Yo respeto a los profesores.
Pero a veces veo que los profesores, especialmente los más jóvenes de mi edad, no se respetan a sí mismos. Más al grano, que no respetan sus posiciones y funciones.
Dicho de otro modo, no están a la altura de lo que se espera de ellos como profesores. El respeto y la dignidad tan esenciales para desarrollar su trabajo parece que se les escapa. Actúan como inmaduros, como si fueran socialmente discapacitados, como si de alguna manera no entienden que hay una gran brecha entre los profesores y los estudiantes, y que esa brecha es importante y útil.
Parece que no se les enseña a los nuevos profesores que las cosas personales no tienen cabida en el aula y que la confraternización entre estudiantes y profesores, de cualquier tipo, es peligroso y generalmente mal asunto.
Y en los últimos años he notado un nuevo problema – el profesor que actúa como si todavía fuera un estudiante, y ni siquiera un estudiante ejemplar sino como un ramplón urbano cualquiera. En lugar de dar buenos ejemplos, algunos jóvenes profesores son ejemplos de disfunción y de conducta inapropiada. Esta nueva tendencia es preocupante para los padres y perjudicial para los estudiantes, especialmente si tenemos en cuenta que un profesor suele pasarse muchas horas con los estudiantes.
Los profesores deben seguir siendo ejemplos de rectitud. Eso puede sonar anticuado y “retro”, pero no es ni una cosa ni la otra. En lugar de ello, es una de las funciones cruciales que los profesores pueden desempeñar. Los profesores pueden y deben dar ejemplo sobre como ser educado, decente, etc. Deben vestir profesionalmente, utilizar el uso inteligente de la palabra, mostrar moderación en la emoción, ser un modelo de cortesía y consideración, y tener conocimientos adecuados de idiomas y demostrar tanto la corrección y madurez cuando estén en presencia de los jóvenes.
Estas son mis recomendaciones para el profesorado:
1. Nunca use lenguaje obsceno. Nunca, nunca, nunca. Me mata cada vez que escucho a los profesores utilizando un lenguaje vulgar y soez. No es guay ni es estar “a la altura de los tiempos” y en “sintonía” con la juventud: es crudo e inaceptable y un mal ejemplo. Es completamente inaceptable y no debe ser tolerado en la profesión docente. En el aula, delante de los estudiantes, no pueden haber excepciones, y los profesores que incumplan con esa norma/recomendación deben ser arrastrados sobre carbón (ES UNA FORMA DE HABLAR, no hablo literalmente), tanto por sus compañeros como por sus directores.
2. Los profesores nunca deben hablar sobre su condición social o vida sexual. Cuando un aula llena de adolescentes conoce que la profesora duerme en casa de su novio, es un mensaje que respalda un estilo de vida y opciones de vida que conllevan la equivocación y la peligrosidad. * (En esto último hablo sobre un criterio mio y personal pero me da igual lo que me digan los relativistas). Lo importante es que lo personal no debe entrar en las aulas.
Uno de los profesores que tuve en mi colegio (privado) era, supongo, homosexual. Sin embargo, este profesor jamás habló sobre sus temas personales o su vida privada por era y es completamente irrelevente. Un profesor así, aunque sea homosexual (supongo que ya tendrá bastante con eso), para mí es inconmensurablemente preferido a los profes heterosexuales que se jactan de un fin de semana de ligoteos delante de los estudiantes. Es muy sencillo: No me importa cual sea su vida sexual; sea cual sea, no debe entrar en las aulas.
Asimismo, no creo que las profesoras que estén embarazadas fuera del matrimonio deben estar en las aulas, pero esto ya es un criterio demasiado personal, lo reconozco, y sé que el 90% o más no lo comparte conmigo.
Por último, los profesores no deben jactarse de sus tatuajes y sus piercings.
Eso es lo que me motivó para escribir hoy, en realidad. La semana pasada, en La Latina, ví que un profesor se sentaba en torno a un grupo de estudiantes de bachillerato y hablaba de sus tatuajes, de que “mucha gente lo tiene” y de que “a veces los padres no saben que las prohibiciones son peores.” Darle tanto “glamour” a la tinta y a los tatuajes es algo interesante para una conversación entre los adultos y en un momento adecuado pero hablar de estos temas delante de los jóvenes es algo incomprensible para mí: es sólo una ruptura fundamental del sentido común.
Insisto: respeto al profesorado y a la profesión que ejercen.
Sin embargo, a través de los últimos años he visto una nueva generación de personas que no pertenecen en las aulas, un elemento de personas que no pertenecen realmente en la sociedad cortés. Los colegios deben corregir y enseñar a estos profesores, o echarles.
Es hora de que todos los profesores estén a la altura de las normas y ejemplos de los mejores profesores: sino, que busquen otro trabajo.
Hoy en día hay muchos profesores que se intentan integrar demasiado en el grupo al que enseñan y, con ello, logran que se les pierda el respeto, que es lo fundamental. Creo que en el ámbito universitario un profesor puede ser más distendido, mostrarse menos formal… Pero en el colegio o instituto, es clave que adopte una actitud que inspire un distanciamiento respecto a los alumnos. Si no, le tomarán por un payaso. Hay, no obstante, excepciones.
Por otro lado, diría que las profesoras se hacen respetar más y mejor que los hombres. ¡He conocido a cada pusilánime!
Por: El Espantapájaros el 19/10/2008
a las 11:59 am
Exacto: muchos luego se quejan de que los alumnos no le respetan. Yo no soy profesor pero sí he tenido que dar alguna clase sobre matemáticas o economias en el instituto y yo me doy a respetar. El año pasado tuve que dar una clase de dos dias en un centro público: ni un sólo estudiante me faltó al respeto porque dejé claro desde el primer día que cumpliría con las normas a rajatabla y que al primero que se pase, le apuntaria en el registro de la dirección o me pondria en contacto con los padres: y esto me valió tanto para españoles como para inmigrantes — estos últimos, de hecho, le tienen muchísimo más miedo a los padres. Por otra parte no creo que tener “miedo” es algo positivo pero a veces conlleva el respeto y eso es lo que me interesaba.
Y sí, en la universidad la cosa cambia, somos adultos ya.
En los colegios hay algunas exepciones y siempre depende del nivel de madurez del estudiante. Por ejemplo en mi colegio, pese a ser un colegio demasiado estricto en algunos temas, pude tener algún que otro profesor como “amigo”.
Y lo de las profesoras es verdad: casi todos mis profes eran hombres pero la única mujer que tuve fue la de matemáticas y madre mia, parecia un sargento. Sin embargo, aprendi muchisimas cosas sobre las matematicas gracias a ella. Le llamaban “la casa blanca” por su pelo todo blanco y piel transparente (y también era mayor ya) pero no se movia nadie en su clase y al primero que intentaba hacerse el gracioso le echaba o le suspendia.
Por: valcarcel el 19/10/2008
a las 1:35 pm
Estoy bastante de acuerdo con lo que apuntas en el artículo aunque a decir verdad: una experiencia de dos días dando clase no debe ser tomado como punto de referencia. Si hubieras dado clase dos meses en vez de dos días verías como la cosa habría cambiado.
Por: J.Ferrer el 13/11/2009
a las 2:36 pm