de una manera responsable. Un Estado que priva a sus ciudadanos de los medios para poder defenderse de manera efectiva no es otra cosa que un Estado bárbaro, convirtiéndose en cómplice de asesinos, violadores y matones y revela su naturaleza totalitaria por su admisión tácita de que la desorganización, el caos aleatorio creado por los delincuentes es mucho menos “peligroso” que los hombres y mujeres que se creen libres e independientes, y actúan en consecuencia. En realidad, como bien sabemos, no vivimos en una “sociedad armada.” Vivimos en una sociedad en la que los delincuentes violentos y agentes del Estado habitualmente portan armas.
Nuestra sociedad sufre por creer que la única acción oficial y legítima es la que proviene del Estado, y ven al Estado como una fuente de nuestra salvación. Mientras los ciudadanos no asuman su responsabilidad personal a la hora de combatir los delitos violentos, el Estado no podrá contenerlos. Los delitos no tienen nada que ver con la propiedad o el genero y si todo que ver con la vida, la libertad y la dignidad. Un gobierno que no se fíe de nosotros los ciudadanos no se merece nuestra confianza. Aquellos que dicen que hablar de este derecho es perder el tiempo porque no existe en la Constitución traicionan un principio básico del liberalismo de origen cristiano: una carta de derechos fundamentales no nos “da” o “quita” derechos. Los derechos fundamentales son los derechos inalienables, que nos ha dado Dios como seres humanos hechos a su semejanza, que definen lo que significa ser un ciudadano libre e independiente — los gobiernos únicamente son legítimos cuando gobiernan con el consentimiento de los ciudadanos. Un gobierno que deniegue estos derechos inalienables, con o sin mayoría parlamentaria, actúa ilegítimamente, se convierte en un estado totalitario, y pierde cualquier derecho moral para gobernar.
Termino con un aviso a los socialistas de turno: podréis quitarme la pistola cuando me la arranquéis de mis manos frías, y muertas. El liberalismo depende en gran parte de nuestra devoción para proteger nuestros derechos inalienables. Espero que con ese mismo fervor, los progresistas digan lo mismo de sus editoriales, columnas y medios de comunicación.
Madrid no es Misisipí: Las armas y el asesinato de un jóven madrileño
Nuestra sociedad ha alcanzado un pináculo de libertad de expresión y de respeto hacia la “individualidad” rara o incluso inigualable en la historia. Toda la cultura popular – desde revistas de moda al cine, lanza gritos positivos y estruendosos acerca del inigualable valor de la persona, y se glorifica en la excentricidad grotesca, las actitudes “rebeldes”, el juicio independiente de Dios, y la libre autodeterminación. Este entusiasmo humanista se ve reflejado en la noción de que ayudar a alguien implica que aumente el “autoestima” de esa persona; que si una persona se valore a sí mismo, va a ser, naturalmente, una persona feliz, productiva ,y, de alguna forma inexplicable, un ciudadano responsable.
Y, sin embargo, mientras se anima a que la gente se vanaglorie en su individualidad y en su “valía incalculable” (sic) los medios de comunicación y las fuerzas de seguridad del Estado que continuamente lanzan sus advertencias, nos aconsejan de que cuando nos enfrentamos a la amenaza de la violencia mortal, no debemos resistir, sino simplemente dar lo que pida el agresor. Si el delito que se examina es la violación sexual, los humanistas y sobre todo, los izquierdistas, se ponen como la gelatina a la hora de aconsejar a las mujeres sobre este tema. Rápidamente, el debate se convierte en consejos sobre como la mujer puede/debe cambiar su comportamiento para reducir al mínimo el riesgo de violación, y a veces, los mas valientes aportan una lista de armas ridículas que la mujer puede portar, como llaves, o spray, o, el arma que realmente provoca escalofríos en la mente del violador, el teléfono móvil. Es bien sabido que el violador pensara dos veces antes de violar a una mujer con un arma tan potente como un teléfono móvil.
