Decía yo, señores lectores, que yo no sostenía en manera alguna que los jóvenes liberales en España estuviesen envilecidos y degradados; al contrario, yo suponía que el estos permanecen en gran parte sanos; que estos jóvenes no están corrompidos. Los que yo creía-y creo-que están corrompidos eran precisamente algunos “liberales” que dicen ser los representantes del liberalismo español.
Se ha supuesto, creo que injustamente, que soy tornadizo, que cambio de continuo, que estoy sujeto a mudanzas perpetuas, que caigo siempre del lado que me convenga, del lado de los enemigos de mis enemigos. Y para afirmar esto, para sostener que yo tengo una voluntad tan mudable y tan inconstante, hay que suponer que he perdido aquellas antiguas virtudes cívicas, aquel tesón y aquella constancia inquebrantables que eran propios de hombres grandes de la Historia, y hasta puede decirse que era tal vez el esplendor de esta raza ibérica o mediterránea o como queramos llamarla.
Como estas afirmaciones sobre mi persona no pueden sostenerse, el dilema queda en pie: O yo estoy envilecido ó degradado, cambiando continuamente de voluntad y de opinión, y no soy, por lo tanto, digno de tener opinión y voluntad; o la representación del liberalismo actual es falsa e ilegítima y contradice la opinión y la voluntad de los demás liberales. Triste me resulta decirlo, pero la verdad es digna de reconocer y lo cierto es que yo, por mis acciones y por algunas declaraciones u omisiones, sí que he dado entender que soy una persona que cambio continuamente según me conviene. Pero es más preciso decir, si se me cree a estas alturas de mi vida, que no se trata tanto de mis cambios sino de lo que he sufrido al ver cómo algunos individuos han secuestrado el discurso político de las ideas en España. Una de las cosas que pretenderé demostrar en esta bitácora es que, al contrario de lo que dicen de mí, yo no he cambiado mis ideas sustanciales. Tengo mis ideas escritas en muchas impresos y he aprendido una lección, en parte gracias a mi breve tiempo en Red Liberal: si lo que pretendo es que me entiendan, más me vale explicarme bien y organizarlo todo de una vez. De esa forma, las críticas hacia mis ideas serán tan legítimas como mi defensa.
Para empezar aclarando cosas, aprovecho para decir unas cosas hoy sobre los liberal-progresistas que han lanzado ataques muy pintorescos, pero honrados, no contra mi persona, sino contra algunas de mis ideas y de mi supuesto pasado fascista. Estos señores, que tienen mucho entendimiento, a veces hacen cosas que le honran tanto como su entendimiento mismo, y una de las confesiones o declaraciones más claras y más conformes con la realidad que han echo estos señores es una que yo venía diciendo desde hace un tiempo, desde que empecé a conocer el Instituto Juan de Mariana: que los de la escuela Austriaca y más preciso, los anarco-capitalistas, son un problema para el liberalismo. Y yo, sin ánimo de ofender a nadie en particular, pensando en una selección más grande que los ancapistas, creo que los “liberales” representativos, cuando están en algún medio de comunicación o de poder, son en su conjunto, y sobre todo en su clase media y en la inferior, legiones de empleados; y cuando están en la oposición, vienen a ser legiones de cesantes que quieren dejar de serlo; y es desgracia grande para nosotros los que sí tenemos un interés en defender una serie de ideas y proyectos concretos, saber que la gente como Daniel Rodríguez Herrera y casi todos los empleados de Libertad Digital y del Instituto Juan de Mariana no son otra cosa que asociaciones de estómagos y de apetitos desordenados.
Esta es una opinión que se ha generalizado tanto, que no me extraña que los progresistas, aunque en otra forma muy distinta, la refleje diciendo que existe una gran desconfianza hacia esos señores y hacia el liberalismo en general tal y como está defendido y representado en España. Pues aun reconociendo que lo que voy a decir ahora puede provocar que otros me tachen de loco ó de exagerado, me atreveré a lanzar una especie de pregunta/declaración con respecto a la situación actual del liberalismo español:
¿Por qué hemos de descartar que algún día, evocando la sombra de Cromwell disolviendo el Parlamento inglés, o la de Napoleón I disolviendo el Consejo de los 500, podamos entrar o penetrar en Libertad Digital y licenciar o ajusticiar a todos esos personajillos estafadores? Yo creo que sería una reacción muy justificada que deberíamos abrigar todos. Créanme los señores progresistas que yo no iba a vestir de luto si caen esos impresentables que no representan nada en realidad. Créanme los señores progresistas que lo que yo pretendo hacer es dar una nueva representación al liberalismo de corte conservador, sin amiguismos endogámicos y sin enchufismos. No vamos a estar de acuerdo porque ese no es el objetivo: mi objetivo es dar a conocer otra forma de entender lo que es el liberalismo clásico, con rigor intelectual y documentación. Como me considero una persona liberal-conservadora, tampoco me interesa “convertir” a nadie al liberalismo conservador. La misión es muy distinta a lo que pretenden hacer los misioneros del convencimiento.