Ahora, ¿cómo puede ser esto? ¿Cómo puede una persona que se valore a sí mismo puede tan tranquilamente aceptar la indignidad y barbarie de un atraco criminal? ¿Cómo puede una persona que cree que la esencia de su dignidad radica en su libre determinación aceptar pasivamente la privación de la libre determinación? ¿Cómo puede él, en silencio, con gran dignidad y aplomo, simplemente entregar lo que pide el delincuente criminal? La hipótesis, por supuesto, es que no hay incompatibilidad. El consejo de no resistir un asalto criminal y simplemente entregar “la pasta” se basa en la noción de que la vida es de incalculable valor, y que ninguna cantidad de propiedad vale la pena. Dejar de lado, por un momento, la locura de pensar que un criminal que emplea una violencia letal debe ser tratado como si él hubiese instituido un nuevo contrato social: “No voy a lastimar o matar si me dan lo que quiero”. Durante años, las feministas han dicho que la violación no se trata de sexo, sino de dominación, de degradación, y de control. Evidentemente, alguien debe informarle a los medios de comunicación de que el secuestro, el robo, y los asaltos no tienen que ver con la propiedad. Su cartera, su coche, u otras propiedades quizas no valgan lo mismo que su vida, pero si lo vale su dignidad; y si no merece la pena luchar por ella, es cuestionable que la tenga.
La vida
Aunque es difícil para el hombre moderno entender esto, érase una vez cuando se creía que la vida era un regalo de Dios, que no defender la vida ante una manifestación de violencia y coacción criminal era un rechazo a este regalo de Dios, significaba que el individuo era un cobarde y que incumplía sus deberes a la comunidad . Un sermón de los 1700s, equiparaba el no defenderse a si mismo con el suicidio:
“El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura” “Cobardía” y “el respeto a la vida” han desaparecido en gran medida del discurso público. En su lugar se nos ofreció “autoestima” como el termómetro del éxito. “Autoestima” simplemente significa que uno se siente bien acerca de sí mismo
Ahora, visto como esta el panorama en las universidades españolas y en gran parte del resto del mundo occidental, la “dignidad” exige que nunca se diga una palabra desalentadora, y se obliga a que todos “respeten”, evidentemente, se supone que somos impotentes a la hora de impedir nuestra degradación si nos exponemos a la conducta degradante de los demás. Estas son señales que proclaman a gritos lo incompleto de nuestra personalidad; en definitiva, almas huecas.
Es imposible abordar el problema de la creciente ola de delincuencia sin hablar de la responsabilidad moral de la víctima. La delincuencia aumenta debido a que muchos ciudadanos que respetan la ley, cada uno de nosotros, la permitimos, buscamos pretextos para justificarla, y nos sometemos a ella. Ayudamos a fomentarla porque no luchamos, de inmediato, allí donde sucede. La delincuencia no aumenta porque no tengamos suficientes cárceles, porque los jueces y fiscales sean demasiado suave, o porque la policía este limitada por tecnicismos jurídicos que son absurdos. El defecto esta ahí, en nuestro carácter: vivimos en una nación de cobardes y de evasores.
En la madrugada del domingo, día 16 de noviembre, tres porteros asesinaron a un jóven de 18 años a las puertas de una discoteca en Madrid. Si tuviéramos justicia en este país, esos tres individuos se tendrían que enfrentar a la pena capital por asesinato (sobre todo si lo pide la familia como opción y si hay sentencia que les inculpe).
Ahora es más probable que una persona sea víctima de un delito violento que de un accidente de trafico. A pesar de ello, la mayoría de la gente piensa que la existencia de la policía les exime de la responsabilidad de adoptar medidas integrales para protegerse. La policía, sin embargo, no son guardaespaldas personales. Al contrario, actúan como un cuerpo disuasorio contra la delincuencia, tanto por su presencia (muy importante) y para imputar delitos si procede, después de la detención de un individuo sospechoso. La policía no tiene obligación legal de proteger a nadie en particular. Usted no puede demandar a un policía que no le haya protegido de algún delito. En cuanto a que la disuasión es fruto de la presencia policial, esto es cierto: los delincuentes hacen grandes esfuerzos para no cometer un delito delante de la policía. Lamentablemente, el corolario es que usted puede apostar su vida de que no van a estar en el momento que realmente los necesite. Es muy difícil llamar a la policía cuando entra un criminal para asaltar un chalet, y mucho menos fácil si se trata de una violación o un atraco en la vía pública. ¿Y qué decir si se trata de un individuo contra tres porteros de una discoteca?
No me da vergüenza decirlo: tengo armas. Y las tengo precisamente porque se que si llamo a un policía, a un medico, y a Telepizza, estoy seguro de que el primero que llegará “a tiempo” es el repartidor de Telepizza. Solo hay que pasearse por Madrid una noche de fin de semana para ver las incapacidades policiales. Ni siquiera se atreven, en muchas ocasiones, a multar a los individuos que impunemente beben alcohol, entre risotadas y escombros de basura, en nuestros parques municipales.
Tras leer la noticia del asesinato de Ussía en manos de tres porteros, me puse a pensar en el parálisis cerebral que sufren muchos ciudadanos españoles. La mayoría de los españoles (y otros europeos) piensan que si viven, trabajan y viajan en zonas “seguras”, “gun free” (como dicen los progres en EEUU), no sufrirán a manos de un delincuente. Indudablemente, cuando hay un problema delictivo en estas zonas, reaccionan (como hemos visto estos días en la prensa) con angustia y consternación y confusión. Esto es normal porque es cuando descubren, a la fuerza, de que los criminales no respetan ninguna norma y muchos menos estos “limites” imaginarios. Si, por lo contrario, usted entiende de que un delito violento puede ocurrir en cualquier sitio y a cualquier hora, y si usted entiende que puede morir o sufrir una herida mortal en cuestión de segundos, estoy seguro de que ya no me dirá eso de que su vida esta mas segura en manos de otros. Si los amigos de Ussia, al menos uno de ellos, hubiesen tenido una pistola, estoy casi seguro de que Ussia no hubiera perdido su vida. Como no quiero fatigar a mis lectores, termino con una anécdota y un comentario sobre el poder y nuestra responsabilidad individual.
A estas alturas de mi entrada, estoy seguro de que algunos se estarán partiendo de la risa pensando “joo que loco es este tío, que extremista, cómo le mola las pistolas.” Los que dicen eso son los primeros que lloran a gritos cuando ocurre una tragedia porque no saben que hacer y no se explican como unos individuos pueden llegar a querer asesinar a otros. Es lo que tiene no entender la naturaleza pecadora del hombre. Hace 7 años, en el verano de 2001, me encontraba de vacaciones en el estado de Misisipi, uno de mis favoritos de los EEUU, en pleno “sur profundo.” Bien, en Misisipi, como en gran parte del sur y suroeste de los EEUU, los bares no tienen nada que ver con los que tenemos en Europa. Normalmente dividen los locales en dos tipos: “bar” (y esto es lo que nosotros conocemos aqui como bar de copas) pero la diferencia es que en Miss, un “bar” es un bar de copas pero para alcohólicos. Es decir, no son sitios muy recomendables para “salir de marcha.” Luego, lo que aquí se entiende por “pub”, allí normalmente es un “saloon.” Pues bien, era el verano de 2001, y me encontraba en un saloon de Jackson, Miss. El sopor de la humedad era insoportable y como tenia la opción de salir a dar vueltas y que me piquen los mosquitos de los pantanos que rodean la ciudad, o ir a un sitio con aire acondicionado y dos amigos de alli, opte por esta ultima opción, como es lógico.
Bien, en el “saloon” no habían porteros pero si lo que aquí se llamarían “seguratas” dentro del local. Esa noche el local no estaba muy lleno pero los pocos que estaban ahí dentro estaban consumiendo bastante. Todo ladrón sabe que cuando hay mucho consumo o gran afluencia de público, se hace una buena caja. Pues esa noche, cerca de la una de la madrugada (poco antes de que echan el cierre), entraron dos individuos jóvenes al “saloon”, ambos de raza negra (Miss es un estado con una fuerte población negra/afro-americana) y empezaron a meterse con la cajera (cerca de la entrada). Yo oí la discusión porque empezaron a proferir palabrotas que obviamente no voy a repetir aquí en ningún idioma. Cuando la cosa se fue poniendo bien fea, salen los seguratas (ambos de raza blanca) a la “defensa” de la cajera. Lo que más disfruté de esa noche fue el hecho de que no tuvieron ningún reparo a la hora de sacar las pistolas. Nada más ver que tenían pistolas, se fueron finalmente. Lo “grande” de tener una buena pistola es que se puede apuntar al delincuente con una mano mientras se llama a la policia con la otra (parafraseando al juez Scalia). Desde hace muchos años he sido defensor de portar armas pero este incidente me convenció aun más de la necesidad y responsabilidad que todos tenemos a la hora de defendernos. Y ahora unas palabras sobre el poder estatal y nuestra responsabilidad…terminare con recomendaciones aunque este artículo no ha terminado. Es sólo la entrada de hoy.