Comprendan de una vez, señores liberal-progresistas (que no menos liberales que yo en cuanto a su sentido democrático para discurrir), que para cambiar un panorama mediocre, sólo basta querer hacerlo. Para terminar con esta entrada, quiero dar a conocer algunos de mis cimientos ideológicos auténticos.
Edmund Burke es prácticamente el “fundador” o el origen de mi especie de liberal-conservadurismo. Lo que se requiere justamente aquí es una definición preliminar de la idea, del ideal liberal-conservador. Todo conservador instruido siente repugnancia a condensar sistemas intelectuales profundos y complicados en unas pocas frases pretenciosas: preferimos dejar esa técnica a nuestros adversarios radicales. No obstante, como premisa sobre la que trabajar conmigo, podemos decir que la esencia del conservadurismo social esta en la preservación de las antiguas tradiciones morales de la humanidad. Respetamos la sabiduría de nuestros antepasados; dudamos del valor de las alteraciones en gran escala; pensamos que la “sociedad” es una realidad espiritual con vida permanente pero constitución frágil: no puede ser estropeada y luego recompuesta como una máquina. En mi otra bitácora que destapó la hipocresía de mucha gente, enuncié seis principios liberal-conservadores (html). Pero deberíamos comprender contra qué es lo que lucho exactamente y es preciso dar a conocer los principios (más o menos), de mis adversarios. Son estos:
1. La perfectibilidad del hombre y el ilimitado progreso de la sociedad: mejoramiento progresivo. Los radicales creen que la educación, la legislación positiva y el cambio del ambiente pueden producir hombres semejantes a dioses; niegan que la humanidad tenga una inclinación natural hacia la violencia y el pecado.
2. Desprecio por la tradición. La razón, los impulsos y el determinismo materialista son rigurosamente antepuestos como guías con los que obtener el bienestar social, mas seguros que el criterio de nuestros antepasados. Es rechazada la religión constituida y, como sustitutivos, se ofrecen diversos sistemas anticristianos o al menos, antepuestos a la tradición occidental judeo-cristiana.
3. Igualdad política. Clases/privilegios son condenados: el ideal profesado por los radicales es la democracia absoluta, tan directa como sea posible. Unido a este espíritu radical, la aversión hacia las componendas parlamentarias y el anhelo de centralización y unificación (véase: Unión Europea).
4. Igualdad económica. Los antiguos derechos de propiedad-especialmente la propiedad de la tierra-son mirados con recelo por casi todos los radicales y, por ello, los reformadores colectivistas han cercenado profundamente la institución de la propiedad privada.
Por lo demás, sólo se puede señalar que todos los radicales se unifican en su aversión por el concepto que Burke da del Estado: ente moral ordenado por Dios, unidad espiritual integrada por los muertos, los vivos y los que aún han de nacer. En último termino, el radical es un enamorado de los cambios.
En próximas entradas describiré el conservador como estadista, como crítico, como metafísico, y como hombre de letras. Frecuentemente la historia se asemeja a una rueda de la fortuna-hay mucha verdad en la vieja idea griega de los ciclos-y puede ocurrir que sobrevenga un nuevo orden social conservador.
Si realmente hemos de desarrollar un nuevo entendimiento de lo que es el liberalismo conservador de corte anglosajón, debemos conocer la tradición que se le asigna, de modo que podamos reconstruir la sociedad según ella; si tal orden no ha de ser restablecido, debemos también comprender las ideas conservadoras para poder rastrear, de entre las cenizas, los abrasados restos de la civilización que escapen el incendio de los desenfrenados apetitos y voluntades.
Alfredo, me parece que tienes una cierta inclinación a confundir ideas generales con prejuicios. Debo ser un pervertido intelectual porque confieso que leer tus textos me produce un retorcido placer.
Saludos,
J.N.
Por: J.N. el 24/07/2008
a las 4:57 pm
¡Hola J.N.! Pensaba que se me habia perdido usted….por lo de mi nueva bitácora y tal. Confieso sentir también un placer “similar” al suyo con sus comentarios.
Ahora bien: no entiendo eso de confundir ideas generales con prejuicios. Es decir: Burke mismo dijo que gran parte del conservadurismo es el respeto a esos prejuicios consuetudinarios.
Me tengo que marchar ahora pero luego volveré…comente lo que quiera…está en su casa.
Por: valcarcel el 24/07/2008
a las 5:11 pm
En parte de acuerdo y en desacuerdo, básicamente resumiendo las coincidencias y las desavenencias aquí:
http://simplementeyomismo.blogspot.com/2008/08/sobre-el-liberalismo-espaol.html
Saludos.
Por: Andrés Álvarez el 13/08/2008
a las 12:18 am