¿Merece la pena proteger su vida y preservarla? En caso afirmativo, ?a quien le corresponde esa responsabilidad? Si usted cree que es cosa de la policía, no sólo está usted equivocado – ya que la policia, como he dicho, no tiene la obligación de hacerlo- sino que también se enfrenta usted a difíciles dilemas morales. ¿Cómo se puede legítimamente pedir a otro ser humano a arriesgar su vida para proteger la suya, cuando usted no asume su responsabilidad? Algunos me dirán, con voz tímida y afeminada: “bueeenoo esss que essseee essss su trabajo (de la policia) y si no para que pagamos impuestos los ciudadanossss? No entiendo tío.” ¿Su vida entonces tiene un valor de 20.000 euros anuales? Si usted cree que es “malo” que los ciudadanos tengan pistolas y que usen su voluntad para repeler a un asesino en potencia, ¿Cómo puede llamar a otro para que lo hagan por usted? ¿Cree usted que está prohibido protegerse porque la policía está mejor “entrenada” y usted es solamente un novato? Dejar de lado que esto es equivalente a creer que sólo el pianista profesional puede tocar el piano y solo los atletas profesionales pueden participar en actividades deportivas. ¿Qué son exactamente estas cualidades especiales que solo tiene la policía? Una persona que verdaderamente valore su vida y se tome muy en serio sus responsabilidades, para con su familia y su comunidad, cultivara los medios necesarios para luchar contra los agresores y tomara represalias cuando le amenace la muerte o alguna lesión grave, a el o a su familia. Nunca se debe depender exclusivamente de otros para su seguridad o pensar que basta con ser conscientes de nuestro entorno y de adoptar medidas cautelares.
Quitémonos los pelos de la lengua: El ciudadano responsable, que valore la vida, debe ser un ciudadano armado, entrenado en el uso responsable de las armas, y debe defenderse contra la violencia del agresor criminal cuando sea necesario y sin pestañear.
Afortunadamente, hay un arma para preservar la vida y la libertad que puede ser utilizada eficazmente por casi todo el mundo – la pistola. Pequeñas y ligeras, lo suficiente como para ser portadas habitualmente, peligrosas, pero, a diferencia del cuchillo o la espada, no exigen gran habilidad o fuerza. Los que tanto piden “proporcionalidad” deberían saber que no hay nada más óptimo para equilibrar las fuerzas como la pistola de mano.
Afortunadamente, hay un arma para preservar la vida y la libertad que puede ser utilizada eficazmente por casi todo el mundo – la pistola. Pequeñas y ligeras, lo suficiente como para ser portadas habitualmente, peligrosas, pero, a diferencia del cuchillo o la espada, no exigen gran habilidad o fuerza. Los que tanto piden “proporcionalidad” deberían saber que no hay nada más óptimo para equilibrar las fuerzas como la pistola de mano. Sólo requieren coordinación ocular-y un mínimo de capacidad para permanecer tranquilos en una situación peligrosa, puede ser utilizada de forma eficaz por los ancianos y los débiles contra los jóvenes y los fuertes, por uno en contra de una mayoría. La pistola es la única arma que podría dar un sentido de seguridad a una mujer sola haciendo footing en el Retiro y la única forma de que pueda defenderse ante una banda como los Latin Kings que quieran violarla, protege a la profesora contra un loco que quiera masacrar a los estudiantes, y también sirve para una familia de turistas a la espera del tren en un anden que quieran protegerse de una banda de jóvenes indocumentados, armados con navajas, cadenas y cuchillos. Sin embargo, dado que vivimos en una sociedad que por lo general prohíbe las armas, sobre todo en esta Europa continental, positivista y atea, nuestra lucha es bastante difícil y será un camino bien largo. La lucha por este derecho no es algo que muchos comentaristas liberales se tomen en serio, en España. No he leído yo casi ningún articulo en Libertad Digital que defienda este derecho o que abogue por establecerlo de forma universal o nacional. Lo que creen nuestros políticos y “filosofos” liberales acerca de las armas significa que, en realidad, son complices de los alborotos criminales que sufre la sociedad en un país como España, donde no hay una democracia realmente representativa.
La ley y la libertad confesional
Creo que el Tribunal Supremo de Estados Unidos en los últimos años muestra confusión, contradicciones lógicas y lagunas morales en sus interpretaciones de lo que constituye libertades religiosas y lo que no. ¿Por qué es así y cual es la solución definitiva? Voy a asumir, a los efectos de mi breve ensayo, que el Tribunal Supremo de los EEUU tiene jurisdicción en las libertades religiosas y los litigios de los estados individuales (como ha ocurrido en los últimos 40 años). Esto no es cierto de acuerdo a la palabrería de la Primera Enmienda (citada más abajo), sin embargo, se supone, a fin de hacer frente a la cuestión jurídica inmediata, a saber, la comprensión de lo que es y no es la libertad religiosa (en lugar de tratar de una cuestión de “federalismo”, aunque eso es igual de importante pero es un tema muy particular como para tratarlo en una sóla entrada.
Quiero dejar una cosa bien clara, una vez más: Para mí es evidente desde el principio que la cuestión de la “religión” pertenece estrictamente a los Estados, no al gobierno federal, si leemos e interpretamos cautelosamente lo que dice la Décima Enmienda y la Primera Enmienda. Ahora, a la cuestión central:
La Constitución de los Estados Unidos dice lo siguiente acerca de “religión” en la Primera Enmienda:
“El Congreso [note que no dice los Estados] no podrá hacer ninguna ley con respecto a un establecimiento de la religión, o prohibiendo el libre ejercicio del mismo, ..” (traducción mía)
Mucho se ha escrito acerca de la cláusula relativa al establecimiento (la primera parte de la frase) y con razón; relativamente poco se ha escrito acerca de la relación entre la Iglesia y el Estado en el contexto de la libertad religiosa. Incluso en la página web de la wikipedia, se reconoce que hasta bien entrado el siglo XX, esta enmienda se interpretaba como una prohibición contra el gobierno federal. Tal vez la mayoría de los estadounidenses (y la mayoría de los cristianos que no tienen la tradición reformista protestante) piensan que la libertad religiosa debe ser absoluta, o casi. Quizás no piensan en ello hasta que algún grupo “extraño” o secta que practica actividades dudosas se manifiesta. (Por supuesto que reconozco que “extraño” ó “raro” podría aplicarse a los cristianos bíblicos en la mente de un apóstata.)
Quiero centrarme en algunos precedentes representativos representante que indican claramente que hay caos en este campo. Los breves antecedentes históricos de las interpretaciones modernas acerca del “libre ejercicio de la religión” comienza con Reynolds vs. United States en el año 1879. Este caso trataba de resolver la cuestión espinosa de la poligamia, practicada por los Mormones, y un estatuto federal que prohíbe la práctica en el territorio federal (en ese momento), de Utah. El Tribunal Supremo no tuvo ninguna dificultad manteniendo razonando que la cláusula de libre ejercicio no podría haber significado que el Congreso no tenía poder sobre las prácticas que eran básicamente inmorales. Incluso con la introducción de “incorporación” (el poder judicial federal aplicando la Carta de Derechos (Bill of Rights) a las leyes del Estado a pesar de que la redacción original y sin alteraciones de la Carta de Derechos sólo se aplicaba al gobierno nacional), “libre ejercicio” seguía siendo más o menos interpretado de esta forma durante décadas, hasta una decisión histórica en 1972. En ese momento, el TS falló en el caso de Wisconsin vs. Yoder. Ese caso se refería a varias familias Amish que se negaron a cumplir una ley estatal de escolaridad obligatoria. Los padres alegaron que su religión les prohíbe enviar a sus hijos a una escuela pasado el octavo grado. El Tribunal de Primera Instancia falló a favor de los padres, y el resultado no es en sí mismo incompatible con la Santa Biblia.
Es el razonamiento del tribuanl lo que es profundo aquí. En esencia, se permitió una “objeción de conciencia” de parte de los padres amish, aunque la ley estatal no era anti-constitucional per se. Por lo tanto, se les concede, a los Amish, una exención de obedecer esta ley basándose en el libre ejercicio de la religión. Durante las próximas décadas, los estados tenían la obligación de demostrar que había un interés generalizado a la hora de coaccionar a un grupo religioso a que cumpla con alguna ley. Un reto verdaderamente difícil. En 1990, se introdujo otro tema de libertad religiosa en el caso de la División de Oregon vs. Smith. Dos indios nativos, americanos, fueron despedidos de sus puestos de trabajo como trabajadores sociales que ayudaban, en teoría, a los toxicómanos y, posteriormente, se les denegó el finiquito, ya que habían utilizado el peyote, una droga alucinógena, como parte de un ritual religioso. El juez del TS, Antonin Scalia, expresó su preocupación por los efectos desenfrenados del concepto conocido como “objetor de conciencia”. Aquí mismo en España, vemos algo parecido con los “objetores de conciencia” contra la Educación Para La Ciudadanía. Scalia afirmó que para permitir que las creencias religiosas controlen en todas las circunstancias provocaría que las personas se conviertan en una “ley en sí mismas.” Scalia, por lo tanto, acabó con ese concepto. Dijo que si una persona tenía su libertad religiosa limitada por el funcionamiento de una ley general, “no discriminatoria” (es decir, una ley destinada a una práctica general, no a su uso religioso), entonces la ley estatal prevalece. La ley en Oregon en la lucha contra las drogas era un ejemplo de esa ley general, y no una ley dirigida específicamente a los rituales religiosos o al uso ritual/religiosa de las mismas. La ley es constitucional aunque haya tenido el “efecto” de interferir con el uso ritual de las drogas.
Cabe señalar también que poco tiempo después surgió un caso bastante raro en el caso de la Iglesia de Lukumi Babalu vs. City of Hialeah. En ese caso, una ciudad ceca de Miami trató de prohibir el sacrificio religioso de los animales por una secta rarísima y de origen africano pagano conocida como la Santería. El TS, obligado en parte por su propia jurisprudencia, tuvo que darle la razón a la secta y declaró la ley municipal como anticonstitucional.
Entonces, ¿cuál es el estado de la ley de libertad religiosa hoy en los EEUU? Aparte de las prácticas específicas que se prohiben o permiten en los casos citados anteriormente (la poligamia, el consumo de drogas, la no asistencia a la escuela, el sacrificio de animales), lo que nos queda son dos “teorías” igualmente contradictorias y peligrosas para el concepto de la libertad religiosa. La primera, la teoría de la exención u objeción de conciencia, permitiría a algunas personas a escaparse de la obediencia a una ley (buena o mala) sobre la base de una reivindicación religiosa. Uno puede entender por qué Scalia podría temer de que la lógica de esta posición es la anarquía disfrazada de religión.
La otra teoría, la teoría de la generalidad de Scalia, no permite a nadie escaparse de la obediencia a las leyes, siempre que la ley sea de aplicación general y no “en contra” de una religión. Uno puede entender por qué el Congreso de los EE.UU., para tratar de anular esta teoría, intentó, sin éxito, aprobar una ley en 1993, posteriormente anulada por el mismo TS. Prefiero la teoría de aplicación general ya que de momento no hay mejor alternativa. Ahora bien, desde un punto de vista cristiano diré que no me siento del todo satisfecho.
Ambas teorías están completamente en contradicción con la Biblia. Sólo la Palabra de Dios nos puede dar un objetivo y principios de distinción entre las prácticas religiosas (las libertades), que son “buenas” y las que son “malas.” (Aquellos que digan que no hay ninguna “mala”, por supuesto, son ingenuos y anarquistas – tarde o temprano se morirán por las “prácticas religiosas” de aquellos que trataban de proteger, ignorando que hay prácticas que incluyen el asesinato. No puede haber tal cosa como la libertad absoluta de religión, ni debe haber una total ausencia de libertad religiosa.
Hasta ahora los tribunales han sido bastante “razonable” por razones pragmáticas, o de preferencia cultural. ¿Podemos tener fe en que este tipo de razonamiento frenará el flujo de la anarquía religiosa a perpetuidad? ¡Yo creo que no! (Recuerde los Anabautistas de la época de la Reformación Protestante; estas personas, en sus extremos-por ejemplo, Munster-¡se enemistaron contra protestantes y católicos por igual!) Sin la ley bíblica, que ya define el concepto de “libre ejercicio de la religión,” no puede haber ninguna garantía de que finalmente sea abra el portal hacia la perdición y la anarquía(la poligamia, sacrificios humanos, prostitución, etc).
Por lo tanto, vemos un ejemplo más de cómo el mundo escéptico o ateo no puede crear una respuesta “viable”, “realista” a un verdadero problema. La única herramienta que usa el TS (y el Congreso) cuando rechaza la Biblia es una especie de “razonabilidad” de prueba. La anarquía o la tiranía. La tiranía o la anarquía. Sólo la ley bíblica le corresponde la tarea de evitar este moderno Escila y Caribdis que se usa a la hora de determinar las libertades religiosas. Y antes de que los revolucionarios de siempre se alarmen, durante casi tres siglos, la Biblia era una fuente más del TS de los EEUU. Y, para tranquilizar a los más radicales de mis lectores, yo no estoy abogando para que se aplique el derecho bíblico a la sociedad. Simplemente, que, como lo fue durante siglos en Inglaterra y en EEUU, que se use la Biblia como una fuente más de jurisprudencia.
¿Libertad de culto o la religión de la libertad?
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para replantearnos la idea de la “Cláusula de Establecimiento”, encontrada en la Constitución de los Estados Unidos de América. Para que todo quede claro, la pueden leer aquí.Sencillamente, es la 1ª Enmienda de la Constitución de EEUU. Para empezar, diré que la cláusula relativa al establecimiento de una religión oficial es una disposición federalista, y que, por esta razón, se resiste a la incorporación. He incluído la palabra “laicismo” en esta entrada porque algunos han intentado utilizar la primera enmienda para decir que no puede haber ningún tipo de expresión religiosa en los colegios. Es decir, que interpretan la clásula como una defensa del laicismo más radical. Nada más lejos de la realidad.
Acepto que la cláusula de libre ejercicio, que claramente está diseñada para proteger un derecho individual, se aplica contra los Estados individuales a través de la decimocuarta Enmienda. Sin embargo, la cláusula relativa al establecimiento de una religión es otro asunto. El texto y la historia de la cláusula, con respecto al establecimiento, sugieren firmemente que el federalismo es una disposición destinada a impedir que el Congreso pueda interferir contra los establecimientos a nivel de los estados individuales. Así pues, a diferencia de la cláusula de libre ejercicio, que protege un derecho individual, no tiene mucho sentido incorporar la cláusula relativa al establecimiento. ¿Por qué pienso esto? Debido a la historia de la jurisprudencia. Me explico:
I.
La cláusula relativa al establecimiento dispone que “El Congreso no hará ninguna ley respecto al establecimiento de la religión.” Como un texto, probablemente esta cláusula prohíbe que el Congreso pueda establecer una religión nacional. Pero, quizás lo más importante, la cláusula dejó claro que el Congreso no puede interferir con los establecimientos religiosos, a pesar de cualquier argumento que se podría hacer sobre el poder adecuado y necesario que tenga el Congreso en tiempos excepcionales, como la guerra.
Nada de lo dispuesto en el texto de la cláusula sugiere que llegue más lejos. La cláusula relativa al establecimiento no pretende proteger los derechos individuales. Al contrario, la cláusula del libre ejercicio claramente protege a las personas contra la injerencia del Congreso a la hora de ejercer su derecho religioso, y el resto de las cláusulas dentro de la Primera Enmienda expresamente desautorizan al Congreso de “coartar libertades particulares.” Este análisis textual es coherente con la opinión de que la Constitución dejó la religión a los Estados individuales. La historia también apoya esta interpretación: En la fundación de los EEUU, por lo menos seis Estados habían establecido alguna religión oficial.
Pero aun suponiendo que la cláusula relativa al establecimiento se opone a que el Gobierno Federal establezca una religión nacional, no se deduce que la cláusula protege cualquier derecho individual. Por los motivos antes mencionados, es más probable que los Estados y sólo los Estados son los beneficiarios directos. Por otra parte, la incorporación de este supuesto derecho individual contra la “coacción de la religión” debido a que ciertos estados tienen leyes religiosas, conduce a un resultado peculiar: Es precisamente lo que prohíbe la cláusula relativa al establecimiento de religión porque la intención se debe entender como todo lo contrario. Es decir: la clásula protege los establecimientos estatales de una religión, siempre y cuando no sea algo a nivel federal.
Esto es sólo una primera parte: hablaré, en la próxima entrada, de la coacción y sobre una cuestión pendiente en los EEUU: ¿puede un estado individual (no el Congreso) obligar a que los alumnos participen en una oración dentro de un colegio público? Próximamente, más.
La España de Zapatero: Hostal Cucaracha
Hace unos días, algunos izquierdistas me acusaron de ser “sexista” (palabras NO textuales) pero las insinuaciones existen. Ahora, hoy, estoy seguro que, con ese mismo espíritu, me van a tachar de racista.
No entiendo por qué algunos de centro-derecha tienen que imitar a los izquierdistas a la hora de hablar de la inmigración y sobre todo, de la ilegal que no cesa. Durante diez años, se nos ha mentido sobre nuestras leyes de extranjería al igual que sucesivos gobiernos han hecho en casi todos los países occidentales, incluyendo a los EEUU.
En aquél país, ya en los años 60, el senador Ted Kennedy empezó una serie de “reformas” demográficas con el propósito específico de efectuar un cambio dramático en la demografía de la nación. En otras palabras: derechos para todo el Tercer Mundo.
Hasta ese momento, la ley de inmigración, era básicamente, de un estílo laissez-faire (más o menos), con cuotas de los países que tradicionalmente aportaban inmigrantes. La mayoría de los inmigrantes a los Estados Unidos históricamente habían llegado procedentes de Gran Bretaña, Alemania y países escandinavos. En consecuencia, las cuotas de inmigración más o menos refleja ese equilibrio, con un menor número de inmigrantes admitidos de otros países.
Sin embargo, en una especie de venganza contra los WASPS”” (Kennedy era de origen irlandes, y católico), decidió que iba a transformar radicalmente la composición racial del país. En lugar de tomar 20 inmigrantes de Inglaterra y tres de China, ahora sería al revés.
En España, por cuestiones históricas, no se aplica ninguna “cuota racial” (al menos, no en la historia de los últimos cien años). Sin embargo, es indudable que casi la totalidad de la inmigración que entra procede del Tercer Mundo.
Algunos de esos trabajadores inmigrantes que “sólo quieren una oportunidad para ganarse la vida” (como dicen los libertarianos irresponsables de Red Liberal) fueron detenidos en un complot para volar el aeropuerto JFK hace unos semanas y, en España, querían volar la Audiencia Nacional, y por supuesto, no olvidemos que todos los responsables del 11-M también eran “moritos currantes”.
En 1959, los blancos representaban un 90% por ciento de la población estadounidense. Todos los estudios indican que serán una minoría a partir del año 2050. Y aquí, en España, más de lo mismo. Yo calculo, de hecho, que será mucho antes.
No me cabe la menor duda de que la nueva “mayoría” no será tan políticamente correcta como la mayoría blanca ha sido. Si este tipo de cambios drásticos fueran legalmente impuestos a cualquier grupo que no sea europeo de origen, los progres lo tacharían de “genocidio” cultural. Sin embargo, ahora resulta que los “derechistas” somos los racistas por el simple hecho de denunciar que las leyes migratorias de gran parte de los países occidentales están diseñadas intencionalmente para reducir el porcentaje de población blanca.
Necesitábamos tener “más debate” sobre Irak durante casi dos años antes de invadir. ¿Cuándo vamos a poder iniciar una discusión seria sobre una política de izquierdas promulgada desde hace mucho tiempo para liquidar una población de ciertos origenes?
Si los progresistas piensan los iraquíes son “genéticamente incapaces” (sic) o “culturalmente incapaces”, de instituir la más elemental forma de democracia, ¿por qué creen que miles de africanos subsaharianos y de moros norteafricanos, por arte mágica, va a convertirse en buenos españoles, imbuidos en la historia de la nación y la cultura, al cruzar el Estrecho? Tal vez deberíamos meter a los iraquíes en pateras a ver qué pasa.
Y mientras estamos adoptando una política de fronteras abiertas para la inmigración, ¿qué hay de la apertura de las fronteras para la emigración? Tal y como está la situación, cualquiera puede entrar y empezar a tramar ataques terroristas y obtener la nacionalidad-exprés. Pero el resto de nosotros no podemos escaparnos cuando llegue la hora de pagar por todo esto.
El Estado no nos permitirá negarnos a seguir pagando para mantener a esos beneficiarios del bienestar social como son muchos de los inmigrantes ilegales. Y lo peor de todo es que cada vez son más y más y nadie lo frena…miles y miles llegan cada año. Eso no es un “mercado libre” — eso es Hostal Cucaracha.
Si todos estos “ancaps” y “libertarianos” del Wall Street Journal quieren el movimiento “libre” de las personas, ¿qué tal si nos dejan decidir libremente si queremos pagarlo o no?
Yo no quiero vivir en Ecuador, Marruecos o Rumania. Si el Partido Popular fuese un partido verdaderamente liberal y de derechas, defendería una ley de extranjería mucho más dura. Y lo peor de todo esto es que se van nacionalizando al igual que sus hijos. Pero serán, desde luego, siempre serán, españoles de DNI. ¿Por qué será que no aprendemos de lo que ha ocurrido en otros países que llevan décadas con la inmigración? ¿Creen que el hijo de un Mohammed nacido en Madrid se va a sentir “patriota” y español? Por favor…

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